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La Ciudad Medieval

La ciudad Medieval

OBJETIVOS

OBJETIVO GENERAL

Dentro del contexto histórico delimitar los factores o condicionantes que propiciaron a la formación de la Ciudad Medieval, así como describir y analizar cada uno de los elementos que favorecieron a su desarrollo como lo son: Organización Social, Ideología, Condiciones Morfológicas, Patrones, etc.

OBJETIVOS ESPECIFICOS

1.-Resaltar los factores que determinaron la formación de la Ciudad Medieval.

2.-Recalcar los elementos que determinaron la evolución de la Ciudad.

3.-Desde el punto de vista tecnológico, urbano-espacial y social resaltar las condicionantes que favorecieron tanto la creación de la Ciudad como su desarrollo.

INTRODUCCIÓN

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La Civilización Urbana Occidental influenciada por las antiguas civilizaciones orientales que la precedieron cerca de 5,000 años, por lo que su evolución se debe a la religión influenciada por las civilizaciones Helénica y Romana ya que los Romanos ocuparon una gran parte de Europa dejando su sello indeleble sobre el territorio ocupado.

Con la caída del Imperio Romano el desarrollo urbano se detuvo, estando durante siglos en caos y la vida urbana prácticamente dejó de existir siendo un punto a favor de las permanentes migraciones, logrando así escapar de las hordas bárbaras. Las razones por las que las ciudades desaparecieran fueron múltiples, entre ellas el descenso de la población ocasionado por guerras, revoluciones, pestes, decadencia moral y política.

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Las ciudades eran más propensas a recibir los asaltos por parte de los bárbaros, por su visibilidad, situación estratégica y por sus riquezas. No todas las ciudades fueron destruidas, siendo éstas las semillas del rápido proceso de desarrollo de la nueva sociedad urbana.

Después que terminaron las guerras se empezaron a reconstruir las ciudades utilizando las ruinas de las ciudades creando así diversas formas o estructura urbana como es el caso de Arles(sur de Francia), reconstruyendo la ciudad tras las ruinas del antiguo anfiteatro, utilizándolo como murallas para protección de la ciudad y este no fue el único caso, así que esto dio la pauta para la creación de las nuevas Ciudades Medievales. Fue así como surgió el sistema feudal, de una sociedad no clasista basada en la economía agrícola paso a una sociedad formada por dos clases sociales, los campesinos y os guerreros.

PATRONES DE ORGANIZACIÓN SOCIAL

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Después de la caída del Imperio Romano, la economía de Europa occidental se basó en la agricultura, adoptando cualquier tipo de comercio existente. En ausencia de intercambio comercial con el extranjero, Europa se vio forzada a vivir con sus propios recursos.

En el Imperio Romano se produjo una crisis que se manifestó en la ruina del comercio, de las ciudades y fundamentalmente de la agricultura.

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La crisis del siglo III en el Imperio Romano, significaba la necesidad de realizar cambios profundos en la sociedad, producto de esta transformación, surge una nueva forma de producción, el COLONATO en la que se empleaba el colono como fuerza de trabajo. De esta forma iban cambiando las condiciones que hicieron posible el surgimiento del FEUDALISMO como régimen social.

CARACTERÍSTICAS DEL FEUDALISMO
1.-Surge producto de transformaciones económicas y sociales.
2.-Explotación del hombre por el hombre.
3.-Economía natural en sus inicios y economía mercantil en su consolidación.
4.-Avance en el esclavismo, el colono tiene un incentivo.
5.-Surgimiento de clases: Feudales y Campesinos.
6.-Ciudades convirtiéndose en centro de artesanía y comercio.
7.-Fraccionamiento político.

Con el aumento poblacional muchas personas se trasladaron a orilla Castillos, caminos y puertos con el objeto de intercambiar o vender excedentes, renace el comercio, a esta pequeña concentración se les llamo BURGOS.

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No se puede separar el estudio de las ciudades medievales de su paralelo desenvolvimiento jurídico por medio de franquicias, fueros y otros instrumentos legales que favorecieron su desarrollo. En España esto dio como resultado la constitución del municipio, un de las instituciones ventajosas y democráticas de nuestra Edad Media.

Una de las necesidades más sentida por los burgueses, fue el requerimiento de un sistema de contribuciones voluntarias para atender a las obras comunales más apremiantes. La necesidad de esta muralla que caracteriza la ciudad medieval, fue en muchos casos el origen de las fianzas municipales; adquiriendo carácter obligatorio extendiéndose no solo a la fortificación, sino a otras obras comunes, como el mantenimiento a las vías publicas.

IDEOLOGÍA Y COSMOVISIÓN DOMINANTES

La Ciudad Medieval es altamente característica. En general, por necesidades de defensas se sitúa en lugares difícilmente expugnables: colinas, en sitios abruptos, en islas, en las inmediaciones de ríos, principalmente buscando confluencias o meandros para utilizar los cauces fluviales como obstáculo para el enemigo. Una situación ideal era la de la colina rodeada por el foso natural de un río.

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La utilización de murallas irregulares y con muchos lados, siendo trazadas para ser fuertes, no bellas. Sin embargo su masividad y sabia construcción transmiten un sentimiento un sentimiento de estilo y grandeza en función a fines militares.

CONDICIONANTES ECOLÓGICAS DE LOS ASENTAMIENTOS Y GEOGRAFIA ENVOLVENTE

El tener que adaptarse a una topografía irregular condicionó la especial fisonomía de la ciudad medieval. El trazado de las calles tenia que acomodarse a las dificultades del terreno y por eso resultaban irregulares y tortuosas

Con respecto al clima el hombre utiliza los ríos y otras fuentes, para implementar la técnica del regadío. Las aguas que abastecían este regadío eran pequeños ríos que entrecruzaban el feudo y se hacían canales para mantener húmedas las cosechas.

PATRONES DE URBANIZACIÓN

Las ciudades medievales tienen contextos sociales, económicos y políticos similares en el mayor parte de los países europeos. Son también parecidas en lo que respecta a la mayoría de detalles visuales: la misma clase de edificios vernáculos locales cubren tanto la retícula formal de las nuevas ciudades planeadas, como los trazados informales e incontrolados de las no planeadas de la misma época.

Las partes que componen la ciudad medieval son normalmente la muralla, con sus torres y puertas; las calles y espacios afines destinados a la circulación; el mercado, alojado a veces en el interior de un edificio y dotado de otros establecimientos comerciales; la iglesia, que, en general, se alza en su propio espacio urbano; y la gran masa de edificios de la ciudad y los espacios destinados a jardines privados conexos a aquellos.

Los monasterios

Los que surgieron durante este periodo parecían pequeños poblados. Además de los miembros de la orden había una considerable población constituida por artesanos y obreros que no tenían los votos de la vida monástica.

Al igual que las villas, los monasterios fueron convirtiéndose en ciudades medievales. Los lugares estratégicos identificados por los romanos para emplazar sus ciudades o castra eran igualmente ideales para el establecimiento de monasterios, además las ruinas de las antiguas ciudades ofrecieron una buena y segura fuente de materiales constructivos. Es así como edificios y ciudades paganas proporcionaron los fundamentos de villas y monasterios piadosos, los cuales eventualmente transformaron en ciudades y pueblos del occidente cristiano.

La muralla

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Las riquezas de un asentamiento requerían protección, en ese caso, se hacía necesario rodear a la ciudad con una muralla. Las murallas que rodeaba la ciudad constituía un sistema de defensa mucho más antiguo y mucho más popular que el castillo; el
Castillo era un símbolo visible de sometimiento, la muralla alrededor de la ciudad recordaba a los burgueses sus derechos como ciudadanos y su comunidad de intereses.

El contraste claramente definido entre campo y ciudad una característica medieval.

Durante el periodo renacentista las murallas iban a adoptar características extremadamente complejas y costosas, hasta tal punto que las defensas de la ciudad llegaron a ser, probablemente, el principal condicionante de la forma urbana. En ocasiones las murallas se construían asimismo para encerrar dentro de su perímetro a nuevos suburbios discontinuos.

Florencia constituye un claro ejemplo del tipo de crecimiento europeo en anillos concéntricos, con sus dos murallas medievales, la primera de finales del siglo XII y la segunda de principios del XIV, dispuestas alrededor del núcleo romano original.

Las colonias es una de los mejores exponente de ciudad que combino el crecimiento suburbano con la agregación de anillos concéntricos.

Las calles

Todas las ciudades medievales disponían de un espacio, toda era un mercado. El comercio y la producción tenían lugar por todas partes en la ciudad: en espacios abiertos y en espacios cerrados; en espacios públicos y en espacios privados. Las principales vías públicas que unían el centro con las puertas de la ciudad, aunque con frecuencia eran poco mas que estrechos e irregulares callejones en las ciudades de crecimiento orgánico, constituían tanto extensiones lineales del mercado como rutas de comunicación, y la noción de una “red de tráfico” se hallaba tan ausente como el propio tráfico rodado constante. Partiendo de las calles, daban acceso a calles menores y permitían el desarrollo de los jardines traseros como patios. La city de Londres constituye uno de los mayores ejemplos de este tipo de complejidad interna.

Los desplazamientos en las ciudades medievales se efectuaban generalmente a pie. La pavimentación de las calles comenzó a principios del periodo; Paris en 1185,
Florencia en 1235, Lubeck en 1310 y, hacia 1339, toda Florencia estaba pavimentada.

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La ciudad medieval adquirió su tradicional ambiente callejero, con su intimidad, su “romanticismo” y las repetidas sorpresas visuales. Pero encima de toso era aparentemente accidental. La influencia del trazado original en retícula de la venta Belgarum romana dio como resultado una estructura viaria regular poco característica en aquella época.

La típica ciudad medieval se hallaba más próxima a lo que ahora denominaríamos una aldea o una población rural que a una moderna y abarrotada aglomeración urbana comercial. Muchas de las ciudades medievales que vieron detenida su expansión antes del siglo XIX aun presentan jardines y huertos en el corazón del municipio.

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La pequeña ciudad de Turnes, en Flandes, resume con su noble plaza al centro , su grupo de edificios públicos, entre los que figura la catedral, una gran iglesia urbana, el ayuntamiento, los juzgados, etc., sus casas alineadas a los largo de las calles con continuidad, aprovechando económicamente cada metro de fachada, pero provista de amplios jardines en su parte trasera.

La superpoblación en las ciudades de la Europa continental se produjo de modo más general durante la baja edad media y el renacimiento al estar limitado el crecimiento de aquellas por los inflexibles sistemas de fortificación. Aunque las ciudades medievales disponían tan solo de rudimentarios sistemas de recogida de basuras, y el suministro de agua era un continuo problema particularmente en las ciudades ubicadas en colinas. La ciudad de comienzos de la edad media, a pesar de toda la tosquedad de las instalaciones sanitarias dentro y fuera de la casa, disfrutaba de condiciones más saludables que sus sucesoras mas prospera del siglo XVI.

Las calles resultaban irregulares por la topografía en que se encontraba la ciudad; por lo general las calles importantes partían del centro y se extendían radialmente hasta las puertas del recinto fortificado, otras calles secundarias unían estas radiales muchas
veces formando circulo entorno al centro, este es el patrón Radiocéntrico y que se repite mucho en las ciudades medievales.

El perímetro de las ciudades, en estos casos solía ser sensiblemente circular o elíptico dado que resultaba el más económico y el de más fácil defensa. El centro de la ciudad lo ocupaba siempre la Catedral o el Templo, por lo cual la ciudad adquirió un aire espiritual de primer orden. En general las calles radiales más importantes eran las únicas para el trafico y las secundarias solían ser únicamente para los peatones.

El mercado

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Dos tipos son comunes tanto a la ciudades de crecimiento orgánico como a las planeadas; el primero, aquel en que le mercado ocupa una plaza destinada a este único fin, situada normalmente en el centro urbano o en sus inmediaciones; el segundo, en que aquel se sitúa en un ensanchamiento de las calle principal.

Otros dos tipos de mercado en poblaciones de crecimiento orgánico: las ampliaciones laterales de la calle principal; y las plazas a las puertas de entrada a la ciudad. En las poblaciones planeadas cuyo trazado se basa en una estructura en retícula regular, la plaza del mercado es el tipo mas frecuente. En este caso su forma general es la de un hueco en la retícula, rodeado por calles en sus cuatro lados, desarrolladas en torno a un castillo, donde el mercado esta situado frente a este ultimo.

En la Europa continental era usual que los edificios que rodeaban la plaza tuvieran la misma altura, y estuvieran unidos en planta baja mediante soportales bajo los cuales las calles se prolongaban frecuentemente a lo largo de la plaza.

En el caso de Gran Bretaña. Es característico que la mayoría de las plazas contengan mercados cubiertos, a veces de dos plantan, son raros los ejemplos en que la iglesia da frente a la plaza de mercado. La calle del mercado se incorporaba con mucha menos frecuencia a las ciudades planeadas, y nunca en las bastides. El Munich el mercado estaba ubicado en un ensanche de la calle mayor hacia un lado, la Marienplatz.

En las poblaciones sin planeamiento, la plaza y la calle del mercado desafían cualquier descripción precisa: no había dos trazados iguales cada una poseía su propio carácter espacial distinto. La plaza del mercado era una figura irregular, triangular en ocasiones, poligonal u ovalada en otras, ahora aserradas, ahora curvada, aparentemente arbitraria en su forma, por que las necesidades de los edificios que la circundaban eran prioritarias y determinaban la disposición del espacio abierto. En varios casos dos o más plazas forman una secuencia espacial. Las tiendas solían ser de reducidas dimensiones, a menudo no superaban los dos metros de anchura.

Además se su función comercial, muchas plazas eran suficientemente grandes para albergar reuniones publicas en su interior.

En las ciudades que han evolucionado de forma natural a partir de antiguas aldeas, puestos comerciales, etc. La vía pública principal se convierte automáticamente en emplazamiento del mercado ya que el tráfico es el elemento vital en el crecimiento de la ciudad. El mercado callejero es común a todos los países europeos; los mejores ejemplos se hallan quizás en Alemania, Austria y suiza.

La plaza de la iglesia

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El espacio situado ante la iglesia el Parvis medieval no debe confundirse con aquella parte del cementerio contigua a la iglesia, ordenación corriente en Gran Bretaña. Era en el Parvis donde los fieles se reunían antes y después de los oficios divinos, donde escuchaban los ocasionales sermones al aire libre y donde veían pasar las procesiones. Frente a la fachada occidental de la iglesia.

Allí la gente de afuera de la ciudad dejaba sus caballos, por los cual pronto se construyeron establos de varios tipos. El Parvis o, en Gran Bretaña, el cementerio obligaba a que las iglesias estuvieran generalmente situadas dentro de su propio espacio. Como este lindaba frecuentemente con la plaza del mercado, la existencia de un núcleo bipartido es una característica típica de las ciudades medievales, tanto en las planeadas como en las no planeadas.

APLICACIÓN Y DESARROLLO DE LA TECNOLOGÍA

En esta época se desarrolla la agricultura por el sistema de organización feudal es por esto que los mayores avances de la tecnología se da en los instrumentos de trabajo de la agricultura. Entre los siglos XI y XII ocurre un destacado avance técnico- cultural, pues se rescatan viejas técnicas y se crean nuevas, este avance es provocado por la necesidad de producir más alimentos.

Avances logrados en los instrumentos y en las técnicas de la agricultura.

En un comienzo el hombre sembró con espeque, en el transcurso invento el arado. En el siglo XI inventa y generaliza el arado con ruedas, evolucionando el rastrillo, la hoz, el yugo y otros instrumentos de trabajo.

A la par que evolucionan lo s instrumentos, aumenta la producción motivando así un mayor sentido comercial.

Existe un mejor aprovechamiento de la fuerza animal para la movilización de carga. También se utilizó la fuerza del río para mover la rueda hidráulica logrando así la industrialización de granos como: trigo, cebada, centeno.

Con el aumento de la población y el desarrollo técnico de los instrumentos de trabajo se redujo la explotación feudal, trasladándose las personas a orillas de los castillos. Ocasionando así el surgimiento de talleres artesanales que siempre están en casa del artesano. Cada artesano se especializa en un oficio, en el cual trabajaba toda su vida: herrero, zapatero, tejedor.

Los artesanos producen arados, ollas, zapatos, muebles, vestidos, etc. En las ciudades los artesanos podían elaborar y vender sus productos, los campesinos venden sus granos y compran lo que necesitaban, esto hizo a las ciudades grandes centros comerciales.

CONSTITUCIÓN MORFOLÓGICA Y TIPO ARQUITECTÓNICO CARACTERÍSTICO

Se destacan tres tipos fundamentales de morfología:

1.-Irregular: se desarrolla sin un patrón determinado, siguiendo el crecimiento orgánico y la dirección y forma que establece la población.
2.-Radiocéntrico: constituida por un área central y luego rodeada por viviendas ordenados en forma de círculos y radios.
3.-Regular : caracterizado por la forma cuadriculada a manera de tablero de damas.

ESTRUCTURA URBANA

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Estas ciudades no fueron el producto de ningún proyecto de tazado previo, sino que su estructura y formación fue el resultado de un crecimiento natural y orgánico, como el de un árbol, obedeciendo a condiciones y necesidades de la vida local y de la topografía del lugar. A esto se debe la existencia de una variedad de esquemas de las ciudades medievales.

A continuación se presenta una clasificación sobre los distinto tipos de ciudades medievales presentados:

1.-Ciudades lineales: formadas a lo largo de un camino.

2.-Ciudades cruciales: en lugar de una calle de generatriz y sus paralelas, aparecen dos calles básicas que se cortan octogonalmente.

3.-Ciudades nucleares: a este tipo pertenecen la mayoría de las ciudades medievales. Estaban formadas alrededor de uno o más puntos dominantes(iglesia, catedral, abadía, castillo, etc.). Hay ejemplos muy claros de estructura binuclear, es decir con dos centros.

4.-Ciudades “espina de pez”: es un caso curioso conformada por una calle principal de la que salen otras calles secundarias paralelas entre si. Ejemplo de estas ciudades son las bastidas.

5.-Ciudades radiocéntricas: fue una de las más difundidas, constituida por un ares central en donde se encontraba la catedral o edificios de importancia, que con el paso del tiempo era rodeado de viviendas y otros edificios, ordenados por vías de circulación en formas de círculos y radios a manera de “tela de araña”.
Las ciudades medievales también se clasifican en cinco en base a sus orígenes, tres de ellas se conocen como ciudades de crecimiento orgánico.

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1) Ciudades de origen romano

Comprende a la vez a aquellas que pudieron conservar su estatus de ciudad a lo largo de la alta edad media.

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Las urbes romanas supervivientes se convertirían en ciudades medievales de crecimiento orgánico, con solo unas pocas excepciones, la estructura original romana en retícula se perdió durante las décadas, durante los siglos en que la ciudad permaneció
abandonada o su ocupación estuvo limitada a solo una pequeña parte de su superficie anterior. Una reconstrucción, basada de ordinario en el crecimiento orgánico sin planificar característico de la norma medieval, resultando la retícula ineficaz para tal propósito.

Las ciudades britano romanas eran pequeñas, e incluso si Londres podía jactarse de poseer unos 15,000 habitantes, la mayoría de las ciudades raramente alcanzaba a tener una décima parte de dicha cifra. Para la población urbana no fue más que un retorno a su antiguo modo de vida.

Las ciudades ubicadas sobre antiguos emplazamientos romanos eran mayores y más prosperas que las de origen mas reciente, como Cork y Lincoln.

2) Asentamientos aldeanos

Las ciudades de crecimiento orgánico de la edad media se desarrollaron a partir de asentamientos aldeanos, con núcleos embrionarios de asentamientos medievales posteriores.

La evolución de paisajes ingles como consecuencia de la fundaciones de aldeas tuvo lugar en casi todo el país un proceso exhaustivo de limpieza de los bosques para destinarlos al cultivo según el característico sistema de campos comunales (open-fields); tercera, la subdivisión de los extensos campos en las pequeñas parcelas tradicionales cercadas con setos vivos durante el proceso de cercado (enclosure) de los siglos XIV a XVIII y, finalmente, el proceso de concentración parcelaria de los últimos años, todavía en
aplicación, que ha permitido formar amplias áreas aptas para el cultivo mecánico, arrancando los setos.

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Se clasifican sus trazados en tres grandes grupos: primero, aldeas encerradas (también conocidas como nucleadas o cuadradas): segundo, aldeas lineales (también conocidas como aldeas desarrolladas a los largo de una calle o carretera) y tercero, aldeas dispersas o diseminadas. Wycombe, en Bucking hamshire, un claro ejemplo de aldea en forma lineal.

La función esencial de la gran mayoría de la ciudades era la de centro principal de mercado para los productos locales, su situación en la red de carreteras y, a menudo, en vías fluviales y marítimas para la recepción y comercialización de mercancías constituye la clave para la vida económica de casi todas las ciudades exceptuando los núcleos mas importantes del comercio internacional.

Entre 1750 y 1850 los campos comunales de la edad media que quedaban se convirtieron en el moderno modelo en damero de pequeños campos de forma sensiblemente cuadrada cercados por setos vivos alambre de espino.

3) Ciudades de crecimiento orgánico

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Desarrolladas en la mayoría de los casos a partir de aldeas. Ciudades nuevas que fueron establecidas oficialmente en un momento dado, con completo estatus urbano, basadas o no en un plan.

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Al comienzo de la edad media, las ciudades eran escasas y estaban alejadas entre si, los siglos XI y XII, prácticamente todos los asentamientos que mas tardes se convertirían en ciudades, se hallaban ya establecidos en sus emplazamientos respectivos. Rudimentarios de antiguas fundaciones romanas, a punto de recobrar su pasado vigor, bien de Burgos, constituidos en el siglo IX como bases fortificada y que adquirieron mas tarde funciones comerciales, asentamientos aldeanos agrícolas basados en una economía de subsistencia y dispuestos a explotar las ventajas geográficas para auto promoverse desde su condición de aldea hasta alcanzar el estatus de ciudad. Constituyen la inmensa mayoría de las ciudades medievales.

4) Ciudades Bastides
Fundadas en Francia, Inglaterra y Gales.

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Las bastides francesas, inglesas y galesas tienen mucho en común, y, no obstante, existen varias diferencias significativas, en su forma o función que establecen unas características peculiares para cada nación. En el planeamiento de todas las bastides se siguieron tres principios fundamentales: primero, se trataba de fundaciones urbanas nuevas iniciadas con formas de planeamiento predeterminadas; segundo, el sistema reticular de subdivisión rectilínea de las parcelas constituye la base de su trazado y, por ultimo, el incentivo principal para establecerse en ellas consistía en la donación de un terreno edificable dentro de la ciudad, además de tierras de cultivo en los alrededores junto con otros privilegios económicos.

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No todas las bastides fueron erigidas sobre emplazamiento nuevos; muchas se basaron en asentamientos aldeanos ya existentes, reestructurados con arreglo a directrices planeadas. Aunque por definición la retícula de calles formando parcelas rectangulares esta presente en todas las bastides, no existe ningún plano normalizado y en muchos casos la retícula, a menudo considerablemente distorsionada, se utiliza únicamente en un sector de la ciudad. Se trata de una retícula de conveniencia; el modo mas rápido y mas equitativo de trazar una ciudad en un emplazamiento nuevo. La concesión de tierras de cultivo en las afueras de la ciudad constituyo un hecho esencial en tanto que al igual que todas las ciudades de la alta edad medie, incluso las mas grandes, las bastides fueron ante todo comunidades agrícolas; solo una pequeña parte de sus habitantes se ocupaba con carácter exclusivo de actividades no agrícolas.

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La inmensa mayoría de las bastides fueron construidas por la autoridad central real, bien para imponerse sobre las partes disidentes de su territorio, bien para extender sus nominios. Era esa autoridad quien financiaba y organizaba las murallas de la ciudad presentes en la mayoría de las bastides desde su inicio, y quien controlaba el trazado de la urbe.

La bastide francesa era también una fuente primaria de producción agrícola y el centro local de mercado para el comercio.

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Las bastides galesas, por otra parte, estaban pensadas inicialmente como bases inexpugnables para las guarniciones militares permanentes y tenían tan solo funciones comerciales de carácter subsidiario. A pesar de su función militar, las bastides
francesa y los dos ejemplos ingleses, Winchelsea y Kingston-upon- hull, fueron proyectadas sin forma alguna de ciudadela interior.

Además del contraste entre los papeles desempeñados por las bastides francesas y galesas, existía también una diferencia en el modo en que se poblaba. Mientras que las bastides galesas contaban con una proporción de familias inmigrantes inglesas llevadas a Gales como parte de una política de colonización, en el caso de las bastides francesas como observa, a menudo no implicaban mas que un reagrupamiento de las poblaciones de los caseríos en aldeas nucleadas y pequeñas ciudades.

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Las bastides estaban fortificada, pero existe una notable diferencia entre las formidables ciudades amuralladas de Eduardo I en el norte de Gales, capaces de resistir con éxito cualquier clase de asalto militar organizado, y las murallas urbanas de la mayoría de los ejemplos francesa que tan solo proporcionaban a sus habitantes una seguridad muy precaria frente a cualquier ataque que superase el grado de incursión local a pequeña escala. La fortificación de una ciudad en retícula creaba problemas de planeamiento en el contorno del perímetro amurallado. La combinación de un sistema viario rectilíneo con una muralla circular- que además de encerrar la máxima superficie para un perímetro dado, ofrecía el mejor medio de defensa ante las tácticas de asalto medievales- creaba parcelas de forma irregular en torno a la muralla.

Frecuentemente prevalecían las consideraciones económicas y militares y por ello algunos ejemplos franceses muestran murallas mas o menos circulares, y particular Monflanquin. En Alemania oriental, donde las fortificaciones sólidas eran de capital importancia, las ciudades de nueva planta estaban normalmente encerradas por murallas circulares. Nuevao Brandenburgo, mas al sur, Ceske Budejovice, sin embargo, algunos ejemplos franceses fueron dotados de murallas rectilíneas, entre los cuales figuran Aigües- Mortes y Monpazier. En Inglaterra las dos bastides presentan soluciones intermedias, pues solo las esquinas son redondeadas.

En las bastides galesas tardías, al igual que en los ejemplos mas avanzados de la ingeniería militar de la época, el énfasis se
ponía en sus castillos de gran solidez, aun cuando las ciudades civiles también se encontraban bien protegidas dentro de un perímetro defensivo de características similares. Ni las bastides inglesas ni las francesas contaban con un castillo, aunque las francesas poseían a veces iglesias de construcción extremadamente sólidas que servían
de ciudadelas en caso de emergencia.

Las bastides: Francesas

Confiaban en la implantación de bastides como factor clave en la consolidación de su autoridad y construyeron algunos centenares de ellas esparcidas con tal densidad por la geografía de la región que pocas tuvieron la posibilidad de convertirse en autenticas ciudades.

Hubo un denominador común en el diseño de todas las bastides francesas que en algunos aspectos las hacia diferir considerablemente de los ejemplos Galese. Siempre que era posible, se rodeaba con una muralla defensiva un área cuadrada o rectangular, que generalmente se subdividía en parcelas de igual tamaño destinadas a la
construcción de viviendas.

Existieron bastides encerradas por perfiles excéntricos de todo tipo, como por ejemplo el contorno sumamente irregular de Sauveterre-de-guyenne, de configuración semejante a la de una pera. Las bastides estaban defendidas invariablemente por una
muralla y un foso, pero pocos casos contaban con la protección de un castillo, en contraste directo con la práctica generalizada en Gales.

Por regla general, el fundador se ocupaba únicamente de proveer el emplazamiento y las murallas defensiva, dejando a sus ocupantes la responsabilidad de construirse sus propias casas a nivel individual, y la iglesia y el ayuntamiento, los dos edificios públicos de la ciudad, de forma colectiva.

El edificio del ayuntamiento adoptaba frecuentemente una disposición en dos plantas, destinándose la inferior a contener un mercado cubierto; se encontraba en la plaza principal de la ciudad en la confluencia de las calles principales que enlazaban el centro con las puertas de entrada. Con frecuencia las calles que rodeaban la plaza estaban dotadas de soportales que formaban la parte inferior de los edificios. La iglesia, a menudo de sólida construcción para poder asumir el papel de ciudadela interior en caso de emergencia, solía estar ubicada en una plaza separada, si bien generalmente contigua.

La cesión de cada parcela se efectuaba con la condición de edificarla en un plazo de tiempo estipulado y era obligatorio que la casa ocupara la totalidad del frente de fachada. Obedeciera a necesidades de carácter defensivo.
Las bastides: Inglaterra

Se construyeron solo dos bastides: Winchelsea y Kingston- upon-hull. Ambos eran puertos de sustitución y presentan una fascinante diferencia en sus fortunas respectivas como ciudades: el ocaso de Winchelsea cuando desapareció su raison d’etre y la prosperidad cívica de Hull.

Berwick-on-Tweed se trataba de una ciudad urbanizada en torno a un castillo cuya misión era controlar el cruce más importante a través del río Tweed.

El periodo de mayor trascendencia en la historia de Berwick es aquel en que tuvo lugar la nueva fortificación de la ciudad, a mediados del siglo XVI periodo que se comentara en el capitulo 8, al referirnos a obras semejantes efectuadas en portsmouth, bastides, ni Winchelsea ni Hull se hallaban fuertemente fortificadas: la primera sufrió por ello las consecuencias de los asaltos franceses y finalmente fue victima, paradójicamente, de la retirada del mar.

Las bastides: Gales

En Gales, Eduardo I fundo un total de diez bastides, construidas en tres fases correspondientes a otras tantas campañas militares contra los galeses. Al igual que las bastides fundadas anteriormente en Aquitania. Su origen se debió esencialmente a las necesidades militares; las motivaciones económicas eran secundarias, pues, como trasfondo, latía el deseo de los ingleses, que se consideraban ya hombres superiores de dar una lección de modales a los salvajes galeses y conducirlos al buen camino, no siempre con buenos modos.

Cada una de estas bastides galesas contaba con un castillo agregado a ella, base de una guarnición del ejército regular, en contraste directo con los ejemplos franceses cuyas funciones militares se limitaban a las que desempeñaba la milicia ciudadana a tiempo parcial. A todas las bastides galesas les fue concedido el estatus de burgo, actuando el condestable del castillo como alcalde ex –officio de la ciudad civil.

En estas poblaciones solo se aceptaban las peticiones de ciudadanía de los ingleses y los judíos no eran admitidos- con los habituales incentivos ofrecidos a los nuevos colonos: un solar edificable dentro de las murallas y tierras de cultivo fuera de ellas, así como un monopolio sobre el comercio comarcal y cuantos privilegios fueran compatibles con la unidad militar del municipio.

El éxito de las campañas militares de Eduardo I en el norte de Gales se debió a la utilización de su poderío naval y militar para hacerse con el control de las llanuras costeras, aislando a los galeses rebeldes en las montañas para que murieran de inanición con solo dos excepciones, sus diez bastides en Gales se hallaban concentradas en emplazamientos estratégicamente ubicados a los largo del litoral, controlando los
pasos clave de los ríos y los estuarios navegables.

5) Ciudades de nueva planta

Fundadas por toda Europa en general.

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La estructura viaria de la gran mayoría de las ciudades romanas reconstruidas, se vio condicionada tanto por los procesos orgánicos como por su trazado en retícula.

Numerosas nuevas ciudades medievales que partieron de un plan determinado experimentaron posteriormente ampliaciones y cambios incontrolados.

6) Burgos

Construidos como bases militares fortificadas y que mas tarde fueron adquiriendo funciones comerciales.

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Después de mediado el siglo IX, los sistemas de defensa, tanto frente a los príncipes rivales como frente a las fuerzas invasoras constituían una necesidad esencial, y por esta razón se procedió a la construcción de castillos en muchas localidades. En el siglo IX y principios del siglo X, mandaron erigir innumerables Burgos para proteger contra los vikingos, especialmente en Sajonia en la frontera oriental de Alemania y en Inglaterra, donde muchos Boroughs (Burgos) sirvieron para defenderse contra los daneses.

Los cincos Burgos daneses mas importantes- Derby, Lincoln, Leiceser, Stamford y Nottingham.

Aunque la mayor parte de los Burgos de Europa eran esencialmente centros militares y administrativos, con insignificante actividad comercial y por tanto difícilmente les podría ser concedido un estatus urbano, constituían interesantes núcleos “preurbanos” en torno a los cuales se desarrollaron muchas ciudades. La presencia militar generaba de inmediato la actividad industrial y pronto se establecía un mercado de productos para satisfacer las necesidades cotidianas, tanto de la elite militar como de las comunidad de siervos.

Las comunidades comerciales civiles que se establecieron fuera de las murallas de los Burgos eran denominadas frecuentemente faubourgs (del latín foris burgum: fuera del burgo) o bien suburbios. A medida que aquellas se consolidaban, llegando en ocasiones a rodear completamente el burgo, necesitaron sus propias murallas de defensa. Algunos Burgos tuvieron orígenes más complejos y es posible que fueran planeadas en parte. Magdeburgo ejemplo de un burgo poli nuclear, que contenía un castillo carolingio del año 805 (con un monasterio añadido en 937), la catedral, de 968, y los edificios anexos a ella, el burg condal, rió abajo, y entre la catedral y el castillo un barrio mercantil de trazado regular.

CONCLUSIÓN

Una aldea medieval se convertía en ciudad cuando adquiría la función secundaria de centro del comercio local, y, probablemente también, al desarrollar algún tipo de industria especializada de pequeñas dimensiones, a la vez que cierto porcentaje de sus habitantes dedicaban parte de su tiempo a estas ocupaciones no agrícola. La mayoría de ciudades eran de tamaño muy reducido en comparación con los patrones modernos y, hasta finales de la edad media, un buen número de ellas no eran mucho mayores que sus aldeas vecinas.

Ciudades de una población de 3,000 a 8,000 habitantes o más aproximadamente son las primeras ciudades medievales, excepcionalmente grandes.

La ciudad medieval es el resultado de la interrelación de los seis factores siguientes: su estructura económica (mercado, artesanía, comercio); su estructura física (trazado urbano, edificios públicos, fortificaciones); su personalidad legal (constitución, organismos legales, circunscripciones administrativas); su situación geográfica (comunicaciones terrestres y fluviales, puentes, puestos de parada, puestos de reabastecimiento) y su vitalidad política.

La protección aportada por las murallas y la liberación de compromisos feudales habían creado un clima en el cual el comercio y los gremios podían florecer de manera mucho mas exuberante que en una aldea; incluso cuando los privilegios se endurecieron convirtiéndose en celosa retracciones a la competencia, la vida en la ciudad seguía ofreciendo suficientes ventajas como para impedir que los ciudadanos y las actividades se trasladaran al campo.

En Inglaterra (y también en la Europa occidental en general), los principales factores determinantes de la forma en el modelo de crecimiento orgánico fueron la titularidad de las tierras o limites de propiedad y las rutas regionales.

De acuerdo a la estructura urbana una aldea lineal desarrollada a lo largo de una carretera, en que los senderos traseros de limitación se hallan claramente delineados, y donde también se pueden apreciar de forma muy clara las estrechas y largas franjas de terreno a modo de minifundios en la propia aldea.

Una aldea encerrada (o nucleadas) con unas características espaciales urbanas de una consistencia poco habitual vistas desde dentro, resultado de sus orígenes planeados de mediados del siglo XVIII.

Una aldea binucleada, denominada por un magnifico castillo de origen normando, y con una iglesias igualmente impresionante en el extremo de la principal calle de la aldea (en este caso, el crecimiento hasta alcanzar el estatus urbano se hubiera complicado enormementedada su ubicación en un recodo del río).

Existía en todas las ciudades medievales algún tipo de mercado informal y no reconocido oficialmente.

Algunas aldeas se convirtieron en centros de comercio porque estaban convenientemente situadas en carreteras de paso, y atraían a la clientela a lugares naturales de parada. Muchas otras pasaron a sumir una posición predominante sobre las ocho a doce villas que,
agrupadas, constituían un hundred, añadiendo, con toda probabilidad, funciones comerciales a sus roles administrativos. Las ciudades de mercado de la Inglaterra medieval estaban poco distanciadas.

BIBLIOGRAFÍA

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 Bill Riserbero. HISTORIA DIBUJADA DE LA ARQUITECTURA OCCIDENTAL.

 Instituto Gallach. HISTORIA DEL ARTE.

 Vittorio Francheth Pardo. HISTORIA DEL URBANISMO SIGLO XIV Y XV. Instituto de Estudios de Administración Local.

 A.E.J.Morris. HISTORIA DE LA FORMA URBANA(Desde sus orígenes hasta la Revolución Industrial).Editorial GG.

 Norbert Schoenauer.6,000 AÑOS DE HABITAT(De los poblados primitivos a la vivienda urbana en las culturas de Oriente y Occidente).Editorial GG.

 MED. HISTORIA MEDIA. 1988.

 Vigil Munizaga Gustavo. LAS CIUDADES Y SU HISTORIA.

K. Michael Hays: “Architecture’s Appearance and the Practices of Imagination.”

Required Reading 1 “Architecture’s Appearance and the Practices of Imagination” by K. Michael Hays can be accessed below.

Citation

Hays, K. Michael. “Architecture’s Appearance and the Practices of Imagination.” Log, vol. 37, 2016, 205-213. https://www.anycorp.com/store?category=Log

Reprinted courtesy of Anyone Corporation. All rights reserved.

Este documento se publica gracias al envio de Franccesco Gereda, quien esta siguiendo el curso del profesor Hays en Harvard

Franccesco Gereda

Architecture’s Appearance and The Practices of Imagination

  1. Michael Hays

    K.-Michael-Hays

1.

The power to create images would be a good partial definition of architecture’s competence, if the performance of that power is understood to be a disclosure of truths about the world by giving appearance to them. This disclosure should not be understood in a straightforward representational sense, even less so in a propositional one. Architecture is not a language. Rather, architecture summons into appearance ways of thinking about the world that are otherwise unavailable; it is a particular mode of thought, one irreducible to other ways of thinking. And its images of thought have no lesser claim on the real than those of philosophy. This mode is not representation, then, but emanation — a showing forth of a world that exists but is not yet actualized.

So appeared architecture for Adolf Loos: “If we find in the forest a mound, six feet long and three feet wide, raised by a shovel to form a pyramid, we turn serious and something in us says: here someone lies buried. That is architecture.”1 Let us unpack this hypothetical event. First, there is an unanticipated encounter with an empirical object — If we find in the forest a mound — the apprehension of which produces an almost immediate categorical response: That is architecture. Prior to our encounter, it is presumed, someone used a shovel to form a pyramid.

Thus, technique is involved, but it is far from the most important aspect of the encounter. The pyramid as form is not identical to what is apprehended by our senses; what is sensible remains contingent and variable, notwithstanding its defined shape. The material of the mound and its indexical relation to the shovel, no matter how intense the impression they may make on us, are just sensuous qualities and associated features of the encountered object. They are not the real thing; they are not the That.

We can say this another way. The real object of architecture is autonomous from our encounter with it. If we close our eyes, the visible object that is the mound disappears, but the real object of architecture remains. So That is an instantiation of architecture that exists before and after our encounter with the mound, an architecture that is always already there, where “always already” entails prior conditions that are brought into existence by their own outcomes. For us to recognize That as architecture, architecture — not the mound — must always already be there.

There is an epistemological claim made in Loos’s aphorism: we know something about the world through the architectural event. Through the appearance of architecture, we recognize the ritual of burial and the need for memorialization — here someone lies buried — and it affects us. But there is also an ontological claim: That is architecture. The necessary anteriority of the architecture instantiated by That explains why we can imagine architectures that are never built.

Cognition is required to reproduce the form, or type, of the pyramid, indeed removing much of what is perceived — the material, the technique, even the site — to isolate what is essential to the form of the pyramid. We schematize, we mentally organize, we design the type form. And then and there, we enter the architectural imagination. We proceed from the initial appearance, through the imagination, to the symbolic order — that is, to the category and concept of architecture. For this, preparation is required; we must have some sort of education or prior instruction in order to produce concepts.

The pronouncement That is architecture is not a simple experience, not only intuition or cognition, but a recognition: an understanding built from prior encounters, memories, and reflected conceptualizations. The authority of the symbolic rule imposes itself on the imagination and determines it, regulates it, legitimizes it. The imagination operates in accordance with rule unwittingly, without expressly observing it, but the symbolic must be in play. Through its interaction with the symbolic, the imagination gains the power to both register and overcome the limits of experience. Only when the imagination mediates between the sensible and the understanding, with the symbolic order of the understanding presiding, is That architecture.

2.

My description of the architectural imagination as essentially interpretive, as well as cognitively productive, borrows from Immanuel Kant’s theory of the schema and its role in reflective judgment developed in his third Critique.2 For Kant, a schema of the imagination is not quite a concept and yet is something more than an ordinary image. A schema is something like a script for producing images in accordance with the symbolic order — a synthetic operator between the sensible and the understanding.

In Kant’s architectonic, the imagination must coordinate with the two other faculties — the intuition and the understanding — to construct its practical-empirical role out of machinic parts. The intuition synthesizes sensory experience. The understanding spontaneously deploys concepts and categories. But intuitions are purely sensible, and the understanding cannot scan sensible objects. So we need a way of relating and connecting these two separate faculties. “There must be a third thing,” Kant writes, “which must stand in homogeneity with the category on the one hand and the appearance on the other, and make possible the application of the former to the latter.

This mediating representation must be pure (without anything empirical) and yet intellectual on the one hand and sensible on the other.”3 This third thing is a product of the imagination; it is the schema. The function of the schema is to subsume the uncoded array of sensations, the empirical objects of intuition, and convert them into images that can be processed by the understanding.

But a schema is not itself an image in an ordinary sense, because it is not a thing. Rather, a schema is a rule for an image that is produced in the act, or procedure, of schematization, a dynamic process that takes place in the imagination. Kant gives the instructive example of a triangle: “In fact it is not images of objects but schemata that ground our pure sensible concepts. No image of a triangle would ever be adequate to the concept of it. For it would not attain the generality of the concept, which makes this valid for all triangles, right or acute, etc. . . .

The schema of a triangle can never exist anywhere except in thought, and signifies a rule of the synthesis of the imagination with regard to pure shapes in space.”4 Images remain attached to the senses, incommensurable with the concepts used by the understanding, while schemata regulate the abstraction of sensation into something the understanding can process. As one scholar put it, “The schema is the procedure of the imagination in providing an image for a concept. . . . Schemata must underlie all of our concepts if they are to be relevant to the realm of empirical experience.”5 A schema is a necessary component of perception itself, but also a requirement for practical and theoretical knowledge, as well as reflective interpretation.

If Kant’s formulation of the schema should feel familiar to architects, this is perhaps because it is very similar to Quatremère de Quincy’s definition of the architectural type: “The word ‘type’ does not represent so much the image of something that must be copied or imitated perfectly, as the idea of an element that must itself serve as a rule for the model. . . . The model, understood from the point of view of the practical execution of art, is an object that must be repeated such as it is; [the] type, on the contrary, is an object on the basis of which everyone can conceive of works that may not resemble each other at all.”6

What has not been sufficiently noticed in discussions of type is the freedom of relationships among sensation, memory, and imagination that this formulation allows, at the same time that it insists on harmony and resonance across component parts. While one model of the schema could construe its effects as rigidly stabilizing, it is also possible to find liberating hints at different modes of becoming in the constructive and autonomous act of the imagination.

Indeed, the schematic imagination, as articulated in Kant’s philosophy, is deeply embedded in architectural historiography. Countless historians have been influenced by Kant — Paul Frankl, Heinrich Wölfflin, Emil Kaufmann, Erwin Panofsky, and Wilhelm Worringer among them. But it is Rudolf Wittkower, in his 1944 drawing “Schematized Plans of Eleven of Palladio’s Villas,” who gives us the most vivid graphic expression of a schematizing machine.

As part of his survey of Palladio’s Veneto villas republished in Architectural Principles in the Age of Humanism (1949) — in which he utterly suppresses site, material, technology, decoration, patrons, clients, and even program (many of the villas were in fact working farmhouses, complete with barchesse and dovecotes) — Wittkower “designs” a schema that totalizes the villa type as the geometric-mathematical systematization of the ground plan.7 That Wittkower’s Architectural Principles was as compelling as it was tendentious is evidenced not only by its widespread and decades-long influence but also by its practical instrumentalization by scholars and designers alike.8

In 1947, Colin Rowe extended Wittkower’s analysis to the villas of Le Corbusier; in 1967, Peter Eisenman used the same schema as a generative structure to begin his seminal house series; and in 1998, Greg Lynn defined his own counterposition of animate geometry and continuous differentiation as a decisive departure from the schema of Wittkower, Rowe, and Eisenman. The architectural imagination is action prone and highly connective; it is promiscuous.

[Due to copyright restrictions, an image of “Schematized Plans of Eleven of Palladio’s Villas” from Rudolph Wittkower’s Architectural Principles in the Age of Humanism (1949) is not available. See Lecture 1.2 for more information.]

3.

In the half century since Wittkower’s powerful demonstration of the schematic imagination at work in interpretive practice, scholars have grown skeptical of the transcendental formalism of models like his, turning their attention instead toward methods able to accommodate newly conceived issues of multiplicity, potentiality, virtuality, and becoming, as well as various materialist tendencies. New practices of the imagination began to develop in the 1970s and 1980s, primarily following the work of Manfredo Tafuri but also influenced generally by exchanges across various critical disciplines that accepted Marxism and psychoanalysis as common metalanguages and tended to use methods derived from ideology critique and deconstruction.

Since the 1990s, the works of Michel Foucault and Gilles Deleuze have been the dominant influences on architectural interpretation. In particular, Foucault’s diagram of the architecture of the 19th-century panopticon and Deleuze’s reading of that diagram as a cartography of an entire social and historical field have authorized new modes of architecture’s appearance and new constructions of the architectural imagination.9

Foucault is concerned with how the apparatus of power and knowledge configures a domain of visible matter (the “seeable”) that is shaped by the articulable functions (organized utterances and discourse, or the “sayable”) into various disciplinary forms like the panopticon. In his study of Foucault, Deleuze focuses on the relation of the visible (which is not reduced to a thing seen but comprises “multisensorial complexes,” processes, actions, and reactions) and the articulable (or discursive formation), rendering their interaction as an agon of Kantian sensibility and conceptuality.

“Between the visible and the articulable we must maintain all the following aspects at the same time: the heterogeneity of the two forms, their difference in nature or anisomorphism; a mutual presupposition between the two, a mutual grappling and capture; the well-determined primacy of the one over the other.”10 The visible, like Kant’s intuition, is passive and determined, while the articulable, like Kant’s understanding, is spontaneous and determining. But just as Kant needs the schema, Foucault needs a third agency, a mediator of the confrontation, but one in a space removed from the visible and the articulable, “in a different dimension to that of their respective forms.”11 This nonplaced operator is what Deleuze, reading Foucault, calls the diagram.

The schematic imagination is an imposition of order on a stratum of sensible and conceptual knowledge that has no exterior, on an assemblage that is autonomous and closed. The schematic centers, territorializes, and patterns sensation in accordance with categories and concepts already present (even though they can be known only retrospectively), whereas the diagrammatic draws the center of the assemblage together with peripheral force fields and operations exterior to the assemblage proper; the diagrammatic is concerned with deterritorializing and reterritorializing. If the schema is a template, the diagram is a frame and a connector. The diagrammatic imagination comprises functions that trace and map a region captured from a larger field, thereby also creating an outside. Deleuze resorts to prose poetry to define the outside:

“The outside is not a fixed limit but a moving matter animated by peristaltic movements, folds and foldings that together make up an inside” — that is, an inside of thought. “Thinking involves the transmission of particular features: it is a dice-throw. What the dice-throw represents is that thinking always comes from the outside (that outside which was already engulfed in the interstice [between seeing and saying] or which constituted the common limit).” He asks, “If the outside, farther away than any external world, is also closer than any internal world, is this not a sign that thought affects itself, by revealing the outside to be its own unthought element?”12

The outside is the unthought other; it is difference itself. The outside is the virtual; and the virtual is history. But it is not the history of architecture’s actual unfolding; it is not the archive. The virtual is, rather, absolute history — the constitutive outside that, across an implicating membrane, disturbs the identity of the inside, the actual, and is nevertheless both a prerequisite for the actual’s constitution and a record of its existence. Virtuality is the source of resistance.

Near the end of his Foucault study, Deleuze inserts an illustration of the diagram. It depicts the “line of the outside,” an indefinitely unfurling plane with an atmosphere above — itself populated with condensed particles and intersections of forces tossed about — and a sedimented “strata”below (more packed and stacked, having been archived). Between the two lies a “strategic zone,” a zone of negotiation between the formed strata and the unformed outside. The left-side strata are archives of visual knowledge, and the right is a kind of sound cloud of articulable knowledge: “the two irreducible forms of knowledge, Light and Language, two vast environments of exteriority where visibilities and statements are respectively deposited.”13

Together the two archives delineate a band of forms of content and forms of expression that can be taken to determine the limits of actual, concrete historical formations of knowledge and power. Deleuze calls this the concrete assemblage, in contradistinction to the abstract machine of the diagram itself. In between the two archives is a striking enfolding of the line of the outside, pulled down into a pouch, a pocket, an implication “constantly reconstituting itself by changing direction, tracing an inside space but coextensive with the whole line of the outside” — a “zone of subjectivation,” as Deleuze labels it — the place of thought itself.14

[Due to copyright restrictions, an illustration of Gilles Deleuze’s diagram from Foucault (1986) is not available.]

4.

Let us now consider how this diagrammatic version of the architectural imagination works in interpreting an architectural project. Architecture is both an artifact of culture and a sociopolitical act; hence, the architectural project does not simply reproduce the contexts that are its sponsors but rather connects to their fields and forces in complex and often contradictory ways, drawing up the threads of the real into a fabric whose weaving operations may be modeled as much on dreams and prayers as on maps and machines. Architecture is the constant making and remaking of the world — the territorialization and reterritorialization of the concrete assemblage through architecture’s particular diagram. So it must be recognized that any project of architecture is not merely informed by ideology — by its patrons, its designers, or its audiences — it is ideological in its own right.

The diagrammatic imagination accounts for the fact that architecture is entangled within a complex of social, technological, and historical forces, which are deep-seated, perhaps repressed, and yet shifting and contradictory. It is these forces that close formal readings of architectural projects seek to deconceal. What the diagrammatic model does not allow is an uncritical collapse of the architectural project into its context, as if it were completely determined by its context. Architecture necessarily remains in dialectical tension with its own historical moment. It is not capable of sublating art and life, but neither can the discursive and institutional authorities completely control and exhaust architecture.

Architecture retains the power to negate certain dimensions of historical social life and expose undiscovered spaces, expanding the territory on which we dwell. “It is here that two forms of realization diverge or become differentiated,” Deleuze instructs, “a form of expression and a form of content, a discursive and a non-discursive form, the form of the visible and the form of the articulable. . . . Between the visible and the articulable a gap or disjunction opens up. . . .

The concrete assemblages are therefore opened up by a crack that determines how the abstract machine [the diagram] performs.”15 The seeable and sayable are not contextually given forms but rather spaces of emergence inextricably linked to historical discourses, which they also help to organize. The social and historical context may determine the visible, but the visible pushes back on the expressible to enable what in turn underwrites conditions of visibility. The discontinuity between the visible and the articulable, the irreducibility of the one to the other, is the crux here. For this is the moment around which the differences between a symptomatic reading and a merely suspicious reading turn. The recognition That is architecture still entails an active, engaged, and critical imagination rather than an inert and compliant object.

The diagrammatic model of the architectural imagination enables us to retain from Kantian aesthetics and the architectural historiography that it influenced the notion that architecture is characterized by a certain degree of formal autonomy. But it mediates this with an emphasis on the social and intellectual importance of form and the corollary of a deep historicity. Finally, we achieve a materialist emphasis on architecture’s embeddedness in heterogeneous networks of other forms and forces, interconnected constellations that will not resolve or reduce into a single structure because each constellation connects to the others through events rather than passages determined by one or the other.

The architectural imagination has historically demonstrated the capacity to structure perceptions and experiences while remaining outside any single structure’s absolute control. This explains why great architecture always exceeds description and theory. It explains architecture’s power for disturbance and transformation rather than inert passivity. Architecture associates the intensity of sensation with the rigor of structure and then transfers that intensity into other disciplines and practices, revealing not only their limits but also their openness to change.

Notes

  1. Adolf Loos, “Architektur” (1910), in Die Schriften von Adolf Loos, vol. 2, Trotzdem, 1900–1930 (Innsbruck: Brenner, 1931), 109–10. My translation.
  2. Immanuel Kant, Critique of the Power of Judgment, trans. Paul Guyer and Eric Matthews (Cambridge: Cambridge University Press, 2000).
  3. Immanuel Kant, Critique of Pure Reason, trans. Paul Guyer and Allen W. Wood (Cambridge: Cambridge University Press, 1998), 272 (B177/A138).
  4. Ibid., 273 (B180/A141).
  5. Charles E. Winquist, The Transcendental Imagination: An Essay in Philosophical Theology (The Hague: Martinus Nijhoff, 1972), 18.
  6. Antoine-Chrysostome Quatremère de Quincy, “Imagination,” in Dictionnaire historique d’architecture, vol. 2 (Paris: Librairie d’Adrien le Clere, 1832), 629, quoted in Aldo Rossi, The Architecture of the City, trans. Diane Ghirardo and Joan Ockman (Cambridge: MIT Press, 1982), 40.

7.See Rudolf Wittkower, “Principles of Palladio’s Architecture,” in Architectural Principles in the Age of Humanism (London: Warburg Institute, University of London, 1949), 51–88. Originally published in two parts in Journal of the Warburg and Courtauld Institutes 7 (1944): 102–22; 8 (1945): 68–106.

  1. See Henry A. Millon, “Rudolf Wittkower, Architectural Principles in the Age of Humanism: Its Influence on the Development and Interpretation of Modern Architecture,” Journal of the Society of Architectural Historians 31, no. 2 (May 1972): 83–91; and Alina A. Payne, “Rudolf Wittkower and Architectural Principles in the Age of Modernism,” Journal of the Society of Architectural Historians 53, no. 3 (September 1994): 322–42.
  2. See Michel Foucault, Discipline and Punish: The Birth of the Prison, trans. Alan Sheridan (New York: Random House, 1977); and Gilles Deleuze, Foucault, trans. Seán Hand (Minneapolis: University of Minnesota Press, 1988).
  3. Deleuze, Foucault, 67–68.
  4. Ibid., 69.
  5. Ibid., 96–97, 117–18.
  6. Ibid., 121.
  7. Ibid., 123.
  8. Ibid., 38.

Author’s note: I extend sincere thanks to Bryan Norwood and Chelsea Spencer, whose comments and recommendations on multiple drafts have produced content as well as clarity

  1. Michael Hays is the Eliot Noyes Professor of Architecture Theory at the Harvard Graduate School of Design.

Citation

Hays, K. Michael. “Architecture’s Appearance and the Practices of Imagination.” Log, vol. 37, 2016, 205-213. https://www.anycorp.com/store?category=Log

Reprinted courtesy of Anyone Corporation. All rights reserved.

La trampa comunitaria

LA TRAMPA COMUNITARIA

David Harvey

Barriadas v2a

David Harvey Artículo publicado el 26 de noviembre de 2000, en LA VANGUARDIA Traducción: José María Puig de la Bella casa.

El nuevo urbanismo está en la cresta de la ola. Todo el mundo es su entusiasta defensor. Porque, al fin y al cabo, ¿a quién le gustaría que le llamasen “viejo urbanista”?

Podría decirse -discurre el razonamiento- que la vida urbana es susceptible de ser mejorada en su raíz, que puede transformarse en una vida más “auténtica” y menos desangelada, y también más eficiente, por el procedimiento del regreso a conceptos tales como vecindario y comunidad, que antiguamente proporcionaron tanto temple y tanta coherencia, continuidad y estabilidad a la vida urbana.

La memoria colectiva de un pasado más cívico puede recuperarse de nuevo si se recurre a los símbolos tradicionales.

Las instituciones de la sociedad civil, si reciben el estímulo que pueden aportar la arquitectura ciudadana y la adecuada planificación urbana, pueden perfectamente verse consolidadas como los fundamentos de un tipo de urbanización mucho más civilizado. Existen distintas variantes de tal razonamiento.

La versión Costa Este americana propone un crecimiento urbano de alta densidad y de uso residencial mixto, en su mayor parte dirigido a las áreas residenciales y de esparcimiento. Si bien las infraestructuras públicas y los niveles medio ambientales son indudables, los proyectos se conciben principalmente para aquellos clientes pudientes cuyo estilo de vida, sin embargo, permanece inalterado (siguen recorriendo largas distancias para ir al trabajo).

Lo que se vende es un concepto de comunidad y un entorno de vida más seguro. Insertos en un modelo de expansión urbana acelerada, tales edificaciones constituyen oasis aislados de vida privilegiada para las élites. La versión británica subraya el ideal de un “pueblo urbano”.

Combina la nostalgia por un pasado perdido (que apela a los estilos arquitectónicos autóctonos de la Vieja Inglaterra) con una pizca de conciencia social (mediante la incorporación dela vivienda social a la mezcla), e intenta, además, aportar elementos laborales y comerciales a una fisonomía urbana caracterizada por un fácil acceso en la propia localidad. La idea de un “pueblo urbano” goza de un extendido atractivo que abarca todo el espectro social.

Grupos étnicos, comunidades obreras tradicionales y grupos privilegiados han adoptado esta idea con entusiasmo. La versión Costa Oeste americana sitúa los núcleos de barrio “tradicionales” en el seno de un plan regional más integrado de infraestructuras de transporte para enlazar los puestos de trabajo espacialmente dispersos, las zonas comerciales y las instalaciones de ocio. Transige, por una parte, con la dispersión de tales factores, pero trata de recuperar los ideales de una convivencia vecinal más íntima y entrañable y de una vida de comunidad.

Si tal política reúne unos métodos democráticos de adopción de decisiones y una consulta al público generalizada, sus resultados pueden ser realmente provechosos. Una versión ligeramente mitigada delo que se expone apela al ideal del “crecimiento inteligente”.

Una densidad más alta de crecimiento (justificada quizá por una referencia a los conceptos de comunidad y de barrio) en torno a núcleos o centros ya existentes (en oposición a la urbanización caótica), se considera más bien como una respuesta a la presión excesiva sobre los fondos públicos, las infraestructuras (escuelas, agua potable, tratamiento de aguas residuales, carreteras) y el medio ambiente (por ejemplo, la pérdida de suelo agrícola o de hábitats de alto valor).

El concepto de “crecimiento inteligente” ha cobrado un atractivo nacional en Estados Unidos, como el único camino para reorientar la urbanización sin límites y caótica hacia una vía más eficiente y respetuosa con el medio ambiente. Caben muchos elogios en este movimiento que acabamos de describir, más allá de la descarga de adrenalina inherente a la batalla con los saberes convencionales de un extenso abanico de instituciones (constructores, banqueros, gobiernos, intereses de transportistas, etcétera).

Responde a los deseos y a la voluntad de pensar sobre el lugar de los polos urbanos especiales dentro de las áreas regionales en su conjunto, y de aspirar a un ideal mucho más orgánico y global de aquello en lo que las ciudades y las regiones podrían consistir.

El intenso interés observado acerca de las formas de desarrollo urbano más cercano humanamente e integrado que evite la monotonía agobiante de la ciudad planificada horizontalmente es digno de alabanza, ya que libera un interés en la calle y en la arquitectura ciudadana consideradas como escenarios de sociabilidad.

En el mejor de los casos, el nuevo urbanismo promueve nuevas vías para pensar la relación entre el trabajo y la vida, y hace factible una dimensión ecológica del diseño urbano que, en cierto modo, va más allá de la búsqueda de una calidad medio ambiental superior, propia del consumidor de bienes tales como árboles hermosos y estanques.

Plantea, incluso, abiertamente el espinoso problema de lo que hay que hacer con las despilfarradoras exigencias energéticas de la forma de urbanización basada en el automóvil, que ha predominado mucho tiempo en Estados Unidos y que de modo creciente amenaza con tragarse las ciudades en Europa y en otros lugares. Sin embargo, hay mucho margen aún para el escepticismo. Para empezar, no es que haya muchas novedades en todo esto.

El nuevo urbanismo rebosa de nostalgia por una idealizada vida de pequeña población y estilo de vida rural que nunca existió. Las realidades de tales lugares estuvieron con frecuencia caracterizadas por un ambiente represivo y limitador, más que por ser realidades seguras y satisfactorias (al fin y al cabo, ésta fue la clase de mundo del cual las generaciones de emigrantes ansiaban huir, y precisamente no acudían a él en tropel).

Y además, el nuevo urbanismo, en la manera en que es descrito, muestra señales abundantes de represiones y exclusiones en nombre de algo llamado “comunidad” y “barrio” o “vecindario”.

El nuevo urbanismo puede caer fácilmente en lo que denominó la “trampa comunitaria”. Desde las primeras fases de la urbanización masiva a la industrialización, el “espíritu de comunidad” se ha enarbolado como antídoto frente a cualquier amenaza de desorden social o descontento. La comunidad ha sido incluso una de las claves del control social y de la vigilancia, al borde de la abierta represión social.

Comunidades bien arraigadas a menudo excluyen y se autodefinen contra otras, erigen todo tipo de señales de “prohibida la entrada”(cuando no tangibles muros y puertas). El chovinismo étnico, el racismo, la discriminación clasista avanzan reptando hacia el interior del paisaje urbano. El nuevo urbanismo puede, por esa razón, convertirse en una barrera, más que promover el cambio social progresivo.

La mayoría de los proyectos que se han materializado en Estados Unidos (guiados por el afán de lucro del promotor) se refieren a la mejora de la calidad de la vida urbana para los ricos. Ideales de comunidad, tradición y nostalgia por un mundo perdido son puntos de venta más que realidades sociales y políticas.

Aquí se hacen pocos intentos para estar a la altura de la esencia del descontento urbano, y no hablemos ya del empobrecimiento y el deterioro de las ciudades. Las invocaciones a la comunidad y al barrio como ideología son irrelevantes ante el destino de las ciudades que hoy día se fragua. A falta de empleo y de generosidad gubernamental, las declaraciones y pretensiones “cívicas” del nuevo urbanismo suenan a huecas, sino a hipócritas.

¡Europeos, tened cuidado! A no ser que el nuevo urbanismo forme parte de un ataque frontal contra las rampantes desigualdades sociales y el malestar urbano, fracasará rotundamente en la tarea de cambio de cualquier factor realmente sustantivo y esencial.

Imaginarse qué no será tratar de seguir con esta utopía engañosa aquí

En realidad -como sucede en Estados Unidos- puede constituir sólo una parte del problema de la creciente segregación racial, en lugar de ser una solución para los dilemas de la vida urbana. Este movimiento repite asimismo -a un nivel básico- la misma falacia de los estilos arquitectónicos y de planificación que critica.

Para decirlo en pocas palabras, perpetúa la idea de que la planificación urbana puede ser la base de un nuevo orden moral, estético y social. El diseño correcto y la calidad arquitectónica serán la gracia salvadora de la civilización.

Pocos partidarios del nuevo urbanismo suscribirían una tesis tan brutal. El nuevo urbanismo cambia el marco espacial, pero no la presunción de que el orden espacial puede ser el vehículo para controlar la historia y el proceso social. Se advierten signos de que el nuevo urbanismo se consolida en el favor del público. Promotores y financieros están interesados. Parece que se vende bien entre quienes pueden permitírselo.

Crea un paisaje urbano estéticamente más agradable -aunque nostálgico- que las tenues y uniformes áreas residenciales que viene a sustituir. Puede incluso contribuir a una mayor eficiencia de los usos del suelo urbano. Sin embargo no ofrece en sí mismo -como con frecuencia pretende- una panacea ante el descontento social y la degradación medioambiental. No es la base privilegiada de una experiencia urbana fundamentalmente nueva. Por sí mismo, no hará más que envolver otra vez viejos problemas bajo una nueva apariencia.

Resultado de imagen de el muro de la verguenza

En el caso de la aldea de Lima, veo con sorpresa que los aprendices de brujo planean someter a sus alumnos a un ejercicio de seudo diseño en el seudo llamado “muro de la vergüenza”, para hacer precisamente lo que Harvey aquí con sorna critica.

Es evidente que colocarse en un lugar en donde las contradicciones del sistema están presentes y se hacen evidentes vende, pero simplemente vende para la tribuna.

Este es un problema social y de desvergüenza de los entes estatales reguladores de la ciudad que no han podido enfrentar la marea humana de la migración hacia Lima. No lo han hecho en ninguna ciudad del Perú, las cuales desde 1940 crecen a su modo y sin ninguna intervención del Estado.

Este problema que no lo han podido resolver en más de setenta años todas las administraciones municipales de Lima, y que simplemente le han dado la espalda a la ciudad y a sus problemas, además de pedante, es indecente, cuando se quiere poner frente a alumnos novatos que realizan sus primeros trabajos de diseño.

Además es anti pedagógico pues se requiere manejar conceptos y criterios de CCSS y economía, cuando no de psicología social para enfrentar el problema central y fundamental de la ciudad de Lima, al que todos le han dado la espalda.

Estamos pues frente a un escenario en donde entrenan a nuevos aprendices de brujo que en el futuro serán jóvenes frustrados por creer que la ciudad se resuelve voluntaristamente y se enfrenten a las realidades pragmáticas de la construcción de la ciudad.

The Temple of Bacchus

El templo de Baco

The Temple of Bacchus is considered one of the best-preserved Roman temples in the worldbalbeq-v2
Dec 12, 2016

The ancient city of Baalbek, also called Heliopolis or City of the Sun, located in what is now modern-day Lebanon, north of Beirut, in the Beqaa Valley, reached its apogee during Roman times. From the 1st century BC and over a period of two centuries, the Romans built three temples here: Jupiter, Bacchus, and Venus.

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Its colossal constructions make it one of the most famous sanctuaries of the Roman world and a model of Imperial Roman architecture.

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When this area of the Middle East was part of the Roman Empire, Baalbek was known as Heliopolis.

The Temple of Bacchus (left) and the medieval fortifications of Baalbek in front of the city in 1959.

Next to the Jupiter complex, which was created to be the largest temple in the Roman Empire, is a separate building known as the Temple of Bacchus. The temple is slightly smaller than the Temple of Jupiter, and is 66m long, 35m wide, and 31m high.

Although it is sometimes called “The Small Temple, it is larger (and better preserved) than the Parthenon in Athens. .

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Temple of Bacchus entrance.

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Propylaea at the entrance of the site.

The temple was commissioned by Roman Emperor Antoninus Pius and designed by an unknown architect around 150 A.D., after the cult of Bacchus had become popular in the empire. Antoninus Pius had the intention of making the people of the Baalbek region have great respect for the Roman rule.

Dedicated to Bacchus (also known as Dionysus), the Roman god of wine, but traditionally referred to by Neoclassical visitors as the “Temple of the Sun”, it is the best-preserved structure at Baalbek and the most beautifully decorated temple in the Roman world.

The period of construction is generally considered between 150 AD to 250 AD. Photo Credit
A temple most probably dedicated to the Roman Wine God Bacchus. Photo Credit

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The best preserved Roman temple of its size. Photo Credit
Ornamented ceiling.

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The wall inside.

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Corner details.

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Temple of Bacchus pilasters.

The reason why it is so well preserved is because it is part of the Baalbek’s Medieval Fortifications. The main entrance is decorated with grapes and vines, and is an impressive eleven meters high. Some of the carvings on the ceiling include different versions of what worshippers believed Bacchus to have looked like. Other sculptures include rituals, practices, people, and creatures.

A series of earthquakes over the centuries further damaged the site, and nothing was done in the area of preservation or excavation until 1898 when a German expedition began to reconstruct the ruins. Some figurative reliefs depicting Greek gods have survived, though in a very damaged state.

Over the centuries Baalbeck’s monuments suffered from theft, war, and earthquakes, as well as from numerous medieval additions. Photo Credit.

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Temple of Bacchus columns.

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Detail underneath.

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In 1984, several ruins of Baalbek, including the Temple of Bacchus, were inscribed as a World Heritage Site. The temple allures people with its impressive dimensions, richly decorated stone work and monumental gate with Baccic figures.

Reference: Texto e imágenes

https://m.thevintagenews.com/2016/12/12/the-temple-of-bacchus-is-considered-one-of-the-best-preserved-roman-temples-in-the-world/

El futuro mafioso de Lima

El futuro mafioso de Lima

Mafia es un término utilizado a nivel mundial que se refiere a una clase especial de crimen organizado, extendido desde su origen en Italia meridional a cualquier grupo del crimen organizado con similares características independientemente de su origen o lugar de acción.

Nació en Sicilia donde se denominó mafia, y en su origen era una confederación dedicada a la protección y el ejercicio autónomo de la ley y, más adelante, al crimen organizado. Sus miembros se denominaban a sí mismos «mafiosos».

Durante siglos, Sicilia estuvo dominada por un sistema feudal que explotaba a miles de campesinos mientras una minoría gozaba de privilegios. Estas circunstancias se consideran decisivas para el surgimiento de la mafia. Por otro, la conducta delictiva se revelaba como la única manera de obtener privilegios en una sociedad que los reservaba sólo para los ricos terratenientes aliados de las autoridades políticas; pues a falta de una estructura de gobierno organizada y capaz de proteger a los habitantes de la isla, éstos se vieron obligados a fortalecer los vínculos familiares como alternativa para obtener seguridad. Por esta razón los lazos de sangre son tan importantes en la mafia.

En el Perú las condiciones sociales han posibilitado el surgimiento de un fenómeno que metafóricamente podría considerarse, notablemente sub valuado, como semejante al comportamiento de los mafiosos italianos. Los migrantes en su busca de futuro han desarrollado un sistema de ocupación y de apropiación tanto física como económica de carácter informal frente a todo lo formal característico de la sociedad establecida, en forma semejante a lo ocurrido con la mafia. Tal ha sido y es el procedimiento de apropiación de las tierras del cono norte, del sur y del centro.

Los migrantes indígenas que han ocupado la ciudad de Lima han tenido que enfrentar una marginalidad de todo tipo, la que se ha pretendido resolver, (además de otras formas), fortaleciendo los vínculos familiares, condición atávica del pasado andino, y haciendo empleo de la informalidad como arma para insertarse y apropiarse de base económica en un medio hostil. La informalidad de los nuevos empresarios no es nada más que una máscara para encubrir actitudes y procedimientos delincuenciales en todas las actividades comerciales que emprenden bajo esta fachada de informalidad, tal es el caso del “transporte público mediante combis que exclusivamente esta en estas manos, y al que todos estamos sometidos en forma humillante.

Estos procedimientos consisten (en la superficie) en la evasión de impuestos, en el no pago de los tributos municipales, en el no pago de todas las obligaciones del sector formal lo cual constituye una brecha millonaria en los respectivos erarios municipales. Sin embargo en el fondo se encuentra toda una actitud delincuencial abierta que tiñe todas las actividades de estos sectores aparentemente informales.

Toda Lima está rodeada por un cinturón de migrantes que se han localizado a la fuerza y empleando procedimientos mafiosos en cuatro ciudades informales que constituyen el nudo gordiano de Lima. La ciudad de Lima vive de la población de estas cuatro ciudades.

Toda la mayor inversión de las obras públicas que se invierte en Lima es para estas cuatro ciudades. De este modo en una generación esa migración se ha apoderado de Lima y políticamente es la que decide su suerte. Lima esta sitiada por los invasores, de modo que cualquier cosa que se desee hacer en Lima está condicionada por este cinturón de enemigos de la ciudad.

De este modo de apropiarse de la ciudad surge un comportamiento mediante el cual no hay civismo sino vandalismo contra la ciudad. La ciudad no es del migrante, el migrante ha llegado como invasor a algo que no le pertenece y que no es suyo. Esto se ve en el medio físico en donde se asienta, precario, tomado a la fuerza, sin urbanismo, sin calor, sin alma, sin ley y sin orden. Peor aún, sin nada de valor que conservar, sin historia. Su cultura es la del resentimiento, es la cultura del Perú. El Perú no se entiende sin resentimiento, sin idea de revancha, sin idea de apropiación a la fuerza porque ese ha sido su pasado. Esta actitud es la que condiciona todo el actuar de estos individuos que no han llegado a ser ciudadanos, y que no llevan en el alma el germen de la urbe.

Frente a este trasfondo surgen los “padrinos”, con otro nombre, los “taitas”, los “reyes” , los “Quispe”, tan magistralmente explicados y analizados por Arellano, constituyendo la clave para entender y para explicar qué se puede hacer en un medio como este que no tiene nada que ver con el urbanismo formal, y que más bien lo cuestiona y lo hace obsoleto.

Por estas razones enfrentar el urbanismo de estas cuatro ciudades no es cuestión de enfoques formales a los que los arquitectos y seudo urbanistas que viven en las nubes nunca van a poder enfrentar, sino que se requiere de un enfoque pertinente y apropiado a estas condiciones, lo cual demanda cuadros técnicos con base antropológica, base sociológica, base política, base de geografía humana, base de economía urbana, y manejo de modelos de planeamiento cuantitativos y cualitativos  que establezcan las bases

• Primero, para entender la situación,
• Segundo para concertar con los actores sociales,
• Tercero para construir base política que permita una gestión concertada democrática no manejada por las ideologías políticas de turno interesadas en el rédito político.

Este reclamo implica que existan condiciones para desarrollar una labor profesional competente, y de cuadros técnicos debidamente entrenados y con la base académica que les permita ser competentes para enfrentar estructuralmente esta situación. Además todo esto es sólo factible si se dispone de una administración competente y de calidad, lo cual brilla por su ausencia hoy día en la ciudad de Lima.

Es evidente por estas razones que los planteamientos de la Municipalidad de Lima son obsoletos, y no tienen ningún futuro. De este modo se seguirá con inversiones perdidas, con expectativas no cubiertas, con un medio urbano cada día más deteriorado, con una población cuya salud mental esta cada día más deteriorada y con una ciudad que cada día es menos global y menos competitiva para atraer inversiones.

Place de France y Place Vendôme

Place de France y Place Vendôme
Porte de Saint-Denis (París)
Época: Barroco. Inicio: Año 1600. Fin: Año 1700

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Antecedente:
El desarrollo del urbanismo

(C) Jesús Cantera Montenegro

Comentario

Todavía le dio tiempo a Enrique IV para plantear la construcción de otra plaza en 1610, poco antes de ser asesinado, lo que hizo que, aunque las obras se iniciaran, no llegaran nunca a concluirse. Fue aquella la Place de France, que, proyectada por Claude Chastillon y Jacques Alleaume, debió contar con una importante intervención por parte del propio rey en la configuración del diseño.Debería ocupar esta nueva plaza un espacio situado entre la Bastille y el Temple, y tendría claramente un sentido práctico y simbólico, como señalaría su estructura estrellada.

Adosada a la muralla entre la Porte Saint-Antoine y la Porte du Temple, se planeó con una planta semicircular en la que, del lado curvo, irradiaban ocho calles que llevarían los nombres de las principales provincias y que más allá eran cortadas por un segundo cinturón semicircular. Los edificios que asomarían a la plaza tendrían un carácter público. La base del semicírculo estaría adosada a la muralla y allí ésta abriría una nueva puerta que llevaría un nombre significativo, Porte de France, lo que, unido al simbolismo de los nombres de las calles radiales, sería indicativo del papel de París como capital del reino.Luis XIII desarrolló una menor actividad urbanística que su padre, pues se orientó sobre todo hacia las obras de tipo arquitectónico.

Entre las actuaciones de tipo urbanístico cabe citar en primer lugar la Rue Dauphine, proyectada ya por Enrique IV y en la que se ordenó que las casas. se construyeran con un esquema uniforme.Más importante fue la urbanización de la Ile Saint-Louis, que se llevó a cabo entre los años 1627 y 1664 con la dirección técnica de Louis Le Vau y el impulso del empresario Marie y los financieros Poulletier y Regrattier. Se formó entonces la isla por la unión de los antiguos islotes de la Ile aux Vaches y la lle Notre-Dame, célebre éste porque durante la Edad Media era el lugar donde se celebraban los Juicios de Dios.

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Además de la unión, se hicieron puentes que enlazaron la isla con las márgenes del río y se dividió el suelo en lotes, formando un sistema de damero con dos calles principales entrecruzadas.Con la misma idea urbanística de dos calles principales entrecruzadas, se planeó y construyó después del año 1633 el Distrito Richelieu, situado al norte de las Tullerías y el Louvre y fuera de la antigua muralla de la ciudad.

Esta zona se vio favorecida al construir allí su palacio el propio cardenal, el que luego sería el Palais Royal, continuando este favor con el cardenal Mazarino que también levantó aquí su vivienda, la que hoy es sede de la Bibliothéque Nationale, todo lo cual propició el desarrollo de este núcleo urbano configurando así un nuevo barrio en la ciudad de París.Con Luis XIV, ésta va experimentar importantes cambios que serán fundamentales para su posterior evolución.

Bajo su reinado se construyeron dos places royales, se trazaron los jardines de las Tullerías que sirvieron de punto de arranque a la posterior expansión de la ciudad por la zona oeste y también se suprimieron las fortificaciones acabadas en la época de Luis XIII, que fueron sustituidas por un anillo casi completo de boulevards, lo que además sirvió para que París adquiriese entonces la fisonomía de una ciudad abierta.

La primera de aquellas plazas fue la Place des Victoires, planificada en 1685 por el mariscal de La Feuillade para acoger un monumento de Luis XIV, réplica de otro que había encomendado al escultor Desjardins para celebrar la firma de la Paz de Nimega (1679), y que había enviado a Versalles como regalo al monarca. El monumento constaba de una estatua del rey puesto de pie, que ceñía su cabeza con una corona de laureles.

Bajo ella había un pedestal con seis relieves y en los ángulos cuatro cautivos que representaban a España, Holanda, Prusia y Austria, las naciones vencidas por el Rey Sol. Rodeaban el monumento cuatro grandes lámparas que estaban encendidas día y noche, lo que simbólicamente le daba un carácter casi de imagen sagrada y así constituye un testimonio harto elocuente de la política absolutista que encarnaba Luis XIV. Estas lámparas fueron eliminadas en el siglo XVIII y la estatua fue fundida en 1792, siendo sustituida en 1822 por otra de F. B. Bosio que representa a Luis XIV a caballo.

La plaza no se concibió como un espacio urbano aislado, como podía ser, por ejemplo, el caso de la Place des Vosges, sino que iba a servir de intercomunicador de distintas zonas de la ciudad. Así convergía en ella la rue des Fossés Montmartre -hoy rue d’Aboukir-, que procedía de la antigua muralla de Carlos V, concretamente del lugar donde en 1672 se había levantado la Porte Saint-Denis; igualmente llegaban a ella la rue Croix des Petits Champs, que abierta hacia el sur unía la plaza con el Louvre, y la rue de la Feuillade -hoy, rue Petit Champs-, que enlazaba con el nuevo barrio situado al norte de las Tullerías.

Por esa función de la plaza como distribuidor radial, su proyectista, el arquitecto Jules-Hardouin Mansart, la concibió con una planta circular, llegando a quedar como prototipo para otras plazas semejantes en otros lugares, como por ejemplo el King’s Circus de Bath.Los edificios construidos en aquel lugar formaban un conjunto uniforme, disponiendo una planta baja con un paramento en almohadillado y por encima dos pisos con un orden gigante jónico, algo que sin duda tenía orígenes italianos.

Pero esta distribución solamente la presentan los edificios en las fachadas que asoman a la plaza, pues en la parte hacia las calles que convergen a ella muestran una articulación mucho más sencilla.La otra gran plaza parisina construida en el reinado de Luis XIV fue la Place Véndôme o Place Louis Le Grand, que se convirtió en el centro de los nuevos barrios al oeste de la ciudad.

Hacia el año 1680 concibió Louvois la construcción de aquella plaza, que estaría centrada por una monumental estatua de Luis XIV y en la que los edificios albergarían importantes instituciones, como serían las sedes de las Academias, la Biblioteca, la Real Casa de la Moneda y el Hôtel des Ambassadeurs extraordinaires. Así, determinados ya a levantar aquel nuevo espacio urbano, favoreció su ubicación la posibilidad de compra en 1685 del hôtel del duque de Vendóme -hijo de Enrique IV y Gabriela de Estrées- que a la sazón estaba arruinado, y a cuyo solar se añadieron para ampliar la superficie de la futura plaza los terrenos del vecino convento de los capuchinos.

El encargado de hacer el proyecto y llevar a cabo las obras fue Jules-Hardouin Mansart, quien comenzó sus labores en 1685 construyendo únicamente las fachadas de los edificios, que en su parte inferior se diseñaron con soportales. La parte por detrás de las fachadas no se edificó, ya que, con un sentido racional, se determinó que se hicieran posteriormente, para que pudieran adaptarse de forma más adecuada a las necesidades de la institución que fueran a acoger.

De todas formas, tan buenas intenciones no sirvieron puesto que la falta de dinero obligó a cancelar el proyecto y se pasó a derribar las fachadas.Muy pronto se reactivó la idea de construir la plaza, aunque con importantes cambios, pues a la reducción de dimensiones del primer proyecto se unía el que los edificios a construir tendrían ahora un carácter privado. El rey regalaba el terreno a la ciudad con la condición de que se construyeran las fachadas de acuerdo con el nuevo proyecto de Mansart en el que habían desaparecido los soportales. Por otro lado, ateniéndose a la primera intención se daba libertad a quienes compraran los solares, para que tras esas fachadas pudieran edificar sus viviendas con plena libertad en la disposición de los planos.

Presenta la plaza una planta rectangular con las esquinas achafladas que prácticamente la convierten en un octógono irregular, lo que refuerza el carácter de ámbito cerrado de este espacio urbano. Sin embargo, en oposición a esta idea, y participando de ese gusto barroco por los elementos y las situaciones contrapuestas, atraviesa la plaza un eje longitudinal en dirección norte-sur que hoy en día une el Jardín de las Tullerías y la Opera, como antaño lo hacía con las iglesias de los capuchinos y de los bernardos y que, por tanto, tiende a romper el esquema cerrado del conjunto.

No obstante, las intenciones originales han sido alteradas con el paso del tiempo por dos hechos fundamentales. Primero, porque la estatua ecuestre de Luis XIV como emperador romano realizada por Girardon fue destruida durante la Revolución y sustituida más tarde por Napoleón con la Columna de Austerlitz, y ésta, dado su monumental tamaño, resta algo del carácter concentrado de la primitiva plaza. En segundo lugar está la circunstancia de que el eje que la atraviesa está actualmente desvirtuado, ya que casi se pierde en el infinito, mientras que, en su momento, poco después de atravesar la plaza era cortado por los edificios de unas calles transversales que lo cruzaban, lo cual proporcionaba una idea de espacio algo más cerrado a todo el conjunto que lo que hoy día podemos contemplar.

Las fachadas se construyeron entre 1699 y 1708 siguiendo en general un esquema muy semejante al de la Place des Victoires, pero con un tratamiento más exquisito. Las proporciones son más esbeltas y los detalles más cuidados, con empleo de un orden corintio y un intento de evitar la monotonía de los grandes lienzos por medio de ressauts rematados con frontones triangulares.Cabe señalar finalmente la apreciación que a través de esta plaza ha hecho Anthony Blunt sobre la diferencia de la política de Enrique IV y la de Luis XIV.

El primer monarca destinó sus obras urbanísticas para residencia de los parisinos que rodeaban su estatua. Por el contrario, Luis XIV proyectó acoger su imagen por los edificios que servirían de sede a las instituciones oficiales del Estado, lo que es un reflejo de la política emblemática que dominaba todas sus actuaciones.También durante el reinado de Luis XIV se llevó a cabo la renovación de los jardines del palacio de las Tullerías, que finalmente acabarían conformando la vía de expansión de la ciudad hacia la zona oeste.

Estos habían sido construidos desde el año 1563 según los cánones de la jardinería renacentista, pero en 1637 se nombró a André L e Nôtre su jardinero, quien hizo una nueva planificación con el fin de adaptarlos a las nuevas concepciones, en las que se buscaba una mayor movilidad a través de un variado sistema de ejes y de parterres con distintas plantas, quedando el esquema dominado fundamentalmente por un gran eje o avenida, la de los Chames Elysées, que finalizaría en un gran círculo, I’Etoile, que más adelante servirían de base para el crecimiento urbanístico de esta zona tan importante del París decimonónico y del actual.

De forma semejante, y buscando un paralelismo en la planificación general de la ciudad, se proyectó otro eje en la parte oriental de ésta, que debería dirigirse desde la Porte Saint-Antoine hasta Vincennes.Algo más tarde se abrieron unas vías radiales dirigidas hacia toda la nación que señalaban el papel de la ciudad como capital del reino y la concepción de un Estado centralizado en Francia.

Completando este programa urbanístico se cortaron estas vías con el anillo de boulevards, que se dispusieron en el lugar donde las antiguas murallas delimitaban la ciudad y que favorecieron otro de los ideales del urbanismo barroco, cual es el de los espacios abiertos.Aquellas murallas habían sido construidas entre los siglos XIV y XVII por Carlos V, Carlos IX y Luis XIII cuando la ciudad fue creciendo por su zona norte. Pero ya en la época de Luis XIV, la seguridad en el reino hizo que se abandonaran, llegando a un estado casi ruinoso.

Ante ello, finalmente se optó por derribarlas, acometiéndose entre 1660 y 1705 la empresa de demolerlas, rellenar con ellas los fosos, y formar así una especie de terraza ligeramente sobreelevada de 36 metros de anchura, en la que se dispuso una avenida formada por una vía principal flanqueada por otras dos más estrechas, y entre ellas paseos con filas de árboles, dándose al conjunto el término militar de bouleuard, con el que se denominaba el terraplén de una muralla.

Por otra parte, allí donde los bouleuards se cruzaban con las vías radiales se erigieron en lugar de las antiguas puertas de la muralla, otras de tipo monumental y carácter emblemático, como las de Saint-Denis y Saint-Martin, la primera de 1672 construida por François Blondel, y la segunda de 1679 por Pierre Bullet, decoradas con bajorrelieves que recogen las hazañas victoriosas de Luis XIV.

La Ciudad neoclásica: John Soane y Jean Louis de Cordemoy

La Ciudad neoclásica

John Soane y Jean Louis de Cordemoy

Percy C. Acuña Vigil

El término Neoclasicismo (del griegoνέος neos, el latín classicus y el sufijo griego –ισμός -ismos) surgió en el siglo XVIII para denominar de forma negativa al movimiento estético que venía a reflejar en las artes, los principios intelectuales de la Ilustración, que desde mediados del siglo XVIII se venían produciendo en la filosofía, y que consecuentemente se habían transmitido a todos los ámbitos de la cultura.

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Puerta de Brandenburgo

Con el deseo de recuperar las huellas del pasado se pusieron en marcha expediciones para conocer las obras antiguas en sus lugares de origen. La que en 1749 emprendió desde Francia el arquitecto Jacques-Germain Soufflot, dio lugar a la publicación en 1754 de las Observations sur les antiquités de la ville d’Herculaneum, una referencia imprescindible para la formación de los artistas neoclásicos franceses. En Inglaterra la Society of Dilettanti (Sociedad de Amateurs) subvencionó campañas arqueológicas para conocer las ruinas griegas y romanas. De estas expediciones nacieron libros como: Le Antichitá di Ercolano (1757-1792) elaborada publicación financiada por el rey de Nápoles (luego Carlos III de España), que sirvieron de fuente de inspiración para los artistas de esta época, a pesar de su escasa divulgación.

Ledoux ciudad ideal

Claude Nicolás Ledoux: Propuesta

También hay que valorar el papel que desempeñó Roma como lugar de cita para viajeros y artistas de toda Europa e incluso de América. En la ciudad se visitaban las ruinas, se intercambiaban ideas y cada uno iba adquiriendo un bagaje cultural que llevaría de vuelta a su tierra de origen. Allí surgió en 1690 la llamada Academia de la Arcadia o Árcades de Roma, que con sus numerosas sucursales o coloniae por toda Italia y su apuesta por el equilibrio de los modelos clásicos y la claridad y la sencillez impulsó la estética neoclásica.

La villa romana se convirtió en un centro de peregrinaje donde viajeros, críticos, artistas y eruditos acudían con la intención de ilustrarse en su arquitectura clásica. Entre ellos estaba el prusiano Joachim Winckelmann (1717-1768), un entusiasta admirador de la cultura griega y un detractor del rococó francés; su obra Historia del Arte en la Antigüedad (1764) es una sistematización de los conocimientos artísticos desde la antigüedad a los romanos.

En Roma también trabajaba Giovanni Battista Piranesi (1720-1778); en sus grabados, como Antichitá romana (1756) o Las cárceles inventadas (1745-1760), y transmite una visión diferente de las ruinas con imágenes en las que las proporciones desusadas y los contrastes de luces y sombras buscan impresionar al espectador.

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Piranesi: Paneon de Roma.

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Piranesi: Escudo Papal.

El trabajo está cargado de simbolismo: la figura en el centro representa la verdad rodeada por una luz brillante (el símbolo central de la iluminación). Otras dos figuras a la derecha, la razón y la filosofía, están rasgando el velo que cubre verdad.

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Piranesi: Arco de Trajano

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Piranesi: Fontana di Trevi

La Ilustración representaba el deseo de los filósofos de la época de la Razón (filosofía) por racionalizar todos los aspectos de la vida y del saber humano. Vino a sustituir el papel de la religión (como organizadora de la existencia del hombre) por una ética laica que ordenará desde entonces las relaciones humanas y llevará a un concepto científico de la verdad.

Sin embargo lo central de este periodo es la revolución industrial y los cambios socio económicos que provoco:

En Gran Bretaña se desarrolló de pleno el capitalismo industrial, lo que explica su supremacía industrial hasta 1870 aproximadamente, como también financiera y comercial desde mediados de siglo XVIII hasta la Primera Guerra Mundial (1914). En el resto de Europa, la industrialización fue muy posterior y siguió pautas diferentes a la británica.

Unos países tuvieron la industrialización entre 1850 y 1914: Francia, Alemania y Bélgica. En 1850 apenas existe la fábrica moderna en Europa continental, sólo en Bélgica hay un proceso de revolución seguido al del Reino Unido. En la segunda mitad del siglo XIX se fortalece en Turingia y Sajonia la industrialización de Alemania.

Otros países siguieron un modelo de industrialización diferente y muy tardía: Italia, Imperio Austrohúngaro, España o Rusia. La industrialización de éstos se inició tímidamente en las últimas décadas del siglo XIX, para terminar mucho después de 1914.

La Revolución industrial estuvo dividida en dos etapas: La primera del año 1750 hasta 1840, y la segunda de 1880 hasta nuestros tiempos. Todos estos cambios trajeron consigo consecuencias sociales y económicas que marcaron el ámbito de la ciudad neoclásica en este periodo.

Estos cambios fueron en síntesis:

  1. Demográficos. Traspaso de la población del campo a la ciudad (éxodo rural), Migraciones internacionales, Crecimiento sostenido de la población, Grandes diferencias entre los pueblos, Independencia económica.
  2. Económicos. Producción en serie, Desarrollo del capitalismo, Aparición de las grandes empresas, Intercambios desiguales.
  3. Nace la Cuestión social.
  4. Deterioro del ambiente y degradación del paisaje, Explotación irracional de la tierra.

Con este marco de referencia se construye la ciudad neoclásica que debe su imagen formal a la obra de los arquitectos que desde su intervención particular fueron conformando un todo formal nuevo y que fue respondiendo a la nueva configuración de la sociedad en Europa.

En esta construcción refiero la obra de dos arquitectos que con sus obras marcaron su impronta en la ciudad neoclásica europea. El uno en Inglaterra y el otro en Francia.

John Soane

El último gran arquitecto del neoclasicismo británico, antes del periodo ecléctico de la época victoriana. Profesor de la Royal Academy y miembro de la Oficina de Obras de Londres, su aportación fundamental fue el desarrollo de un estilo personal basado en un clasicismo que reafirmaba las proporciones estructurales y los elementos geométricos básicos de la arquitectura. Su proyecto más importante, el Banco de Inglaterra en Londres (1795-1827, destruido y reformado posteriormente) cuenta con una austera fachada ciega compuesta mediante elementos lineales, cuyo modelo siguió en la despojada Dulwich Art Gallery (1811-1814).

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Banco de Inglaterra.

Los espacios interiores de sus obras suelen ser de una luminosidad impresionante, gracias a la disposición de amplios ventanales, claraboyas y bóvedas vaídas que parecen flotar en la luz. La casa que se construyó como residencia entre 1812 y 1813, en Lincoln’s Inn Fields (Londres), es un compendio de sus experimentos arquitectónicos e innovaciones estilísticas. Esta obra, abierta al público como Museo de sir John Soane, también contiene sus colecciones privadas de pintura y antigüedades.

 

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Lincoln Inn Fields

 Referencia

Archivo de John Soane

John Soane: Arquitectura Neoclásica.

Soane: Arquitecto de colecciones

La casa de John Soane

Soane 4 Claremont House

Claremont House

Soane 5 Banco de Inglaterra

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Abée Jean Louis de Cordemoy

El Abate Jean-Louis Cordemoy (1655-1714) fue un historiador de arquitectura francesa, Prior de San Nicolás en La Ferté-sous-Jouarre (Seine-et-Marne), y un canónico en St-Jean-des-Vignes Soissons (Aisne). Su nuevo “Tratado de toda la arquitectura fue uno de los primeros estudios de la arquitectura eclesiástica, en donde alabó el estilo gótico por su clara expresión de la estructura.

En este tratado discutió la obra de Vitrubio y de Alberti (1404-1472), incluyendo la catedral y la Plaza de Sn. Pedro en Roma. Fue el modelo de arquitectura y sirvió de referencia a la obra de Jacques German Soufflot (1713-1780) en Santa Genoveva.

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Sta. Genoveva. París.

Bajo la influencia de Michel de Fremin y Claude Perrault sus ideas de orden, decoro y disposición como expresiones de la integridad con la naturaleza y la estructura fueron precursoras de los conceptos modernos de funcionalismo y la fidelidad a los materiales. [[1]]

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Sta. Genoveva. París.

Su obra tuvo un impacto considerable en la teoría de la arquitectura del siglo 18, especialmente en la de Antoine Desgodetz, Marc-Antoine Laugier (1713-1769), De la Hire y Boffrand, (1667-1754). Él también participó en un áspero debate con el ingeniero Amédée-François Frézier En cuanto a la arquitectura sagrada en el periódico jesuita “Memorias de Trévoux”, una escaramuza en el Debate de los antiguos y los modernos.

Referencia

Page de Sylvie Pressouyre. (Bulletin Monumental.

L’abbé de Cordemoy, Laugier, Soufflot et l’idéal gréco-gothique

La Théorie Architecturale a L’Age Classique

Extracto de una carta del autor              

Su obra se anticipó a la de Jacques François Blondel (1705-1774) y a la de Adolf Loos, (“Ornament and Verbrechen”).

Laugier reinterpreto a Cordemoy y su obra influencio a la de E. Louis Boullée (1728-1799), Jacques Gondouin (1737-1818), Pierre Patte (1756-1775), Marie Joseph Peyre (1730-1785), al mismo Nicolás Ledoux (1736-1806) y a Charles Percier (1764-1838)  y Pierre L. F. La Fontaine (1762-1853) en la Rué de Rivoli y en el Arc du Carrusel.

[[1]] History of Architectural Theory, Hanno-Walter Kruft, 1994, p.141.