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The Temple of Bacchus

El templo de Baco

The Temple of Bacchus is considered one of the best-preserved Roman temples in the worldbalbeq-v2
Dec 12, 2016

The ancient city of Baalbek, also called Heliopolis or City of the Sun, located in what is now modern-day Lebanon, north of Beirut, in the Beqaa Valley, reached its apogee during Roman times. From the 1st century BC and over a period of two centuries, the Romans built three temples here: Jupiter, Bacchus, and Venus.

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Its colossal constructions make it one of the most famous sanctuaries of the Roman world and a model of Imperial Roman architecture.

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When this area of the Middle East was part of the Roman Empire, Baalbek was known as Heliopolis.

The Temple of Bacchus (left) and the medieval fortifications of Baalbek in front of the city in 1959.

Next to the Jupiter complex, which was created to be the largest temple in the Roman Empire, is a separate building known as the Temple of Bacchus. The temple is slightly smaller than the Temple of Jupiter, and is 66m long, 35m wide, and 31m high.

Although it is sometimes called “The Small Temple, it is larger (and better preserved) than the Parthenon in Athens. .

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Temple of Bacchus entrance.

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Propylaea at the entrance of the site.

The temple was commissioned by Roman Emperor Antoninus Pius and designed by an unknown architect around 150 A.D., after the cult of Bacchus had become popular in the empire. Antoninus Pius had the intention of making the people of the Baalbek region have great respect for the Roman rule.

Dedicated to Bacchus (also known as Dionysus), the Roman god of wine, but traditionally referred to by Neoclassical visitors as the “Temple of the Sun”, it is the best-preserved structure at Baalbek and the most beautifully decorated temple in the Roman world.

The period of construction is generally considered between 150 AD to 250 AD. Photo Credit
A temple most probably dedicated to the Roman Wine God Bacchus. Photo Credit

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The best preserved Roman temple of its size. Photo Credit
Ornamented ceiling.

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The wall inside.

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Corner details.

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Temple of Bacchus pilasters.

The reason why it is so well preserved is because it is part of the Baalbek’s Medieval Fortifications. The main entrance is decorated with grapes and vines, and is an impressive eleven meters high. Some of the carvings on the ceiling include different versions of what worshippers believed Bacchus to have looked like. Other sculptures include rituals, practices, people, and creatures.

A series of earthquakes over the centuries further damaged the site, and nothing was done in the area of preservation or excavation until 1898 when a German expedition began to reconstruct the ruins. Some figurative reliefs depicting Greek gods have survived, though in a very damaged state.

Over the centuries Baalbeck’s monuments suffered from theft, war, and earthquakes, as well as from numerous medieval additions. Photo Credit.

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Temple of Bacchus columns.

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Detail underneath.

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In 1984, several ruins of Baalbek, including the Temple of Bacchus, were inscribed as a World Heritage Site. The temple allures people with its impressive dimensions, richly decorated stone work and monumental gate with Baccic figures.

Reference: Texto e imágenes

https://m.thevintagenews.com/2016/12/12/the-temple-of-bacchus-is-considered-one-of-the-best-preserved-roman-temples-in-the-world/

El futuro mafioso de Lima

El futuro mafioso de Lima

Mafia es un término utilizado a nivel mundial que se refiere a una clase especial de crimen organizado, extendido desde su origen en Italia meridional a cualquier grupo del crimen organizado con similares características independientemente de su origen o lugar de acción.

Nació en Sicilia donde se denominó mafia, y en su origen era una confederación dedicada a la protección y el ejercicio autónomo de la ley y, más adelante, al crimen organizado. Sus miembros se denominaban a sí mismos «mafiosos».

Durante siglos, Sicilia estuvo dominada por un sistema feudal que explotaba a miles de campesinos mientras una minoría gozaba de privilegios. Estas circunstancias se consideran decisivas para el surgimiento de la mafia. Por otro, la conducta delictiva se revelaba como la única manera de obtener privilegios en una sociedad que los reservaba sólo para los ricos terratenientes aliados de las autoridades políticas; pues a falta de una estructura de gobierno organizada y capaz de proteger a los habitantes de la isla, éstos se vieron obligados a fortalecer los vínculos familiares como alternativa para obtener seguridad. Por esta razón los lazos de sangre son tan importantes en la mafia.

En el Perú las condiciones sociales han posibilitado el surgimiento de un fenómeno que metafóricamente podría considerarse, notablemente sub valuado, como semejante al comportamiento de los mafiosos italianos. Los migrantes en su busca de futuro han desarrollado un sistema de ocupación y de apropiación tanto física como económica de carácter informal frente a todo lo formal característico de la sociedad establecida, en forma semejante a lo ocurrido con la mafia. Tal ha sido y es el procedimiento de apropiación de las tierras del cono norte, del sur y del centro.

Los migrantes indígenas que han ocupado la ciudad de Lima han tenido que enfrentar una marginalidad de todo tipo, la que se ha pretendido resolver, (además de otras formas), fortaleciendo los vínculos familiares, condición atávica del pasado andino, y haciendo empleo de la informalidad como arma para insertarse y apropiarse de base económica en un medio hostil. La informalidad de los nuevos empresarios no es nada más que una máscara para encubrir actitudes y procedimientos delincuenciales en todas las actividades comerciales que emprenden bajo esta fachada de informalidad, tal es el caso del “transporte público mediante combis que exclusivamente esta en estas manos, y al que todos estamos sometidos en forma humillante.

Estos procedimientos consisten (en la superficie) en la evasión de impuestos, en el no pago de los tributos municipales, en el no pago de todas las obligaciones del sector formal lo cual constituye una brecha millonaria en los respectivos erarios municipales. Sin embargo en el fondo se encuentra toda una actitud delincuencial abierta que tiñe todas las actividades de estos sectores aparentemente informales.

Toda Lima está rodeada por un cinturón de migrantes que se han localizado a la fuerza y empleando procedimientos mafiosos en cuatro ciudades informales que constituyen el nudo gordiano de Lima. La ciudad de Lima vive de la población de estas cuatro ciudades.

Toda la mayor inversión de las obras públicas que se invierte en Lima es para estas cuatro ciudades. De este modo en una generación esa migración se ha apoderado de Lima y políticamente es la que decide su suerte. Lima esta sitiada por los invasores, de modo que cualquier cosa que se desee hacer en Lima está condicionada por este cinturón de enemigos de la ciudad.

De este modo de apropiarse de la ciudad surge un comportamiento mediante el cual no hay civismo sino vandalismo contra la ciudad. La ciudad no es del migrante, el migrante ha llegado como invasor a algo que no le pertenece y que no es suyo. Esto se ve en el medio físico en donde se asienta, precario, tomado a la fuerza, sin urbanismo, sin calor, sin alma, sin ley y sin orden. Peor aún, sin nada de valor que conservar, sin historia. Su cultura es la del resentimiento, es la cultura del Perú. El Perú no se entiende sin resentimiento, sin idea de revancha, sin idea de apropiación a la fuerza porque ese ha sido su pasado. Esta actitud es la que condiciona todo el actuar de estos individuos que no han llegado a ser ciudadanos, y que no llevan en el alma el germen de la urbe.

Frente a este trasfondo surgen los “padrinos”, con otro nombre, los “taitas”, los “reyes” , los “Quispe”, tan magistralmente explicados y analizados por Arellano, constituyendo la clave para entender y para explicar qué se puede hacer en un medio como este que no tiene nada que ver con el urbanismo formal, y que más bien lo cuestiona y lo hace obsoleto.

Por estas razones enfrentar el urbanismo de estas cuatro ciudades no es cuestión de enfoques formales a los que los arquitectos y seudo urbanistas que viven en las nubes nunca van a poder enfrentar, sino que se requiere de un enfoque pertinente y apropiado a estas condiciones, lo cual demanda cuadros técnicos con base antropológica, base sociológica, base política, base de geografía humana, base de economía urbana, y manejo de modelos de planeamiento cuantitativos y cualitativos  que establezcan las bases

• Primero, para entender la situación,
• Segundo para concertar con los actores sociales,
• Tercero para construir base política que permita una gestión concertada democrática no manejada por las ideologías políticas de turno interesadas en el rédito político.

Este reclamo implica que existan condiciones para desarrollar una labor profesional competente, y de cuadros técnicos debidamente entrenados y con la base académica que les permita ser competentes para enfrentar estructuralmente esta situación. Además todo esto es sólo factible si se dispone de una administración competente y de calidad, lo cual brilla por su ausencia hoy día en la ciudad de Lima.

Es evidente por estas razones que los planteamientos de la Municipalidad de Lima son obsoletos, y no tienen ningún futuro. De este modo se seguirá con inversiones perdidas, con expectativas no cubiertas, con un medio urbano cada día más deteriorado, con una población cuya salud mental esta cada día más deteriorada y con una ciudad que cada día es menos global y menos competitiva para atraer inversiones.

Place de France y Place Vendôme

Place de France y Place Vendôme
Porte de Saint-Denis (París)
Época: Barroco. Inicio: Año 1600. Fin: Año 1700

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Antecedente:
El desarrollo del urbanismo

(C) Jesús Cantera Montenegro

Comentario

Todavía le dio tiempo a Enrique IV para plantear la construcción de otra plaza en 1610, poco antes de ser asesinado, lo que hizo que, aunque las obras se iniciaran, no llegaran nunca a concluirse. Fue aquella la Place de France, que, proyectada por Claude Chastillon y Jacques Alleaume, debió contar con una importante intervención por parte del propio rey en la configuración del diseño.Debería ocupar esta nueva plaza un espacio situado entre la Bastille y el Temple, y tendría claramente un sentido práctico y simbólico, como señalaría su estructura estrellada.

Adosada a la muralla entre la Porte Saint-Antoine y la Porte du Temple, se planeó con una planta semicircular en la que, del lado curvo, irradiaban ocho calles que llevarían los nombres de las principales provincias y que más allá eran cortadas por un segundo cinturón semicircular. Los edificios que asomarían a la plaza tendrían un carácter público. La base del semicírculo estaría adosada a la muralla y allí ésta abriría una nueva puerta que llevaría un nombre significativo, Porte de France, lo que, unido al simbolismo de los nombres de las calles radiales, sería indicativo del papel de París como capital del reino.Luis XIII desarrolló una menor actividad urbanística que su padre, pues se orientó sobre todo hacia las obras de tipo arquitectónico.

Entre las actuaciones de tipo urbanístico cabe citar en primer lugar la Rue Dauphine, proyectada ya por Enrique IV y en la que se ordenó que las casas. se construyeran con un esquema uniforme.Más importante fue la urbanización de la Ile Saint-Louis, que se llevó a cabo entre los años 1627 y 1664 con la dirección técnica de Louis Le Vau y el impulso del empresario Marie y los financieros Poulletier y Regrattier. Se formó entonces la isla por la unión de los antiguos islotes de la Ile aux Vaches y la lle Notre-Dame, célebre éste porque durante la Edad Media era el lugar donde se celebraban los Juicios de Dios.

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Además de la unión, se hicieron puentes que enlazaron la isla con las márgenes del río y se dividió el suelo en lotes, formando un sistema de damero con dos calles principales entrecruzadas.Con la misma idea urbanística de dos calles principales entrecruzadas, se planeó y construyó después del año 1633 el Distrito Richelieu, situado al norte de las Tullerías y el Louvre y fuera de la antigua muralla de la ciudad.

Esta zona se vio favorecida al construir allí su palacio el propio cardenal, el que luego sería el Palais Royal, continuando este favor con el cardenal Mazarino que también levantó aquí su vivienda, la que hoy es sede de la Bibliothéque Nationale, todo lo cual propició el desarrollo de este núcleo urbano configurando así un nuevo barrio en la ciudad de París.Con Luis XIV, ésta va experimentar importantes cambios que serán fundamentales para su posterior evolución.

Bajo su reinado se construyeron dos places royales, se trazaron los jardines de las Tullerías que sirvieron de punto de arranque a la posterior expansión de la ciudad por la zona oeste y también se suprimieron las fortificaciones acabadas en la época de Luis XIII, que fueron sustituidas por un anillo casi completo de boulevards, lo que además sirvió para que París adquiriese entonces la fisonomía de una ciudad abierta.

La primera de aquellas plazas fue la Place des Victoires, planificada en 1685 por el mariscal de La Feuillade para acoger un monumento de Luis XIV, réplica de otro que había encomendado al escultor Desjardins para celebrar la firma de la Paz de Nimega (1679), y que había enviado a Versalles como regalo al monarca. El monumento constaba de una estatua del rey puesto de pie, que ceñía su cabeza con una corona de laureles.

Bajo ella había un pedestal con seis relieves y en los ángulos cuatro cautivos que representaban a España, Holanda, Prusia y Austria, las naciones vencidas por el Rey Sol. Rodeaban el monumento cuatro grandes lámparas que estaban encendidas día y noche, lo que simbólicamente le daba un carácter casi de imagen sagrada y así constituye un testimonio harto elocuente de la política absolutista que encarnaba Luis XIV. Estas lámparas fueron eliminadas en el siglo XVIII y la estatua fue fundida en 1792, siendo sustituida en 1822 por otra de F. B. Bosio que representa a Luis XIV a caballo.

La plaza no se concibió como un espacio urbano aislado, como podía ser, por ejemplo, el caso de la Place des Vosges, sino que iba a servir de intercomunicador de distintas zonas de la ciudad. Así convergía en ella la rue des Fossés Montmartre -hoy rue d’Aboukir-, que procedía de la antigua muralla de Carlos V, concretamente del lugar donde en 1672 se había levantado la Porte Saint-Denis; igualmente llegaban a ella la rue Croix des Petits Champs, que abierta hacia el sur unía la plaza con el Louvre, y la rue de la Feuillade -hoy, rue Petit Champs-, que enlazaba con el nuevo barrio situado al norte de las Tullerías.

Por esa función de la plaza como distribuidor radial, su proyectista, el arquitecto Jules-Hardouin Mansart, la concibió con una planta circular, llegando a quedar como prototipo para otras plazas semejantes en otros lugares, como por ejemplo el King’s Circus de Bath.Los edificios construidos en aquel lugar formaban un conjunto uniforme, disponiendo una planta baja con un paramento en almohadillado y por encima dos pisos con un orden gigante jónico, algo que sin duda tenía orígenes italianos.

Pero esta distribución solamente la presentan los edificios en las fachadas que asoman a la plaza, pues en la parte hacia las calles que convergen a ella muestran una articulación mucho más sencilla.La otra gran plaza parisina construida en el reinado de Luis XIV fue la Place Véndôme o Place Louis Le Grand, que se convirtió en el centro de los nuevos barrios al oeste de la ciudad.

Hacia el año 1680 concibió Louvois la construcción de aquella plaza, que estaría centrada por una monumental estatua de Luis XIV y en la que los edificios albergarían importantes instituciones, como serían las sedes de las Academias, la Biblioteca, la Real Casa de la Moneda y el Hôtel des Ambassadeurs extraordinaires. Así, determinados ya a levantar aquel nuevo espacio urbano, favoreció su ubicación la posibilidad de compra en 1685 del hôtel del duque de Vendóme -hijo de Enrique IV y Gabriela de Estrées- que a la sazón estaba arruinado, y a cuyo solar se añadieron para ampliar la superficie de la futura plaza los terrenos del vecino convento de los capuchinos.

El encargado de hacer el proyecto y llevar a cabo las obras fue Jules-Hardouin Mansart, quien comenzó sus labores en 1685 construyendo únicamente las fachadas de los edificios, que en su parte inferior se diseñaron con soportales. La parte por detrás de las fachadas no se edificó, ya que, con un sentido racional, se determinó que se hicieran posteriormente, para que pudieran adaptarse de forma más adecuada a las necesidades de la institución que fueran a acoger.

De todas formas, tan buenas intenciones no sirvieron puesto que la falta de dinero obligó a cancelar el proyecto y se pasó a derribar las fachadas.Muy pronto se reactivó la idea de construir la plaza, aunque con importantes cambios, pues a la reducción de dimensiones del primer proyecto se unía el que los edificios a construir tendrían ahora un carácter privado. El rey regalaba el terreno a la ciudad con la condición de que se construyeran las fachadas de acuerdo con el nuevo proyecto de Mansart en el que habían desaparecido los soportales. Por otro lado, ateniéndose a la primera intención se daba libertad a quienes compraran los solares, para que tras esas fachadas pudieran edificar sus viviendas con plena libertad en la disposición de los planos.

Presenta la plaza una planta rectangular con las esquinas achafladas que prácticamente la convierten en un octógono irregular, lo que refuerza el carácter de ámbito cerrado de este espacio urbano. Sin embargo, en oposición a esta idea, y participando de ese gusto barroco por los elementos y las situaciones contrapuestas, atraviesa la plaza un eje longitudinal en dirección norte-sur que hoy en día une el Jardín de las Tullerías y la Opera, como antaño lo hacía con las iglesias de los capuchinos y de los bernardos y que, por tanto, tiende a romper el esquema cerrado del conjunto.

No obstante, las intenciones originales han sido alteradas con el paso del tiempo por dos hechos fundamentales. Primero, porque la estatua ecuestre de Luis XIV como emperador romano realizada por Girardon fue destruida durante la Revolución y sustituida más tarde por Napoleón con la Columna de Austerlitz, y ésta, dado su monumental tamaño, resta algo del carácter concentrado de la primitiva plaza. En segundo lugar está la circunstancia de que el eje que la atraviesa está actualmente desvirtuado, ya que casi se pierde en el infinito, mientras que, en su momento, poco después de atravesar la plaza era cortado por los edificios de unas calles transversales que lo cruzaban, lo cual proporcionaba una idea de espacio algo más cerrado a todo el conjunto que lo que hoy día podemos contemplar.

Las fachadas se construyeron entre 1699 y 1708 siguiendo en general un esquema muy semejante al de la Place des Victoires, pero con un tratamiento más exquisito. Las proporciones son más esbeltas y los detalles más cuidados, con empleo de un orden corintio y un intento de evitar la monotonía de los grandes lienzos por medio de ressauts rematados con frontones triangulares.Cabe señalar finalmente la apreciación que a través de esta plaza ha hecho Anthony Blunt sobre la diferencia de la política de Enrique IV y la de Luis XIV.

El primer monarca destinó sus obras urbanísticas para residencia de los parisinos que rodeaban su estatua. Por el contrario, Luis XIV proyectó acoger su imagen por los edificios que servirían de sede a las instituciones oficiales del Estado, lo que es un reflejo de la política emblemática que dominaba todas sus actuaciones.También durante el reinado de Luis XIV se llevó a cabo la renovación de los jardines del palacio de las Tullerías, que finalmente acabarían conformando la vía de expansión de la ciudad hacia la zona oeste.

Estos habían sido construidos desde el año 1563 según los cánones de la jardinería renacentista, pero en 1637 se nombró a André L e Nôtre su jardinero, quien hizo una nueva planificación con el fin de adaptarlos a las nuevas concepciones, en las que se buscaba una mayor movilidad a través de un variado sistema de ejes y de parterres con distintas plantas, quedando el esquema dominado fundamentalmente por un gran eje o avenida, la de los Chames Elysées, que finalizaría en un gran círculo, I’Etoile, que más adelante servirían de base para el crecimiento urbanístico de esta zona tan importante del París decimonónico y del actual.

De forma semejante, y buscando un paralelismo en la planificación general de la ciudad, se proyectó otro eje en la parte oriental de ésta, que debería dirigirse desde la Porte Saint-Antoine hasta Vincennes.Algo más tarde se abrieron unas vías radiales dirigidas hacia toda la nación que señalaban el papel de la ciudad como capital del reino y la concepción de un Estado centralizado en Francia.

Completando este programa urbanístico se cortaron estas vías con el anillo de boulevards, que se dispusieron en el lugar donde las antiguas murallas delimitaban la ciudad y que favorecieron otro de los ideales del urbanismo barroco, cual es el de los espacios abiertos.Aquellas murallas habían sido construidas entre los siglos XIV y XVII por Carlos V, Carlos IX y Luis XIII cuando la ciudad fue creciendo por su zona norte. Pero ya en la época de Luis XIV, la seguridad en el reino hizo que se abandonaran, llegando a un estado casi ruinoso.

Ante ello, finalmente se optó por derribarlas, acometiéndose entre 1660 y 1705 la empresa de demolerlas, rellenar con ellas los fosos, y formar así una especie de terraza ligeramente sobreelevada de 36 metros de anchura, en la que se dispuso una avenida formada por una vía principal flanqueada por otras dos más estrechas, y entre ellas paseos con filas de árboles, dándose al conjunto el término militar de bouleuard, con el que se denominaba el terraplén de una muralla.

Por otra parte, allí donde los bouleuards se cruzaban con las vías radiales se erigieron en lugar de las antiguas puertas de la muralla, otras de tipo monumental y carácter emblemático, como las de Saint-Denis y Saint-Martin, la primera de 1672 construida por François Blondel, y la segunda de 1679 por Pierre Bullet, decoradas con bajorrelieves que recogen las hazañas victoriosas de Luis XIV.

La Ciudad neoclásica: John Soane y Jean Louis de Cordemoy

La Ciudad neoclásica

John Soane y Jean Louis de Cordemoy

Percy C. Acuña Vigil

El término Neoclasicismo (del griegoνέος neos, el latín classicus y el sufijo griego –ισμός -ismos) surgió en el siglo XVIII para denominar de forma negativa al movimiento estético que venía a reflejar en las artes, los principios intelectuales de la Ilustración, que desde mediados del siglo XVIII se venían produciendo en la filosofía, y que consecuentemente se habían transmitido a todos los ámbitos de la cultura.

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Puerta de Brandenburgo

Con el deseo de recuperar las huellas del pasado se pusieron en marcha expediciones para conocer las obras antiguas en sus lugares de origen. La que en 1749 emprendió desde Francia el arquitecto Jacques-Germain Soufflot, dio lugar a la publicación en 1754 de las Observations sur les antiquités de la ville d’Herculaneum, una referencia imprescindible para la formación de los artistas neoclásicos franceses. En Inglaterra la Society of Dilettanti (Sociedad de Amateurs) subvencionó campañas arqueológicas para conocer las ruinas griegas y romanas. De estas expediciones nacieron libros como: Le Antichitá di Ercolano (1757-1792) elaborada publicación financiada por el rey de Nápoles (luego Carlos III de España), que sirvieron de fuente de inspiración para los artistas de esta época, a pesar de su escasa divulgación.

Ledoux ciudad ideal

Claude Nicolás Ledoux: Propuesta

También hay que valorar el papel que desempeñó Roma como lugar de cita para viajeros y artistas de toda Europa e incluso de América. En la ciudad se visitaban las ruinas, se intercambiaban ideas y cada uno iba adquiriendo un bagaje cultural que llevaría de vuelta a su tierra de origen. Allí surgió en 1690 la llamada Academia de la Arcadia o Árcades de Roma, que con sus numerosas sucursales o coloniae por toda Italia y su apuesta por el equilibrio de los modelos clásicos y la claridad y la sencillez impulsó la estética neoclásica.

La villa romana se convirtió en un centro de peregrinaje donde viajeros, críticos, artistas y eruditos acudían con la intención de ilustrarse en su arquitectura clásica. Entre ellos estaba el prusiano Joachim Winckelmann (1717-1768), un entusiasta admirador de la cultura griega y un detractor del rococó francés; su obra Historia del Arte en la Antigüedad (1764) es una sistematización de los conocimientos artísticos desde la antigüedad a los romanos.

En Roma también trabajaba Giovanni Battista Piranesi (1720-1778); en sus grabados, como Antichitá romana (1756) o Las cárceles inventadas (1745-1760), y transmite una visión diferente de las ruinas con imágenes en las que las proporciones desusadas y los contrastes de luces y sombras buscan impresionar al espectador.

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Piranesi: Paneon de Roma.

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Piranesi: Escudo Papal.

El trabajo está cargado de simbolismo: la figura en el centro representa la verdad rodeada por una luz brillante (el símbolo central de la iluminación). Otras dos figuras a la derecha, la razón y la filosofía, están rasgando el velo que cubre verdad.

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Piranesi Etchings

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Piranesi: Arco de Trajano

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Piranesi: Fontana di Trevi

La Ilustración representaba el deseo de los filósofos de la época de la Razón (filosofía) por racionalizar todos los aspectos de la vida y del saber humano. Vino a sustituir el papel de la religión (como organizadora de la existencia del hombre) por una ética laica que ordenará desde entonces las relaciones humanas y llevará a un concepto científico de la verdad.

Sin embargo lo central de este periodo es la revolución industrial y los cambios socio económicos que provoco:

En Gran Bretaña se desarrolló de pleno el capitalismo industrial, lo que explica su supremacía industrial hasta 1870 aproximadamente, como también financiera y comercial desde mediados de siglo XVIII hasta la Primera Guerra Mundial (1914). En el resto de Europa, la industrialización fue muy posterior y siguió pautas diferentes a la británica.

Unos países tuvieron la industrialización entre 1850 y 1914: Francia, Alemania y Bélgica. En 1850 apenas existe la fábrica moderna en Europa continental, sólo en Bélgica hay un proceso de revolución seguido al del Reino Unido. En la segunda mitad del siglo XIX se fortalece en Turingia y Sajonia la industrialización de Alemania.

Otros países siguieron un modelo de industrialización diferente y muy tardía: Italia, Imperio Austrohúngaro, España o Rusia. La industrialización de éstos se inició tímidamente en las últimas décadas del siglo XIX, para terminar mucho después de 1914.

La Revolución industrial estuvo dividida en dos etapas: La primera del año 1750 hasta 1840, y la segunda de 1880 hasta nuestros tiempos. Todos estos cambios trajeron consigo consecuencias sociales y económicas que marcaron el ámbito de la ciudad neoclásica en este periodo.

Estos cambios fueron en síntesis:

  1. Demográficos. Traspaso de la población del campo a la ciudad (éxodo rural), Migraciones internacionales, Crecimiento sostenido de la población, Grandes diferencias entre los pueblos, Independencia económica.
  2. Económicos. Producción en serie, Desarrollo del capitalismo, Aparición de las grandes empresas, Intercambios desiguales.
  3. Nace la Cuestión social.
  4. Deterioro del ambiente y degradación del paisaje, Explotación irracional de la tierra.

Con este marco de referencia se construye la ciudad neoclásica que debe su imagen formal a la obra de los arquitectos que desde su intervención particular fueron conformando un todo formal nuevo y que fue respondiendo a la nueva configuración de la sociedad en Europa.

En esta construcción refiero la obra de dos arquitectos que con sus obras marcaron su impronta en la ciudad neoclásica europea. El uno en Inglaterra y el otro en Francia.

John Soane

El último gran arquitecto del neoclasicismo británico, antes del periodo ecléctico de la época victoriana. Profesor de la Royal Academy y miembro de la Oficina de Obras de Londres, su aportación fundamental fue el desarrollo de un estilo personal basado en un clasicismo que reafirmaba las proporciones estructurales y los elementos geométricos básicos de la arquitectura. Su proyecto más importante, el Banco de Inglaterra en Londres (1795-1827, destruido y reformado posteriormente) cuenta con una austera fachada ciega compuesta mediante elementos lineales, cuyo modelo siguió en la despojada Dulwich Art Gallery (1811-1814).

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Banco de Inglaterra.

Los espacios interiores de sus obras suelen ser de una luminosidad impresionante, gracias a la disposición de amplios ventanales, claraboyas y bóvedas vaídas que parecen flotar en la luz. La casa que se construyó como residencia entre 1812 y 1813, en Lincoln’s Inn Fields (Londres), es un compendio de sus experimentos arquitectónicos e innovaciones estilísticas. Esta obra, abierta al público como Museo de sir John Soane, también contiene sus colecciones privadas de pintura y antigüedades.

 

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Lincoln Inn Fields

 Referencia

Archivo de John Soane

John Soane: Arquitectura Neoclásica.

Soane: Arquitecto de colecciones

La casa de John Soane

Soane 4 Claremont House

Claremont House

Soane 5 Banco de Inglaterra

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Abée Jean Louis de Cordemoy

El Abate Jean-Louis Cordemoy (1655-1714) fue un historiador de arquitectura francesa, Prior de San Nicolás en La Ferté-sous-Jouarre (Seine-et-Marne), y un canónico en St-Jean-des-Vignes Soissons (Aisne). Su nuevo “Tratado de toda la arquitectura fue uno de los primeros estudios de la arquitectura eclesiástica, en donde alabó el estilo gótico por su clara expresión de la estructura.

En este tratado discutió la obra de Vitrubio y de Alberti (1404-1472), incluyendo la catedral y la Plaza de Sn. Pedro en Roma. Fue el modelo de arquitectura y sirvió de referencia a la obra de Jacques German Soufflot (1713-1780) en Santa Genoveva.

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Sta. Genoveva. París.

Bajo la influencia de Michel de Fremin y Claude Perrault sus ideas de orden, decoro y disposición como expresiones de la integridad con la naturaleza y la estructura fueron precursoras de los conceptos modernos de funcionalismo y la fidelidad a los materiales. [[1]]

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Sta. Genoveva. París.

Su obra tuvo un impacto considerable en la teoría de la arquitectura del siglo 18, especialmente en la de Antoine Desgodetz, Marc-Antoine Laugier (1713-1769), De la Hire y Boffrand, (1667-1754). Él también participó en un áspero debate con el ingeniero Amédée-François Frézier En cuanto a la arquitectura sagrada en el periódico jesuita “Memorias de Trévoux”, una escaramuza en el Debate de los antiguos y los modernos.

Referencia

Page de Sylvie Pressouyre. (Bulletin Monumental.

L’abbé de Cordemoy, Laugier, Soufflot et l’idéal gréco-gothique

La Théorie Architecturale a L’Age Classique

Extracto de una carta del autor              

Su obra se anticipó a la de Jacques François Blondel (1705-1774) y a la de Adolf Loos, (“Ornament and Verbrechen”).

Laugier reinterpreto a Cordemoy y su obra influencio a la de E. Louis Boullée (1728-1799), Jacques Gondouin (1737-1818), Pierre Patte (1756-1775), Marie Joseph Peyre (1730-1785), al mismo Nicolás Ledoux (1736-1806) y a Charles Percier (1764-1838)  y Pierre L. F. La Fontaine (1762-1853) en la Rué de Rivoli y en el Arc du Carrusel.

[[1]] History of Architectural Theory, Hanno-Walter Kruft, 1994, p.141.

¿Vivienda Social?

¿Vivienda Social?

Percy C. Acuña Vigil

¿Hay algo que se llame vivienda social?

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Precisión del término

Vivienda digna, según el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales en su Observación General nº 4 es aquella vivienda donde los ciudadanos o las familias pueden vivir con seguridad, paz y dignidad. La vivienda digna se inscribe en el derecho a la vivienda. [1]

El derecho universal a una vivienda, con el calificativo de digna y adecuada, aparece como uno de los derechos humanos, recogido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 25, apartado 1 y en el artículo 11 de Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC) [2].

En el artículo 11 de Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC) aparece el término vivienda adecuada:

Artículo 11 del Pacto Internacional de Derecho Económicos, Sociales y Culturales:

 Toda persona tiene el derecho a un nivel de vida adecuado para sí misma y para su familia, incluyendo alimentación, vestido y vivienda adecuada y una mejora continuada de las condiciones de existencia, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad. [3]

El Comité de Derechos Urbanos de Naciones Unidas en su Observación General nº 4, define y aclara el concepto del derecho a una vivienda digna y adecuada, ya que el derecho a una vivienda no se debe interpretar en un sentido restrictivo simplemente de cobijo sino, que debe considerarse más bien como el derecho a vivir en seguridad, paz y dignidad.

De acuerdo con estas precisiones el derecho a una vivienda digna y adecuada, debemos unirlo a que estas viviendas se ubiquen en espacios plenamente equipados, en barrios dotados de servicios urbanos, accesibles, con espacios intermedios de relación que permita la comunicación vecinal, estamos hablando viviendas en unas ciudades vivas donde es posible el desarrollo familiar y personal a todos los niveles que la sociedad avanzada demanda.

Para que una vivienda sea digna y adecuada, además debe ser:

  • Vivienda fija y habitable.
  • Vivienda de calidad
  • Vivienda asequible y accesible.
  • Seguridad jurídica de tenencia

Ocurre que aquí en el Perú menos de un tercio de la población cumple con estos estándares. La vivienda para la mayoría de los peruanos no es habitable, no es de calidad, no es asequible y carece de seguridad jurídica. Es vivienda indigna de acuerdo a los términos de la ONU, y se la disfraza con el apelativo de social, para denotar su indignidad.

[1] Según la ONU. Ver art. 25 Declaración Universal de los Derechos Humanos, París, 1948

[2] ONU (1948) “Declaración Universal de Derechos Humanos” . Artº 25

[3] Derecho a un vivienda digna – Observatorio DESC -Derecho Económicos, Sociales y Culturales

Aquí en el Perú usualmente el término se emplea eufemísticamente para esconder que se trata de vivienda para sectores que están debajo de la línea de bienestar. Como esta línea no existe, y esta inexistencia se debe a que aquí toda la vivienda es materia de negocio para la empresa privada, mejor es ni hablar de ella. De otro modo, el Estado tendría que dar síntomas, por lo menos, de que es su preocupación.

Esto no ocurre porque hace mucho tiempo el Estado claudico en su tarea de ocuparse de la vivienda para quienes están debajo de la línea de bienestar. (Léase de pobreza). Empezó desde que el aluvión migratorio invadió todas las ciudades de la costa, con el objetivo de invadir Lima. Y así ocurrió ante el espanto de todos. Hoy toda Lima es una gran barriada que concentra un tercio de la población peruana, y en ella se aloja esta población migrante que a pesar del Estado, ha auto construido su habitat.

Lima hoy exhibe la inoperancia del Estado para enfrentar el urbanismo de la pobreza, no tiene vergüenza, y cuando la tiene, solo atina a pintarla, para que no se vea su cara.

Se dice que el maquillaje está a cargo de los arquitectos, porque ni siquiera tienen un plan de desarrollo urbano que les sirva de guía, hoy tener un plan es quitarle libertad a los negocios de los urbanizadores y de los agentes que lucran con el suelo urbano.

No existen ni planes, ni programas de vivienda para la pobreza, como en los países vecinos, aquí lo que existe es el principio del laissez faire a ultranza.

En donde se tiene que enseñar a los arquitectos, hoy día se disfraza esta situación con subterfugios de creatividad y de utopías que ya han servido de base para cantos de sirena a varios políticos que de las nubes nunca bajaron, y así el tiempo ha consolidado un statu quo en donde a nadie le importa esta cara y se le pone careta. Por supuesto a los arquitectos menos.

Barriadas v3a

Este tema que es fundamental, hoy no tiene debate, no tiene estudio y no merece investigación porque no es negocio. El estado en sus universidades debería fomentar investigación sobre este tema, sin embargo se prefiere resolver los intereses de los empresarios en viviendas de lujo, en barrios aristocráticos y en playas privadas para satisfacción de egos preñados de problemas psicológicos.

Para el Estado en sus universidades no existe el problema de más del 70% de la población que demanda atención en su problema de vivienda. Ni siquiera se estudia como problema, siendo ignorado por sus alumnos, quienes ni siquiera le prestan atención, porque este no esta considerado como parte de la politica de formación de los futuros profesionales .

Tan pobre es la atención que se le da a este tema que hoy leo de una exhibición en una casa de venta de libros que va a mostrar especulaciones sin base y sin ningún fundamento epistemológico ni propedéutico aprovechándose del eventual interés que despierte un aviso mal escrito sobre “vivienda social”. Los alumnos que saben le harán poco caso a esta convocatoria de carácter sibilino.

Igualmente el otro día escuchaba a un docente pavonearse de que su taller era de vivienda y que sólo atendía a la del sector empresarial, pues era el único que valía. Triste la intervención y pena por los jóvenes que son sus episódicos alumnos. Esto es una evidencia del  absoluto desprecio que existe hoy día frente a un problema crítico y estructural que es central en el país.

 

 

¿Qué es una ciudad?

Gordon Childe Vere

¿Qué es una ciudad?

Percy C. Acuña Vigil

En las publicaciones de internet se encuentra que esta es una pregunta cuya respuesta es muy difícil. La mayoría de las respuestas se refieren a conceptos de colegio, de poca trascendencia y en la mayoría equivocados o sino tendenciosamente sesgados.

Hace unos días conversaba con una colega sobre esta pregunta y ella me daba una respuesta de tipo estadística o referida a categorías censales, o en otro caso a las que emplean las instituciones públicas que se supone tienen que ver con el estudio de lo urbano.

Con la finalidad de explicar el punto comparto este breve escrito con información complementaria.

Parto refiriéndome al concepto que acuñó Vere Gordon Childe [1]:  quien desarrolló su teoría sobre lo que llamó “La Revolución Neolítica”, haciendo un guiño con la Revolución Industrial, con la que trataba de explicar el cambio de las sociedades prehistóricas de cazadoras recolectoras a comunidades agrícolas que llevaron a un nuevo modelo de organización social, aparición de ciudades y nuevas civilizaciones.

En esta revolución aparece la relación del individuo con su labor, que cambia fundamentalmente del trabajo en el sector primario para incorporarse al sector secundario, y esto genera el desarrollo de un sector terciario dinámico.

Por esto una ciudad no sólo es una categoría que depende de lo demográfico, ni físico, fundamentalmente las incorporación de las categorías sociales y económicas son fundamentales. Sin ellas no se puede hablar de una definición inclusiva,

Una ciudad es presencia de calidad de vivienda, y de habitat que se diferencia del rural. Es presencia de diversificación de medios económicos y de fuerzas productivas que se integran plenamente a un sector secundario dinámico.

Es presencia de infraestructura productiva, de infraestructura de servicios, de equipamiento industrial, social, de servicios y de esparcimiento.

Referirse a una ciudad es la presencia de condiciones de salud superiores al mínimo del estatuto humano, es presencia de condiciones de trabajo superiores, es presencia de condiciones de vida que lo garanticen.

Todas estas condiciones básicas para hablar de ciudad implican en síntesis un manejo del excedente urbano que garantice una modelo de organización social al servicio de los ciudadanos.

En gran parte de los territorios del Perú hoy no se ha construido ciudades, y seguimos con la agrupación de grandes o pequeños conjuntos de población que constituyen diversos tipos de asentamiento que incluso no llegan a cumplir con los más elementales criterios de vida urbana, como centros poblados sin el mínimo que exige el estatuto humano.

El nombre ha sido una cuestión política para obtener prebendas de los políticos de turno, sin que este nombre tenga nada que ver con su situación real. En otros casos es petulancia de querer ser lo que no se es.

http://revistas.lasalle.edu.co/index.php/lo/article/view/1407/1284

[1] Childe, Vere Gordon Los orígenes de la civilización Edit. Fondo de Cultura Económica México 1971 (5ª reimpresión) Childe OC.

Mis referentes para este texto son los siguientes:

JEAN REMY; LILIANE VOYE , LA CIUDAD: ¿HACIA UNA NUEVA DEFINICION. BASSARAI, 2006
Cuando hablamos de los orígenes de la sociología urbana y de los autores y escuelas que moldearon sus temáticas y metodologías disciplinares, tendemos a mencionar el trabajo de Friederich Engels y su descripción de la clase obrera inglesa, los diversos ensayos de Georg Simmel en los que se aborda el habitar urbano y, especialmente, el desarrollo teórico de la escuela sociológica de Chicago y su “modelo ecológico”. El gran olvidado en este recuento tiende a ser Max Weber y su interesantísimo La ciudad, publicado en 1921 y luego incluido en forma casi íntegra en Economía y sociedad.

En La ciudad, Weber exhibe todo su repertorio teórico conceptual, aplicado esta vez en forma específica a explicar el fenómeno urbano y su desarrollo. En primer lugar, el libro introduce a la ciudad como un fenómeno en constante transformación, pasando de formas más primitivas hacia otras más complejas. Weber aborda el tema de las solidaridades que constituyen el vínculo social, así como el diverso rol urbano que la estructura económica ha cumplido a lo largo de la historia. El estudio de la ciudad se enmarca así en una “filosofía de la historia”, en la que diversas etapas de desarrollo son distinguibles.

MAUNIER, R.: L’origine et la fonction economique des villes, París, 1910. Cit. por LEDRUC, R.: Sociologie urbaine, París, P. U. F., pág. 3. Trad. cas. Madrid. Inst. Est. Admon. Local, 1971.
La definición de Maunier introduce también, sin embargo, la característica “sociedad compleja”, es decir, “formada por una muliplicidad de grupos secundarios”. No hay que olvidar que el autor era sociólogo y partía en su análisis de las ideas de Durkheim. Para él existen también dos grupos de ciudades: la indiferenciada, amalgama de grupos locales funcionalmente indiferenciados y que es resultado del simple crecimiento de población, y la diferenciada, que lo es tanto desde el punto de vista espacial interno como respecto al extcrior. Véase un resumen de las ideas de Maunier cn THIRY, J. P.: Théories sur le phénomene Urbain, Bruxelles, 1973, pág. 75 y sigs.
DICKINSON, R. E.: The Western European city. A Geographical Interpretation, Londres, 1951. (El capítulo 15 ha sido reproducido en MAYER, H M., y KOHN, C. F.: Readings in Urban Geography, op. cit. en nota 47).
GEORGE, P.: Scheme d’Etude internationale des petites villes, en U. G. I.: 21th International Geographical Congress. Abstracts of Papers, Calcuta, 1968, num. 584.
CHOAY, F.: El urbanismo, utopías y realidades. Trad. castellana, Barcelona, Edit. Lumen, 1970, pág. 504.
SIMMEL, G.: Die Grosstädte und das Geistleben, 1903. Hemos utilizado la traducción que aparece en la obra de F. CHOAY, cit. en nota anterior.
WEBER, M.: The city, Trad. inglesa, The Free Press, Glencoe, Illinois, 1958. Prefacio de Don Martindale. Véase también THIRY, J. Théories sur le phénomene urbain, op. cit. en nota 3, págs. 83 y sigs.
WIRTH, Louis: “Urbanism as a way of life”, American Journal of Sociology, 1938, págs. 27-30. (Trad. cast. Buenos Aires, Ediciones Tres, 1962).
CASTELLS, M.: Problemas de investigación en sociología urbana, Madrid, Siglo XXI de España Editores, 1971, pág. 50.
HAUSER, Ph. M.: The folk urban ideal types, en HAUSER, Ph. M., y SCHNORE Ieo (Eds.): The study of urbanization, Nueva York, John Wilsey, 1965, 554 págs.; y MARTINDALE, Don: Prefectory remarks: the theory of the city, op. cit. en nota I5. Estas críticas están recogidas con detalle en CASTELLS, M: Problemas de investigación en sociología urbana, op. cit., págs. 52 y sigs.
MUMFORD, Lewis: Las ciudades en la Historia. Trad. cast. Buenos Aires, Edit. Infinito, 1968, 2 vols.
SJOBERG, Gideon: The pre-industrial city. Past and present, Nueva York, The Free Press, 1960 (Edic. de Bolsillo, 1965, 353 pags.).
LEWIS, Oscar: “Urbanization without breakdown”, The Scientific Monthly, volumen 75, núm. 1, julio 1952, y LEWIS, O.: Los hijos de Sánchez, trad. esp. México, Fondo de Cultura Económica, 1968.
REMY, Jean: Utilización del espacio, innovación tecnológica y estructura social, trad. cast en BERINGUIER, ch. y otros: Urbanismo y práctica politica, Barcelona, Editorial Los Libros de la Frontera, 1974.
GEORGE, Pierre: Précis de Geographie Urbaine, París, P. U. F., 1961, trad. cast. Barcelona, Ariel, 1970.
CHOAY, F.: “L’histoire et la méthode en urbanisme”, Annales, Economies, Societés, Civilisations, vol. 25, núm. 4, julio-agosto 1970, págs. 1143-1154.
MALISZ, Boleslaw: La formation des systémes d’habitats. Esquisse de la theorie des seuils, trad. del polaco por J. Wolf, París, Dunod, 1972.
DOLFFUS, 0.: L’espace géographique, París, P. U. F., 1970, pág. 89.
LEFEVBRE, Henri: “La ville et l’urbain”, Espaces et Societés, París, marzo 1971, pág. 5.
CASTELLS, M.: La question urbaine, París, Editions Anthropos, 1973, pág. 103.
LEFEBVRE, H.: De lo rural a lo urbano, trad. cast. Barcelona, Ed. Península, 1971, pág. 140.

http://qhapaqnan.cultura.pe/sites/default/files/articulos/Qhapaq%20%C3%91an%20-%20Patrimonio%20Vivo.pdf

 

Lyotard: Reescribir la modernidad

Lyotard
Reescribir la modernidad

Kepa Bilbao
(hika, nº89, mayo 1998)

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Jean-François Lyotard, uno de los filósofos franceses más importantes de la segunda mitad de este siglo.

El que pasará a la historia como el gurú de la posmodernidad, nace en Versalles en 1924. Licenciado en Filosofía en 1950, se doctoró en Letras en 1971. Después de 10 años dedicados a la enseñanza secundaria inicia su carrera como docente universitario, ejerciendo, entre otras, en las universidades de París VIII, París y Nanterre. Profesor visitante en las universidades de Berkeley, San Diego, John Hopkins y Wisconsin, de EEUU. Investigador del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS), ha sido comisario de la exposición Les Inmatériaux (1985) en el Centro Georges Pompidou. Presidente del Colegio Internacional de Filosofía (1984-1986), fue además profesor emérito de las universidades de Irvine (California), París VIII y habitual en la de Emory (Atlanta).

En su adolescencia basculó entre convertirse en fraile dominico, dedicarse a la novela o a la historia. Orilló la vocación religiosa porque, como él mismo confesó, si bien la pobreza le daba igual, no así la castidad. Lyotard nos deja un texto póstumo: La confessión d´Agustin (aún no publicado) en el cual aborda su implicación espiritual, su vocación por la vida retirada y la meditación, que vivió en su juventud.

Tras licenciarse en filosofía en 1950 se fue a enseñar a Constantina (en la Argelia bajo dominio francés). Los sucesos de Argelia acentuaran su preocupación política hasta llevarle a comprometerse con el grupo filo-trotskista -Socialisme ou Barbarie- donde militará junto a personajes como Baudrillard y en el que su principal figura teórica será Cornelius Castoriadis (recientemente fallecido). El año 64 el grupo se dividirá y Lyotard se incorporará a otro que se formó en torno al periódico Pouvoir ouvrier, el cual también abandonará más tarde. En total más de 20 años de militancia incansable, día y noche, contra el totalitarismo, contra el capitalismo y el socialismo burocrático.

A punto de cumplir 50 años, es nombrado profesor de filosofía en la universidad de Vincennes. Impartirá clases junto a Deleuze, en el precario edificio del bosque de Vincennes, una universidad en la que las clases no tenían puertas y en la que no existían los exámenes ni los controles académicos. Fue esta una etapa creativa en la que escribió mucho: Discurso, figura (1971), A partir de Marx y Freud (1973), Dispositivos pulsionales (1973), Economía libidinal (1974). Si bien en 1954 escribe su primer libro sobre la fenomenología de Husserl, que la pone en relación con el marxismo, lo esencial de su obra aparecerá en los años 70 y 80. Lyotard en esta etapa, década de los 70, se preocupará por la estética, anteponiendo la imaginación y el arte a la teoría. Se aleja definitivamente del marxismo, y comienza a desarrollar un pensamiento original nutrido de sus propias experiencias de vida. Esboza una filosofía vitalista de los instintos. Critica las nociones de razón y de teoría que provienen de la Ilustración, tanto en su rama liberal como marxista, dando así los primeros pasos en la descripción de los rasgos de la condición posmoderna como rechazo de los grandes relatos legitimadores de la modernidad.

La condición posmoderna

El pensamiento de Lyotard alcanzará su mayor síntesis y una confluencia de todo su propio proceso transformador en una obra de circunstancias que se publicará en 1979 bajo el título de La condición postmoderna, y que trata sobre el saber o el estado de los conocimientos en las sociedades más desarrolladas. Libro que se convertirá en el más difundido de los casi 30 publicados y en pieza básica de toda una polémica mundial.

Lyotard toma prestado el término posmoderno, del campo de la arquitectura y de la crítica literaria norteamericana que lo había puesto en circulación durante los años sesenta a partir de su utilización por parte de Leslie Fiedler e Ihab Hassan, pero será él quien contribuya fundamentalmente a reformularlo en un momento que los intelectuales norteamericanos se encontraban interesados en la lectura de los postestructuralistas franceses (Barthes, Kristeva, Derrida, Foucault, Baudrillard, Lyotard,…), los cuales, pese a sus acusadas diferencias, pasan a ser encuadrados bajo la denominación, un tanto imprecisa, de posmodernos. Calificativo que curiosamente ningún autor ha querido asumir, ni siquiera finalmente el propio Lyotard que será quien lo pondrá en circulación en Europa.

<<Simplificando al máximo -dice Lyotard- se tiene por postmoderna la incredulidad con respecto a los metarelatos>>. Por metarelatos Lyotard entiende las filosofías que pretenden abarcar toda la historia, como la historia del Iluminismo sobre el progreso gradual pero seguro hacia la razón y la libertad, la dialéctica de Hegel sobre el Espíritu, el relato cristiano de la redención de la falta de Adán por amor, los nacionalismos, el relato marxista de la emancipación de la explotación y de la alienación por la socialización del trabajo, el relato capitalista de la emancipación de la pobreza por el desarrollo tecno-industrial, así como el nacionalismo y todo tipo de mesianismo. Todos estos metarelatos, insiste Lyotard, están ya fuera de servicio. En parte, como resultado de los tremendos cambios técnicos, políticos, económicos y militares habidos durante el siglo XX. Pero sobretodo, a causa de la insuficiencia respiratoria de los mismos.

Ahora bien, esto no quiere decir que no haya relato que no pueda ser ya creíble, la decadencia de los grandes relatos no impide que existan millares de historias, pequeñas o no tan pequeñas, que continúen tramando el tejido de la vida cotidiana. En su opinión la legitimación, tanto epistémica como política, ya no puede seguir residiendo en los grandes relatos filosóficos. La legitimación en la era posmoderna se hace plural, local e inmanente.

Lyotard es consciente de que estas reflexiones suyas sobre la condición posmoderna presuponen de alguna manera otro metarelato, una nueva visión global de la situación de Occidente, contradictoria con su pluralismo, con su rechazo de las grandes narraciones y la condena de la idea de totalidad. Abandonado el camino de la fenomenología, del marxismo y del freudismo ortodoxo, Lyotard hace su giro lingüístico. Con esta reducción de los problemas a su nivel lingüístico tratará de esquivar hasta cierto punto la contradicción entre su rechazo del Todo y su visión global del mundo. La manera en que Lyotard defiende estas ideas es bastante compleja y nada fácil de sintetizarlas en unas pocas líneas. Para

Lyotard vivimos en medio de una pluralidad de reglas y comportamientos que expresan los múltiples contextos vitales donde estamos ubicados y no hay posibilidad de encontrar denominadores comunes universalmente válidos para todos los juegos; frente a este pluralismo las reglas no pueden por menos que ser heterogéneas.

Lyotard considera que vivimos sumergidos en islotes culturales sin comunicación, y afirma que Wittegenstein ha demostrado que no existe una unidad de lenguaje, sino más bien islas de lenguaje, cada una de ellas regida por un sistema de reglas intraducibles al de los demás. Una cultura no puede convertir a otra por la persuasión, sino sólo mediante alguna forma de fuerza imperialista: En La posmodernidad explicada a los niños (1986) dirá que: << ni el liberalismo, económico o político, ni los diversos marxismos salen incólumes de estos dos siglos sangrientos. Ninguno de ellos está libre de la acusación de haber cometido crímenes de lesa humanidad >>. Más aún, la búsqueda de consenso, que no sea local y temporal, se ha convertido en un valor anticuado y sospechoso, porque detrás del pretendido consenso o las reglas universales de juego se esconde el terror de los dominadores y el deslizamiento hacia el totalitarismo. Lyotard ve el consenso sólo como un estado particular de la discusión en las ciencias, pero no como su finalidad. Su finalidad es la paralogía. Los paralogismos son un acicate para nuevos descubrimientos. Son razonamientos falsos, ocurrencias absurdas contrarias a lo que se ha definido como la recta razón. El paralogismo rompe con el discurso lineal, razonado y ayuda a ver las cosas desde ángulos poco usuales y a transitar otros caminos. La ciencia posmoderna se enfrenta con problemas como el caos, los conflictos caracterizados por la información incompleta, las catástrofes o las paradojas pragmáticas que no se resuelven por consenso. La invención nace siempre del disenso y no del consenso.

Lyotard teme que tras los principios universales se escondan pretensiones totalitarias y tras la búsqueda de fundamentación esté la metafísica objetivante. Insiste en que el campo de lo social es heterogéneo y no totalizable. Descarta toda teoría social crítica que emplee categorías generales como las de clase, raza o género. Desde su punto de vista, tales categorías reducen demasiado la complejidad de las identidades sociales y por lo tanto, no son útiles. De esta forma, una gran parte de los pensadores de la modernidad temprana será sentada en el banquillo de los acusados, siendo el hegelianismo de izquierdas el principal acusado. Quien persista en los ideales de la Ilustración se hará sospechoso de totalitarismo por su aspiración a la ilustración total.

Repensar la modernidad

Estas ideas provocaron una avalancha de críticas, réplicas y contraréplicas, abriéndose un intensísimo y prolífico debate que teminaría por implicar a todas las disciplinas desde la filosofía, la sociología, la historia, antropología, teología, etc, sobre la consideración de nuestra época y, en general, del mundo moderno nacido de la Ilustración como algo superado y superable o, por el contrario, como algo reinvindicable en parte y, en todo caso, perfectible. Debate que no ha concluido y que aún continúa, aunque con menor intensidad y más sectorializado.

Años más tarde Lyotard comentará que en la obra del 79, con la que se inauguró la polémica, había cierto simplismo y una utilización de los vocablos postmodernidad y postmodernismo con intención provocadora, para llamar la atención sobre el problema del estatuto del saber, de que algo no marchaba como hasta entonces en la modernidad.

El Lyotard de 1988, pues no hay un solo Lyotard, en Lo inhumano: charlas sobre el tiempo, opta por llamar a todo este tipo de reflexión literatura general y plantea que su objetivo consiste en el fomento de la creación personal y en la reescritura de las cosas. Lyotard confiesa que le parece más acertado y preferible hablar de reescritura de la modernidad a continuar hablando de postmodernidad: <<La postmodernidad no es una nueva edad, sino la reescritura de algunos de los rasgos de que se reclama la modernidad, y ante todo de su pretensión de fundar su legitimidad en el proyecto de liberar a la humanidad como un todo a través de la ciencia y la tecnología. Excepto que, como ya he dicho, este reescribirse a sí misma lo viene practicando la propia modernidad desde hace mucho tiempo>>. Lo que

Lyotard llama reescritura de la modernidad no tiene mucho que ver con lo que suele llamarse postmodernidad, un período histórico que sucede a la modernidad, ni con el posmodernismo, un concepto estilístico que designa un movimiento o tendencia cultural posterior al modernismo.

Para terminar estas apretadas líneas, diré que son numerosas las críticas y objeciones que se le han hecho a Lyotard y en ocasiones bien fundadas, como por ejemplo, la de que un pluralismo tan radical corre el peligro de sustituir el Todo por una multiplicidad de todos que, al final, acaben por realizar la misma función que la criticada aún cuando sea a nivel de cacique; o la de que hay lenguajes, como el de las ciencias de la naturaleza, que no se rigen por la semiótica de Saussure-Derrida; o el hecho de que se precipita al dar por zanjada la reactivación de algunos grandes relatos viejos o la aparición de otros nuevos o sucedáneos; o que su mirada esté fundamentalmente y unilateralmente centrada en el campo de la cultura y de los países occidentales, dejando a un lado la realidad económica y social de los países más pobres en donde vive el 80% de la población, etc. Con todo, diré que la obra de Lyotard contiene importantes elementos críticos, originales y positivos que le hacen merecedora de que quien aún no la conozca se acerque a ella y pueda comprobarlo por sí mismo.

La historia personal de Lyotard, la evolución de su pensamiento, indican una predisposición al cambio constante, un talante crítico radical, una búsqueda incesante de los errores y de los lados oscuros de la modernidad, que nos recuerdan aquella recomendación de Nietzsche de pensar con el martillo.