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La Ciudad contemporánea: Percy Cayetano Acuña Vigil

La Ciudad contemporánea

Dr. Percy Cayetano Acuña Vigil

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Vamos a presentar un panorama de la ciudad contemporanea. Un panorama amplio para contextualizar los principales cambios que han condicionado el tipo de ciudad que se viene construyendo en el mundo occidental. Las particularidades que correponden a los modos de producción específicos no se tratan aquí por ser un documento de carácter general, pero se trata de hacer específico que la construcción de la ciudad en este contexto es una que corresponde al juego de los intereses políticos particulares, en medio de las condicionantes del neo liberalismo egemónico en el mundo occidental.

Durante el siglo XIX cambia radicalmente la sociedad, la economía y, por lo tanto, el concepto de ciudad.

Aparece el capitalismo industrial y la creación de una nueva sociedad, la de clases, con la burguesía dominadora del poder político; desde la Revolución francesa y las revoluciones burguesas del 38, 48 y 68, y con el proletariado cada vez más explotado y con unas condiciones de vida miserables. La burguesía es la ostentadora del poder económico, y pronto lo será del político. Su concepto de propiedad es diferente al que había en la Edad Moderna: es la propiedad absoluta, libre de servidumbres y que se pueda comprar y vender. Uno de los hechos más trascendentales para la construcción de la nueva ciudad es la desamortización, que pone en el mercado mucho suelo urbano y posibilita la especulación por parte de la burguesía, cosa totalmente aceptada en la época.

Durante el siglo XIX la ciudad cambia radicalmente, se hace industrial y burguesa; y crece hasta dimensiones insospechadas, gracias al transporte. La ciudad contemporánea gravita sobre dos ideas básicas: la concentración del mercado en torno a la creación de un centro urbano y la reunión de la fuerza de trabajo y los consumidores.

El prototipo de ciudad es París, y la reforma de Haussmann (ministro de Napoleón III) el modelo de actuación en todo el mundo. Haussmann propone una ciudad ordenada, en la que estén presentes los supuestos higienistas de los ilustrados: alcantarillas, iluminación, calles anchas y arboladas, etc. Pero, además, esta ciudad está construida con criterios policiales, ya que se propone un plano urbano; bien sea este radial, ortogonal, o cualquier otro; que permite la represión de las manifestaciones revolucionarias. Sin embargo, lo importante del modelo de Haussmann no es esto, sino el hecho de que somete a la ciudad antigua a toda una operación de cirugía urbana, tirando lo viejo para construir lo nuevo, y todo ello financiado por los poderes públicos.

El primer hecho significativo es la reforma interior, la creación del centro urbano. En el Perú esto se inició con la ONPU en 1960.

Alrededor del centro urbano y en torno al ferrocarril aparece la industria urbana, en europa, que caracteriza a la ciudad del siglo XIX. Pero las necesidades de espacio y los problemas de la contaminación terminan por expulsar esta actividad de las urbes, en favor de la función residencial y terciaria. La industria se instala en el extrarradio, cada vez más lejano del centro, a medida que crece la ciudad.

Los altos precios de las lotes tras los planes de reforma interior y ensanche suponen que el proletariado no puede acceder a estas viviendas, por lo que aparecen dos tipos de vivienda marginal: las barriadas del extrarradio, parcelaciones ilegales, sin un proyecto conjunto y que dan al plano un aspecto irregular, a pesar de su regularidad interna; y los corralones o casas de vecinos, en los cascos antiguos de las ciudades e. Estos corralones se suelen encontrar en el interior de las manzanas o en los edificios abandonados por la burguesía, que progresivamente se van deteriorando. Las parcelaciones ilegales carecerán de infraestructura sanitaria, ya que el Municipio no las reconocerá.

Los altos precios hacen caro el suelo incluso para la burguesía, por lo que los planes iniciales casi nunca se cumplen. Las parcelas se dividen, creándose calles nuevas, porque son muy caras para un solo promotor. Las casas que se construyen tienen más pisos de los previstos y menos espacio verde, todo para rentabilizar del suelo.

Con el tiempo, la burguesía fue trasladándose a las nuevas áreas y el casco antiguo se fue degradando socialmente hasta que recientemente el interés por conservar los testimonios del pasado y su nueva función, como lugar de ocio y turismo, lo ha revitalizado, para lo que está siendo necesario expulsar de allí a las clases marginadas.

La nueva economía capitalista industrial creará una ciudad que acoja el mercado concentrado, pero también al proletariado que trabaja en las fábricas, por eso, en todos los países del mundo, en algún momento, hay un éxodo rural, el abandono del campo y la emigración a la ciudad, donde está la industria. Esta concentración de la mano de obra no sólo pretende tener la fuerza de trabajo agrupada y cerca, sino también desvinculada del medio rural, al que podrían volver en caso de crisis. De esta manera la burguesía se asegura que la fuerza de trabajo depende de ella para sobrevivir, y de paso que tiene dedicación exclusiva, por lo que no hay escasez de mano de obra en las épocas agrícolamente activas. Son, además, los consumidores.

Con la explosión demográfica y la urbanización de la sociedad industrial, las ciudades crecen. El transporte urbano es el que posibilita el crecimiento de las ciudades en superficie, hasta límites insospechados poco antes, y sin grandes trastornos de tiempo. El tranvía es el símbolo de la ciudad decimonónica y el coche privado el de la ciudad de nuestro tiempo.

En el siglo XIX no se crean ciudades de nueva planta, pero sí se construye la nueva urbe con arreglo a un plan. Ese proyecto dibuja distintos planos, con distintos objetivos, dentro de cada ciudad. Hoy en día nos podemos encontrar, en todas las ciudades, distintos tipos de plano según la época en la que fueron reformadas: desde el irregular de la ciudad antigua, al plano radial, ortogonal o lineal. Sin embargo, esto no quiere decir que no hubiese propuestas de ciudades ideales. Todos los socialistas utópicos tienen un modelo urbano, muy similar, pequeñas comunidades de unos 1500 habitantes que se abastecían de todo lo necesario.

En los años 20 surge un nuevo modelo de ciudad: se abren las calles para los automóviles y se jerarquiza la red viaria; se crean las infraestructuras que llevarán el agua y la electricidad a las casas, se recogen las basuras, etc., y aparece un nuevo tipo de edificio que condicionará el paisaje urbano; el rascacielos y los edificios de varios pisos. Los edificios de varios pisos permitirán el uso de los bajos para mercado y el resto del edificio para vivienda.

Tras la generalización del coche privado, la ciudad ha de adaptar su infraestructura para su uso: se asfaltan las calles, se crean las aceras y se ponen las señales de tráfico, especialmente el semáforo. Todos ellos son elementos presentes en nuestras ciudades actuales. La ciudad tradicional no está preparada para este tráfico y presenta problemas de congestión. Los atascos son frecuentes por lo que en todas partes han sido necesarias las carreteras de circunvalación, la construcción de vías rápidas y la peatonalización de la ciudad más antigua.

El crecimiento urbano ha supuesto la colmatación de la ciudad y la creación de barrios social y funcionalmente diferenciados. En ellas aparecen distritos especializados en determinadas funciones: negocios, residencia, ocio, turismo, etc.

Durante los años 60 el crecimiento demográfico fue, en el Perú, más rápido que la construcción de viviendas. Esto ha pasado en todos los países en algún momento. El precio de las viviendas aumentó y las clases más humildes no pudieron acceder a ellas. Aparecen así las barridas en las periferias de las ciudades. Son suburbios socialmente marginados sin infraestructura sanitaria; lo que les convierte en permanentes focos de infección, en los que la marginación es caldo de cultivo de la delincuencia. Este proceso continúa en muchas de las ciudades del Tercer Mundo.

La ciudad actual necesita de una gran infraestructura que debe situarse en las afueras, desde hospitales y cementerios a vertederos, rondas de circulación, depósitos de agua, transformadores eléctricos, etc. La ciudad debe dotarse también de pavimento asfaltado, modernamente de calles peatonales, alumbrado, estaciones de transporte y taxi, mobiliario urbano, recogida de basuras y toda una infraestructura sin la cual sería imposible su funcionamiento.

Tras la segunda guerra mundial los poderes públicos de todo el mundo toman las riendas de la planificación eficaz de la ciudad, aunque en muchos casos se salten sus propias normas. La ciudad se fue equipando, e incorporó a su entorno las barriadas marginales y del extrarradio. Se construirán viviendas obreras dignas y también para las clases marginales, con el fin de erradicar el chabolismo. En la actualidad, se intentan conservar los edificios más antiguos de la ciudad, pero la renovación del caserío ha sido tan intensa que apenas quedan edificios anteriores al siglo XIX.

El caserío de la ciudad actual es marcadamente diferente al de la tradicional. En su concepción han tenido una influencia decisiva los argumentos de la arquitectura racionalista. Pero no es el modelo de Le Corbusier el que triunfa (edificios de viviendas en altura rodeados de campo) sino su técnica de construcción. La arquitectura racionalista permite optimizar el precio del suelo, permitiendo construir varias viviendas en altura, y que los bajos de los edificios puedan ser utilizados para diversos negocios, tiendas, oficinas, etc.

En estos edificios el ascensor es un elemento esencial. Será en Chicago (USA) donde se cree este modelo de ciudad, donde se pongan los primeros ascensores, donde los bajos se reserven para los negocios y donde se construyan los primeros grandes almacenes, otra de las señas de identidad de la ciudad actual. Este modelo es el que ha permitido el aumento de la densidad humana en las urbes, y el crecimiento en altura del paisaje urbano. Además, el equipamiento de la casa ha cambiado extraordinariamente, gracias al alto consumo de energía y el abaratamiento de los electrodomésticos: luz eléctrica, televisión, teléfono, frigorífico, lavadora, lavaplatos, microondas, ordenador, etc.

Las ciudades actuales han crecido enormemente, hasta el punto de haber absorbido pueblos y ciudades vecinas. La aparición de las conurbaciones y las megalópolis es uno de los fenómenos urbanos más dinámicos de nuestro tiempo. Existen regiones en las que el continuo urbano entre ciudades es la tónica general, como Tokio-Yokohama, Liverpool-Manchester, Washington, DC-Boston, la región del Ruhr, etc.

Aquí en Lima, la voragine por urbanizar a hecho que se urbanice el cauce del río Rimac. Nadie pudo contra este vandalismo. Periodismo y “empresarios urbanizadores” arrasaron con cuanta disposición técnica había para detenerlos. Con el cuento de no detener la inversión privada se urbanizó todo el valle verde del Rimac. En menos de cuarenta años se arrasó con cuanta área verde había. La vorágine continua, la ciudad llega hasta Pucusan y ya la sobrepaso, ya va a llegar a Chincha por el sur. Por el norte ya llegó a Ancón, a Pasamayo, ya esta en Chancay y se va a engullir a Huacho y sigue sin que a nadie le importe.

Desde hace algún tiempo en todas las ciudades se observan fenómenos de rur urbanización, que en las ciudades más grandes alcanzan el isócrono de 30 minutos, incluso más. Aparecen así viviendas unifamiliares en el entorno rural habitadas por gente que viven de la ciudad conviviendo con gente que vive en y del campo.

El derecho a la ciudad

El derecho a la ciudad no es una propuesta nueva. El término apareció en 1968 cuando el francés Henri Lefebvre escribió su libro El derecho a la ciudad tomando en cuenta el impacto negativo sufrido por las ciudades en los países de economía capitalista, con la conversión de la ciudad en una mercancía al servicio exclusivo de los intereses de la acumulación del capital.

Lefebvre v1

Como contrapropuesta a este fenómeno, Lefebvre construye una propuesta política que parte de la ciudad para reivindicar la posibilidad que la gente volviera a ser dueña de la ciudad. Frente a los efectos causados por el neoliberalismo, como la privatización de los espacios urbanos, el uso mercantil de la ciudad, la predominancia de industrias y espacios mercantiles, se propone una nueva perspectiva política denominada derecho a la ciudad.

La ciudad fue tomada por los intereses del capital y así dejó de pertenecer a la gente, por lo tanto Lefebvre aboga a través del derecho a la ciudad por “rescatar el hombre como elemento principal, protagonista de la ciudad que él mismo ha construido”. El derecho a la ciudad es entonces restaurar el sentido de ciudad, instaurar la posibilidad del “buen vivir” para todos, y hacer de la ciudad “el escenario de encuentro para la construcción de la vida colectiva”.

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Asimismo, la vida colectiva se puede construir sobre la base de la idea de la ciudad como producto cultural, colectivo y, en consecuencia, político. La ciudad, como lo analiza Jordi Borja, es un espacio político, donde es posible la expresión de voluntades colectivas, es espacio para la solidaridad, pero también para el conflicto. El derecho a la ciudad es la posibilidad de construir una ciudad en la que se pueda vivir dignamente, reconocerse como parte de ella, y donde se posibilite la distribución equitativa de diferentes tipos de recursos: trabajo, de salud, de educación, de vivienda, recursos simbólicos: participación, acceso a la información, etc.

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El derecho a la ciudad es “el derecho de toda persona a crear ciudades que respondan a las necesidades humanas. Todo el mundo debería tener los mismos derechos para construir los diferentes tipos de ciudades que queremos. El derecho a la ciudad como lo afirma David Harvey, no es simplemente el derecho a lo que ya está en la ciudad, sino el derecho a transformar la ciudad en algo radicalmente distinto”.

Harvey v2

Lefebvre, Henri:

Crítica a la vida cotidiana

En su Tesis el individuo y la praxis de lo concreto ocupan un sitio central. Proponiéndose una antropología social alternativa, Henri Lefebvre sostuvo la necesidad de que la “cotidianidad” se libere del papel que reviste bajo el capitalismo, cuya función es reproducir los caracteres impuestos a la vida colectiva por las clases dominantes. La costumbre, con su temporalidad no auténtica, pues es ahistórica, no haría más que el sólo reproducir y de perpetuar las relaciones de dominación. La cotidianidad es un tipo de depósito subterráneo en el cual se sedimentan los convenios y las mentiras del poder. Allí se encuentra la barrera que impide a la fantasía y la inventiva para encontrar las vías para la propia expresión, la autonomía del ser.

De ahí el privilegio concedido por Lefebvre al arte, comprendido no tanto en su autonomía sino como medio de experiencia o experimento estético capaz de demostrar el carácter infundado del convencionalismo de lo cotidiano. El arte moderno pone las condiciones de la supresión de la cotidianidad. Estas teorías se refieren a la experiencia o experimento y a las reflexiones del movimiento surrealista, al cual Lefebvre pertenecía en su juventud. La trilogía “Crítica de la vida cotidiana ” (1947, 1961, 1981) presenta de manera muy profunda este pensamiento..

Henri+Lefebvre+_+La+production+de+l'espace

  • Critique de la vie quotidienne, 1947, L’Arche
  • Critique de la vie quotidienne II, Fondements d’une sociologie de la quotidienneté, 1961, L’Arche
  • Critique de la vie quotidienne, III. De la modernité au modernisme (Pour une métaphilosophie du quotidien), 1981, L’Arche
  • La Vie quotidienne dans le monde moderne, 1968, Gallimard

Hipótesis

Ante la pregunta sobre “¿Cuál es el modo de existencia de las relaciones sociales?”, Lefebvre responderá en su famosa obra La Producción del Espacio: “Las relaciones no pueden existir sin un soporte y ese soporte es el sustrato material”.

Postulado

El desarrollo de la sociedad sólo puede concebirse a través de la relación de “la sociedad urbana” (lo urbano). La sociedad proyecta la vida social. Critica el organicismo, evolucionismo, continuismo y urbanismo. Lo urbano ha entrado en una fase crítica, dándose una implosión-explosión con una concentración urbana y éxodo rural, extensión del tejido urbano, subordinación completa de la agrario a lo urbano. Es un proceso irreversible, pero el proceso de urbanización puede proyectarse de manera que se supere el antagonismo ciudad-campo y la urbanización al desconcentrarse pueda articular el ambiente y el paisaje. Plantea fases (críticas), niveles (global, medio y privado) y dimensiones. El individuo puede crear una ideología política que le permita cambiar la estructura de la ciudad y reorganizar el territorio, de manera que el hombre se apropie del espacio que hace a su identidad.

Su carácter como geógrafo

Más tarde, como todo gran pensador se acercó a disciplinas de las cuales no se consideró propiamente partícipe, no obstante al ocuparse particularmente de problemas de urbanización y del territorio, presentando a la ciudad como el corazón de la posibilidad de una insurrección estética contra lo cotidiano, debatiendo el sentido propio que el ser humano enfrenta en condición de necesidades sociales antropológicas que no habían sido tomadas en consideración en las reflexiones teóricas sobre la ciudad más allá de la geografía, destacando que a su interior el debate no atendía las dimensiones que Henri Lefebvre pone sobre la mesa, particularmente en el urbanismo, pues este se encuentra alejado de la reflexión teórica refugiándose en lo pragmático.

 La necesidad de lo imaginario es olvidada por el urbanismo disminuyendo en tanto a las estructuras comerciales y culturales. Frente a los problemas urbanos, formula particularmente la necesidad de la afirmación de un nuevo derecho, un derecho a la ciudad. Define este nuevo derecho como un derecho a la vida urbana, a la calidad de vida urbana. En su último libro, La Producción del espacio, valora la importancia del espacio que es siempre político, pues la construcción del espacio es siempre una lucha de poderes, incluso desde lo cotidiano, en la estructura interna de “la casa habitación” la asociación social base, la familia, lucha por definir el carácter y sentido estético, producciones sociales al fin materializadas a través de la casa habitación.

El espacio es el producto de la sociedad, cada sociedad tiene el derecho a y debe producir su espacio, es así que se concibe que el espacio es entonces una producción social en donde se oponen los valores a través de pruebas, conflictos o consensos. Es entonces la racionalización del imaginario para así poder materializarlo, pues todo ser humano debiese, en términos de Lefebvre, poder racionalizar su imaginario y por tanto, todo ser humano tiene el derecho a la construcción del espacio.

Jordi Borja: La ciudad conquistada:

http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0250-71612004009000009

Harvey V1

David Harvey: La conquista del espacio

 https://www.traficantes.net/noticias-editorial/david-harvey-la-conquista-del-espacio

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  Manuel Castell  . La cuestión urbana

Los problemas urbanos están de moda, tanto en los discursos oficiales como en la experiencia cotidiana de la gente. ¿Se trata de una moda o de un problema real? y si es un problema real, ¿cuáles son sus raíces reales? ¿Cuál su relación con las nuevas contradicciones del capital en su fase actual? ¿Cuál es su impacto sobre los movimientos sociales y los procesos políticos? Estos son los interrogantes más importantes a los que pretende dar respuesta el presente libro. Las nuevas condiciones de reproducción de la fuerza de trabajo suscitan conflictos y contradicciones (conocidos como urbanos en la práctica social) que es necesario conocer para transformar. Situándose en esta perspectiva, La cuestión urbana intenta elaborar un instrumental teórico susceptible de analizar concretamente las nuevas contradicciones sociales denominadas urbanas, teniendo en cuenta tres niveles: la crítica de la ideología urbana, el desarrollo de los elementos teóricos del materialismo histórico y el análisis de situaciones concretas en varias sociedades (Francia, Estados Unidos, diversos países de América Latina, Canadá, etc.). De esta forma la obra se estructura en una serie de temas ordenados teóricamente: el proceso de urbanización, la ideología urbana, la estructura urbana, planificación urbana, los movimientos sociales urbanos.

Libro básico para desmitificar la falacia del diseño urbano como tarea de los arquitectos. Se trata de un proceso de intercambio de intereses politicos que convergen en un damero de ajedréz que es la ciudad. Para Jugar hay que saber y conocer de estrategia, de lógica y de saber qué se quiere, qué se puede y qué es factible de acuerdo a las variables sociales, económicas y políticas que estan presentes en un contexto determinado, principalmente.

La trampa comunitaria

LA TRAMPA COMUNITARIA

David Harvey

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David Harvey Artículo publicado el 26 de noviembre de 2000, en LA VANGUARDIA Traducción: José María Puig de la Bella casa.

El nuevo urbanismo está en la cresta de la ola. Todo el mundo es su entusiasta defensor. Porque, al fin y al cabo, ¿a quién le gustaría que le llamasen “viejo urbanista”?

Podría decirse -discurre el razonamiento- que la vida urbana es susceptible de ser mejorada en su raíz, que puede transformarse en una vida más “auténtica” y menos desangelada, y también más eficiente, por el procedimiento del regreso a conceptos tales como vecindario y comunidad, que antiguamente proporcionaron tanto temple y tanta coherencia, continuidad y estabilidad a la vida urbana.

La memoria colectiva de un pasado más cívico puede recuperarse de nuevo si se recurre a los símbolos tradicionales.

Las instituciones de la sociedad civil, si reciben el estímulo que pueden aportar la arquitectura ciudadana y la adecuada planificación urbana, pueden perfectamente verse consolidadas como los fundamentos de un tipo de urbanización mucho más civilizado. Existen distintas variantes de tal razonamiento.

La versión Costa Este americana propone un crecimiento urbano de alta densidad y de uso residencial mixto, en su mayor parte dirigido a las áreas residenciales y de esparcimiento. Si bien las infraestructuras públicas y los niveles medio ambientales son indudables, los proyectos se conciben principalmente para aquellos clientes pudientes cuyo estilo de vida, sin embargo, permanece inalterado (siguen recorriendo largas distancias para ir al trabajo).

Lo que se vende es un concepto de comunidad y un entorno de vida más seguro. Insertos en un modelo de expansión urbana acelerada, tales edificaciones constituyen oasis aislados de vida privilegiada para las élites. La versión británica subraya el ideal de un “pueblo urbano”.

Combina la nostalgia por un pasado perdido (que apela a los estilos arquitectónicos autóctonos de la Vieja Inglaterra) con una pizca de conciencia social (mediante la incorporación dela vivienda social a la mezcla), e intenta, además, aportar elementos laborales y comerciales a una fisonomía urbana caracterizada por un fácil acceso en la propia localidad. La idea de un “pueblo urbano” goza de un extendido atractivo que abarca todo el espectro social.

Grupos étnicos, comunidades obreras tradicionales y grupos privilegiados han adoptado esta idea con entusiasmo. La versión Costa Oeste americana sitúa los núcleos de barrio “tradicionales” en el seno de un plan regional más integrado de infraestructuras de transporte para enlazar los puestos de trabajo espacialmente dispersos, las zonas comerciales y las instalaciones de ocio. Transige, por una parte, con la dispersión de tales factores, pero trata de recuperar los ideales de una convivencia vecinal más íntima y entrañable y de una vida de comunidad.

Si tal política reúne unos métodos democráticos de adopción de decisiones y una consulta al público generalizada, sus resultados pueden ser realmente provechosos. Una versión ligeramente mitigada delo que se expone apela al ideal del “crecimiento inteligente”.

Una densidad más alta de crecimiento (justificada quizá por una referencia a los conceptos de comunidad y de barrio) en torno a núcleos o centros ya existentes (en oposición a la urbanización caótica), se considera más bien como una respuesta a la presión excesiva sobre los fondos públicos, las infraestructuras (escuelas, agua potable, tratamiento de aguas residuales, carreteras) y el medio ambiente (por ejemplo, la pérdida de suelo agrícola o de hábitats de alto valor).

El concepto de “crecimiento inteligente” ha cobrado un atractivo nacional en Estados Unidos, como el único camino para reorientar la urbanización sin límites y caótica hacia una vía más eficiente y respetuosa con el medio ambiente. Caben muchos elogios en este movimiento que acabamos de describir, más allá de la descarga de adrenalina inherente a la batalla con los saberes convencionales de un extenso abanico de instituciones (constructores, banqueros, gobiernos, intereses de transportistas, etcétera).

Responde a los deseos y a la voluntad de pensar sobre el lugar de los polos urbanos especiales dentro de las áreas regionales en su conjunto, y de aspirar a un ideal mucho más orgánico y global de aquello en lo que las ciudades y las regiones podrían consistir.

El intenso interés observado acerca de las formas de desarrollo urbano más cercano humanamente e integrado que evite la monotonía agobiante de la ciudad planificada horizontalmente es digno de alabanza, ya que libera un interés en la calle y en la arquitectura ciudadana consideradas como escenarios de sociabilidad.

En el mejor de los casos, el nuevo urbanismo promueve nuevas vías para pensar la relación entre el trabajo y la vida, y hace factible una dimensión ecológica del diseño urbano que, en cierto modo, va más allá de la búsqueda de una calidad medio ambiental superior, propia del consumidor de bienes tales como árboles hermosos y estanques.

Plantea, incluso, abiertamente el espinoso problema de lo que hay que hacer con las despilfarradoras exigencias energéticas de la forma de urbanización basada en el automóvil, que ha predominado mucho tiempo en Estados Unidos y que de modo creciente amenaza con tragarse las ciudades en Europa y en otros lugares. Sin embargo, hay mucho margen aún para el escepticismo. Para empezar, no es que haya muchas novedades en todo esto.

El nuevo urbanismo rebosa de nostalgia por una idealizada vida de pequeña población y estilo de vida rural que nunca existió. Las realidades de tales lugares estuvieron con frecuencia caracterizadas por un ambiente represivo y limitador, más que por ser realidades seguras y satisfactorias (al fin y al cabo, ésta fue la clase de mundo del cual las generaciones de emigrantes ansiaban huir, y precisamente no acudían a él en tropel).

Y además, el nuevo urbanismo, en la manera en que es descrito, muestra señales abundantes de represiones y exclusiones en nombre de algo llamado “comunidad” y “barrio” o “vecindario”.

El nuevo urbanismo puede caer fácilmente en lo que denominó la “trampa comunitaria”. Desde las primeras fases de la urbanización masiva a la industrialización, el “espíritu de comunidad” se ha enarbolado como antídoto frente a cualquier amenaza de desorden social o descontento. La comunidad ha sido incluso una de las claves del control social y de la vigilancia, al borde de la abierta represión social.

Comunidades bien arraigadas a menudo excluyen y se autodefinen contra otras, erigen todo tipo de señales de “prohibida la entrada”(cuando no tangibles muros y puertas). El chovinismo étnico, el racismo, la discriminación clasista avanzan reptando hacia el interior del paisaje urbano. El nuevo urbanismo puede, por esa razón, convertirse en una barrera, más que promover el cambio social progresivo.

La mayoría de los proyectos que se han materializado en Estados Unidos (guiados por el afán de lucro del promotor) se refieren a la mejora de la calidad de la vida urbana para los ricos. Ideales de comunidad, tradición y nostalgia por un mundo perdido son puntos de venta más que realidades sociales y políticas.

Aquí se hacen pocos intentos para estar a la altura de la esencia del descontento urbano, y no hablemos ya del empobrecimiento y el deterioro de las ciudades. Las invocaciones a la comunidad y al barrio como ideología son irrelevantes ante el destino de las ciudades que hoy día se fragua. A falta de empleo y de generosidad gubernamental, las declaraciones y pretensiones “cívicas” del nuevo urbanismo suenan a huecas, sino a hipócritas.

¡Europeos, tened cuidado! A no ser que el nuevo urbanismo forme parte de un ataque frontal contra las rampantes desigualdades sociales y el malestar urbano, fracasará rotundamente en la tarea de cambio de cualquier factor realmente sustantivo y esencial.

Imaginarse qué no será tratar de seguir con esta utopía engañosa aquí

En realidad -como sucede en Estados Unidos- puede constituir sólo una parte del problema de la creciente segregación racial, en lugar de ser una solución para los dilemas de la vida urbana. Este movimiento repite asimismo -a un nivel básico- la misma falacia de los estilos arquitectónicos y de planificación que critica.

Para decirlo en pocas palabras, perpetúa la idea de que la planificación urbana puede ser la base de un nuevo orden moral, estético y social. El diseño correcto y la calidad arquitectónica serán la gracia salvadora de la civilización.

Pocos partidarios del nuevo urbanismo suscribirían una tesis tan brutal. El nuevo urbanismo cambia el marco espacial, pero no la presunción de que el orden espacial puede ser el vehículo para controlar la historia y el proceso social. Se advierten signos de que el nuevo urbanismo se consolida en el favor del público. Promotores y financieros están interesados. Parece que se vende bien entre quienes pueden permitírselo.

Crea un paisaje urbano estéticamente más agradable -aunque nostálgico- que las tenues y uniformes áreas residenciales que viene a sustituir. Puede incluso contribuir a una mayor eficiencia de los usos del suelo urbano. Sin embargo no ofrece en sí mismo -como con frecuencia pretende- una panacea ante el descontento social y la degradación medioambiental. No es la base privilegiada de una experiencia urbana fundamentalmente nueva. Por sí mismo, no hará más que envolver otra vez viejos problemas bajo una nueva apariencia.

Resultado de imagen de el muro de la verguenza

En el caso de la aldea de Lima, veo con sorpresa que los aprendices de brujo planean someter a sus alumnos a un ejercicio de seudo diseño en el seudo llamado “muro de la vergüenza”, para hacer precisamente lo que Harvey aquí con sorna critica.

Es evidente que colocarse en un lugar en donde las contradicciones del sistema están presentes y se hacen evidentes vende, pero simplemente vende para la tribuna.

Este es un problema social y de desvergüenza de los entes estatales reguladores de la ciudad que no han podido enfrentar la marea humana de la migración hacia Lima. No lo han hecho en ninguna ciudad del Perú, las cuales desde 1940 crecen a su modo y sin ninguna intervención del Estado.

Este problema que no lo han podido resolver en más de setenta años todas las administraciones municipales de Lima, y que simplemente le han dado la espalda a la ciudad y a sus problemas, además de pedante, es indecente, cuando se quiere poner frente a alumnos novatos que realizan sus primeros trabajos de diseño.

Además es anti pedagógico pues se requiere manejar conceptos y criterios de CCSS y economía, cuando no de psicología social para enfrentar el problema central y fundamental de la ciudad de Lima, al que todos le han dado la espalda.

Estamos pues frente a un escenario en donde entrenan a nuevos aprendices de brujo que en el futuro serán jóvenes frustrados por creer que la ciudad se resuelve voluntaristamente y se enfrenten a las realidades pragmáticas de la construcción de la ciudad.

CONTRIBUCION AL PROBLEMA DE LA VIVIENDA: F. Engels

F. ENGELS

CONTRIBUCION AL PROBLEMA DE LA VIVIENDA[1]

PREFACIO A LA SEGUNDA EDICION DE 1887

Engels

La presente obra es la reimpresión de tres artículos que escribí en 1872 para el «Volksstaat» [2] de Leipzig. Precisamente en aquella época llovían sobre Alemania los miles de millones de francos franceses [3], el Estado pagó sus deudas; fueron construidas fortificaciones y cuarteles, y renovados los stocks de armas y de municiones; el capital disponible, lo mismo que la masa de dinero en circulación aumentaron, de repente, en enorme proporción. Y todo esto, precisamente en el momento en que Alemania aparecía en la escena mundial, no sólo como «Imperio unido», sino también como gran país industrial. Los miles de millones dieron un formidable impulso a la joven gran industria; fueron ellos, sobre todo, los que trajeron después de la guerra un corto período de prosperidad, rico en ilusiones, e inmediatamente después, la gran bancarrota de 1873-1874, la cual demostró que Alemania era un país industrial ya maduro para participar en el mercado mundial.

La época en que un país de vieja cultura realiza esta transición —acelerada, además, por circunstancias tan favorables— de la manufactura y de la pequeña producción a la gran industria, suele ser también una época de «penuria de la vivienda». Por una parte, masas de obreros rurales son atraídas de repente a las grandes ciudades, que se convierten en centros industriales; por otra parte, el trazado de aquellas viejas ciudades no corresponde ya a las condiciones de la nueva gran industria ni a su gran tráfico; las calles son ensanchadas, se abren otras nuevas, pasan por ellas ferrocarriles. En el mismo momento en que los obreros afluyen en gran número a las ciudades, las viviendas obreras son destruidas en masa. De aquí la repentina penuria de la vivienda, tanto para el obrero, como para el pequeño comerciante y el artesano, que dependen de la clientela obrera. En las ciudades que surgen desde el primer momento como centros industriales, esta penuria de la vivienda es casi desconocida. Así son Manchester, Leeds, Bradford, Barmen-Elberfeld. Por el contrario, en Londres, París, Berlín, Viena, la penuria de la vivienda ha adquirido en su tiempo formas agudas y sigue existiendo en la mayoría de los casos en un estado crónico.

Fue, pues, esa penuria aguda de la vivienda, ese síntoma de la revolución industrial que se desarrollaba en Alemania, lo que, en aquel tiempo, llenó los periódicos de discusiones sobre el «problema de la vivienda» y dio lugar a toda clase de charlatanerías sociales. Una serie de artículos de este género vino a parar al «Volksstaat». Un autor anónimo, que se dio a conocer más tarde como el señor doctor en medicina A. Mülberger, de Wurtemberg, estimó la ocasión favorable para aprovechar esta cuestión e ilustrar a los obreros alemanes sobre los efectos milagrosos de la panacea social de Proudhon [4]. Cuando manifesté mi asombro a la redacción por haber aceptado aquellos singulares artículos, me pidieron que los contestase, y así lo hice. (Véase la primera parte: “Cómo resuelve Proudhon el problema de la vivienda”). Poco después de aquella serie de artículos escribí otra, en la cual, basándome en un libro del Dr. Emil Sax [5], examiné la concepción burguesa filantrópica de la cuestión; (Vease la segunda parte: “Cómo resuelve la burguesia el problema de la vivienda”.) Después de un silencio bastante largo, el Dr. Mülberger me hizo el honor de contestar a mis artículos [6], lo que me obligó a publicar una contrarréplica (véase la tercera parte: “Suplemento sobre Proudhon y el problema de la vivienda”), la cual puso fin tanto a la polémica como a mi trabajo particular sobre esta cuestión. Tal es la historia de aquellas tres series de artículos que se publicaron también en folleto aparte. Si hoy es precisa una nueva edición, lo debo, sin duda alguna, a la benévola solicitud del Gobierno del Imperio alemán, quien, al prohibirla, hizo, como siempre, subir de un modo enorme la demanda, y le expreso aquí mi más respetuoso agradecimiento.

Para esta nueva edición he revisado el texto, he hecho algunas adiciones, puse algunas notas y rectifiqué en la primera parte un pequeño error económico que, desgraciadamente, el Dr. Mülberger, mi adversario, no había descubierto.

Al hacer esta revisión, me he dado cuenta claramente de los progresos considerables realizados por el movimiento obrero internacional en el curso de los catorce últimos años. En aquel tiempo, era todavía un hecho que «los obreros de los países latinos no tenían otro alimento intelectual, desde hace veinte años, que las obras de Proudhon»[*] y, a lo sumo, el proudhonismo aún más estrecho de Bakunin, el padre del «anarquismo» que veía en Proudhon al «maestro de todos nosotros» («notre maître à nous tous»). Aunque los proudhonianos no constituían en Francia más que una pequeña secta entre los obreros, eran, sin embargo, los únicos que tenían un programa concretamente formulado y los únicos que, bajo la Comuna, podían tomar la dirección de los asuntos económicos. En Bélgica, el proudhonismo dominaba sin disputa entre los obreros valones, y en España e Italia, con pocas excepciones, todo lo que no era anarquista en el movimiento obrero, era decididamente proudhoniano. ¿Y hoy? En Francia, los obreros se han apartado por completo de Proudhon, y éste ya no cuenta con partidarios más que entre los burgueses radicales y los pequeños burgueses, quienes, como proudhonianos, se llaman también «socialistas», pero son combatidos del modo más violento por los obreros socialistas. En Bélgica, los flamencos han arrebatado a los valones la dirección del movimiento, han rechazado el proudhonismo y han dado mucho empuje al movimiento. En España, como en Italia, la gran oleada anarquista de la década del 70 ha refluido, llevándose los restos del proudhonismo; si en Italia el nuevo partido está todavía por clarificarse y constituirse, en España, el pequeño núcleo, que como Nueva Federación Madrileña [7] había permanecido fiel al Consejo General de la Internacional, se ha desarrollado en un partido poderoso. Este, como se puede juzgar por la misma prensa republicana, está destruyendo la influencia de los republicanos burgueses sobre los obreros con mucha más eficacia que pudieron hacerlo nunca sus predecesores anarquistas, tan alborotadores. En vez de las obras olvidadas de Proudhon, se encuentran hoy en manos de los obreros de los países latinos “El Capital”, el “Manifiesto Comunista” y una serie de otros escritos de la escuela de Marx. Y la demanda más importante de Marx —apropiación de todos los medios de producción, en nombre de la sociedad, por el proletariado elevado a la dominación política exclusiva— se ha convertido hoy, también en los países latinos, en la demanda de toda la clase obrera revolucionaria.

Si el proudhonismo ha sido rechazado definitivamente por los obreros, incluso en los países latinos; si ahora sólo sirve, de acuerdo con su verdadero destino, a la burguesía radical francesa, española, italiana y belga, como expresión de sus veleidades burguesas y pequeñoburguesas, ¿por qué, pues, hoy todavía, volver a él? ¿Por qué combatir otra vez con la reimpresión de estos artículos a un adversario desaparecido?

Primero, porque estos artículos no se limitan a una sencilla polémica contra Proudhon y sus representantes alemanes. A consecuencia de la división del trabajo que existía entre Marx y yo, me tocó defender nuestras opiniones en la prensa periódica, lo que, en particular, significaba luchar contra las ideas opuestas, a fin de que Marx tuviera tiempo de acabar su gran obra principal. Esto me condujo a exponer nuestra concepción, en la mayoría de los casos en forma polémica, contraponiéndola a las otras concepciones. Lo mismo aquí. La primera y la tercera parte no solamente contienen una crítica de la concepción proudhoniana del problema, sino también una exposición de la nuestra propia.

En segundo lugar, Proudhon representó en la historia del movimiento obrero europeo un papel demasiado importante para caer sin más ni más en el olvido. Teóricamente refutado y prácticamente excluido, conserva todavía su interés histórico. Quien se dedique con cierto detalle al estudio del socialismo moderno, debe también conocer los «puntos de vista superados» del movimiento. La “Miseria de la Filosofía”, de Marx, se publicó varios años antes de que Proudhon hubiera expuesto sus proyectos prácticos de reforma social; entonces, Marx podía solamente descubrir el germen y criticar el Banco de Cambio de Proudhon. En este aspecto, su libro será completado por el mío, aunque, por desgracia, de un modo harto insuficiente. Marx lo hubiera hecho mucho mejor y de una manera más convincente.

Por último, aun hoy día el socialismo burgués y pequeñoburgués está poderosamente representado en Alemania. De una parte, por los socialistas de cátedra[8] y por filántropos de toda clase, entre los cuales el deseo de transformar a los obreros en propietarios de sus viviendas desempeña todavía un papel importante; contra ellos mi trabajo sigue, pues, siendo oportuno. De otra parte, se encuentra representado en el partido socialdemócrata mismo, comprendida la fracción del Reichstag, cierto socialismo pequeñoburgués. Y esto en tal forma que, a pesar de reconocer la exactitud de los conceptos fundamentales del socialismo moderno y de la demanda de que todos los medios de producción sean transformados en propiedad social, se declara que su realización es solamente posible en un futuro lejano, prácticamente imprevisible. Así pues, por ahora se limitan a simples remiendos sociales, y hasta pueden, según las circunstancias, simpatizar con las aspiraciones más reaccionarias que pretenden «elevar a las clases laboriosas». La existencia de tal orientación es completamente inevitable en Alemania, país pequeñoburgués por excelencia, y sobre todo en una época en la cual el desarrollo industrial desarraiga por la violencia y en gran escala a esta pequeña burguesía tan profundamente arraigada desde tiempos inmemoriales. Esto tampoco presenta el menor peligro para el movimiento, gracias al admirable sentido común de nuestros obreros, del que tan brillantes pruebas han dado precisamente en el tranccurso de los ocho últimos años, en la lucha contra la ley antisocialista [9], contra la policía y contra los magistrados. Pero es indispensable saber claramente que tal orientación existe. Y si, como es necesario y hasta deseable, esta orientación llega más tarde a tomar una forma más sólida y contornos más precisos, deberá entonces volverse hacia sus predecesores para formular su programa, y no podrá prescindir de Proudhon.

El fondo de la solución, tanto la burguesa como la pequeñoburguesa, del «problema de la vivienda» es que el obrero sea propietario de su vivienda. Pero es éste un punto que el desarrollo industrial de Alemania durante los veinte últimos años enfoca con una luz muy particular. En ningún otro país existen tantos trabajadores asalariados que son propietarios no sólo de su vivienda, sino también de un huerto o un campo; además, existen muchos más que ocupan como arrendatarios una casa, un huerto o un campo, con una posesión de hecho bastante asegurada. La industria a domicilio rural, practicada en común con la horticultura o el pequeño cultivo, constituye la base amplia de la joven gran industria alemana; en el Oeste, los obreros, en su mayoría, son propietarios; en el Este, casi todos son arrendatarios de su vivienda. Esta combinación de la industria a domicilio con la horticultura y el cultivo de los campos y, a la vez, con una vivienda asegurada, no solamente la encontramos en todos los lugares donde el tejido a mano lucha todavía contra el telar mecánico, como en el Bajo Rin y en Westfalia, en los Montes Metálicos de Sajonia y en Silesia; la encontramos también en todos los sitios en que una u otra rama de la industria a domicilio se ha afianzado como industria rural, por ejemplo, en la selva de Turingia y en el Rhön. Con ocación de los debates sobre el monopolio de tabacos, se ha revelado hasta qué grado la manufactura de cigarros se practica ya como trabajo a domicilio rural. Y cada vez que surge una situación calamitosa entre los pequeños campesinos, como hace algunos años en los montes Eifel [10], la prensa burguesa se apresura inmediatamente a reclamar como único remedio la organización de una industria a domicilio adecuada. En realidad, la miseria creciente de los campesinos parcelarios alemanes y la situación general de la industria alemana empujan a una extensión continua de la industria a domicilio rural. Este es un fenómeno propio de Alemania. En Francia no se encuentra nada semejante más que excepcionalmente, por ejemplo, en las regiones de cultivo de la seda; en Inglaterra, donde no existen pequeños campesinos, la industria a domicilio rural descansa sobre el trabajo de las mujeres y de los niños de los jornaleros agrícolas; solamente en Irlanda es donde vemos practicada la industria de la confección a domicilio, lo mismo que en Alemania, por verdaderas familias campesinas. Naturalmente, no hablamos aquí de Rusia ni tampoco de los otros países que no están representados en el mercado industrial mundial.

De este modo, Alemania se encuentra hoy, en gran parte, en una situación industrial que, a primera vista, corresponde a la que predominaba de una manera general antes de la aparición de las máquinas. Pero esto sólo a primera vista. Antes, la industria a domicilio rural, ligada a la horticultura y al pequeño cultivo, por lo menos en los países que se desarrollaban industrialmente, era la base de una situación material soportable y a veces acomodada entre las clases laboriosas, pero también de su nulidad intelectual y política. El producto hecho a mano y su costo determinaban el precio en el mcrcado; y con la productividad del trabajo de entonces, insignificante al lado de la de nuestros días, los mercados aumentaban, por regla general, más rápidamente que la oferta. Fue el caso que se dio hacia la mitad del siglo pasado en Inglaterra y parcialmente en Francia, sobre todo en la industria textil. Ocurría todo lo contrario en Alemania, la cual, en aquel tiempo, apenas se rehacía de los destrozos causados por la guerra de los Treinta años [11] y se esforzaba por levantar cabeza en medio de las circunstancias menos favorables. La única industria a domicilio que trabajaba para el mercado mundial, la que producía tejidos de lino, estaba tan oprimida por los impuestos y las cargas feudales, que no elevó al campesino-tejedor por encima del nivel, muy bajo por lo demás, del resto del campesinado. Sin embargo, los trabajadores de la industria a domicilio tenían, en aquel tiempo, asegurada hasta cierto punto su existencia.

Con la introducción de las máquinas, todo aquello camhió. Entonces, el precio fue determinado por el producto hecho a máquina, y el salario del trabajador industrial a domicilio descendió a la par con aquel precio. Tenía que aceptarlo o buscarse otro trabajo, pero esto no lo podía hacer sin convertirse en proletario, es decir, sin abandonar —fuese propietario o arrendatario— su casita, su huerto y su parcela de tierra. Y sólo en muy contadas ocasiones se resignaba a ello. Es así como la horticultura y el pequeño cultivo de los viejos tejedores rurales fue causa de que la lucha del tejido a mano contra el telar mecánico —lucha que en Alemania todavía no ha terminado— se prolongara en todas partes durante tanto tiempo. En esta lucha se reveló por primera vez, sobre todo en Inglaterra, que la misma circunstancia que antes diera un bienestar relativo a los trabajadores —la posesión de sus medios de producción— se había convertido para ellos en un obstáculo y una desgracia. En la industria, el telar mecánico reemplazó su telar manual; en la agricultura, la gran empresa agrícola eliminó su pequeña hacienda. Pero mientras en ambos dominios de la producción, el trabajo asociado de muchos y el empleo de las máquinas y de las ciencias se convertían en regla social, su casita, su huerto, su parcela de tierra y su telar encadenaban al trabajador al método anticuado de la producción individual y del trabajo a mano. La posesión de una casa y de un huerto era ahora de un valor muy inferior a la plena libertad de movimiento. Ningún obrero de fábrica hubiera cambiado su situación por la del pequeño tejedor rural, que se moría de hambre, lenta, pero seguramente.

Alemania apareció tarde en el mercado mundial. Nuestra gran industria surgió en la década del cuarenta y recibió su primer impulso de la revolución de 1848; no pudo desarrollarse plenamente más que cuando las revoluciones de 1866 y 1870[12] hubieron barrido de su camino por lo menos los peores obstáculos políticos. Pero encontró un mercado mundial en gran parte ocupado. Los artículos de gran consumo venían de Inglaterra, y los artículos de lujo de buen gusto, de Francia. Alemania no podía vencer a los primeros por el precio, ni a los segundos por la calidad. No le quedaba más remedio, de momento, que seguir el camino trillado de la producción alemana y colarse en el mercado mundial con artículos demasiado insignificantes para los ingleses y demasiado malos para los franceses. La práctica alemana predilecta de la estafa, que consiste en mandar primero muestras buenas y después mercancías malas, fue rápida y duramente reprimida en el mercado mundial, y quedó casi abandonada; por otra parte, la competencia de la superproducción llevó poco a poco, incluso a los sólidos ingleses, por el camino resbaladizo del empeoramiento de la calidad y favoreció así a los alemanes, quienes en este orden no admiten competencia. Así fue cómo, por fin, llegamos a poseer una gran industria y a representar un papel en el mercado mundial. Pero nuestra gran industria trabaja casi exclusivamente para el mercado interior (a excepción de la industria del hierro, cuya producción excede en mucho las necesidades del país). El grueso de nuestra exportación se compone de una cantidad infinita de pequeños artículos, producidos en su mayoría por la industria a domicilio rural y para los cuales la gran industria suministra, todo lo más, los productos semimanufacturados.

Y es aquí donde aparece en todo su esplendor la «bendición» de la propiedad de una casa y de una parcela para el obrero moderno.  En ningún sitio, y apenas se puede exceptuar la industria a domicilio irlandesa, se pagan salarios tan infamemente bajos como en la industria a domicilio alemana. Lo que la familia obtiene de su huerto y de su parcela de tierra, la competencia permite a los capitalistas deducirlo del precio de la fuerza de trabajo. Los obreros deben incluso aceptar cualquier salario a destajo, pues sin esto no recibirían nada en absoluto, y no podrían vivir sólo del producto de su pequeño cultivo. Y como, por otra parte, este cultivo y esta propiedad territorial les encadenan a su localidad, les impiden con ello buscar otra ocupación. Esta es la circunstancia que permite a Alemania competir en el mercado mundial en la venta de toda una serie de pequeños artículos. Todo el beneficio se obtiene mediante un descuento del salario normal, y se puede así dejar para el comprador toda la plusvalía. Tal es el secreto de la asombrosa baratura de la mayor parte de los artículos alemanes de exportación.

Es esta circunstancia, más que cualquier otra, la que hace que los salarios y el nivel de vida de los obreros alemanes sean, también en las otras ramas de la industria, inferiores a los de los países de la Europa Occidental. El peso muerto de este precio del trabajo, mantenido tradicionalmente muy por debajo del valor de la fuerza de trabajo, gravita igualmente sobre los salarios de los obreros de las ciudades e incluso de las grandes ciudades, haciéndolos descender por debajo del valor de la fuerza de trabajo, tanto más cuanto que en las ciudades, igualmente, la industria a domicilio mal retribuida, ha sustituido al antiguo artesanado, haciendo bajar también el nivel general de salario.

Vemos aquí claramente cómo, lo que en una etapa histórica anterior era la base de un bienestar relativo de los obreros —la combinación del cultivo y de la industria, la posesión de una casa, de un huerto y de un campo, la seguridad de una vivienda—, hoy, bajo el reinado de la gran industria, se convierte no solamente en la peor de las cadenas para el obrero, sino también en la mayor desgracia para toda la clase obrera, en la base de un descenso sin precedentes del salario por debajo de su nivel normal. Y esto no solamente en algunas ramas de la industria o en regiones aisladas, sino en escala nacional. No es sorprendente que la grande y la pequeña burguesía, que viven y se enriquecen con estos enormes descuentos de los salarios, sueñen con la industria rural, la posesión de una casa por cada obrero y vean en la creación de nuevas industrias a domicilio el único remedio para todas las miserias rurales.

Este no es más que un aspecto de la cuestión; pero la medalla tiene también su reverso. La industria a domicilio se ha convertido en la base amplia del comercio exterior alemán, y, por lo tanto, de toda la gran industria. Así se ha extendido en numerosas regiones de Alemania y se extiende cada día más. La ruina del pequeño campesino se hizo inevitable desde el momento en que su trabajo industrial a domicilio para su propio consumo fue destruido por la baratura de la confección y del producto de la máquina, y su ganadería —y, por lo tanto, su producción de estiércol—, por la disolución del régimen comunal, por la abolición de la Marca comunal y de la rotación obligatoria de los cultivos. Esta ruina lleva forzosamente a los pequeños campesinos, caídos en manos del usurero, hacia la moderna industria a domicilio. Lo mismo que en Irlanda la renta del terrateniente, en Alemania los intereses del usurero hipotecario no pueden pagarse con el producto del suelo, sino solamente con el salario del campesino industrial. Pero con la extensión de la industria a domicilio, las regiones rurales son arrastradas una tras otra al movimiento industrial de hoy. Esta revolución operada en los distritos rurales por la industria a domicilio es la que extiende la revolución industrial en Alemania en una escala mucho más vasta que en Inglaterra y en Francia. El nivel relativamente bajo de nuestra industria hace tanto más necesaria su amplia extensión. Esto explica que en Alemania, a diferencia de lo que ocurre en Inglaterra y en Francia, el movimiento obrero revolucionario se haya extendido tan considerablemente en la mayor parte del país, en lugar de estar ligado exclusivamente a los centros urbanos. Y esto explica, a su vez, la progresión reposada, segura e irresistible del movimiento. Está claro que en Alemania un levantamiento victorioso en la capital y en las otras grandes ciudades sólo será posible cuando la mayoría de las pequeñas ciudades y una gran parte de las regiones rurales estén igualmente maduras para la revolución. Con un desarrollo más o menos normal, nosotros no nos encontraremos jamás en situación de obtener victorias obreras, como los parisinos en 1848 y 1871; pero tampoco, por esta misma razón, de sufrir derrotas de la capital revolucionaria por las provincias reaccionarias, tales como las conoció París en los dos casos. En Francia, el movimiento partió siempre de la capital; en Alemania, de las regiones, de gran industria, de manufacturas y de industria a domicilio; sólo más tarde fue conquistada la capital. Por eso, tal vez también en el porvenir, la iniciativa quede reservada a los franceses, pero sólo en Alemania se podrá lograr la victoria decisiva.

Ahora bien, la industria a domicilio y la manufactura rurales —que por su extensión se han convertido en la esfera esencial de producción de Alemania y gracias a las cuales el campesinado alemán está cada vez más revolucionado— no representan por sí mismas más que la primera etapa de una revolución ulterior. Como ha demostrado ya Marx (“El Capital”, t. I, 3ª ed., págs. 484-495[**]), en cierto grado de desarrollo la máquina y la fábrica harán sonar también para ellas la hora de la decadencia. Y esta hora parece próxima. Pero la destrucción de la industria a domicilio y de la manufactura rurales por la máquina y la fábrica significa en Alemania la destrucción de los medios de existencia de millones de productores rurales, la expropiación de casi la mitad del pequeño campesinado, la transformación no solamente de la industria a domicilio en producción fabril, sino también de la economía campesina en gran agricultura capitalista y de la pequeña propiedad territorial en grandes dominios: una revolución industrial y agraria en provecho del capital y de la gran propiedad territorial y en detrimento de los campesinos. Si el destino de Alemania es pasar también por dicha transformación en las viejas condiciones sociales, ésta constituirá indudablemente un punto de viraje. Si la clase obrera de cualquier otro país no toma hasta entonces la iniciativa, será Alemania, sin duda, la que comenzará el ataque con la ayuda valerosa de los hijos campesinos del «glorioso ejército».

Y la utopía burguesa y pequeñoburguesa de proporcionar a cada obrero una casita en propiedad y encadenarle así a su capitalista de una manera semifeudal, adquiere ahora un aspecto completamente distinto. La realización de esta utopía resulta ser la transformación de todos los pequeños propietarios rurales de casas en obreros industriales a domicilio, la desaparición del antiguo aislamiento y, por lo tanto, de la nulidad política de los pequeños campesinos, arrastrados por la «vorágine social»; resulta ser la extensión de la revolución industrial al campo, y por ella, la transformación de la clase más estable, más conservadora de la población en un vivero revolucionario; y como culminación de todo esto, la expropiación de los campesinos dedicados a la industria a domicilio por la máquina, lo que les empuja forzosamente a la insurrección.

Podemos dejar de buen grado a los filántropos socialistas burgueses que gocen de su ideal tanto tiempo como, en su función social de capitalistas, continúen realizándolo al revés para beneficio de la revolución social.

Federico Engels

Londres, 10 de enero de 1887

 

 

NOTAS

 

[*] Véase el presente tomo, pág. 343. (N. de la Edit.)

[**] Véase C. Marx y F. Engels. “Obras”, 2ª ed. en ruso, t. 23, págs. 481-491. (N. de la Edit.)

 

[1] 245. El trabajo de Engels “Contribución al problema de la vivienda” va dirigido contra los socialreformadores pequeñoburgueses y burgueses, que querían velar las llagas de la sociedad burguesa. Al criticar los proyectos proudhonistas de solución del problema de la vivienda, Engels muestra la imposibilidad de resolverlo bajo el capitalismo.- 314.

[2] 54. “Der Volksstaat” («El Estado del pueblo»), órgano central del Partido Socialdemócrata Obrero de Alemania (los eisenachianos), se publicó en Leipzig del 2 de octubre de 1869 al 29 de setiembre de 1876. La dirección general corría a cargo de G. Liebknecht, y el director de la editorial era A. Bebel. Marx y Engels colaboraban en el periódico, prestándole constante ayuda en la redacción del mismo. Hasta 1869, el periódico salía bajo el título “Demokratisches Wochenblatt” (véase la nota 94).

Trátase del artículo de J. Dietzgen “Carlos Marx. «El Capital. Crítica de la Economía política»”, Hamburgo, 1867, publicado en “Demokratisches Wochenblatt”, núms. 31, 34, 35 y 36 del año 1868.- 96, 178, 314, 324, 452, 455[3]

128. Se alude al tratado preliminar de paz entre Francia y Alemania firmado en Versalles el 26 de febrero de 1871 por Thiers y J. Favre, de una parte, y Bismarck, de otra. Según las condiciones del tratado, Francia cedía a Alemania el territorio de Alsacia y la parte oriental de Lorena y le pagaba una contribución de guerra de 5 mil millones de francos. El tratado definitivo de paz fue firmado en Francfort del Meno el 10 de mayo de 1871.- 193, 222, 314, 371

[4] 246. Los seis artículos de Mülberger bajo el título “Die Wohnungsfrage” («El problema de la vivienda») fueron publicados sin firma en el periódico “Volksstaat” el 3, 7, 10, 14 y 21 de febrero y el 6 de marzo de 1872; posteriormente, estos artículos fueron publicados en folleto aparte titulado “Die Wohnungsfrage. Eine sociale Skizze. Separat-Abdruck aus dem Volkssttat» («El problema de la vivienda. Ensayo social. Publicación del Volksstaat»). Leipzig, 1872.- 315, 324, 378, 388.

[5] 247. E. Sax. “Die Wohnungszustände der arbeitenden Classen un ihre Reform” («Las condiciones de vivienda de las clases trabajadoras y su reforma»). Wien, 1869.- 315, 345.

[6] 248. La respuesta de Mülberger a los artículos de Engels fue publicada en el periódico “Volksstaat” el 26 de octubre de 1872 bajo el título “Zur Wohnungsfrage (Antwort an Friedrieh Engels von A. Mülberger)” («Contribución al problema de la vivienda (Respuesta de A. Mülberger a Federico Engels)»).- 315, 374.

[7] 249. La Nueva Federación Madrileña fue fundada en julio de 1872 por los miembros de la Internacional y los de la redacción del periódico “La Emancipación” excluidos por la mayoría anarquista de la Federación Madrileña cuando el periódico denunció la actividad de la secreta Alianza de la Democracia Socialista en España. La Nueva Federación Madrileña luchaba resueltamente contra la propagación de la influencia anarquista en España, hacía propaganda de las ideas del socialismo científico y luchaba por la creación de un partido proletario independiente en España. En su órgano de prensa, el periódico “La Emancipación”, colaboraba Engels. Algunos miembros de la Nueva Federación Madrileña desempeñaron un gran papel en la creación del Partido Obrero Socialista de España en 1879.- 316.

[8] 250. Socialismo de cátedra, tendencia de la ideología burguesa de los años 70-90 del siglo XIX. Sus representantes, ante todo profesores de las universidades alemanas, predicaban desde las cátedras universitarias el reformismo burgués presentado como socialismo. Los socialistas de cátedra (A. Wagner, H. Schmoller, L. Brentano, W. Sombart y otros) afirmaban que el Estado era una institución situada por encima de las clases, capaz de conciliar las clases antagónicas e instaurar paulatinamente el «socialismo» sin lesionar los intereses de los capitalistas. Su programa se reducía a la organización de los seguros para los obreros contra casos de enfermedad y accidentes y a la aplicación de ciertas medidas en el dominio de la legislación fabril. Consideraban que los sindicatos bien organizados hacían superfluos la lucha política y el partido político de la clase obrera. El socialismo de cátedra fue una de las fuentes ideológicas del revisionismo.- 317.

[9] 122. La Ley de Excepción contra los socialistas fue promulgada en Alemania el 21 de octubre de 1878. En virtud de la misma quedaron prohibidas todas las organizaciones del Partido Socialdemócrata, las organizaciones obreras de masas y la prensa obrera. Fueron confiscadas las publicaciones socialistas y se sometió a represiones a los socialdemócratas. Bajo la presión del movimiento obrero de masas, la ley fue derogada el 1º de octubre de 1890.- 189, 318

[10] 251. Trátase del hambre de 1882, que causó el mayor daño a los campesinos de la región de Eifel (provincia renana de Prusia).- 318.

[11] 74. La “guerra de los Treinta años” (1618-1648) fue una contienda europea provocada por la lucha entre protestantes y católicos. Alemania fue el teatro principal de las operaciones. Saqueada y devastada, fue también objeto de pretensiones anexionistas de los participantes de la guerra.- 120, 319

[12] 252. Se entienden por «revoluciones» las guerras austro-prusiana de 1866 y franco-prusiana de 1870-1871, que terminaron unificando a Alemania «desde arriba» bajo la supremacía de Prusia.- 320.


 

Documentos sobre urbanismo

Pav abril 240416

Sobre libros de urbanismo y afines

June 11, 2014 at 7:04am

 

Saskia Sassen: Conocida internacionalmente a partir de la publicación de su obra seminal La Ciudad Global, en 1991 (Princeton University Press), reeditada y revisada en 2001. Más recientemente, editó una colección de artículos científicos sobre el tema en la Routledge: Redes Globales-Ciudades Ligadas.

Sassen Saskia

 

Susan George:Entre sus los libros están El informe de Lugano de 1999 (publicado en español por la editorial Icaria en 2001); Fe y crédito: el imperio secular del banco mundial (con Fabrizio Sabelli, Penguin, 1994); El bumerang de la deuda (Prensa, 1992 De Pluto); La enfermedad se va la pista (Penguin, 1990); etc. Susan George también es autora de docenas de prefacios, de artículos de diario, de contribuciones a conferencias y seminarios, de capítulos en volúmenes corregidos, etc. Su obra se ha traducido extensamente; parte o toda existe en francés, alemán, español, italiano, portugués, estonio, japonés, coreano, bengalí, etc.

Susan George

En el año 2012 se publica en español el Informe Lugano II con el subtítulo Esta vez vamos a liquidar la democracia. Susan George insiste en la continuidad de la crisis, la voluntad del poder financiero y empresarial -que ella denomina como los solicitantes– de acabar con la democracia y la alta probabilidad de que se producirá de nuevo una crisis bancaria como la de Lehman Brothers.

 

CASTELLS, Manuel. La ciudad informacional. Tecnologías de la información, estructuración económica y el proceso urbano-regional. Madrid: Alianza Editorial, 1995.

castells manuel

El nudo central de la obra se centra en el surgimiento de un nuevo modelo de organización socio-técnica (que él denomina modo de desarrollo informacional), así como en la reestructuración del capitalismo como matriz fundamental de la organización económica en la sociedad occidental. Por medio de la innovación tanto técnica como de concepciones sociales se consigue la adaptación a una nuevas necesidades de un sistema aún válido, el capitalismo, pero que precisa de un cambio después de los problemas que acabaron con el modelo de desarrollo anterior basado en la producción industrial en masa.

Estos cambios derivaran en una reestructuración del capitalismo, sobre la base de tres aspectos principales:

-la apropiación por parte del capital de una parte cada vez mayor del excedente procedente del proceso de producción;

-un cambio sustancial en el modelo de intervención estatal, poniendo énfasis en el dominio político y la acumulación del capital, en detrimento de la legitimación política y la redistribución social;

-la internacionalización acelerada de todos los procesos económicos, para incrementar la rentabilidad y para abrir mercados por medio de la expansión del sistema.

El futuro que nos presenta Castells, y que ya empieza a verse reflejado en la actualidad nacional e internacional, es el de una sociedad dual, en la que las diferencias entre grupos sociales se harán cada vez mayores, en la que el estado del bienestar perderá progresivamente su papel redistribuidor. Una sociedad fragmentada socialmente a escala internacional, con diferencias entre países y entre grupos en el interior incluso de las naciones más desarrolladas.

 

Henry Lefebvre se ocupó particularmente de problemas de urbanización y del territorio, presentando a la ciudad como el corazón de la insurrección estética contra lo cotidiano. Para él, el ser humano tiene necesidades sociales antropológicas que no son tomadas en consideración en las reflexiones teóricas sobre la ciudad más allá de la geografía, particularmente en el urbanismo, pues este se encuentra alejado de la reflexión teórica refugiándose en lo pragmático. La necesidad de lo imaginario es olvidada por el urbanismo disminuyendo en tanto a las estructuras comerciales y culturales. Frente a los problemas urbanos, formula particularmente la necesidad de la afirmación de un nuevo derecho, un derecho a la ciudad. Define este nuevo derecho como un derecho a la vida urbana, a la calidad de vida urbana.

 

En su último libro, La Producción del espacio, valora la importancia del espacio que es siempre político, pues la construcción del espacio es siempre una lucha de poderes, incluso desde lo cotidiano, en la estructura interna de “la casa habitación” la asociación social base, la familia, lucha por definir el carácter y sentido estético, producciones sociales al fin materializadas a través de la casa habitación.

El espacio es el producto de la sociedad, cada sociedad tiene el derecho a y debe producir su espacio, es así que se concibe que el espacio es entonces una producción social en donde se oponen los valores a través de pruebas, conflictos o consensos. Es entonces la racionalización del imaginario para así poder materializarlo, pues todo ser humano debiese, en términos de Lefebvre, poder racionalizar su imaginario y por tanto, todo ser humano tiene el derecho a la construcción del espacio.

 

  • Le Droit à la ville, I, 1968 (2° édition), Le Droit à la ville, II – Espace et politique, 1972, Du rural à l’urbain, 1970, Anthropos, La Révolution urbaine, 1970, La Production de l’espace, 1974, Anthropos, Il fonde en 1970 avec Anatole Kopp la revue Espaces et sociétés.
  • Architecture et sciences sociales, 1970, séminaire à Port Grimaud, Groupe de Sociologie urbaine de Paris X-Nanterre, polygraphie par Léonie Sturge-Moore.

Producción inglesa

Phil Hearn: Ideas that shaped buildings: http://www.slideshare.net/ArqRicardoLopez1/ideas-that-shaped-buildings

 

En la producción norteamericana

 

Divided into three sections, this edition of “Urban Land Use Planning” deftly balances an authoritative, up-to-date discussion of current practices with a vision of what land use planning should become. It explores the societal context of land use planning and proposes a model for understanding and reconciling the divergent priorities among competing stakeholders; it explains how to build planning support systems to assess future conditions, evaluate policy choices, create visions, and compare scenarios; and it sets forth a methodology for creating plans that will influence future land use change. Discussions new to the fifth edition include how to incorporate the three Es of sustainable development (economy, environment, and equity) into sustainable communities, methods for including livability objectives and techniques, the integration of transportation and land use, the use of digital media in planning support systems, and collective urban design based on analysis and public participation.

 

 

The Death and Life of Great American Cities by Jane Jacobs (1961)

A classic since its publication in 1961, this book is the defintive statement on American cities: what makes them safe, how they function, and why all too many official attempts at saving them have failed. The New York Times writes: “Perhaps the most influential single work in the history of town planning.”

 

The City in History: Its Origins, Its Transformations, and Its Prospects: by Lewis Mumford (1972)

A history of the forms and functions of the city throughout the ages, and a prophecy for the future of cities and urban life. The City in History was awarded the National Book Award in 1962.

 

Civilizing American Cities: Writings on City Landscapes: by Frederick Law Olmsted (1997)

Civilizing American Cities collects Olmsted’s plans for New York, San Francisco, Buffalo, Montreal, Chicago, and Boston; his suburban plans for Berkeley, California and Riverside, Illinois; and a generous helping of his writings on urban landscape in general. These selections, expertly edited and introduced, are not only enjoyable but essential reading for anyone interested in the history–and the future–of America’s cities.

 

The Image of the City: by Kevin Lynch (1960 )

What does the city’s form actually mean to the people who live there? What can the city planner do to make the city’s image more vivid and memorable to the city dweller? To answer these questions, Mr. Lynch, supported by studies of Los Angeles, Boston, and Jersey City, formulates a new criterion — imageability — and shows its potential value as a guide for the building and rebuilding of cities.

 

 

Good City Form: by Kevin Lynch (1995)

Lynch looks at connections between human values and the physical forms of cities, sets requirements for a normative theory of city form, reviews earlier physical images of what utopian communities might be, sees what is to be learned from hellish images, and helps us place city forms into one or another of three theoretic constructs; cosmic or ceremonial centers, the machine city, and the city as an organism.

 

The Next American Metropolis: Ecology, Community, and the American Dream by Peter Calthorpe (1993)

One of the strongest supporters of New Urbanism, architect and urban designer Peter Calthrope makes the case for compact, mixed-use development over the urban sprawl that has dominated much of the development in the past decades. Twenty-four regional plans are presented in the book, focusing on reducing dependance on the automobile and increasing the proximity between home, work, shopping and recreation.

 

Cities of Tomorrow: An Intellectual History of Urban Planning and Design in the Twentieth Century by Peter Geoffrey Hall (1996 Updated Edition)

Cities of Tomorrow is an overview of the ideas, events, and personalities that have shaped world urbanization since 1900. The book is organized into ten chapters that treat late 19th-century slums; mass-transit suburbs; the garden city movement; the genesis of regional planning; the ‘city beautiful’ crusade; the skyscraper city; the city of ‘sweat equity’; automobile suburbs; the city of theory; and contemporary urban redevelopment.

 

A Pattern Language: Towns, Buildings, Construction: by Christopher Alexander, Sara Ishikawa, and Murray Silverstein (1976)

“Here’s how to design or redesign any space you’re living or working in — from metropolis to room. Consider what you want to happen in the space, and then page through this book. Its radically conservative observations will spark, enhance, organize your best ideas, and a wondrous home, workplace, town will result” —San Francisco Chronicle. This handbook is designed for the layperson and aims to present a language which people can use to express themselves in their own communities or homes.

 

The Power Broker: Robert Moses and the Fall of New York: by Robert A. Caro (1975)

The tragic story of Robert Moses, whose use and abuse of power shaped the politics, the physical structure and even the problems of urban decline in New York.

 

Design With Nature: by Ian L. McHarg (1995)

The first book to describe an ecologically sound approach to the planning and design of communities, Design with Nature has done much over the past 25 years to shape public environmental policy. This paperback edition makes this classic accessible to a wider audience than ever before. Lavishly illustrated with more than 300 color photos and line drawings.

 

Nature’s Metropolis : Chicago and the Great West: by William Cronon (1992)

In this groundbreaking work, a former Yale University professor of history gives an environmental perspective on the history of 19th-century America. “No one has written about Chicago with more power, clarity, and intelligence than Cronon. Indeed, no one has ever written a better book about a city.” —Boston Globe

 

Silent Spring:by Rachel Carson (1962)

Rarely does a single book alter the course of history, but Rachel Carson’s Silent Spring did exactly that. The outcry that followed its publication in 1962 forced the government to ban DDT and spurred revolutionary changes in the laws affecting our air, land, and water. Carson’s book was instrumental in launching the environmental planning movement. Introduction by Al Gore, Jr.

 

Planning in the USA: Policies, Issues, and Processes: by Barry Cullingworth, and J. Barry Cullingworth (1997)

This comprehensive introduction to the policies, theory and practice of planning outlines land use, urban planning and environmental protection policies and explains the nature of the planning process.

 

Great Streets: by Allan B. Jacobs (1995)

Which are the world’s best streets, and what are the physical, designable characteristics that make them great? To answer these questions, Allan Jacobs has surveyed street users and design professionals and has studied a wide array of street types and urban spaces around the world. With more than 200 illustrations, all prepared by the author, along with analysis and statistics, Great Streets offers a wealth of information on street dimensions, plans, sections, and patterns of use, all systematically compared.

 

Clases sociales (Ciencias sociales)

Clases sociales.

Sobre este tema me interesa resaltar el enfoque de Pierre Bourdieu planteado en:
El constructivismo estructuralista: La teoría de las clases sociales de Pierre Bourdieu.

Bourdieu

LAS CLASES SOCIALES SEGÚN PIERRE BOURDIEU:
https://trabajosocialunam.files.wordpress.com/2014/08/las-clases-sociales-segun-pierre-bourdieu.pdf

A lo largo de la producción de Bourdieu, las clases sociales ocupan un papel fundamental, analizando en base a ellas los distintos estilos de vida. Para diferenciar las clases sociales parte de la existencia de un espacio social formado por distintos campos (económico, cultural, social, simbólico) a los que corresponden respectivos capitales. Las clases sociales resultan de la posición ocupada en el espacio social según los capitales que se posean en el presente y la herencia social. Dicha posición en el espacio social constituye las condiciones sociales de existencia, que dan lugar a distintos habitus, gustos, prácticas y estilos de vida.

La ubicación en el espacio no viene dada fundamentalmente por las “valías” de las personas, sino por la trayectoria seguida por su familia, no siendo partidario el autor de las teorías de la movilidad social funcionalistas, que sirven como teorías legitimadoras del poder. Frente a ellas defiende la existencia de unas trayectorias de clase de las que resulta difícil escaparse, aunque acepta la existencia de desclasamientos, tanto hacia arriba como hacia abajo.

Las actuales teorías del capital humano y la enseñanza como vía de comunicación para la ubicación social y de clase son criticadas por Bourdieu, al considerar que en el fondo se da una reproducción social, y la igualdad ante la enseñanza no es cierta, pues el sistema escolar está adaptado a los que poseen una determinada cultura, haciendo que los de las clases más desfavorecidas socialmente también se encuentren ante una posición desfavorable del saber académico.

Alejandra Martínez explica al respecto:
En su interés por explicar la lógica de estructuración de la reproducción y la diferenciación social, Pierre Bourdieu recupera a Marx (Marx y Engels, 1982) en cuanto retoma su lógica de análisis en términos económicos, pero marca una ruptura que entiende necesaria para poder construir una teoría del espacio social.

En primera instancia, Bourdieu toma distancia del marxismo en cuanto a la descripción de las clases sociales como clases reales: explicadas a partir de números, límites y miembros. Lo que este autor pretende, es explicar que una clase construida científicamente no es ni puede ser tratada como una clase real, y que esta concepción, parte de un error teoricista que se encuentra en Marx. La clase construida o como él la denomina, clase “en el papel” es producto de una clasificación que tiene como objetivo explicar y prever las propiedades y las prácticas de aquello que se clasifica.

Otro aspecto en el que Bourdieu se manifiesta en ruptura con las ideas marxistas, tiene que ver con una concepción fundamentalmente economicista de lo que Marx describe como clase social, en el marco de un determinado desarrollo de las fuerzas productivas y la situación de posesión / no posesión de la propiedad. Bourdieu rompe además con una concepción de la noción de capital propuesta por Marx, ligada estrictamente a lo material. Para Bourdieu, la explicación del concepto de clase no puede limitarse a la reducción de un campo social -que considera pluridimensional- a un único aspecto relacionado con lo económico (las relaciones sociales de producción).

Es decir, que una clase social según Bourdieu, no puede ser construida solo a partir de una mera suma de propiedades. Esto es: no puede definirse solamente desde las relaciones de producción económica, sino por la estructura de las relaciones entre todas las propiedades pertinentes, que confiere su propio valor a cada una de ellas y a los efectos que ejerce sobre las prácticas.
Por último, discute con la propuesta de Marx en su descripción y explicación de las clases sociales ya que, de acuerdo a Bourdieu, tiende a privilegiar una idea de corte claramente objetivista, dejando de lado las luchas simbólicas que se disputan las representaciones legítimas del mundo social, la jerarquía en el interior de los campos y entre los campos.

En este sentido, el espacio social según Bourdieu, debe ser entendido como un espacio pluridimensional: constituido como un conjunto de campos que cuentan con una autonomía relativa respecto del campo de la producción económica.

Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba.
http://www.astrolabio.unc.edu.ar/articulos/bordes/articulos/martinez.php

SOCIOLOGÍA CLÁSICA
En términos de la sociología clásica el concepto de clase social ha sido acuñado desde casi los orígenes de la sociología y en especial con dos autores que hoy en día son llamados los “padres fundadores” de la sociología moderna: Karl Marx y Max Weber.

Karl Marx desde su visión del materialismo histórico ha definido a las clases en términos estrictamente económicos, y para ser aún más específicos, las definió en términos de poseedores y no poseedores de los medios de producción. Las clases sociales dentro del esquema marxiano son: los burgueses capitalistas, y los trabajadores industriales. Dichas clases se originan, o mejor dicho aparecen en el capitalismo industrial, puesto que dicho modo de producción tiene como fundamento el que los individuos sean propietarios libres. No obstante, dichos propietarios no poseen lo mismo sino que poseen lo que el otro necesita. El capitalista es el poseedor de los medios de producción, y el trabajador es el poseedor de su fuerza de trabajo.

Max Weber.

La sociología comprensiva: Max Weber

Weber Max2
Para Weber la sociología es la ciencia que pretende entender, interpretándola, la acción social para explicarla causalmente en su desarrollo y efectos, entendiendo por acción como una conducta humana en la que el individuo o individuos de la acción la enlacen con un sentido subjetivo. La acción social estaría referida a la conducta de otros. Pero lo que interesa al autor es el sentido de la acción susceptible de ser comprendida .Weber destaca en la investigación sociológica la intersubjetividad o el cumulo de relaciones entre sujetos movidos por la intencionalidad, relaciones dotadas de un sentido que las hace comprensibles. Así trata de captar la lógica que subyace a los fenómenos sociales, con lo que establecer inferencias causales y modelos tipológicos. Así pues trata de rastrear tendencias previsibles a partir de la comprensión de orientaciones sociales.

Weber trata de indagar las posibles racionalidades subyacentes en la acción, incluyendo las “racionalidades con arreglo a los valores” (que opera en relación con las simples categorías de la adecuación de los medios a loa fines apetecidos y más verosímilmente conseguibles. Al admitir que coexisten diversas racionalidades alternativas y que la acción social no siempre se entiende en términos racionalistas, nuestro autor se adentra en técnicas sociológicas que iban a convertirse en el telón de fondo de los violentos acontecimientos que se desarrollaran en la primera mitad del siglo XX. Por tanto en el estudio no sólo deben valorarse “la racionalidad con arreglo a los fines” sino también a guías hipotéticas de acción determinadas por los valores del individuo. Por tanto para Weber la sociología debe ser comprensiva y no unilateral, no prejuzgando los elementos de fondo sino contrastando las racionalidades aceptando que alguna de ellas es predominante.

Una de las herramientas analíticas más famosas de Weber son la descripción de los tipos ideales, para entenderlos debemos partir de la base de que Weber consideraba la Sociología como una ciencia de la cultura con una metodología apartada de las ciencias naturales. Con este manifiesto Weber pone en relieve la inseparabilidad que existe entre sociedad y los factores culturales que le afectan . La solución para estudiar esta complejidad la encuentra el autor en los tipos ideales que consiste en la aplicación de una metodología que tiene su base en las causalidades culturales que suponen la previsibilidad de las acciones. La confluencia entre política, historia y las categorías sociológicas aparecen en las formas ideales de dominación política o legitimidad de la autoridad.

Max Weber introduce un enfoque en el análisis del poder que nunca antes había sido utilizado, no sólo ve el poder desde el punto de vista del gobernante sino también desde el punto de vista del súbdito. Para ello distingue dos conceptos, el macht (poder desnudo) y el Herrschaft (forma compleja de dominación) . Según Weber las personas o grupos deben aceptar la autoridad como algo legítimo, por tanto esta autoridad debe legitimarse mediante procesos de dominación complejos. Cuando estos sistemas de autoridad hacen quiebra a lo largo de la historia se cambian por otros. Weber distingue tres tipos ideales de dominación: el carismático , el tradicional y el racional-legal .

La legitimidad carismática es definida como aquella que descansa en la santidad, heroísmo o ejemplicidad de la persona, es la forma de legitimidad propia de las sociedades antiguas , la entraña del sistema carismático de autoridad es su excepcionalidad , como en el Israel de Moisés . Cuando el carisma se hace rutinario aparece el tipo de dominación tradicional, que descansa en la tradición de las instituciones creadas en la etapa anterior por esas personas excepcionales, lo que le otorga legitimidad . La tradición descansa en si misma, el ejemplo más notable de este tipo serian las monarquías medievales y absolutistas, en las que el carácter hereditaria supone la aceptación de esa autoridad como legitima . En estas sociedades estamentales las movilidad social es inexistente , cuando aparece ese deseo de movilidad es cuando el tipo racional-legal . Este sistema esta basado en la adecuación de una serie de normas que se consideran justas , igualitarias y aceptadas voluntariamente por el conjunto de la sociedad .El ejemplo característico de este tipo de dominación serian los regímenes salidos de la revolución francesa o de la independencia americana .

A pesar de lo aquí expuesto los regímenes constitucionales se desarrollan dentro del ámbito sociológico de consolidación de la sociedad urbano-industrial . Un rasgo característico de estos regímenes será la aparición de la burocracia con los atributos de la asignación de atribuciones fijas a los funcionarios mediante un reglamento , una jerarquía funcional , rasgos específicos para cada uno de los puestos y el almacenado de fondos documentados . Este rasgo será típica de las sociedades modernas , ya que algún intento de burocracia en la antigüedad , como en el imperio chino , resulto hipertrofiado e ineficaz . A pesar de que Weber consideraba como un factor de modernidad la complejidad de la burocracia , también le atemorizaba que la aparición de esta estuviese sujeta a un profundo proceso de racionalidad o perdida de contenido reflejada en este auge de la burocracia .

Para Weber esta sociedad moderna debería estar cargada de constantes consultas al pueblo.
Según Weber clase social se define como aquel grupo que comparte una idéntica situación con respecto a la provisión de bienes , posición y destino personal . La primera clasificación que realiza diferencia entre clases propietarias y no propietarias , aunque parece referirse a la división de clases en sociedades antiguas . Con respecto a la moderna la clasificación la establecería en función de su posición en el mercado , atendiendo a la producción , la especulación financiera y el consumo .

Básicamente diferencia entre empresarios y trabajadores con una serie de clases intermedias entre las dos (funcionarios , artesanos , etc. ) . Los trabajadores se distinguen en : cualificados , semicualifícados y no cualificados ; entre los empresarios vemos a empresarios , comerciantes , armadores , etc.

Otro de los elementos vertebradores de la sociedad según Weber sería el factor simbólico-cultural , en este apartado Weber hace un estudio de la Sociología de la Religión . Este dimensión simbólica acabara derivando en dogmatismos y mitologistas como formas de dominación y , con la irrupción de la modernidad , pierden ese carácter significativo y utópico que le anima hasta ser desplazada por la tecnoburocracia . Así pues de la magia se derivan las practicas simbólicas , de aquí se pasa a caracterizar ese simbolismo hacia divinidades y mitologistas, desplazando a los magos ; que a partir de aquí se ocuparan del culto de adoración a esta divinidad con el objetivo de perpetuar la religión. Conforme se va racionalizando el objeto de culto se van sistematizando y formalizando el ordenamiento de esta religión .Estas religiones incorporan del elemento jurídico el carácter coactivo.

Del proceso racionalizador se pasa de politeísmo al monoteísmo, dándole un carácter más universal a la religión. La necesidad de culminar el centralismo monoteísta lleva consigo una centralización de los preceptos éticos. Dentro de las profecías Weber distingue entre las que tienen un carácter ético y las que tienen un carácter ejemplificador, estas profecías son fruto de la iluminación y están opuestas a lo establecido, por lo que se produce una pugna entre ambas (innovación versus tradición) . También nos encontramos con un conflicto entre religiosidad y el laicado, así nos enfrentamos a dos dimensiones de conflicto en la sociología weberiana de la religión: la disyuntiva tradición-innovación y entre la religiosidad y los grupos laicos.

Weber establece un desarrollo histórico de la religión cristiana, en un primer momento el carisma profético se convierte en práctica sacerdotal, dotándose de un carácter de formalización dogmática. En un segundo momento el protagonismo de la religión recae en las capas que la sustentan, en concreto una religiosidad urbana tomando cuerpo la forma religiosa de occidente: el burgo y , frente a ellos , la nobleza con una concepción caballeresca de la religión . Sin embargo en este periodo es la pequeña burguesía la que introduce el carácter congregacional (comunidad) del cristianismo. Para Weber la religión sigue una pirámide jerárquica, auto perfeccionamiento y resignación; este hecho tendrá un reflejo en la gestión técnico-racional .

Para Weber todo lo explicado con anterioridad respecto a la religión desembocara en el capitalismo como nueva cultura que culminara la singularidad de occidente. Para Weber la ética protestante inaugura el crecimiento económico al no conformarse con el quietismo cristiano. Se establece pues una diferencia con respecto a los anteriores periodos, el dominio separado del enriquecimiento personal y familiar. Para Weber occidente venia ya de antiguo marcándose misiones y volcándose hacia la acción de futuro. La aparición de la ética protestante dispara esta tendencia.

http://www.sociologicus.com/clasicos/weber3.htm

Reflexiones

En conclusión, aunque las definiciones de clase sean tan distintas entre ambos autores, lo cierto es que no son mutuamente excluyentes, sino que más bien complementarias. Ligando esto con el llamado “análisis de sistemas-mundo”, se puede apreciar que el “capitalismo histórico” ha funcionado con ambas categorías de clases o, que más bien, la clase definida productivistamente va ligada —aunque no necesariamente— con un grupo de status definido. Y ciertamente Wallerstein en su trabajo El moderno sistema mundial ha utilizado ambos esquemas de definición de clases, por eso es que al autor del sistema-mundo capitalista se le ha acusado de ser un “marxista circulacionista”, es decir, que se encarga meramente de los procesos mercantiles dentro de los límites del sistema. Pero si se analiza su obra con más detenimiento se puede apreciar que es también “productivista”, ya que también observa la División Internacional del Trabajo.

De hecho, los inmigrantes en el esquema wallersteiniano cuando van a migrar a los países del centro de la economía-mundo tienen un status inferior y negativo con respecto a los habitantes “nacionales” y/o ciudadanos en donde fueron a emigrar. Por esto, el esquema marxiano de definición de clases, a nivel del “análisis de sistemas-mundo”, sirve para categorizar las diferencias económicas en términos de “lucha de clases”, es decir, en términos de lucha entre el capital y el trabajo en que los trabajadores a nivel mundial son pagados de manera muy distintiva en los países dentro del sistema, estableciéndose así una jerarquía laboral. El esquema weberiano a su vez sirve más bien para apreciar las diferencias de status a nivel de “raza” o etnias y también a nivel de “género” o sexo, viendo cuales son los status que tienen los diferentes grupos dentro del sistema y entrecruzándolos con el esquema marxiano.

Tomas Arribillaga (03:22:44):
… El concepto de clase social no fue elaborado por los dominantes para ejercer de forma más legitima su dominio, más bien todo lo contrario. Pocos conceptos han perturbado más a los grandes capitales que la idea de clase, la conciencia de clase. La idea de desarraigar al individuo de ese marco, valga la redundancia, meramente individual y hacerlo entender que comparte intereses con un otro generalizado por los cuales puede luchar en conjunto ha sido el gran problema con el q los burgueses se han encontrado en su modelo de dominación. Entender que uno pertenece a la clase baja o media no significa ni debería significar ni entenderse como algo inamovible, justamente al entender la pertenencia a una clase determinada uno deja de ser un individuo con deseos individuales utópicos y puede defender sus ideas mediante acciones comunitarias como la huelga o los partidos políticos. Marx entiende a las clases sociales como algo en continuo proceso de cambio y desarrollo u la estratificación social a existido en toda sociedad y ha ido cambiando con el tiempo.
La pertenencia no debe entenderse como algo inamovible sino como el primer paso para el cambio, para el ascenso.
Tomas Arribillaga

https://utopisticapol.wordpress.com/2009/03/08/sobre-el-concepto-de-clase-social-en-marx-y-weber/
http://pendientedemigracion.ucm.es/info/eurotheo/diccionario/G/generaciones.htm

Ver conceptos relacionados: Conceptos de generación y de clases:
http://pendientedemigracion.ucm.es/info/eurotheo/diccionario/G/generaciones.htm

BOURDIEU, Pierre, 1988, La distinction. Taurus. Madrid.
PARSONS, Talcott. El sistema social. Madrid: Alianza Editorial.
WEBER, Max. Economía y sociedad. Esbozo de sociología comprensiva. México: Fondo de Cultura Económica. (1922) 1964.
WEBER, Max. Ensayos de sociología contemporánea. Barcelona: Ediciones Martínez Roca. (1946) 1972.
WEBER, Max. Historia económica general. México: Fondo de Cultura Económica. (1923, 1924) 1942.
WEBER, Max. La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Madrid: Alianza Editorial. 2001.
WALLERSTEIN, Inmanuel. The Modern World-System IV: Centrist Liberalism Triumphant, 1789-1914, California, University of California Press 2013, The Modern From system: Elina Rijo De Jesus (1998_2013).
___. Análisis de sistemas-mundo. Una introducción. Madrid: Siglo XXI Editores. 2006

Video importante del IEP

VIDEO DEL IEP

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Lucy Lippard. La ciudad disfrazada: el impacto del turismo en Santa Fe, Nuevo México

Resumen de la conferencia de Lucy Lippard. La ciudad disfrazada: el impacto del turismo en Santa Fe, Nuevo México
VER VÍDEO DE LA CONFERENCIA

Beatriz Herráez y Lucy Lippard en la tercera presentación pública de Sobre capital y territorio IIEscritora, crítica cultural, activista y cofundadora de numerosos colectivos artísticos, Lucy Lippard analizó en su conferencia cómo los destinos turísticos han sido imaginados o re-imaginados para nosotros por el capital, tomando como ejemplo el caso de Santa Fe (Nuevo México), una de las ciudades más antiguas de Estados Unidos. Lippard fue presentada por Beatriz Herráez, crítica y comisaria que en la actualidad es responsable de programación del Centro Cultural Montehermoso Kulturunea en Vitoria Gasteiz. En su presentación, Herráez destacó el enfoque trasversal y la amplitud y diversidad temática del trabajo de Lucy Lippard que es, en su opinión, uno de los más “relevantes y determinantes” en el campo del arte contemporáneo y la crítica cultural de las últimas décadas. Un trabajo en el que el feminismo y el compromiso sociopolítico siempre han ocupado un lugar central y que, sin huir de la rigurosidad teórica, busca un anclaje en lo local.

En la trayectoria de Lucy Lippard, según Beatriz Herráez, ha tenido una gran importancia el trabajo colectivo -como demuestra su relación con proyectos como Printed Matter (una organización fundada en 1976 que, entre otras cosas, edita libros de artistas a precios reducidos), el colectivo/publicación feminista Heresies o la iniciativa Artist Call Against U.S. Intervention in Central America-, así como el contacto con los agentes culturales de su tiempo. Entre sus libros, además de Seis años: la desmaterialización del objeto artístico de 1966 a 1972  [Six Years: The Dematerialization of the Art Object from 1966 to 1972], quizás su obra más conocida y una de las pocas que se ha traducido al castellano, Herráez mencionó textos como From the Center: Feminist Essays on Women’s Art, Get the Message: A Decade of Art for Social Change o la serie de ensayos que Lippard escribió sobre la guerra del Vietnam. “Quiero resaltar estos textos”, explicó, “porque responden a esa definición que he leído reiteradamente de Lucy Lippard en distintos medios, entrevistas y catálogos: su definición como escritora, activista, comisaria… Como crítica cultural que, de alguna manera, redefine la idea de crítica de arte”.

Beatriz HerráezSegún Beatriz Herráez, su “estar alerta permanente”, su compromiso con el contexto en el que vive, su apuesta por la interdisciplinariedad y por el activismo político-artístico, su mirada analítica abierta pero rigurosa, en definitiva, su “actitud”, por decirlo en términos propios de la cultura rock, resulta especialmente destacable en un momento como el actual, cuando en el mundo del arte prevalece un “hacer” y un “pensar” despolitizado o, en todo caso, un “hacer” y un “pensar” aparentemente crítico pero con nula o mínima intencionalidad y potencialidad transformadora. En este sentido, Herráez considera que es muy acertada la idea de incluir a Lucy Lippard en un proyecto como Sobre capital y territorio que quiere explorar cómo la lógica del capital está condicionando nuestra relación con el entorno a partir de una aproximación transdisciplinar y de la búsqueda de una confluencia entre el análisis teórico y la práctica artística y activista. “Creo que en este aspecto”, subrayó, “ella ha sido una pionera”.

Beatriz Herráez recordó que Lucy Lippard siempre ha trabajado en y con contextos que conoce, tratando de incidir en ellos. Si en los años sesenta y setenta ese contexto fue Nueva York (y su fértil escena artística alternativa), ahora es Galisteo (la pequeña localidad de Nuevo México cercana a Santa Fe en la que vive) y su entorno. En uno de sus libros más recientes, On the Beaten Track: Tourism, Art and Place (1999), donde analiza nociones como autenticidad o exotismo, hay un capítulo sobre la “realidad tricultural” de Santa Fe y su construcción como objeto de deseo turístico. Éste fue el tema que desarrolló Lippard en su conferencia que inició recordando una pintada que se encontró hace varios años en Barcelona: “Tourist, you are the terrorist”.

Ya en La sociedad del espectáculo Guy Debord describió el turismo como un “subproducto de la circulación de mercancías”. Según Lucy Lippard un ejemplo paradigmático de esto lo encontramos en Santa Fe y Nuevo México, donde el turismo es, a día de hoy, una de las industrias más poderosas y genera tanto o más ingresos que otras actividades productivas que se han desarrollando tradicionalmente en la zona (como la industria nuclear o la minería). De hecho, Nuevo México, que hasta 1912 no perteneció oficialmente a Estados Unidos, constituye uno de los destinos turísticos favoritos de los norteamericanos de clase media que lo visitan atraídos por su “singularidad paisajística, histórica y cultural”.

Lucy LippardEn las guías y folletos turísticos se suele decir que Santa Fe es una “ciudad diferente” a todas las demás, destacándose tanto su “antigüedad” (su origen se remonta a principios del siglo XVII que para Estados Unidos es casi “pre-historia”1) como su realidad “tri-cultural” (pues en esta ciudad han convivido desde hace mucho tiempo poblaciones de origen indio, hispano y anglosajón). “Pero lo que nunca o casi nunca se dice”, advirtió Lucy Lippard, “es que la Santa Fe actual es una recreación de la antigua Santa Fe y que, en realidad, de la ciudad original ya no queda prácticamente nada”. Una recreación que comenzó a gestarse en 1912, cuando se decidió reconstruir su casco antiguo para que pareciera “más auténtico”, y que, posteriormente, se ha promovido desde organismos como el Historic Design Review Board que desde hace varias décadas supervisa todas las actuaciones e intervenciones arquitectónicas que se llevan a cabo en el centro de esta ciudad. Además, en estos folletos turísticos la complejidad histórica y cultural de Santa Fe y Nuevo México se reduce a un conjunto de clichés políticamente correctos y fácilmente asimilables. Los hechos y aspectos más conflictivos y/o desmitificadores no se suelen mencionar, mientras que otros se sobredimensionan, dándoles mucha más importancia de la que realmente tienen.

No se debe olvidar que la historia de Santa Fe y Nuevo México es una historia de encuentros y desencuentros, de ocultamientos y desplazamientos, de interacciones y enfrentamientos. Desde su fundación y hasta principios del siglo XVIII, los indios nativos (los indios Pueblo) y los colonos hispanos vivieron en una paz precaria. Poco a poco empezaron a mezclarse y a compartir ciertas cosas (técnicas agrícolas, ritos religiosos…) e incluso terminaron aliándose para luchar juntos contra los grupos de indios nómadas que se adentraban en la región. A mediados del siglo XIX, con la llegada de los “anglos” (término que Lippard utiliza para referirse genéricamente a todos aquellos que no son de origen hispano o indio), las diferencias culturales, de clase y, sobre todo, étnicas se exacerbaron, dando lugar a los antagonismos actuales.

Antagonismos que, en cierta medida, se han acentuado en las últimas décadas porque en la zona se han instalado numerosas personas de clase media-alta (y, por lo general, de origen anglosajón) que llegaron como turistas y que han terminado adquiriendo los terrenos e inmuebles mejor situados, generando un proceso de gentrificación. Gran parte de los antiguos residentes de origen indio o hispano siente un profundo resentimiento contra estos “recién llegados” a los que perciben como “nuevos colonos” que no sólo se están quedando con sus propiedades, sino que también le están desposeyendo de muchos de sus signos identitarios. Por su parte, estos “nuevos colonos” no quieren que lleguen más turistas residenciales, ya que desean que el lugar permanezca lo más parecido posible a cómo estaba cuando ellos decidieron instalarse en él. A su vez, los hispanos sienten recelos frente a los inmigrantes mexicanos, pues los ven como competidores que pueden quitarles sus puestos de trabajos. Estamos, por tanto, ante un paisaje social y cultural muy complejo que, desde luego, nada tiene que ver con el que se muestra en los folletos turísticos.

Lucy LippardEn este punto de su intervención, Lucy Lippard señaló que uno de los efectos más perversos del turismo es la conversión de ciertas regiones pobres del planeta en escenarios donde sus habitantes actúan como sus antepasados para satisfacer la curiosidad de otros ciudadanos que han perdido la relación con sus propios orígenes (una pérdida que, a juicio de Lippard, les hace sentirse superiores). Según la autora de Seis años: La desmaterialización de la obra de arte entre 1966 y 1972, el turismo conlleva siempre una simplificación de las contradicciones y complejidades de un lugar. “El turismo”, subrayó, “tiene la capacidad de poner cualquier lugar entre comillas”, de separarlo de la normalidad, de descontextualizarlo y transformarlo en un espacio sin vida, en un espacio momificado y al que le han expropiado su presente en nombre de su pasado. A través del turismo, el capitalismo convierte los lugares en mercancías, en marcas que compiten con otras marcas, en productos que se consumen rápidamente y que, después, se desechan. Como los miradores que hay en ciertas carreteras, el turismo nos aparta de los espacios vividos y sólo nos da una visión panorámica y superficial de aquello que visitamos: la historia real de un lugar siempre queda fuera del alcance del turista.

A juicio de Lucy Lippard es necesario que el turismo se analice no sólo desde el punto de vista del que visita (es decir, del turista), sino también del “visitado” (es decir, del que vive y trabaja en los lugares que se visitan) que en las dinámicas relacionales que el turismo genera tiene siempre un rol pasivo, subsidiario, dependiente. Para ellos el turismo no es una elección sino una imposición, algo que les marca con unas imágenes estereotipadas de las que no pueden desprenderse y que, en muchos casos, les impide desarrollar una “vida normal”. En Nuevo México, esta situación la padecen sobre todo los indios Pueblo que habitan en pequeñas reservas convertidas en parques temáticos a las que continuamente llegan visitantes que les observan como si fueran ejemplares de una especie en peligro de extinción. “Cómo pueden vivir una vida normal”, señaló Lippard citando a una investigadora universitaria llamada Rina Swentzell, “cuando todos los días veinte personas les preguntan por qué se visten como se visten, por qué construyen sus casas como las construyen y por qué viven como viven”2.

Pero también para los nativos hispanos de Nuevo México el turismo ha supuesto una pérdida, tanto material como patrimonial. Los integrantes de ambas comunidades han visto como su historia y su cultura se convertía en mercancía, mientras ellos sólo podían recoger las migajas del negocio que generaba la explotación de su capital simbólico. Además, en este proceso han sido progresivamente desplazados de sus antiguos territorios, hasta el punto de que, en la actualidad, sólo se les permite utilizar el centro de Santa Fe en momentos muy puntuales, por ejemplo durante los mercados artesanales que se celebran en verano: en julio el mercado hispano y en agosto el mercado indio. Estos mercados se desarrollan en la Plaza Central de Santa Fe, junto al Palacio del Gobernador (el edificio administrativo más antiguo de Estados Unidos), un espacio público que antes les pertenecía y que ahora está lleno de tiendas de souvenirs.

Lucy LippardPero, ¿es posible otra forma de hacer turismo?, ¿es posible desarrollar una propuesta turística que no eluda la complejidad y el conflicto y que beneficie (no sólo económicamente) a las comunidades locales sin condenarlas a vivir disfrazadas, a comportarse como lo hacían sus antepasados? Según Lucy Lippard, el concepto de regionalismo crítico3, al que alude el arquitecto Chris Wilson en su libro The Myth of Santa Fe (donde plantea que el turismo sólo vale la pena si además de progreso económico genera justicia social), nos puede ser útil para afrontar este desafío. Hay que tener en cuenta que en un mundo globalizado como el actual, el regionalismo (aunque no sea crítico) tiene la ventaja de que posibilita que las influencias externas sean cribadas por un filtro local, propiciando una yuxtaposición que genera “pequeñas porosidades por las que los turistas pueden salir y entrar”.

Lippard considera que los artistas pueden contribuir a una reformulación del turismo (“pues, al fin y al cabo, su cometido es enseñar a la gente a mirar”), aunque para ello deben adoptar una actitud activa (no ejercer de meros decoradores o ilustradores) y, en colaboración con agentes locales, generar relatos, representaciones y procesos que, alejándose de cualquier tentación de exotismo y pintoresquismo, nos hagan repensar cómo miramos y nos relacionamos con los lugares que visitamos.

En la fase final de su intervención Lucy Lippard habló de dos obras de arte público que, a su juicio, ilustran algunas de las cuestiones que abordó en su conferencia: Obelisk: To the Heroes (Obelisco: a los héroes), una pieza escultórica que la artista Charlene Teters, de origen indio Spokane, realizó para la tercera edición de la Bienal de Santa Fe-SITE; y Cultural Crossroads of the Americas (Encrucijada cultural de las Américas), una obra del creador indio Apache Bob Haozous. La primera es una réplica en adobe (material característico en la arquitectura tradicional de Nuevo México) del Monumento al soldado, un obelisco de piedra que se erigió en el centro de Santa Fe en 1867 con la siguiente inscripción: “To heroes that fought in various battles against the savage Indians” (“A los héroes que lucharon en varias batallas contra los indios salvajes”). A finales de los años setenta, alguien borró con un cincel la palabra “savage” de la inscripción. Y es justo esa palabra la única que Teters puso en su obelisco, bajo el cual depositó una serie de objetos personales (juguetes de plástico, cartas, monedas…) que los espectadores, si lo deseaban, podían llevarse4.

Cultural Crossroads of the Americas (Bob Haozous)En Cultural Crossroads of the Americas, Bob Haozous homenajea a la sabiduría indígena al tiempo que plantea una crítica al mundo que ha creado el “hombre blanco”. Entre otras cosas, la obra, que tiene forma de valla publicitaria de carretera, incluye varias figuras aztecas y una versión en miniatura de la popular estatua ecuestre The End of the Trail (James Earle Fraser, 1915)5 en la que en vez de un indio aparece un cowboy. Cuando la estaba terminando, Haozous decidió añadir un alambre de espino en la parte superior de la estructura, pero después de una dura batalla legal se vio obligado a aceptar que lo retiraran porque la institución que le había encargado la pieza -la Universidad de Nuevo México- le dijo que no le pagaría si se negaba (argumentando que ese elemento no estaba incluido en la maqueta que les había entregado y que, por tanto, su inserción suponía un “incumplimiento de contrato”).

A juicio de Lucy Lippard trabajos como éstos desafían a las comunidades a construir sus propias narrativas y nos dan pistas de cómo se puede desarrollar un “turismo más inteligente”. Un turismo que no convierta los lugares en escenarios de cartón piedra y a las personas que los habitan en meras figuras ornamentales, que tenga en cuenta lo que piensan, sienten y desean “aquellos que son observados” (permitiendo al mismo tiempo que quienes les observan vuelvan a sus casas sabiendo un poco más no sólo de los espacios que han visitado sino también de sus lugares de origen), que nos acerque al “otro” y nos haga repensar cómo miramos lo que nos rodea. “No es, desde luego, una tarea fácil”, subrayó Lippard, pero tenemos que hacer todo lo posible por intentar llevarla a cabo, porque el turismo es un fenómeno que, de una forma u otra, nos concierne a todos y no podemos permitir que sólo el capital se ocupe de él. “Por suerte o por desgracia”, concluyó, “el turismo nos acerca al ‘mundo exterior’ y una pequeña ciudad como Santa Fe necesita estar en contacto con el mundo. La insularidad ya no es una opción. El debate sobre el turismo está cargado de contradicciones y las contradicciones definen a una sociedad diversa y multicéntrica, algo que yo deseo para mi comunidad”.

 

 

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1.- En realidad hay restos de asentamientos indios mucho más antiguos, pero para la historiografía norteamericana, la historia de Estados Unidos comienza con la llegada de los europeos y todo lo anterior se considera “pre-historia”.  [^]
2.- De hecho, Lucy Lippard considera que el turismo ha sido el segundo mayor golpe que se le ha dado a los nativos norteamericanos, tras el robo de tierras que sufrieron entre los siglos XVII y XIX.  [^]
3.- Regionalismo crítico es una noción acuñada por Alexander Tzonis y Liane Lefaivre (y que, posteriormente, desarrollaría Kenneth Frampton) para referirse a una serie de prácticas arquitectónicas que, en palabras del arquitecto peruano Percy Acuña Vigil, intentan “resolver el debate y el antagonismo que se ha venido dando en las últimas décadas entre la arquitectura impersonal y estandarizada, que se conoce como internacional y aquella que encuentra en lo regional las respuestas a los problemas específicos de cultura, entorno y economía”. Según Acuña Vigil, estas prácticas plantean la necesidad de ofrecer “opciones específicas para la arquitectura de cada sitio” (privilegiando tanto los materiales locales y la adecuación al clima, como las costumbres y posibilidades económicas de sus potenciales usuarios), pero sin olvidar “los postulados aún vigentes del movimiento contemporáneo” (pues sólo así se podrá evitar caer en una lectura historicista que dé lugar a “soluciones netamente decorativas”).  [^]
4.- Generándose, según Lucy Lippard, un proceso muy interesante y que nos remite a la “larga y honorable” tradición del obsequio (muy arraigada entre los pueblos nativos de Norteamérica), pues espontáneamente muchas personas empezaron a dejar sus propios objetos personales a los pies del obelisco.  [^]
5.- Una estatua que, según Lippard, los indios odian porque les recuerda su condición de pueblo derrotado.  [^]