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La Ciudad contemporánea: Percy Cayetano Acuña Vigil

Percy Acuña Vigil

Pensamiento sobre la ontología de la ciudad

En esta bitácora comparto mis reflexiones y otras informaciones que reflexionan sobre la ciudad como la concreción del juego del poder.

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La Ciudad contemporánea

Dr. Percy Cayetano Acuña Vigil

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Vamos a presentar un panorama de la ciudad contemporanea. Un panorama amplio para contextualizar los principales cambios que han condicionado el tipo de ciudad que se viene construyendo en el mundo occidental. Las particularidades que correponden a los modos de producción específicos no se tratan aquí por ser un documento de carácter general, pero se trata de hacer específico que la construcción de la ciudad en este contexto es una que corresponde al juego de los intereses políticos particulares, en medio de las condicionantes del neo liberalismo egemónico en el mundo occidental.

Durante el siglo XIX cambia radicalmente la sociedad, la economía y, por lo tanto, el concepto de ciudad.

Aparece el capitalismo industrial y la creación de una nueva sociedad, la de clases, con la burguesía dominadora del poder político; desde la Revolución francesa y las revoluciones burguesas del 38, 48 y 68, y con el proletariado cada vez más explotado y con unas condiciones de vida miserables. La burguesía es la ostentadora del poder económico, y pronto lo será del político. Su concepto de propiedad es diferente al que había en la Edad Moderna: es la propiedad absoluta, libre de servidumbres y que se pueda comprar y vender. Uno de los hechos más trascendentales para la construcción de la nueva ciudad es la desamortización, que pone en el mercado mucho suelo urbano y posibilita la especulación por parte de la burguesía, cosa totalmente aceptada en la época.

Durante el siglo XIX la ciudad cambia radicalmente, se hace industrial y burguesa; y crece hasta dimensiones insospechadas, gracias al transporte. La ciudad contemporánea gravita sobre dos ideas básicas: la concentración del mercado en torno a la creación de un centro urbano y la reunión de la fuerza de trabajo y los consumidores.

El prototipo de ciudad es París, y la reforma de Haussmann (ministro de Napoleón III) el modelo de actuación en todo el mundo. Haussmann propone una ciudad ordenada, en la que estén presentes los supuestos higienistas de los ilustrados: alcantarillas, iluminación, calles anchas y arboladas, etc. Pero, además, esta ciudad está construida con criterios policiales, ya que se propone un plano urbano; bien sea este radial, ortogonal, o cualquier otro; que permite la represión de las manifestaciones revolucionarias. Sin embargo, lo importante del modelo de Haussmann no es esto, sino el hecho de que somete a la ciudad antigua a toda una operación de cirugía urbana, tirando lo viejo para construir lo nuevo, y todo ello financiado por los poderes públicos.

El primer hecho significativo es la reforma interior, la creación del centro urbano. En el Perú esto se inició con la ONPU en 1960.

Alrededor del centro urbano y en torno al ferrocarril aparece la industria urbana, en europa, que caracteriza a la ciudad del siglo XIX. Pero las necesidades de espacio y los problemas de la contaminación terminan por expulsar esta actividad de las urbes, en favor de la función residencial y terciaria. La industria se instala en el extrarradio, cada vez más lejano del centro, a medida que crece la ciudad.

Los altos precios de las lotes tras los planes de reforma interior y ensanche suponen que el proletariado no puede acceder a estas viviendas, por lo que aparecen dos tipos de vivienda marginal: las barriadas del extrarradio, parcelaciones ilegales, sin un proyecto conjunto y que dan al plano un aspecto irregular, a pesar de su regularidad interna; y los corralones o casas de vecinos, en los cascos antiguos de las ciudades e. Estos corralones se suelen encontrar en el interior de las manzanas o en los edificios abandonados por la burguesía, que progresivamente se van deteriorando. Las parcelaciones ilegales carecerán de infraestructura sanitaria, ya que el Municipio no las reconocerá.

Los altos precios hacen caro el suelo incluso para la burguesía, por lo que los planes iniciales casi nunca se cumplen. Las parcelas se dividen, creándose calles nuevas, porque son muy caras para un solo promotor. Las casas que se construyen tienen más pisos de los previstos y menos espacio verde, todo para rentabilizar del suelo.

Con el tiempo, la burguesía fue trasladándose a las nuevas áreas y el casco antiguo se fue degradando socialmente hasta que recientemente el interés por conservar los testimonios del pasado y su nueva función, como lugar de ocio y turismo, lo ha revitalizado, para lo que está siendo necesario expulsar de allí a las clases marginadas.

La nueva economía capitalista industrial creará una ciudad que acoja el mercado concentrado, pero también al proletariado que trabaja en las fábricas, por eso, en todos los países del mundo, en algún momento, hay un éxodo rural, el abandono del campo y la emigración a la ciudad, donde está la industria. Esta concentración de la mano de obra no sólo pretende tener la fuerza de trabajo agrupada y cerca, sino también desvinculada del medio rural, al que podrían volver en caso de crisis. De esta manera la burguesía se asegura que la fuerza de trabajo depende de ella para sobrevivir, y de paso que tiene dedicación exclusiva, por lo que no hay escasez de mano de obra en las épocas agrícolamente activas. Son, además, los consumidores.

Con la explosión demográfica y la urbanización de la sociedad industrial, las ciudades crecen. El transporte urbano es el que posibilita el crecimiento de las ciudades en superficie, hasta límites insospechados poco antes, y sin grandes trastornos de tiempo. El tranvía es el símbolo de la ciudad decimonónica y el coche privado el de la ciudad de nuestro tiempo.

En el siglo XIX no se crean ciudades de nueva planta, pero sí se construye la nueva urbe con arreglo a un plan. Ese proyecto dibuja distintos planos, con distintos objetivos, dentro de cada ciudad. Hoy en día nos podemos encontrar, en todas las ciudades, distintos tipos de plano según la época en la que fueron reformadas: desde el irregular de la ciudad antigua, al plano radial, ortogonal o lineal. Sin embargo, esto no quiere decir que no hubiese propuestas de ciudades ideales. Todos los socialistas utópicos tienen un modelo urbano, muy similar, pequeñas comunidades de unos 1500 habitantes que se abastecían de todo lo necesario.

En los años 20 surge un nuevo modelo de ciudad: se abren las calles para los automóviles y se jerarquiza la red viaria; se crean las infraestructuras que llevarán el agua y la electricidad a las casas, se recogen las basuras, etc., y aparece un nuevo tipo de edificio que condicionará el paisaje urbano; el rascacielos y los edificios de varios pisos. Los edificios de varios pisos permitirán el uso de los bajos para mercado y el resto del edificio para vivienda.

Tras la generalización del coche privado, la ciudad ha de adaptar su infraestructura para su uso: se asfaltan las calles, se crean las aceras y se ponen las señales de tráfico, especialmente el semáforo. Todos ellos son elementos presentes en nuestras ciudades actuales. La ciudad tradicional no está preparada para este tráfico y presenta problemas de congestión. Los atascos son frecuentes por lo que en todas partes han sido necesarias las carreteras de circunvalación, la construcción de vías rápidas y la peatonalización de la ciudad más antigua.

El crecimiento urbano ha supuesto la colmatación de la ciudad y la creación de barrios social y funcionalmente diferenciados. En ellas aparecen distritos especializados en determinadas funciones: negocios, residencia, ocio, turismo, etc.

Durante los años 60 el crecimiento demográfico fue, en el Perú, más rápido que la construcción de viviendas. Esto ha pasado en todos los países en algún momento. El precio de las viviendas aumentó y las clases más humildes no pudieron acceder a ellas. Aparecen así las barridas en las periferias de las ciudades. Son suburbios socialmente marginados sin infraestructura sanitaria; lo que les convierte en permanentes focos de infección, en los que la marginación es caldo de cultivo de la delincuencia. Este proceso continúa en muchas de las ciudades del Tercer Mundo.

La ciudad actual necesita de una gran infraestructura que debe situarse en las afueras, desde hospitales y cementerios a vertederos, rondas de circulación, depósitos de agua, transformadores eléctricos, etc. La ciudad debe dotarse también de pavimento asfaltado, modernamente de calles peatonales, alumbrado, estaciones de transporte y taxi, mobiliario urbano, recogida de basuras y toda una infraestructura sin la cual sería imposible su funcionamiento.

Tras la segunda guerra mundial los poderes públicos de todo el mundo toman las riendas de la planificación eficaz de la ciudad, aunque en muchos casos se salten sus propias normas. La ciudad se fue equipando, e incorporó a su entorno las barriadas marginales y del extrarradio. Se construirán viviendas obreras dignas y también para las clases marginales, con el fin de erradicar el chabolismo. En la actualidad, se intentan conservar los edificios más antiguos de la ciudad, pero la renovación del caserío ha sido tan intensa que apenas quedan edificios anteriores al siglo XIX.

El caserío de la ciudad actual es marcadamente diferente al de la tradicional. En su concepción han tenido una influencia decisiva los argumentos de la arquitectura racionalista. Pero no es el modelo de Le Corbusier el que triunfa (edificios de viviendas en altura rodeados de campo) sino su técnica de construcción. La arquitectura racionalista permite optimizar el precio del suelo, permitiendo construir varias viviendas en altura, y que los bajos de los edificios puedan ser utilizados para diversos negocios, tiendas, oficinas, etc.

En estos edificios el ascensor es un elemento esencial. Será en Chicago (USA) donde se cree este modelo de ciudad, donde se pongan los primeros ascensores, donde los bajos se reserven para los negocios y donde se construyan los primeros grandes almacenes, otra de las señas de identidad de la ciudad actual. Este modelo es el que ha permitido el aumento de la densidad humana en las urbes, y el crecimiento en altura del paisaje urbano. Además, el equipamiento de la casa ha cambiado extraordinariamente, gracias al alto consumo de energía y el abaratamiento de los electrodomésticos: luz eléctrica, televisión, teléfono, frigorífico, lavadora, lavaplatos, microondas, ordenador, etc.

Las ciudades actuales han crecido enormemente, hasta el punto de haber absorbido pueblos y ciudades vecinas. La aparición de las conurbaciones y las megalópolis es uno de los fenómenos urbanos más dinámicos de nuestro tiempo. Existen regiones en las que el continuo urbano entre ciudades es la tónica general, como Tokio-Yokohama, Liverpool-Manchester, Washington, DC-Boston, la región del Ruhr, etc.

Aquí en Lima, la voragine por urbanizar a hecho que se urbanice el cauce del río Rimac. Nadie pudo contra este vandalismo. Periodismo y “empresarios urbanizadores” arrasaron con cuanta disposición técnica había para detenerlos. Con el cuento de no detener la inversión privada se urbanizó todo el valle verde del Rimac. En menos de cuarenta años se arrasó con cuanta área verde había. La vorágine continua, la ciudad llega hasta Pucusan y ya la sobrepaso, ya va a llegar a Chincha por el sur. Por el norte ya llegó a Ancón, a Pasamayo, ya esta en Chancay y se va a engullir a Huacho y sigue sin que a nadie le importe.

Desde hace algún tiempo en todas las ciudades se observan fenómenos de rur urbanización, que en las ciudades más grandes alcanzan el isócrono de 30 minutos, incluso más. Aparecen así viviendas unifamiliares en el entorno rural habitadas por gente que viven de la ciudad conviviendo con gente que vive en y del campo.

El derecho a la ciudad

El derecho a la ciudad no es una propuesta nueva. El término apareció en 1968 cuando el francés Henri Lefebvre escribió su libro El derecho a la ciudad tomando en cuenta el impacto negativo sufrido por las ciudades en los países de economía capitalista, con la conversión de la ciudad en una mercancía al servicio exclusivo de los intereses de la acumulación del capital.

Lefebvre v1

Como contrapropuesta a este fenómeno, Lefebvre construye una propuesta política que parte de la ciudad para reivindicar la posibilidad que la gente volviera a ser dueña de la ciudad. Frente a los efectos causados por el neoliberalismo, como la privatización de los espacios urbanos, el uso mercantil de la ciudad, la predominancia de industrias y espacios mercantiles, se propone una nueva perspectiva política denominada derecho a la ciudad.

La ciudad fue tomada por los intereses del capital y así dejó de pertenecer a la gente, por lo tanto Lefebvre aboga a través del derecho a la ciudad por “rescatar el hombre como elemento principal, protagonista de la ciudad que él mismo ha construido”. El derecho a la ciudad es entonces restaurar el sentido de ciudad, instaurar la posibilidad del “buen vivir” para todos, y hacer de la ciudad “el escenario de encuentro para la construcción de la vida colectiva”.

Borja v1

Asimismo, la vida colectiva se puede construir sobre la base de la idea de la ciudad como producto cultural, colectivo y, en consecuencia, político. La ciudad, como lo analiza Jordi Borja, es un espacio político, donde es posible la expresión de voluntades colectivas, es espacio para la solidaridad, pero también para el conflicto. El derecho a la ciudad es la posibilidad de construir una ciudad en la que se pueda vivir dignamente, reconocerse como parte de ella, y donde se posibilite la distribución equitativa de diferentes tipos de recursos: trabajo, de salud, de educación, de vivienda, recursos simbólicos: participación, acceso a la información, etc.

Borja v2

El derecho a la ciudad es “el derecho de toda persona a crear ciudades que respondan a las necesidades humanas. Todo el mundo debería tener los mismos derechos para construir los diferentes tipos de ciudades que queremos. El derecho a la ciudad como lo afirma David Harvey, no es simplemente el derecho a lo que ya está en la ciudad, sino el derecho a transformar la ciudad en algo radicalmente distinto”.

Harvey v2

Lefebvre, Henri:

Crítica a la vida cotidiana

En su Tesis el individuo y la praxis de lo concreto ocupan un sitio central. Proponiéndose una antropología social alternativa, Henri Lefebvre sostuvo la necesidad de que la “cotidianidad” se libere del papel que reviste bajo el capitalismo, cuya función es reproducir los caracteres impuestos a la vida colectiva por las clases dominantes. La costumbre, con su temporalidad no auténtica, pues es ahistórica, no haría más que el sólo reproducir y de perpetuar las relaciones de dominación. La cotidianidad es un tipo de depósito subterráneo en el cual se sedimentan los convenios y las mentiras del poder. Allí se encuentra la barrera que impide a la fantasía y la inventiva para encontrar las vías para la propia expresión, la autonomía del ser.

De ahí el privilegio concedido por Lefebvre al arte, comprendido no tanto en su autonomía sino como medio de experiencia o experimento estético capaz de demostrar el carácter infundado del convencionalismo de lo cotidiano. El arte moderno pone las condiciones de la supresión de la cotidianidad. Estas teorías se refieren a la experiencia o experimento y a las reflexiones del movimiento surrealista, al cual Lefebvre pertenecía en su juventud. La trilogía “Crítica de la vida cotidiana ” (1947, 1961, 1981) presenta de manera muy profunda este pensamiento..

Henri+Lefebvre+_+La+production+de+l'espace

  • Critique de la vie quotidienne, 1947, L’Arche
  • Critique de la vie quotidienne II, Fondements d’une sociologie de la quotidienneté, 1961, L’Arche
  • Critique de la vie quotidienne, III. De la modernité au modernisme (Pour une métaphilosophie du quotidien), 1981, L’Arche
  • La Vie quotidienne dans le monde moderne, 1968, Gallimard

Hipótesis

Ante la pregunta sobre “¿Cuál es el modo de existencia de las relaciones sociales?”, Lefebvre responderá en su famosa obra La Producción del Espacio: “Las relaciones no pueden existir sin un soporte y ese soporte es el sustrato material”.

Postulado

El desarrollo de la sociedad sólo puede concebirse a través de la relación de “la sociedad urbana” (lo urbano). La sociedad proyecta la vida social. Critica el organicismo, evolucionismo, continuismo y urbanismo. Lo urbano ha entrado en una fase crítica, dándose una implosión-explosión con una concentración urbana y éxodo rural, extensión del tejido urbano, subordinación completa de la agrario a lo urbano. Es un proceso irreversible, pero el proceso de urbanización puede proyectarse de manera que se supere el antagonismo ciudad-campo y la urbanización al desconcentrarse pueda articular el ambiente y el paisaje. Plantea fases (críticas), niveles (global, medio y privado) y dimensiones. El individuo puede crear una ideología política que le permita cambiar la estructura de la ciudad y reorganizar el territorio, de manera que el hombre se apropie del espacio que hace a su identidad.

Su carácter como geógrafo

Más tarde, como todo gran pensador se acercó a disciplinas de las cuales no se consideró propiamente partícipe, no obstante al ocuparse particularmente de problemas de urbanización y del territorio, presentando a la ciudad como el corazón de la posibilidad de una insurrección estética contra lo cotidiano, debatiendo el sentido propio que el ser humano enfrenta en condición de necesidades sociales antropológicas que no habían sido tomadas en consideración en las reflexiones teóricas sobre la ciudad más allá de la geografía, destacando que a su interior el debate no atendía las dimensiones que Henri Lefebvre pone sobre la mesa, particularmente en el urbanismo, pues este se encuentra alejado de la reflexión teórica refugiándose en lo pragmático.

 La necesidad de lo imaginario es olvidada por el urbanismo disminuyendo en tanto a las estructuras comerciales y culturales. Frente a los problemas urbanos, formula particularmente la necesidad de la afirmación de un nuevo derecho, un derecho a la ciudad. Define este nuevo derecho como un derecho a la vida urbana, a la calidad de vida urbana. En su último libro, La Producción del espacio, valora la importancia del espacio que es siempre político, pues la construcción del espacio es siempre una lucha de poderes, incluso desde lo cotidiano, en la estructura interna de “la casa habitación” la asociación social base, la familia, lucha por definir el carácter y sentido estético, producciones sociales al fin materializadas a través de la casa habitación.

El espacio es el producto de la sociedad, cada sociedad tiene el derecho a y debe producir su espacio, es así que se concibe que el espacio es entonces una producción social en donde se oponen los valores a través de pruebas, conflictos o consensos. Es entonces la racionalización del imaginario para así poder materializarlo, pues todo ser humano debiese, en términos de Lefebvre, poder racionalizar su imaginario y por tanto, todo ser humano tiene el derecho a la construcción del espacio.

Jordi Borja: La ciudad conquistada:

http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0250-71612004009000009

Harvey V1

David Harvey: La conquista del espacio

 https://www.traficantes.net/noticias-editorial/david-harvey-la-conquista-del-espacio

Castells La cuestion V2a

  Manuel Castell  . La cuestión urbana

Los problemas urbanos están de moda, tanto en los discursos oficiales como en la experiencia cotidiana de la gente. ¿Se trata de una moda o de un problema real? y si es un problema real, ¿cuáles son sus raíces reales? ¿Cuál su relación con las nuevas contradicciones del capital en su fase actual? ¿Cuál es su impacto sobre los movimientos sociales y los procesos políticos? Estos son los interrogantes más importantes a los que pretende dar respuesta el presente libro. Las nuevas condiciones de reproducción de la fuerza de trabajo suscitan conflictos y contradicciones (conocidos como urbanos en la práctica social) que es necesario conocer para transformar. Situándose en esta perspectiva, La cuestión urbana intenta elaborar un instrumental teórico susceptible de analizar concretamente las nuevas contradicciones sociales denominadas urbanas, teniendo en cuenta tres niveles: la crítica de la ideología urbana, el desarrollo de los elementos teóricos del materialismo histórico y el análisis de situaciones concretas en varias sociedades (Francia, Estados Unidos, diversos países de América Latina, Canadá, etc.). De esta forma la obra se estructura en una serie de temas ordenados teóricamente: el proceso de urbanización, la ideología urbana, la estructura urbana, planificación urbana, los movimientos sociales urbanos.

Libro básico para desmitificar la falacia del diseño urbano como tarea de los arquitectos. Se trata de un proceso de intercambio de intereses politicos que convergen en un damero de ajedréz que es la ciudad. Para Jugar hay que saber y conocer de estrategia, de lógica y de saber qué se quiere, qué se puede y qué es factible de acuerdo a las variables sociales, económicas y políticas que estan presentes en un contexto determinado, principalmente.

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