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EL ATEÍSMO DE BOLIVAR

Percy Acuña Vigil

Pensamiento sobre la ontología de la ciudad

En esta bitácora comparto mis reflexiones y otras informaciones que reflexionan sobre la ciudad como la concreción del juego del poder.

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Comparto este escrito enviado por mi amigo y colega Arq. PHD. LEONARDO MATTOS CARDENAS

EL ATEÍSMO DE BOLÍVAR

Leonardo Mattos Cárdenas*

«Hay ateos doblemente buenos»
(Papa Francisco, abril 2013)

Sobre Bolívar ha sido dicho que se podría sustentar casi todo, escogiendo entre sus textos o, como escribe Patricio Ricketts en el precedente número de esta revista, él mismo escribiría por nosotros.

Simón Bolívar (1783-1830) fue una personalidad dotada de una gran curiosidad para tratar de entender el mundo y la sociedad; aunque consideramos que tuvo sólo contadas ocasiones en que reveló su más profundo credo personal.1

Desde muy temprano en su actividad política despertó opiniones al respecto, ante el terremoto del jueves santo de 1812 en Caracas y el fraile realista que lo atribuía a un justo «castigo del cielo», Bolívar replicó
«si la naturaleza se opone a nuestros designios lucharemos contra ella y
la haremos que nos obedezca» –como refiere Domingo Díaz que acusó de «impías y blasfemas» y otros de ateas, estas expresiones–.

* Arquitecto por la Universidad Nacional de Ingeniería (Lima) y la Universidad La Sapienza (Roma). Con mención en Historia y Ph.D. en Studio e Restauro dei Monumenti por esta misma universidad. Diplomado en Planning Studies por la Edinburgh University y M.Sc. en Environmental Conservation por la Universidad Heriot-Watt (Edimburgo).
1 Al momento de redactar su testamento ordenó quemar parte de su correspondencia [Augusto Mijares, El Libertador (Caracas: Presidencia de la
República, 1987), p. 65].

Autores contemporáneos encontraron en esas palabras influencias del pensamiento de la Ilustración, y según Belaunde2 «su reacción no sólo fue de rechazo al fanatismo, sino expresión de esa fe y optimismo, que acompañaron a Bolívar».

Por lo poco realizable del gesto anoté3 que: «En estas frases se aprecia el desarrollo del idealismo ya típicamente romántico, desplazando el empirismo, el racionalismo del análisis del territorio que había caracterizado antes a la vanguardia del pensamiento».4 En este breve ensayo desearíamos tratar de hilvanar de una manera lógica su así llamado ateísmo.

Una primera ocasión la encontramos en su juventud, en un ámbito íntimo familiar, a tres años de su repentina viudez. Otras igualmente íntimas, ante la sensación o cercanía de la propia muerte. Ocasiones de las cuales recogemos palabras y algunas decisiones.

Antes de casarse, durante su primer viaje a Europa, a mediados de
18015 Bolívar en Bilbao había frecuentado al coronel Mariano Tristán y a Thérèse Laisné (padres de la futura escritora y activista Flora Tristán:
1803-1844).

Después de su prematura viudez durante el segundo viaje (1803-1807), siguió frecuentándolos hasta mediados de 1806, en la casa con gran jardín que ellos tuvieron en Vaugirard, aristocrática periferia de París.

2 Javier de Belaúnde, Simón Bolívar (Lima, Brasa, 1989), p. 27.
3 Leonardo Mattos-Cárdenas, «Neoclasicismo y modernidad en la concepción bolivariana del urbanismo y el territorio», en Bolívar y Europa en las crónicas, el
pensamiento político y la historiografía (Caracas: Presidencia de la República,1992), II, p. 764.
4 «Ideología y políticas del territorio en ámbito y periodo bolivariano», Primer Coloquio Europeo de Estudios Bolivarianos, 1983, Sociedad Bolivariana de Roma. Ver además Leonardo Mattos-Cárdenas, Bolívar y el Urbanismo, separata revista Storia della Città 38/39 (Milán, Ed. Electa, 1987) y Urbanismo Andino e Hispanoamericano – Ideas y realizaciones (1530-1830) (Lima: INIFAUA, UNI, 2004).
5 La cronología adoptada es la de Marcos Álvarez García y Antonio J.A. Martins,
Simón Bolívar en Europa. Una cronología comentada (Bruselas: Universidad Libre, 1983).

La última carta de Bolívar antes de regresar a Venezuela a Thérèse Laisné, revela un deseo roussoniano y quizás masónico6 de adentrarse en los encantos de la naturaleza para entender mejor el mundo (aún si confiesa también aburrirse): «me vuelvo a América. Usted sabe que todo en mi es espontáneo, que no formo jamás proyectos. La vida del salvaje tiene encantos para mí; es probable que yo construya una choza en los bellos bosques de Venezuela».

Concluye su carta con una neta y profunda reflexión: «Adiós, querida Teresa, o más bien: a la nada… pues usted lo sabe, yo no tengo la felicidad de creer en la vida del otro mundo [firmado] Simón Bolívar».7

En esa etapa de formación de su pensamiento Bolívar se había iniciado también en la masonería, como otros que consideraron su filiación útil en el viejo mundo en aquellos momentos, y sucesivamente para organizar la independencia de los nuevos Estados.

Pero como sabemos, durante su gobierno modificó su pensamiento. Privadamente primero, escribiendo a Santander que aquella «curiosidad… le había bastado para juzgar lo ridículo», y en otra de tenor similar enviada desde Potosí en 1825.8 Públicamente después, prohibiendo la formación de esas sociedades secretas en Colombia mediante decreto del 8 de noviembre de 1828.

El desarrollo de sus convicciones políticas, al igual que el de aquellas íntimas, fue producto de un pensamiento «intercultural»; así como del contacto multidisciplinar, y lecturas:

6 Véase la trama de la ópera masónica La flauta mágica de Mozart (Viena 1791), que pudo conocer en esos años.
7 Los énfasis son nuestros. Carta familiar en francés recibida un año antes de la muerte de Mariano Tristán publicada (junto a otra) por Flora Tristán en el periódico Le Voleur de París el 31/7/1838 [Estuardo Núñez, Prólogo y Selección: Flora Tristán.
Ensayos escogidos (Lima: Peisa, 1974), Biblioteca Peruana 44, p. 133].
8 Rubén Vargas Ugarte, «Ideas religiosas del Libertador» (1951), en Testimonios peruanos sobre el Libertador (Caracas: Imprenta Nacional, 1964), p. 167.

– De Simón Rodríguez, maestro que «formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso» (escribía el 19/
1/1824 invitándolo a Lima); que ya en viaje en 1824 en sus «Consejos de amigo dados al colegio de Lacatunga» propone la enseñanza del keshua, más ciencias, oficios y menos teología, visto que «más cuenta nos entender a un indio que a Ovidio».9 Que nutría la «convicción de que todo era falso en la vida»10 que viene de Baruch Spinoza –origen de su escepticismo según O’Leary–.11 Escribía a Bolívar desde Guayaquil el 7 de enero de 1826: «Amigo…, así como los tontos sacan a la [virgen de] Copacabana para que llueva o no llueva… atribuyendo efectos que entienden mal a causas que no conocen… El pueblo es tonto… [firmado] Rodríguez».12

– Del ambiente masónico creyente en un «arquitecto del universo» no necesariamente cristiano, del culto al «Ente Supremo» aún antes de Napoleón; que alimentaron el deísmo y un cierto ateismo después de la Revolución.
– Del pensamiento ilustrado liberal y enciclopédico de la época; de Diderot, de Montesquieu, de Voltaire y el de Rousseau influenciado ya por el Romanticismo.

– De interlocutores como Lancaster innovativo pedagogo inglés, Andrés Bello paisano humanista y fino analista, Bentham ateo utilitarista inglés y proyectista de Estados,13 sin olvidar a Francisco de Miranda libre pensador venezolano que presentó a ambos.

9 Alfonso Rumazo González, Simón Rodríguez maestro de América (Caracas: U.S.B. Ed. Armitano, 1976), p. 111.
10 Indalecio Lievano Aguirre, Bolívar (Caracas, 1974, otro 1988), p. 10.
11 El panteísmo de Spinoza –teológicamente ateísta (Maria Lizzio, Appunti sull’Ateismo (Catania: Edigraf, 1968), p. 4)– niega la divina providencia y los milagros como alteración de las leyes de la naturaleza (Tratado teológico político, 1670).
12 Sociedad Bolivariana de Venezuela, Escritos de Simón Rodríguez (Caracas, Imprenta Nacional, 1954), II, p. 358.
13 Sus obras v.g. Tratados de Legislación, fueron consideradas en 1828 por circular
ministerial de Bogotá «opuestas a la religión» [José Gil Fortoul, Historia Constitucional de Venezuela (1907), en Obras Completas (Caracas, Ministerio de Educación, 1954), I, p. 643].

– De botánicos y naturalistas como Bonpland y Humboldt –con veinte años de contactos– quien según Bolívar «ha hecho más bien a la América que todos los conquistadores», que veía el mundo como una evolución, no como una forma creada, la «planicie oval» de Bogotá y la
«graciosa llanura de Cajamarca» eran un «antiguo lecho del lago» transitorio
resultado de milenarios procesos geológicos, «del cretáceo», etc.14

Es evidente que con «la lectura de autores… impíos y la nociva influencia de su maestro el incrédulo Rodríguez, lo natural hubiera sido que perdiese completamente la fe» como acota mi ilustre pariente e historiador15 notando antes que «Bolívar fue demasiado grande para que pudiese empañar su vida la nota de impío o antirreligioso» y que supo muy bien separar la actividad pública de su vida privada.

Bolívar con Manuela Sáenz –según Gil Fortoul16 «erudita y aficionada a buenas letras»– al imaginar el fin de la vida de ambos dentro de un profundo núcleo afectivo, lejos de invocaciones divinas anota solamente «Adorada Manuela… Algún día, cuando nos toque volver a la región de las almas, como yo a las del Monte Ávila, tus restos junto con la gratitud, deberán descansar en estas tierras… Bolívar».17 Como sabemos según Mijares,18 «el orgullo de los caraqueños es su montaña, el Ávila… que desde la capital sueñan con sus cascadas y su fragante boscaje». Ella por su parte en Lima en octubre 1823, reitera al esposo uno de los motivos de la separación, «Al doctor James Thorne:… Ud. anglicano y yo atea, es el más fuerte

14 Ser evolucionista no es ser ateo: Buffon fundamento de la sensibilidad conservacionista de Bolívar [María Begoña Bolinaga, Bolívar Conservacionista (Caracas: Cuadernos Lagoven, Cronotip, 1982), p. 33], que él mismo cita en carta a Santander entre los autores por él estudiados, había ya sugerido cambios en los organismos con el tiempo; algunos Jesuitas antes de 1767 notaron variaciones botánicas regionales en sus Misiones. De otra parte la invención del pararrayos por el físico masón Franklin (1706-1790) evitó fenómenos antes considerados (divinos) no gobernables; reforzando conceptos espinosianos.
15 Vargas, Ideas religiosas del Libertador, pp. 149 y 151.
16 Fortoul, Historia Constitucional de Venezuela, I.
17 Luis Enrique Tord, Simón Bolívar: el tesoro del Libertador (Santiago de Chile, M.A.H.A., 2005), p. 47.
18 Mijares, El Libertador, p. 5.

impedimento… ¿No ve Usted con que formalidad pienso? Manuela Sáenz»19
.Existe otra referencia del ambiente de la pareja con sus amigos –recogida por Camino Calderón en «De cómo le apagaron el farol a Sánchez Carrión»
– cuando Monteagudo «universal, franco y decidido» en abril de 1824
desembarca en Huanchaco acompañando a Manuela Sáenz a Huamachuco. Allí, conversando sobre religión «Sánchez Carrión confesaba ser creyente sincero, Monteagudo se jactaba de ser ateo recalcitrante».20

Bolívar aunque reconoció públicamente el rol preeminente del catolicismo y su función unificadora en la población, respetando los prelados según Vargas;21 su escasez de invocaciones al Altísimo, a Jesús, a María no destila la convicción de ser hijo de Dios, ni sus reivindicaciones vienen de «que derechos se deban a todo hombre en cuanto hijo de Dios».22
Monseñor Bello23 contradice que sea «incrédulo o irreligioso» – basándose en sus Obras Completas– sin embargo agrega «no intento, desde luego, proponerlo como un modelo de vivencia y práctica cristiana». Creemos mas bien como O’Leary que en sus Memorias escribe «A pesar de su escepticismo y de la irreligión consiguiente, creyó siempre necesario conformarse con la religión de sus conciudadanos».24

Bolívar durante su gobierno supo aprovechar con ventaja, las cambiantes posiciones políticas de España frente a la Iglesia, cuando la Revolución liberal triunfó a inicios de 1820, de las Cortes, etc. Pero sus convicciones personales parecen descender mas bien de un no creyente, o de un deísta a lo Voltaire, o a lo Rousseau.

Ante la inminencia de su muerte en diciembre de 1830 no compartimos la opinión –basada en la versión de Revérénd– de su acercamiento a la fe

19 Fortoul, Historia Constitucional de Venezuela, I, p. 484.
20 Si bien ante el peligro de un abismo imploró «Poderoso Dios Sálvame» (Nazario Chávez Aliaga, Cajamarca (Lima, 1958), II, p. 218).
21 Vargas, Ideas religiosas del Libertador, p. 158 y 170.
22 Juan Pérez de Tudela, 1993: 1542 Mundo y España.
23 Pío Bello Ricardo, «Bolívar y la Iglesia», en Anuario de Estudios Bolivarianos 1 (Caracas: Univ. S B. Italgráfica, 1990), p. 44.
24 Vargas, Ideas religiosas del Libertador, p. 152.

«como sucede»25; mas bien creemos que «Bolívar no probaba evidentemente ninguna inclinación personal y profunda de morir en el seno de la Iglesia»26; versión que toma en cuenta la de su sobrino Fernando allí presente. Se lo pidió tres veces el general encargado Montilla y el obispo llamado a pedido de Montilla. Bolívar tomó tiempo, pero viendo los nobles fines que le fueron expuestos, teniendo sólo en consideración el gran impacto moral que una actitud diferente hubiera tenido en la población; al final dio su generoso consentimiento «con una inigualable grandeza de ánimo».27

Apenas cristiano o quizás puramente deísta; impregnado como estaba de la filosofía francesa del siglo XVIII. Contra el dogma católico defendió siempre la libertad de conciencia y la de culto, salvo el paréntesis de reacción dictatorial de 1828… y recomendó que en la Constitución no se reconociese ninguna religión de Estado. Que se confesara a última hora… poco importa, revela solamente o cansancio o suprema indiferencia, u otro impulso de su corazón generoso… no dejar un recuerdo triste… a ningún católico.28
Sin las presiones de su rol Simón Rodríguez –al morir años después– vehementemente replicaría al cura de Amotape «Yo no tengo más religión que la que juré en el Monte Sacro con Bolívar».29
Sobre Bolívar, la Sagrada Congregación de Negocios Eclesiásticos Extraordinarios del Vaticano el 4 agosto de 1829, ya había establecido «que su conducta le había procurado la opinión de liberal y de ateo».30

25 Ibídem, p. 170, y otros.
26 Fortoul, Historia Constitucional de Venezuela, I, pp. 706-707; y después Salvador de Madariaga, Bolívar (Milán: Ed. Dall’Oglio, 1971), pp. 780-781.
27 Esa noche solo le dio la extremaunción el cura indio de Mamatoco aun presente con otros indios [Madariaga, Bolívar, pp. 780-781].
28 Fortoul, Historia Constitucional de Venezuela, I, p. 706.
29 Alfonso Rumazo González, Bolívar en París con Simón Rodríguez, en AA.VV.Bolívar en Francia. Liminar J. L. Salcedo-Bastardo (Caracas: Comité Ejecutivo
del Bicentenario, 1984), p. 198.
30 «che la di lui condotta gli aveva procacciato l’opinione di liberale e di ateo» Sesión
116, Sacra Congregazione di Affari Ecclesiastici Straordinari: Acta encontrada por el jesuita p. Leturia.

Sus convicciones parecen anticipar ideologías reforzadas con Darwin –que estaba en Patagonia en 1832– decisivas para entender la evolución de los vivientes. El ateismo de aquella época fue «un ateísmo intelectualístico y aristocrático que se presentaba como autocrítica del cristianismo»31 si bien «tiene un desarrollo que encuentra su origen en el panteísmo de Spinoza y en el idealismo kantiano».32

El moderno ateísmo humanístico y racional desarrolla conceptos basados en la convicción del origen material no divino, de los fenómenos naturales y vitales de creciente difusión. Posición sustentada por Einstein
–en su última correspondencia– por científicos ingleses (Stephen Hawkings, Sam Harris, Richard Dawkins biólogo evolucionista), italianos (Odifreddi, Margherita Hack) y otros.

Muchas cosas han cambiado desde 1983 –Bicentenario del nacimiento de Simón Bolívar– cuando su santidad el papa Juan Pablo II entablaba sincera amistad con Sandro Pertini presidente ateo de Italia; hoy la sociedad civil y el Vaticano desarrollan iniciativas que valoran la dignidad ética del ateismo racional v.g. las Jornadas de Asís, el Patio de los gentiles de monseñor Ravasi, etc.

Para concluir en primer lugar, podemos dejar la palabra a Bolívar
–según Péru de la Croix en su Diario de Bucaramanga–.

En Caracas o en San Mateo, yo no hubiera podido tener estas ideas que me vinieron en el curso de mis viajes, y en América no hubiera tenido esta experiencia ni realizado este estudio del mundo, de los hombres y de las cosas que tanto me ayudó durante mi carrera política.

En segundo lugar, considerar que el grado de ateísmo que emana de las convicciones del entorno íntimo del Libertador es éticamente incompatible con cualquier otro tipo de exégesis ideológica.

31 Lizzio, Appunti sull’Ateismo, p. 240.
32 Ibídem, p. 4.


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