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Okakura Kakuzō: El libro del té.

Okakura Kakuzo

Okakura Kakuzō (岡倉 覚三, también conocido como Okakura Tenshin 岡倉 天心) (1862 –  1913) fue un filósofo, escritor, historiador y crítico de arte japonés, director de la Escuela de Bellas Artes de Tokio (Tōkyō Bijutsu Gakkō).

Okakura kakuzo 2

Nació en Yokohama, en el seno de una familia de tradición samurai procedente de Fukui. Estudió en la Universidad Imperial de Tokio, así como en una institución occidental donde aprendió el idioma inglés. Se especializó en Filosofía y Literatura inglesa, graduándose en 1880. Fue discípulo de Ernest Fenollosa, con el que intentó recuperar las tradiciones ancestrales japonesas, que se estaban perdiendo con el proceso de modernización y occidentalización iniciado en la era Meiji. Entre otras cosas, fue un gran promotor del arte japonés tradicional (nihonga), contrapuesto al arte occidentalista (yōga) que tuvo mucho éxito entre finales del siglo XIX y principios del XX.

En 1902 viajó a la India, donde conoció a Rabindranath Tagore, con quien enseguida congenió, siendo un defensor como él de la cultura tradicional de sus países. Posteriormente se instaló en Estados Unidos, donde fue nombrado asesor -y posteriormente curador- del Museo de Bellas Artes de Boston, cargo en el que sucedió a Fenollosa. Aquí realizó una enorme labor de recopilación y conservación de arte asiático, consiguiendo una de las mejores colecciones del mundo en esta especialidad.

Sus principales obras son: Los ideales del este (Londres, J. Murray, 1903), El despertar de Japón (Nueva York, Century, 1904) y El libro del té (Nueva York, Putnam’s, 1906).

Okakura Kakuzo (1999). El libro del té. Edicomunicación, Barcelona.

Resumén

http://www.tusbuenoslibros.com/resumenes/el_libro_del_te_okakura_uzo.pdf

 

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A PROPOSITO DE UN MANIFIESTO DE PRINCIPIOS ARQUITECTURALES

Adjunto un texto del Arquitecto Emilio Hart – Terre, publicado en el Comercio el 18 de junio de 1947.

HART TERRE FOTO

“ESPACIO – A PROPOSITO DE UN MANIFIESTO DE PRINCIPIOS ARQUITECTURALES

 

Imagen

ENTREVISTA AL ARQUITECTO EMILIO HART TERRE

http://hananwanca.blogspot.com/2013/11/emilio-harth-terre-el-respeto-la.html

 Documentación felizmente conservada

http://lal.tulane.edu/collections/manuscripts/harth-terre

 

¿Se acerca el final de la gran arquitectura?

Los profesionales abogan por un cambio en la manera de construir. Primero fueron los palacios, luego las viviendas y ahora se diseñan edificios pensando en la habitabilidad
Anatxu Zabalbeascoa 27 ABR 2014 – 22:30 CET9

China museum

Museo Ningbo, en el Este de China, diseñado por el arquitecto Wang Shu, que recibió el Premio Pritzker en 2012. / STR (AFP)

“Afortunadamente, en la agenda de los políticos ya no está hacer edificios monumentales. Pequeñas acciones para activar las ciudades y sus espacios públicos son la solución que reclama la sociedad civil”. El que habla es el mexicano Mauricio Rocha, un arquitecto excepcional porque, con proyectos como la Escuela de Artes Plásticas de Oaxaca, ha sido capaz de abrir una vía de futuro aunando la arquitectura humilde del adobe con la monumental de las grandes proporciones. Aunque puede pecar de optimista y a pesar de que el equilibrio que representa su obra es frágil, el proyectista no está solo en su defensa de un cambio en la manera de construir. Y es que, entrado el siglo XXI, la arquitectura está llegando a ámbitos pobres y alejados del poder donde nunca estuvo presente. Ese nuevo campo de actuación agita el debate mezclando motivaciones sociales y culturales.

Muchos de los últimos reconocimientos, como el reciente Premio Pritzker al japonés Shigeru Ban —autor de arquitecturas de emergencia— o el de hace dos años al chino Wang Shu —que levanta edificios reutilizando los escombros de otros—, reconocen el valor y la oportunidad de una arquitectura que antepone la utilidad a cualquier otro factor. También lo han hecho instituciones como el MoMA de Nueva York, que montó la exposición Small Scale Big Change despreocupándose, por primera vez en su historia, de la carga formal que representaban los edificios expuestos.

Así, el reconocimiento a otra manera de construir y pensar la arquitectura se extiende. Sin embargo, esa misma puesta en valor siembra de dudas la crítica especializada y los programas de las escuelas donde se forman los futuros proyectistas. ¿La atención a las pequeñas arquitecturas terminará con los grandes proyectos? ¿El aplauso a los trabajos realizados con escasez de medios desactivará el despliegue técnico y presupuestario necesario para levantar edificios emblemáticos?

Tradicionalmente asociada al poder por su enorme dependencia económica (es evidente que sin dinero no se puede construir), la arquitectura del siglo XX ya rompió un molde. Por primera vez en la historia, sus creadores se interesaron por algo que hasta entonces había permanecido paradójicamente ajeno a su disciplina: la construcción de las viviendas de buena parte de la humanidad. Con más arquitectos y más ciudadanos, ya no había palacios (ni catedrales, estaciones o museos) para todos los que podían proyectarlos. Al mismo tiempo, con una población mayor asentándose en las ciudades, la autoconstrucción (la vía tradicional para hacerse una casa) quedó descartada.

Fue así como los proyectistas comenzaron a diseñar viviendas unifamiliares (para unos pocos) y bloques de pisos (para casi todos). En términos generales, los arquitectos del siglo XX solucionaron parcialmente ese problema. Sin embargo, en su mayoría desaprovecharon el componente cultural de su aportación. Es decir, parchearon el problema sin asentar una cultura del hábitat. La suya fue una ocasión perdida porque solo un número limitado de bloques de pisos logró, además de dar cobijo a sus habitantes, mejorar su vida, facilitar su convivencia y mejorar la ciudad donde fue construido.

El profesor de la Escuela de Arquitectura de A Coruña Carlos Quintáns opina que “aunque las catedrales y los palacios no siempre tuvieron un coste aceptable económica y humanamente, en los últimos años la voracidad económica ha llenado territorios inútilmente para conseguir más dinero en menos tiempo con el mínimo esfuerzo”.

Así, a veces por el riesgo que implican los experimentos, otras por impericia y casi siempre por anteponer los intereses económicos a cualquier otro factor, arquitectos y sociedad perdieron la oportunidad de aportar cultura con la construcción de viviendas. Eso ocurrió en el siglo XX. En el XXI la oportunidad es otra.

Según una reciente encuesta elaborada por el Sindicato de Arquitectos, en España el número de profesionales se ha multiplicado por tres en 30 años (de 10.600 a 60.000). En ese tiempo, el país casi ha doblado su número de pisos. Con semejante parque de viviendas construido —3,4 millones vacías—, parece llegado el momento de plantear cuál puede ser el futuro de la arquitectura. Y de los arquitectos. La respuesta más optimista es que ahora que ha dejado de ser un negocio muy lucrativo para unos pocos, esta disciplina podría acercarse adonde puede conseguir un poder transformador, a las necesidades urgentes.

El peaje es caro, exige un cambio de prioridades y una transformación de la propia disciplina. A su vez, abre el debate de si se separarán definitivamente dos tipos de arquitectura: la humilde y la grandiosa.

Negando esa separación, cada vez son más los proyectistas dispuestos a trabajar con pocos medios y, llegado el caso, a proponer soluciones de emergencia. Son estos arquitectos, en su mayoría jóvenes, los que acaparan la atención internacional y los que dejan entrever un cambio de prioridades en la arquitectura del futuro. Sin embargo, la reivindicación de una arquitectura humilde, que aproveche materiales y recursos locales y la defensa de la reparación por encima de la inauguración no son nuevas.

Los británicos Alison y Peter Smithson ya defendieron, hace cuatro décadas, una arquitectura “heroica y cotidiana a la vez”. Instaron a revitalizar lo existente y a aplicar nueva energía a lo cotidiano, por encima de seguir proponiendo renovaciones formales o revisiones conceptuales.

“Estamos acostumbrados a encumbrar obras impolutas donde cada detalle está finamente calculado, calibrado, pero ese es un lujo al que muy pocos pueden acceder. El mundo diario de muchos arquitectos es el de las remodelaciones, el reciclaje y las transformaciones. Por eso en la arquitectura, tan o más importante que la idea brillante es la economía de la misma, la velocidad de su ejecución y el máximo aprovechamiento de lo existente”.

Esta es la visión del joven arquitecto peruano Aldo Facho Dede, pero incluso un veterano como el chileno Enrique Browne es capaz de ver el cambio: “Hay proyectistas jóvenes capaces de captar el espíritu del mundo de hoy: los problemas de la sociedad mas allá de la arquitectura. Son gente que para diseñar utiliza más información de periódicos que de revistas de arquitectura. Producen una arquitectura posible. Son un germen pero, de difundirse, cambiarán la arquitectura”.

“Una de las tareas pasa por reciclar lo construido”, dice Miquel Adriá

Desde Medellín, Martha Thorne, directora ejecutiva del Premio Pritzker, admite que en la arquitectura actual coexisten muchos enfoques y actitudes. “Pero espero que los grandes retos de la sociedad cobren más importancia, ya que la arquitectura y el diseño pueden hacer grandes aportaciones”.

En México, Marcelo Rocha lo corrobora. El proyectista está convencido de que “los grandes retos del futuro serán arquitecturas que funcionen como acupunturas transformando la relación entre los espacios urbanos. El gran ganador debe ser lo público”.
Esa idea de lo público ha calado en el discurso de numerosos profesionales. Sin embargo, el significado no es siempre el mismo.

Zaha Hadid, por ejemplo, considera que el colosal centro cultural Heydar Aliyev que inauguró en Bakú hace unos meses es un gran espacio público, pero salta a la vista que es igualmente grande como anuncio del régimen, más hereditario que democrático, que ostenta el poder en Azerbaiyán.

Al otro lado del teléfono, Hadid defiende que “la arquitectura no sigue modas ni ciclos políticos o económicos, sigue la lógica inherente a la innovación tecnológica y el desarrollo social. La actual sociedad se tambalea y, por lo tanto, sus edificios deberán evolucionar”.

Hay acuerdo pues en que la disciplina debe cambiar. El desacuerdo está en cómo y hacia dónde. “Lo que de verdad es nuevo hoy son los niveles de complejidad social. Con el 50 % de la población del planeta viviendo en ciudades, el urbanismo debe proponer algo más que repetición y compartimentación para lidiar con la densidad y la complejidad de los nuevos barrios”, continúa Hadid.
Carlos Quintáns, fundador de la revista Tectónica, que lleva años abogando por la calidad de la construcción por encima de la plasticidad de las formas, opina, sin embargo, que la gran arquitectura del futuro “no estará en edificios con una capacidad expresiva ilimitada.

Nuestro papel vendrá de la mano de construir lo necesario, de corregir lo que se ha hecho mal, y de dotar de sensatez a tanta locura. Haremos arquitecturas que no se peleen sino que se entretejen con lo heredado”. El arquitecto Miquel Adriá, director de la editorial mexicana Arquine, está de acuerdo. “Una de las tareas pasará por reciclar lo construido”, dice.

Y recuerda que “hay más ruinas recientes, de los últimos 25 años, que del resto de la historia”. De ahí la idea de Rocha de una arquitectura como acupuntura en favor de lo público. Sin embargo, y con respuestas diametralmente opuestas, Hadid también defiende la importancia de lo público. “Parte del trabajo de la arquitectura es que la gente se sienta bien donde vive o trabaja. No se trata de hacer escenarios en los que la gente sobreviva sino de diseñar lugares en los que nos guste vivir. Si lo que hacemos es considerado icónico es por su calidad, no porque represente algo más.

Que nuestros proyectos sean reconocibles no es un objetivo, es una consecuencia de nuestra manera de trabajar”, explica. En ese punto, Quintáns recurre al crítico John Ruskin, que aseguraba que la calidad nunca era una casualidad, y reta a los edificios recientes a hacer la prueba de convertirse en ruina. “Una buena estructura permanece, puede ser reutilizada. ¿Soportaría Dubai la desnudez de convertirse en ruinas?”.

Por su parte, Martha Thorne opina que los monumentos “solo tienen sentido si recuerdan algo importante” y argumenta que “una arquitectura concebida no solo al servicio de las élites, sino como agente de cambio —de la calidad de vida en las ciudades, la igualdad social, o la sostenibilidad medioambiental— significará un gran paso hacia delante”. ¿Cómo dar ese paso desde lejos del poder?
El reciente premio Pritzker, Shigeru Ban, atiende a EL PAÍS por teléfono desde París para insistir en que, a pesar de que se le tilda de arquitecto humanitario —es famoso por sus estructuras de tubos de cartón reciclado—, a él le interesan todas las escalas de su disciplina. Señala que no se considera un modelo para nuevas generaciones de arquitectos y se muestra molesto cuando se le pide que concrete las prioridades arquitectónicas para este siglo:

“Yo sé lo que yo quiero hacer, pero no lo que está disciplina será o dejará de ser”. El japonés, que no cobra por dedicar la mitad de su tiempo a enseñar a construir las viviendas de emergencia que lleva décadas diseñando, está convencido de que “al final, todo se reduce a una elección personal: lo que uno quiere ofrecer u obtener de la vida”.

En cuanto al futuro, Adriá ve una vía de esperanza en uno de los frentes que, paradójicamente, más se está cuestionando hoy: la tradicionalmente esmerada, y costosa, formación de los arquitectos. En su opinión es esa amplia educación lo que está permitiendo que quien no puede construir sea capaz de hallar alternativas laborales en otros ámbitos. Por eso insiste en reforzar los estudios. También Quintáns insta a sus alumnos a acostumbrarse a trabajar con condiciones, “no solo las absurdas de las normas, también las de la lógica de la tradición, las del clima o el paisaje”.

En la formación y en el conocimiento del pasado están muchas de las claves para adaptarse al futuro. Sin embargo, Adriá cuenta que, recientemente, los lideres de Archdaily —el mayor blog de arquitectura global— decían que los estudiantes preguntan y Google responde. ¿Cómo se hace una vivienda? ¿Cómo se repara una puerta? “Ellos defienden que así se aprende arquitectura, pero yo discrepo”, insiste. “Creo que la buena educación sigue pasando por la construcción del espíritu crítico y la capacidad para formular preguntas inteligentes. Google no resuelve esto. Archdaily tampoco”.

Reparar o inaugurar
Aunque ahora tiene la ocasión de pasar de ser minoritaria a ser una práctica más extendida, la arquitectura que apuesta por la reparación en lugar de la inauguración no es nueva. En 1996, los franceses Anne Lacaton y Jean Philippe Vassal convencieron al Ayuntamiento de Burdeos de que el mejor proyecto para reformar la plaza Léon Aucoc de la ciudad consistía no en hacer nuevas obras allí sino en invertir en el mantenimiento del entorno. En la Bienal de Venecia presentaron, a su vez, un pabellón vacío con una nota explicando que el dinero lo habían invertido en un puente peatonal en África.

Ya en el siglo XXI, tras convertirse en arquitecto en Berlín, el burkinés Diébédo Francis Kéré reunió dinero para levantar la primera escuela de su poblado. Ese colegio en Gando fue su primer proyecto. Un poco más tarde, también en Ecuador los arquitectos de Al Borde lograron levantar en El Cabuyal (Manabí) una escuela con poco más de 600 euros. Fue nombrada Escuela Buena Esperanza.

Cada vez son más los arquitectos que se movilizan para llevar su conocimiento donde la arquitectura no ha sabido llegar. Es el caso del estadounidense Michael Murphy, que, tras formarse en Harvard, no solo diseñó una escuela y un hospital para Butaro (Ruanda) sino que logró además financiación para construirlos. Corría el año 2011.

Poco después, también el español Xavier Vilalta convenció a sus clientes de Addis Abeba para que, en lugar de un centro comercial con aire acondicionado, le dejasen construir un mercado ventilado por celosías. Parece llegado un tiempo de aire nuevo en la arquitectura.

El teatro de Epidauros

Epidauros 2

Es un teatro antiguo de Argólida, edificado en el siglo IV a. C. para acoger las Asclepeia, concurso en honor del dios médico Asclepio. Es el modelo de numerosos teatros griegos.

Teatro de Epidauro.
A principios del siglo IV a. C., tenía lugar una fiesta panhelénica cada cuatro años en Epidauro, en el santuario de Asclepio, las Asclepeia, que combinaban pruebas gimnásticas y musicales.

El teatro fue concebido por el arquitecto y escultor Policleto el Joven, Hacia el año 360 antes de Cristo, que lo situó a 500 m al sudeste del santuario de Asclepio, sobre un lugar que permitió adosar el koilon (conjunto de gradas) en el flanco de la colina. Los trabajos comenzaron hacia el 330 a. C.

Epidauros es conocido en el mundo entero por ser un arquetipo de la arquitectura de teatros del siglo IV a.C. en Grecia.
El teatro fue construido en la ciudad de Epidauros (a unos 175 km. de Atenas), junto al cabo de Nesi en Palaia, en un desnivel natural del monte Kynortion, de unos 24 metros (recordemos que los griegos aprovechaban las laderas de los montes para construir las gradas).

Todo un coloso, tiene cabida para 14.000 personas, una acústica perfecta, es sencillamente magnífico.

La disposición de sus elementos es la típica de cualquier teatro de la época:
Como dato de su grandeza, podemos decir que su diámetro mide 135 metros. La gradas inferiores tienen 12 cuneus con unos treinta asientos cada uno y las superiores unos 22 cuneus con unos 20 asientos cada uno.

El teatro y el santuario fueron saqueados en 267 por los hérulos, después en 395 por los godos de Alarico I. Sin embargo, los estragos quedaron limitados. De todos los teatros antiguos, el teatro de Epidauro es el mejor conservado y está poco restaurado. La pinada con la que estaba recubierto consiguió que no fuera destruido.

Hasta principios del siglo XIX, el teatro se consideraba desparecido. Después un viajero inglés, W. Gell, reveló el plano de las ruinas. Es en este mítico lugar donde la independencia de Grecia fue proclamada en 1822.

Epidauros 1

Estructura.

El edificio pudo contener tras la construcción de un terraplén y de gradas suplementarias, 14000 espectadores. Se compone de una orchestra (la escena) circular de tierra batida de casi 20 m de diámetro, rodeada por un graderío ultrasemicircular, dividido en dos niveles por un pasillo, el diazoma.

El nivel inferior cuenta con 32 filas de gradas, divididas en 12 kerkidès por 11 escaleras. El nivel superior cuenta con 20 filas de gradas y 22 kerkidès. Las gradas existen aún en gran parte. El edificio de la escena es de piedra y está dotado de un piso, con dos salidas laterales provistas de puertas.

Teatro de Epidauro
La acústica del teatro de Epidauro es excepcional, permite a los últimos espectadores de arriba de las gradas oír y distinguir a los actores hablando en voz baja. Actualmente aún tienen lugar representaciones. Se cree que este teatro pudo alcanzar una capacidad límite de más de 14.000 espectadores en total, lo cual lo convierte en uno de los teatros antiguos más grandes y con más capacidad de aforo.

El edificio se ha convertido en el símbolo del teatro griego antiguo. Se convirtió en el lugar de concentración judía en la década de 1960.

A) Contexto Histórico:
Los griegos a diferencia de los imperios Teocráticos y centralizados de Egipto, se organizaban en pequeñascomunidades independientes llamadas Polis.

Para los griegos de ésta época, rl hombre es la medida de todas las cosas. Esto ejemplifica la importancia del hombre como eje central de la cultura griega. Los dioses se humanizan tanto en su forma como en sus sentimientos.

En este contexto, en el arte, el hombre también será el centro y la principal fuente de inspiración. Grecia representa el nacimiento de la filosofía y pensamiento racional, el hombre no se conforma con las explicaciones mágicas de la naturaleza, sino que intenta comprenderlas. Esto se ve bien en las esculturas, donde se busca la realidad y la razón.

La religiosidad no es un recetario de creencias y rituales sino un sentimiento de la relación con la divinidad, la religión es un junto a la lengua, uno de los elementos de cohesión de la ciudad y del mundo helenístico.

La recepción del arte como búsqueda de la belleza definida por los filósofos, nace en Grecia. El arte se aleja de la función mágica, religiosa o exaltación del poder que había tenido en Mesopotania o Egipto.

Epidauros 3

B) Estilo:
El teatro de Epidauro pertenece al estilo griego helenístico, construido con piedra, mediante el sistema arquitrabado (la estructura se basa mediante linias horizontales y verticales) Está hecho a medida del hombre, rechaza la monumentalidad y da forma artística al exterior de las obras arquitectónicas y las clasifica en orden: El dórico y jónico se originan al periodo arcaico y el corintio al clásico pero utilizado al helenístico.

C) Tipos de planta:
El teatro griego estaba organizado alrededor de la orquesta de forma circular. La cávea envolvía dos terceras partes de la orquesta y la parte restante era encerrada por el edificio que formaba a la escena. La orquesta constituía un lugar donde el coro cantaba y bailaba pero también era el espacio destinado al altar del dios Dionisio. Del edificio de la escena no se tiene una constancia ya que no se ha conservado pero se afirma que se trataba de un pórtico de orden jónico.

El proscenio, espacio elevado donde actuaban los actores, estaba situada entre la escena y la orquesta. El nivel superior de la escena era un sitio donde los actores se cambiaban, se guardaban las máscaras, disfraces, y decorados, normalmente servían de plataformas para que los dioses hablaran.

El teatro de Epidauro no disponía de fachada, se entraba a través de 2 accesos laterales que daban a un pasillo situado entre la orquesta y la escena y permitía el paso del público a la cávea y podía acoger unos 14000 espectadores.

Las proporciones de las graderías fueron calculadas acuradamente. En un principio el teatro de Epidauro tenia 30, pero posteriormente se añadieron 20 más, separadas de las primeras por un amplio corredor.

La construcción de teatros se basaba en una serie de cálculos matemáticos precisos, como ahora la razón áuria y la serie de Fibonacci. Los teatros griegos siempre estaban formados por 3 partes claramente diferenciadas: la orquesta circular delc entro, los edificios del escenario y la cávea.

D) Iconografía, significa y contenido:
Las obras griegas que se ponían en escena formaban parte de las fiestas celebradas en honor a Dionisio, el dios del vino y de la fiesta. al principio los teatros tenían una finalidad religiosa y era donde se hacían las ofrendas al dios de la fiesta.

La función de este teatro es la que hizo que la ciudad de Epidauro se vuelva famosa porque había un santuario de Asclesio (dios de la medicina) En la época helenística su culto fue creciendo y este santuario era visitado por muchos enfermos de toda Helade. Por eso se construyó el teatro más grande de Grec

Bibliografía
• Armin von Gerkan et Wolfgang Müller-Wiener, Das Theater von Epidauros, éd. W. Kohlhammer, Stuttgart, 1961 ;
• M. Sève, «Les concours d’Épidaure», Revue des études grecques, 106 (1993), p. 303–328.

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¿Por qué en Alemania no hay Wal-Mart?

¿Por qué en Alemania no hay Wal-Mart?


El pais que no tiene Wal-Mart
En las principales calles y centros comerciales de Alemania, nación más rica de Europa y con uno de los PIB´s per cápita más altos del mundo no hay Wal-Marts. 

Llamese cadenas comerciales foraneas que difunden en el día a día valores negativos y alejados de lo que es el estimulo aséptico de los valores del sujeto,  para convertirlo en un anonimo portador de tarjeta de credito que se integre al consumo para ser felíz.

 

Cuando la cadena intentó posicionarse en este país con su lema: “Ahorras dinero y vives mejor” (Save money, live better) la sociedad y sus leyes que son de las más robustas del mundo, decidieron no ceder paso al gigante de Sam Walton, tanto que la transnacional con más de 6,500 tiendas y 175 millones de clientes a la semana no pudo con la cortina de hierro alemana. ¿La pregunta es por qué?

Primero Walmart afectaría irremediablemente a muchos pequeños negocios locales (VALOR DEL AMOR hacia sus conacionales). Para los alemanes, lo local es lo mejor y lo local es y debe ser de calidad. Confían en sus productos y en su gente, desconfían de lo que viene de fuera. En caso de que un producto local falle, exigen enérgicamente a los dueños calidad ya que “Made in Germany” es una cuestión de orgullo y patriotismo. Las marcas locales Alemanas son conocidas por ser de alta calidad: Bosch, SIEMENS, Mercedes Benz, BMW, Porsche, Volkswagen, Osram, Playmobil son algunos ejemplos. El refresco de cola más popular no es Coca Cola, el ganador se llama Fritz Cola Hamburg (Una marca de refresco de cola local con etiqueta de papel y sabor tradicional) Lo mismo sucede con los cereales, las cervezas y los servicios.

Por otro lado, las políticas de la multinacional no fueron bien aceptadas. No fue bien visto por ejemplo la “Línea de denuncias anónima para delatar faltas al reglamento”. En Alemania nadie te checa si haces las cosas bien o mal (VALOR DE LA CONFIANZA). Los soplones no son bien vistos. La honestidad es cuestión de prestigio e imagen.

También fue rechazado por la corte el punto que prohíbe que 2 empleados tengan relaciones amorosas. – ¿Quiénes somos nosotros para prohibir que 2 personas se enamoren? (VALOR DE RESPETO hacia derechos individuales).

No fue bien vista tampoco la política de contratar a gente mayor para abrir las puertas y dar la bienvenida a las tiendas ya que la tercera edad es venerada por su conocimiento y experiencia y no se les da trabajo por lástima (VALOR DEL RESPETO hacia las personas de la tercera edad)

Otro más a la lista: En Alemania está prohibido el Dumping (Vender por debajo del costo para atraer clientes), práctica muy común que cobra todos estos ahorros de las “promociones y descuentos” a los proveedores, llevándolos en algunas ocasiones a dejar de lado sus utilidades con tal de seguir vendiendo (VALOR DE LA HONESTIDAD). Para ellos, lo bueno cuesta y si es muy bueno, cuesta mucho. Esto anima a las personas a hacer cosas buenas ya que saben que su trabajo será valorado por los demás.

Me llama la atención como una comunidad fue más poderosa que una marca transnacional y como no siempre el dinero es lo que manda en una relación comercial. Existimos para ser felices con lo que hacemos. Primero que nada necesitamos salud, amor y poder compartir nuestro tiempo y nuestros intereses con nuestros seres queridos. El dinero viene después.

Saber decir que no, es una importante habilidad de negocios. Curiosamente cuando no se traicionan los valores, el dinero llega solo. Alemania fue destruida completamente 2 veces, hoy es la 4ta economía del planeta con un ingreso per-cápita mensual (Cantidad promedio que gana cada alemán al mes) de $3,900.00 dólares, una población de 80 millones de habitantes y uno de los índices GINI (índice que mide la desigualdad) más bajos del mundo.

Importante es reflexionar sobre esta realidad en un medio en donde todo esta supeditado al consumismo de valores foraneos y en donde la honestidad, el respeto, la confianza, y la autoestima estan cada día más en deterioro .

¿Se puede ser arquitecto sin saber latín?

¿Se puede ser arquitecto sin saber latín?

Por: Anatxu Zabalbeascoa | 26 de febrero de 2014

 

Bohigas

Foto: Leila Méndez

Oriol Bohigas (Barcelona, 1925) defiende la arquitectura como un arte cívico. En medio de la redefinición profesional que viven los arquitectos puede que las voces discrepantes con la tónica generalizada, que busca adaptar la profesión a una nueva sociedad y rentabilizar un conocimiento, sean las que den más que pensar. En cualquier caso, voces discrepantes como la de este arquitecto y urbanista  barcelonés resultan reveladoras del propio cambio que atraviesa la disciplina.

El que fuera director de la Escuela de Arquitectura de Barcelona y concejal de Urbanismo y de Cultura del Ayuntamiento de esa ciudad, además de uno de los referentes en la arquitectura de postguerra catalana, contesta a tres preguntas:

¿Qué ha cambiado más en su profesión desde que consiguió sus primeros trabajos? Para los arquitectos que terminamos la carrera en los años 50, el reto más importante era cultural: luchar a favor de la tradición moderna de la arquitectura que había sido abandonada –y prohibida– por el franquismo, sobre todo en la primera postguerra. En esta lucha, el joven arquitecto disponía de un prestigio social, cultural y profesional que le permitía participar en las decisiones e imponerse a otros intereses menos culturales de la profesión. No se consideraba -como ahora ocurre– que el objetivo profesional de los arquitectos jóvenes fuera acabar empleados de una sociedad de explotación inmobiliaria o colaborar acríticamente con ellas. El joven arquitecto tenía prestigio y se le atribuía solvencia en los procesos de autoría. Tenía bastante autoridad, ocupaba lugares de compromiso dentro del núcleo dirigente de la sociedad, aunque sus equívocos ideológicos no le permitían conseguir transformaciones profundas como se habían propuesto los de la generación de la república. La autoridad –y la independencia de juicio– provenían de la aureola académica de la carrera pero también del conocimiento profundo de las diversas técnicas de la construcción. Los problemas los sabía resolver el arquitecto mejor que nadie, seguramente porque había cursado una carrera universitaria larga, difícil y revestida por un prestigio social y económico. En la actualidad el panorama ha cambiado.

¿Cuál era entonces la dificultad y cuál es ahora? Al arquitecto no se le considera una autoridad superior y decisiva porque los ingenieros, las ingenierías, los aparejadores, los managers -con menos cultura general y con menos preocupaciones teóricas- disponen de conocimientos  técnicos más que suficientes  para resolver los problemas habituales. Y para resolver la calidad de los ambientes interiores y la estética y la funcionalidad de la construcción lo habitual es disponer de los decoradores (o decoradoras) siempre tan serviciales.

¿Pueden recuperar los arquitectos esa autoridad de la que habla? Ahora ya es muy difícil pero quedan todavía dos caminos. Primero: mejorar su educación tanto en tecnología como en atributos sociales y culturales, de manera que vuelva a ser el autor real y operativo. Segundo: exigiendo ya, desde la formulación de los encargos, una consideración cultural que permita atribuir a una construcción la jerarquía de una arquitectura.

En resumen: habría que volver a una educación universitaria fuerte, oficial, compleja, humanística, pluridisciplinar y, si me permiten,

elitista. Jujol decía que sin saber latín no se podía ser arquitecto.

Así, habría que volver a tratar a la arquitectura -especialmente desde la Administración– como un fenómeno prioritariamente artístico y como una aportación socialmente cívica.

La extinción de los arquitectos

 

Espacio urbano

By domenico castellano, p2p urbanism, sentient city April 29, 2011
Espacio Público | entrevista a Andrés Walliser

Para mi investigación Espacios Sensibles – Hibirdación físico-digital para la Revitalización de los Espacios públicos (Domenico Di Siena) (9384), he entrevistado a muchos profesionales e investigadores. Hoy os quiero dejar con la entreviste que hice al prof. Andrés Walliser (@andreswalliser).

Preguntas:

1 – ¿Qué entiendes por espacio público? (definición)
2 – ¿Cómo calificarías el espacio público de las ciudades de hoy? (problemas)
3 – ¿Cómo lo cambiarías? (soluciones)
4 – ¿Qué papel pueden jugar las nuevas tecnologías en ese cambio? (espacios híbridos)

1 – ¿qué entiendes por espacio público? (definición)

El espacio público es un espacio multidimensional donde confluyen las dimensiones físicas, sociales, culturales, administrativas y simbólicas. La dimensión física es el soporte de las otras que se articulan en torno a interacciones de individuos y organizaciones publicas y privadas. El peso simbólico de un espacio publico viene determinado por estas interacciones y por elementos estructurales e históricos del espacio. Todo ello referido tanto a la plaza central del casco histórico de una ciudad medieval, como a un parque en un barrio de reciente creación o un espacio apropiado en un no-lugar o un lugar intersticial en la trama urbana.

2 – ¿cómo calificarías el espacio público de las ciudades de hoy? (problemas)
Los espacios públicos han sido siempre escenario de la tensión entre poder y súbdito y posteriormente ciudadano. El poder, las instituciones generalmente locales proveen, diseñan y ejecutan de los espacios públicos. No obstante, los espacios publicos sean calles, plazas, parques son espacios de apropiación por antonomasia. Son lugares donde se articula una topografía espacio tiempo que determina los usos y los valores> simbólicos en cada momento del día, de la semana o del año. Los antiguos usos de lugar de intercambio económico (mercado, feria), político (ágora, foro) o lúdico (circo) no han cambiado tanto, pero si lo ha hecho el escenario. Los espacios públicos en los países desarrollados son espacios hiperregulados, y por lo tanto lugares donde se plantean conflictos de forma permanente, por que cada vez los usos están mas restringidos y sujetos a control. De hecho cada vez mas el diseño de dichos espacios está mediado por la necesidad de control y limpieza superponiendo en muchos casos el estos a un programa que permita que funcionen como lugares de reunión, intercambio y creación social. Es mejor un espacio limpio pero vacío, que un espacio heterogeneo y con usos diversos y espontáneos.

La hiperregulación y el cambio de patrones lúdicos y políticos también aleja a los ciudadanos de los espacios públicos. En muchas ocasiones los espacios públicos solo tienen uso si existen actividades organizadas o establecimientos de hostelería (chiringuitos, terrazas, etc).

Sin duda uno de los elementos mas determinantes del uso ciudadano y el control institucional de los espacios públicos es la seguridad, mejor dicho la percepción (objetiva o subjetiva) de su ausencia.

Los espacios públicos han sido siempre escenario de la tensión entre poder y súbdito y posteriormente ciudadano. El poder, las instituciones generalmente locales proveen, diseñan y ejecutan de los espacios públicos. No obstante, los espacios publicos sean calles, plazas, parques son espacios de apropiación por antonomasia. Son lugares donde se articula una topografía espacio tiempo que determina los usos y los valores> simbólicos en cada momento del día, de la semana o del año. Los antiguos usos de lugar de intercambio económico (mercado, feria), político (ágora, foro) o lúdico (circo) no han cambiado tanto, pero si lo ha hecho el escenario. Los espacios públicos en los países desarrollados son espacios hiperregulados, y por lo tanto lugares donde se plantean conflictos de forma permanente, por que cada vez los usos están mas restringidos y sujetos a control. De hecho cada vez mas el diseño de dichos espacios está mediado por la necesidad de control y limpieza superponiendo en muchos casos el estos a un programa que permita que funcionen como lugares de reunión, intercambio y creación social. Es mejor un espacio limpio pero vacío, que un espacio heterogeneo y con usos diversos y espontáneos.

La hiperregulación y el cambio de patrones lúdicos y políticos también aleja a los ciudadanos de los espacios públicos. En muchas ocasiones los espacios públicos solo tienen uso si existen actividades organizadas o establecimientos de hostelería (chiringuitos, terrazas, etc).

Podemos decir que parques y plaza, los espacios de uso público mas característicos tienen diverso grado de aceptación según su ubicación. Los ubicados en las zonas centrales o históricas de la ciudad están mas reguladas (plazas) y su uso mas demandado (plazas y parques). Si hablamos de zonas mas periféricas, a menudo encontramos plazas y parques con usos específicos de ocio juvenil que buscan insertarse en los espacios apropiados de los que carecen en la ciudad y chocan con los usos de otros usuarios y son percibidos como amenazadores y directamente peligrosos.
Sin duda uno de los elementos mas determinantes del uso ciudadano y el control institucional de los espacios públicos es la seguridad, mejor dicho la percepción (objetiva o subjetiva) de su ausencia.

3 – ¿cómo lo cambiarías? (soluciones)

En definitiva los espacios públicos de nuestras ciudades necesitan ser usados mas y mejor. Los usos deberían ser estimulados desde lo público pero también y sobre todo desde la sociedad civil. Se debe buscar el equilibrio entre la actividad, la calidad de vida del entono y la seguridad. Se deben habilitar espacios públicos temporales y dotar de la máxima flexibilidad de usos a los que existen.

El espacio publico debe ser un referente espacio temporal para los ciudadanos tanto residentes en el entorno como en otras partes de la ciudad. Debe ser un atractor de actividad pero también de identidad y significado para los ciudadanos tanto por su diseño y elementos como por las funciones que desempeña en la vida cotidiana.

El espacio publico debe retomar su protagonismo en la vida del ciudadano como individuo (cosa que es cada vez mas frecuente como escenario de ocio deportivo) como para la comunidad como lugar de encuentro y expresión social. Para ello es fundamental apoyar o quizá mejor tolerar los usos informales y nómadas que se dan en los espacios para que generen su propia identidad e historia ligada a la experiencia cotidiana de sus usuarios.

4 – ¿qué papel pueden jugar las nuevas tecnologías en ese cambio? (espacios híbridos)

Hay una cierta relación paradójica entre nuevas tecnologías y espacios públicos. Hasta cierto punto las nuevas tecnologías ofrecen un enorme potencial para los espacios públicos pero también funcionan como sustitutivos de ocio en mucho de los colectivos de usuarios tradicionales como los jóvenes o niños. Si antes las madres mandaban a sus hijos al parque para despejar la casa, ahora están mas tranquilas si estos están enchufados a la tele, ordenador o videojuego. De la misma manera que esto ocurre, las nuevas tecnologías aportan una enorme frescura dinamizadora de la vida comunitaria en los barrios donde es mas fácil hacer una convocatoria, desarrollar actividades organizadas informalmente etc.

Nuevas tecnologías e informalidad son la receta, o mejor dicho parte de la receta de cómo modernizar y volver a poner en primer plano a los espacios públicos en la vida de los ciudadanos.

Se abre también un debate entre el uso público de la red en el los espacios públicos y los perjuicios de las compañias de telecomunicaciones que ven una potencial perdida de control de usuarios y beneficios.

Esto seria a nivel genérico la relación entre TIC y espacios urbanos. A nivel mas especifico, mi desconocimiento me limita mucho en la valoración de las TICs pero a priori seria interesante el desarrollar espacios wifi en algunos espacios públicos siempre que permitan la interacción social y no atenúe el “ostracismo tecnológico” que genera el uso individualizado de telefonía, videojuegos etc en muchos jóvenes.