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Marcel Proust: À la recherche du temps perdu.

Marcel Proust

Marcel Proust 1.

En 1907, comenzó la que sería la primera parte de su gran novela y que titularía Por el camino de Swann (Du côté de chez Swann), publicada en 1913 a cuenta del autor. La segunda parte, A la sombra de las muchachas en flor (À l’ombre des jeunes filles en fleur) obtuvo el Premio Goncourt en 1919, primer reconocimiento de cierta notoriedad que Proust recibió cuando le quedaban sólo tres años de vida.

À la recherche du temps perdu es una gran reflexión sobre el tiempo, la memoria, el arte, las pasiones y las relaciones humanas atravesada por un sentimiento del fracaso y el vacío de la existencia, animada por más de doscientos personajes: descripciones poéticas, comparaciones y metáforas, reflexiones filosóficas y exposiciones literarias de teorías metafísicas, anécdotas, discusiones y conversaciones que entrecruzan los más variados personajes en los más diversos lugares.

Marcel Proust 2

Varios ejes estructuran la obra, entre los cuales destacan:

El amor y los celos, ilustrados especialmente en la relación entre Swann y Odette, así como en la que el narrador tiene con Albertina
El arte en todas sus formas: pintura, música, literatura, teatro, arquitectura, escultura.
La condición existencial y la subjetividad esencial que la constituye
Las relaciones entre tiempo y memoria.
Los distintos ámbitos y esferas sociales que contrastan entre sí, como la familia y los amigos, la ciudad y el pueblo, los salones burgueses y los aristocráticos.
La homosexualidad, tema tratado en los personajes de Roberto de Saint-Loup, el Barón de Charlus y Carlos Morel.

Proust ofrece un gran panorama de la decadencia de la nobleza francesa a fines del siglo XIX, pero también salva mediante la riqueza imaginativa de su memoria para la posteridad ese modo de vida. También escribió Los placeres y los días (recopilación miscelánea), Jean Santeuil (novela inconclusa y póstuma, publicada en 1952), además de numerosos artículos escritos para la prensa (principalmente de crítica literaria y recopilados en Contra Saint-Beuve y Parodias y misceláneas) y de una cantidad abrumadora de cartas –más de cien mil– cuya publicación se completó en 1993 y alcanzó los veintiún tomos de Epistolario. Tradujo a John Ruskin (The Bible of Amiens, Sesame and Lilies) con ayuda de su madre, de excelente inglés, para la comprensión del idioma.

El estilo literario

En general la obra de Proust posee un estilo literario muy característico e inconfundible, influido por el impresionismo y con marcado carácter simbolista. Domina un tipo de descripción atomizada y narrativamente recurre a un tempo lento y moroso, de párrafo amplio y complejo; su manera de abordar cualquier cuestión es siempre indirecta, en espiral.

Huyendo del realismo y sus excesos naturalistas, Marcel Proust mostrará su transfiguración de la realidad por medio de distintas formas de subjetivismo, como por ejemplo la forma imaginativa de tratar el tiempo y sus observaciones y descripciones impresionistas, pero todas estas técnicas quedan resguardadas a la sombra de la principal característica de la obra de Proust: el fluir proteico de la conciencia, reducida a la durée bergsoniana.

Proust hace uso del monólogo indirecto, el cual supone la presencia de un narrador omnisciente que presenta pensamientos no articulados por la palabra y regularmente conduce al lector a través de una estructura episódica que también es una modificación de la clásica estructura tradicional, por dos razones: por el uso de la analepsis o flashback y por su especial contenido temático. El contenido de la novela no es lineal, y solo reduciéndolo a la caricatura puede denominarse argumental, porque no narra sucesos, como en la escuela tradicional, sino el efecto que producen en la sensibilidad, el pensamiento, la imaginación y la memoria. La obra de Proust presenta también diálogos simultáneos que suceden en un mismo tiempo-espacio.

Los cambios de narración, de lugar, de tiempo, de perspectiva y de narrador, hechos a partir de recuerdos, ofrecen una impresión especial. La novela proustiana posee un tiempo psicológico, manipulado por el narrador.

Marcel Proust 3Ingreso del edificio donde vivió Proust en Paris: Sobrio, elementos constructivos solidos, detalles constructivos pertinentes para comunicar sentido de potencia. Alegorias griegas apropiadas a la imagen de coherencia formal.

La obra de Proust es una narración de sensaciones y detallista. Tal como describe lo que rememora al saborear una magdalena,
“esos bollos cortos y abultados que llaman magdalenas”,
y oler el aroma del té y describir como
“me lleve a los labios una cucharada de té en la que había echado un trozo de magdalena. Pero en el mismo instante en que aquel trago, con las migas del bollo, tocó mi paladar me estremecí…”.
Con la misma precisión tratará los sentimientos, a los que sitúa en diferentes puntos de vista y circunstancias, exponiendo en cada caso una nueva descripción,
“…todo eso, pueblo, jardines, que va tomando forma y consistencia, sale de mi taza de té”. Analiza los átomos de los sentimientos y de las percepciones:
“si deseamos comprender lo bonita que ha sido una mujer no basta con mirarla, hay que traducir facción a facción“.
Tal como saborea el té con la magdalena lo hace con el beso a Albertina.

La lectura de esta novela atrae al lector no tanto por la historia que cuenta, sino por cómo lo hace, ya que Proust es capaz de hacer entrar al lector en su obra, lo atrapa porque une el lenguaje al sentimiento, convirtiendo leer en un espejo que nos permite ver nuestros propios sentimientos que acaban formando parte de la novela. Cada detalle lo alarga en su descripción porque quiere hacer visible cómo lo envuelve el sentimiento.

Referencia literaria

1913-1927: En busca del tiempo perdido [À la recherche du temps perdu]
1913: Por el camino de Swann [Du côté de chez Swann]
1919: A la sombra de las muchachas en flor [À l’ombre des jeunes filles en fleur]

Premisas para enfrentar el planeamiento del sistema urbano peruano

El sistema urbano peruano
Percy Acuña Vigil [ ].

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En este documento presento un esquema de mi tesis sobre el sistema de las ciudades en el Perú. Desarrollo los siguientes cuatro puntos.

1. Premisas para tratar el tema del sistema de las ciudades.
El rol del Estado.
Los valores.
La ideología de lo urbano.
2. La situación del desarrollo y del crecimiento.
3. La situación de la educación.
4. El impacto de la globalización.

1. Premisas
Por el concepto de Sistema urbano, en el contexto del planeamiento urbano, nos referimos al conjunto de los componentes dinámicos de las ciudades y sus interrelaciones de acuerdo con la Teoría de los lugares centrales [ ] y a los empleados en el análisis interno de una ciudad, de acuerdo con los conceptos de estructura urbana [ ] de una ciudad.

Entendidos en su contexto estos componentes dinámicos pueden caracterizarse formando dos grandes conjuntos:
1) La sociedad con sus necesidades, costumbres, hábitos y cultura.
2) El medio ambiente con sus posibilidades, para satisfacer las necesidades del hombre en sociedad.
1.1. El rol del Estado

Al referirnos al sistema urbano se debe tener presente que las sociedades urbanas modernas han desarrollado formas de gestión y administración de las ciudades las que conformando el “Estado” se encargan del “Gobierno de las ciudades”.
Interesa destacar que los elementos reguladores del Estado presentes en la conformación de la ciudad son las instituciones gubernamentales y las instituciones formativas. Estas instituciones son las que tienen un rol fundamental en la conformación de la ciudad. El rol del estado las requiere fortalecer para que el sistema urbano sea eficaz.

El gobierno de la ciudad en las sociedades democráticas es el encargado de implementar, y controlar la gestión y gobernabilidad urbana dentro del sistema, para lo cual existen determinadas normas de convivencia las leyes, y ordenanzas que es necesario tener como referente fundamental cuando nos referimos a la tarea de actuar en el área urbana y esto implica como premisa fundamental el conocer cómo planificar en el área urbana.

1.2. Los valores
Este es un elemento central en relación al urbanismo. El estudio de los valores donde la sociedad en conjunto está inmersa, parte del cómo se produce y de cómo se trabaja.

Durante este proceso la identidad del individuo se ve alterada en correspondencia a su posición en el sistema. Aquí se encuentra la clave que es fundamental para determinar cuestiones de fondo en el proceso de diseño.

La investidura de la identidad toma lugar de acuerdo a la serie de actos en la identificación de los valores producto de las leyes de la religión, familia, ética, política, etcétera. La única forma de individualizar al individuo es sometiéndose a sí mismo, a partir de los valores existentes en la sociedad. La individualidad es reconocida de la misma manera en que un infante se interna en el orden semiótico lacaniano, por el significado de reconocer el sometimiento a la ley del padre o la sociedad.

La segunda fuerte influencia para la elaboración de esta tesis pertenece a la rama del psicoanálisis tomando como referencia directa las corrientes de Freud y Lacan, donde se realiza un fuerte cuestionamiento en la forma en que las leyes influyen al individuo desde que éste ha nacido, determinando cuales son los canales de distribución hacia el orden establecido por los la sociedad. De hecho la diversidad se encuentra permeada de contradicciones sujetas a las decisiones ideológicas, donde la ideología se encuentra inserta en las decisiones políticas. [ ]

Al observador inmediato el Estado se presenta bajo la forma de instituciones distintas y especializadas. Consideraremos p.e. las instituciones siguientes:

Religiosas, escolares, familiares, jurídicas, políticas, sindicales, de información, culturales Los trabajos de H. Lefebvre y la obra de M. Heidegger testimonian este aserto. [ ].

Desde un punto de vista pragmático el rol del Estado consiste esencialmente en asegurar su presencia para que el sistema urbano sea eficaz.

1.3. La ideología de lo urbano
Aquí lo central se encuentra en cómo se enfrenta la producción industrial y la organización urbana que son dos partes, dos aspectos de cómo transformar el sistema para generar desarrollo.

De este modo el urbanismo es ideología, por ello aunque pueda pronunciarse una definición ‘oficial’ del mismo como actividad que traza en el territorio la disposición de los establecimientos humanos, existen diferentes urbanismos: el del racionalismo ilustrado, el de los humanistas, el de los promotores, el de los tecnócratas etc. Por lo tanto implica un modo de ver la realidad.

Igualmente se encuentra diversos tipos de espacios producto de la racionalidad fundamentalmente analítica y operativa del siglo xx que morfológicamente sistemática sirve de metodología a una estrategia e ideologías determinadas.
Si el espacio sigue conservando un cierto aspecto «neutro» o puramente formal, se debe a que «ha sido objeto de estrategias antiguas de las que no es posible siempre encontrar huellas» ya que en cualquier caso el espacio forma parte de la desigualdad entre los sectores sociales
Una de las novedades más importantes de este enfoque consiste en el alcance más social que teórico así como la distinción en tres niveles del análisis sincrónico del espacio urbano: El nivel global o estatal, el mixto o de organización urbana y el privado o del hábitat.

La importancia que adquiere el tercer nivelo nivel privado del hábitat se explica desde el momento en que lo urbano se define como un contenido cultural, lo cotidiano, el eje del desarrollo social. Pero además, en virtud del contenido del primer nivel, el urbanismo es simultáneamente una intervención del Estado, entendiéndose en ese contexto precisamente la problemática de la alienación como la lucha de lo cotidiano [ ].
Siguiendo a Manuel Castells en su articulación de la ideología de lo urbano, propone dos acepciones asignadas al término urbanización: como concentración espacial desde ciertos límites de población y densidad y como «difusión del sistema de valores, actitudes y comportamientos.

Bajo la denominación de cultura urbana se encuentra una ideología propiamente urbana que capta los modos y las formas de la organización social e implica una cultura urbana como oposición a la rural, que consagra el paso decisivo de una forma comunitaria a otra asociativa.

La relación con el espacio va a depender además de variables como el desarrollo o la dependencia o independencia de la sociedad en cuestión. La ideología se hace específicamente urbana porque se produce y desenvuelve en la ciudad que, como proyección de una sociedad en el espacio, invalida la existencia de una teoría espacial al margen de una teoría social general y contribuye, por contra, al bosquejo de un entramado espacial como expresión de la estructura social correspondiente. En opinión de Castells esa organización espacial resulta de la combinación de tres elementos: el sistema económico, el político-institucional y el ideológico.

El espacio de consumo es entendido por Castells como el proceso espacial de reproducción de la fuerza de trabajo, la cual se realiza en dos niveles, los espacios verdes y el aparato socio-cultural a nivel colectivo y la vivienda a nivel individual, a cuya problemática dedica el autor una atención especial.

Censura el hecho de que «prácticamente no existe producción privada de vivienda social pero, sin embargo, existen fábricas que producen bienes de consumo para toda clase de rentas. Los problemas son de nuevo: la debilidad de las inversiones privadas y la búsqueda de una tasa elevada de beneficio a corto plazo», por lo que considera necesaria «la intervención permanente de los organismos públicos a nivel local y global», tanto en la demanda como en la oferta.
Uno de los procesos investigados por Castells en que el centro aparece como el núcleo por excelencia de la simbiosis producida entre política y ciudad es el de la renovación urbana de París, a través de cuyo análisis manifiesta cómo «ciertas orientaciones urbanísticas son directamente expresadas a partir de la más alta instancia del aparato político», de manera que los problemas urbanos se acaban convirtiendo en problemas políticos [ ] .
Históricamente la ciudad de París ha venido ocupando un lugar preponderante en la lucha política y en el desarrollo social de toda Francia. En ese sentido, Castells interpreta la Comuna de París como la «primera insurrección política importante». Casi un siglo después, el Movimiento de Mayo del 68 también estuvo «directamente vinculado a la base parisiense».

El otro aspecto de la política urbana, los movimientos sociales, son definidos por Castells como «la organización del sistema de los agentes sociales con el fin de producir un efecto cualitativamente nuevo sobre la estructura social» [ ]. Los temas en tomo a los cuales giran sus protestas son fundamentalmente: el consumo colectivo a través de los bienes públicos y servicios urbanos, el consumo a nivel individual, esto es, la vivienda, la identidad cultural ligada al territorio y la movilización política en el gobierno local.

En su perspectiva se observa la creciente importancia de la política a nivel municipal que está indisolublemente ligada al resto de los problemas urbanos que condicionan y son la base para enfrentar el “diseño de la ciudad”.
Conocemos así que la ciudad proyecta sobre el terreno una sociedad, una totalidad social o una sociedad considerada como totalidad, comprendida su cultura, instituciones, ética, valores, en resumen sus superestructuras, incluyendo su base económica y las relaciones sociales que constituyen su estructura propiamente dicha.

El análisis de la articulación concreta entre esta forma espacial y la estructura social obliga al trabajo común con otros científicos sociales y permite que nuestra investigación pueda integrarse -a pesar de la especificidad del objeto y del método del planeamiento en una tarea más amplia, de carácter necesariamente interdisciplinario.

Esto hace ver que cuando nos referimos al sistema de las ciudades requerimos de enfoques multidisciplinarios en donde todas las variables a que hemos referencia se tengan presentes y sirvan para reorientar las visiones unilaterales y profesionistas para enfrentar el problema del desarrollo del sistema de las ciudades en el Perú.

2. El Desarrollo y el crecimiento.

En el campo académico de la investigación se conoce que el crecimiento del país viene dado por dos principales razones: a) el crecimiento de las exportaciones primarias y b) el crecimiento de las inversiones extranjeras en el país. Lo primero continúa identificando un futuro sin crecimiento. En relación a lo segundo, se destaca el hecho que estas inversiones se dirigen, especialmente, a sectores ya consolidados y solo se dedican a comprar empresas ya existentes. En ese sentido, es ampliamente conocido que el crecimiento del Perú es una ilusión y no es real, y asimismo, que en realidad no existe la creación de nuevas empresas.

En un contexto de este tipo me interesa referirme a lo que ocurre con el sistema urbano del país porque estamos frente a un auditorio de alumnos de arquitectura. Esto también es de importancia puesto que hoy en día en un contexto de pobreza real, y de grandes aspiraciones por lograr el desarrollo, el papel de los arquitectos es fundamental.

Fundamental porque su tarea central es la de diseñar la ciudad del desarrollo, es la de intervenir en el problema de la pobreza crónica de la vivienda, de intervenir en cambiar no sólo la cara de la barriada endémica que es la cara de todas las ciudades del país sino la de intervenir en la construcción de su desarrollo. Por eso la tarea de la arquitectura es hoy la del urbanismo, pero la del urbanismo pertinente y centrado en la realidad concreta de nuestras poblaciones y de sus aspiraciones.

No es la arquitectura de las sociedades de la afluencia sino la de las sociedades de la carencia lo que nos interesa. Esto es lo que hace que la arquitectura sea trascendente y especialmente importante.

En este sentido interesa la arquitectura del servicio a la industria, del servicio a las MYPES, del servicio a la pesca, y a sus equipamientos y requerimientos de equipamiento, del servicio a la agricultura en todos sus requerimientos tecnológicos, del preparar cuadros calificados de técnicos arquitectos al servicio de todo el norte del país que es el escenario de la gran minería y que demanda de profesionales debidamente competentes y de la máxima calificación.

Este escenario es el de la construcción y aquí el rol del arquitecto requiere potenciarse y reubicarse adecuadamente porque ha estado enajenado por desvíos impertinentes y desubicados hacia áreas lúdicas que desorientan las prioridades de los estudiantes.
3. El rol de la Educación

Todo esto está ausente y demanda una reingeniería en la formación y en la educación.

En esta tesis el primer aspecto que se debe realzar es por lo tanto el de la educación.

La educación forma parte del sistema urbano y esta se caracteriza por la falta de calidad y equidad. “Somos un país demasiado inequitativo en términos de calidad de los aprendizajes”, p.e. en la última prueba de Evaluación Censal Estudiantil (ECE) 2013, aplicada por el Ministerio de Educación, la diferencia entre los resultados de la región mejor calificada (Moquegua) y la peor calificada (Loreto) fue abismal.

El segundo problema, es el enorme divorcio entre lo que propone el sistema educativo -a nivel superior- y lo que necesita el mercado actual. Las carreras en las cuales se está formando a los jóvenes muchas veces se hallan alejadas de las necesidades del sistema productivo. El gran riesgo es que, en algún momento, el crecimiento sostenido del país pueda paralizarse justamente por esa razón.

Diversas investigaciones [ ] coinciden en señalar que dos de los problemas en este contexto más importantes continúan siendo la inequidad en el acceso y la baja calidad de la educación.
“Somos un país demasiado inequitativo en términos de calidad de los aprendizajes”, en la última prueba de Evaluación Censal Estudiantil (ECE) 2013, aplicada por el Ministerio de Educación, la diferencia entre los resultados de la región mejor calificada (Moquegua) y la peor calificada (Loreto) fue abismal.
Existe un divorcio entre lo que propone el sistema educativo -a nivel superior- y lo que necesita el mercado actual. Las carreras en las cuales se está formando a los jóvenes muchas veces se hallan alejadas de las necesidades del sistema productivos.

Por ejemplo, a pesar de que la cobertura a nivel de educación primaria llega al 96,1%, esta se reduce hasta 85% en educación secundaria, y baja inclusive hasta el 62% en educación inicial; peor aún, diferenciando por severidad de pobreza, se aprecia que la cobertura en educación inicial es aún critica en el caso de la pobreza extrema, llegando apenas al 43%. Por otro lado, solo una pequeña proporción de los estudiantes logra alcanzar el nivel de aprendizaje suficiente en matemáticas (15,1%), y comprensión de lectura (9,6%) que corresponden al grado que cursan.

Si se considera que el tema del rendimiento escolar es de mediano plazo, se debe aprovechar la actual situación financiera de la economía para poner en marcha una reforma educativa integral que priorice la equidad, la calidad de la educación y la dotación de infraestructura.

Recientemente el ministro de Educación, alertó que el país puede tener problemas de competitividad en el futuro, al comentar los resultados del informe Pisa 2012, en el que Perú aparece último en comprensión de lectura, matemática y ciencias.

Señalo igualmente que por el hecho de que sigamos a la saga muestra que efectivamente podemos tener mayores problemas de competitividad en el futuro si es que la calidad de nuestro sistema educativo no mejora de manera dramática.

Debe recordarse que en el informe PISA, muy seguido por las autoridades educativas en todo el mundo, se registra que de los países latinoamericanos, el último de la lista y del grupo de América Latina es Perú.

PISA prueba

La prueba PISA propone estándares de calidad académica escolar internacional, si deseamos desarrollar potencialidades que nos sitúen de manera efectiva en el actual contexto globalizado competitivo, debemos tratar de adecuarnos a ellos incorporando nuestros propios códigos culturales que manifiesten nuestra identidad como país en desarrollo.

Los resultados adversos obtenidos indican claramente que debemos fomentar el hábito lector, la velocidad con que deben procesarse las respuestas a la prueba, amerita una intensiva práctica de la lectura. También indica que debemos trabajar con textos más extensos y más complejos y que debemos reforzar los procesos intelectuales de razonamiento así como las habilidades para producir textos.

Esta situación es particularmente de mayor gravedad cuando nos referimos al nivel universitario.

La universidad peruana aún se halla a mucha distancia de engarzarse con el desarrollo nacional; la investigación científica no engarza con ella, los protocolos de eficiencia aún distan de hacerse realidad por la ausencia de reglas transparentes en su aplicación. La “cultura de calidad” resulta un eslogan que tiene poca utilidad cuando se evalúa el éxito de cada egresado que ha alcanzado una plaza laboral en la carrera en que fue formado.

Según la investigación del Doctor Luís Piscoya [ ] siguiendo el criterio general de la ciencia que es aplicar la verdad universal a una realidad concreta, el profesor aplica el modelo de Ranking of World (universidad de Shangai) a la realidad peruana y/o latinoamericana especificando y determinando las condiciones que genera particularidades y arroja como resultado – por ejemplo – que en cuanto a producción científica ninguna universidad del país excepto la Cayetano estaría en ventaja.

Hoy la universidad debe verse como proveedora de conocimiento invirtiendo y financiando buenos proyectos o canalizando otros bajo cooperación técnica internacional, de las cuales estamos muy lejos. Es preocupante saber que haya Universidades que tienen más maestristas que estudiantes de pregrado, y que siendo post grado no cuentan con una biblioteca, y ni siquiera especializada, evidentemente no se está al tanto del conocimiento ni siquiera en su primera versión.

• De acuerdo con esta realidad el primer pilar a asegurar es el de que la calidad educativa aumente. Esto implica una tarea para los docentes en primera instancia, en segunda instancia es lograr que el sistema se extienda a los estudiantes igualmente y que trascienda a la comunidad.

• Se requiere establecer estándares de calidad, comenzando por los mínimos estándares mediante una acreditación adecuada y pertinente.
• Esta acreditación sirve para saber dónde estamos y cómo podemos avanzar.
• Se requiere trabajar para enseñar lo que se debe porque se ha sido extensivo y hoy se requiere calidad y competitividad.

El segundo pilar es la infraestructura.
A. Aquí vamos a tener que avanzar más rápido. Nosotros no podemos darnos el lujo de ser un país en el cual el 40% de nuestras escuelas no tienen servicios de saneamiento.
B. Tenemos que avanzar en construir colegios más pequeños en zonas rurales y atender poblaciones dispersas. También en contar con colegios medianos y grandes en capitales de provincia que puedan ser nodos de desarrollo educativo.

Debemos avanzar con un paquete mínimo de tal manera que aseguremos que los colegios tengan techo, piso, pared, biblioteca, Internet y acceso a saneamiento.

C. Lo otro es mejorar mucho en el frente de aprendizaje, en los logros de aula, con un marco curricular más moderno y un apoyo eficiente a la labor del profesor.
D. Finalmente está la mejora que se debe hacer a los procesos de gestión administrativa.

FRENTE A ESTA SITUACIÓN QUÉ RETOS SE PRESENTAN:
Un reto es un desafío para quien lo afronta. Implica la idea de oposición o rivalidad entre dos o más que aspiran a obtener la misma cosa. El tema establece que por un lado están los intereses del Perú y por otro los intereses de la globalización. Me interesa en este documento tratar de esbozar cuáles son estos intereses y que tareas implica defenderlos.

4. Que es la globalización
El diccionario de La Real Academia de las Lengua Española define globalización como “la tendencia de los mercados y las empresas a extenderse alcanzando una dimensión mundial que sobrepasa las fronteras nacionales”. Esta es una definición neutra que se refiere a la integración internacional.

Noam Chomsky señala que el término quiere decir integración internacional e integración económica pero que ha devenido en una postura ideológica particular, que sostiene una forma específica de integración en la que el capital financiero ocupa un lugar privilegiado mientras que los individuos tienen una importancia accesoria.

En una entrevista el año pasado Chomsky afirma:
El término se ha convertido en los últimos años en un tipo de término técnico que no se refiere a la globalización, sino que se refiere a una forma específica de integración económica internacional:…basada en la prioridad dada a los derechos de los inversionistas, y no a los derechos de los habitantes. A los derechos de los inversionistas, prestamistas, corporaciones, bancos, instituciones financieras, etc. dentro de un marco neo liberal, el denominado Consenso de Washington. Esta es una posición doctrinal, que ha devenido en denominarse globalización porque la gente que tiene esta posición tiene el control del poder y de la riqueza concentrada, de modo que puede imponer sus condiciones
Lo que hoy se denomina “globalización” ha sido ampliamente estudiado y sobre este tema ha habido amplio debate y una vasta y creciente literatura, dentro de la cual, Aníbal Quijano postula que el proceso llamado “globalización” es directamente dependiente de las relaciones con las tendencias actuales de las formas institucionales de dominación. Para

Aníbal Quijano la globalización tiene un carácter básicamente político y afirma que no es un fenómeno natural sino una fase de la disputa permanente por el poder.

En este sentido A. Quijano afirma que el actual patrón de poder mundial consiste en la articulación entre : 1) La colonialidad del poder; 2) El capitalismo; 3) El estado como forma central universal de control de la autoridad colectiva; 4) El eurocentrismo como forma hegemónica de control de la subjetividad/ intersubjetividad, en particular en el modo de producir conocimiento.

Aníbal Quijano señala que de acuerdo con este enfoque enfrentar la globalización es liberar el proceso de integración de estas tendencias buscando un imaginario asociado a la liberación de las gentes del poder. Immanuel Wallerstein define tres momentos en el desarrollo de la globalización:
• La internacionalización, con la colonización de América desde el siglo XV hasta fines del siglo XIX.
• La multi nacionalización, que represento el desarrollo del capitalismo desde 1870 hasta 1980.
• La globalización o mundialización contemporánea, con el desarrollo de un solo sistema mundial y la conformación progresiva de una única sociedad integrada en todo el mundo.

Lo que ocurre es que en la actualidad la globalización tiene otra naturaleza diferente a la de los momentos iniciales. Su interés actual es el capital, el capital financiero, siendo las personas secundarias.
En la actualidad, EE.UU. es el líder de este proceso. Proceso cuya característica es:
• La tendencia a la mundialización económica desde el siglo XVI y formalizada en la teoría económica clásica.
• La existencia de un sistema económico único en múltiples espacios territoriales distintos, con una dinámica propia dirigida a mantener la acumulación, por lo que implica una lucha permanente por el poder.

Para Aníbal Quijano el… carácter básicamente político de la llamada “globalización” da cuenta de que no se trata, como en su imagen mítica, de una suerte de fenómeno “natural”, inevitable e inescapable en consecuencia. Por el contrario se trata del resultado de un vasto y prolongado conflicto por el control del poder, del cual salieron victoriosas las fuerzas que representan la colonialidad y el capitalismo. Y, en consecuencia, la “globalización” es una inevitable arena de conflictos tanto entre los vencedores y vencidos, como entre los propios vencedores, susceptible entonces de otros resultados.

La teoría de la globalización, la de los sistemas mundiales y hasta cierto punto la teoría de la dependencia toman en cuenta los cambios que han ocurrido en la esfera económica. En la actualidad, los principales aspectos que se encuentran en estudio dentro de la corriente teórica de la globalización se refieren a:

(a) Nuevos conceptos, definiciones y evidencias empíricas relacionadas con las variables culturales y como las mismas afectan los cambios nacionales y regionales;
(b) Procesos específicos en los cuales se concretan los mecanismos de una “sociología comprehensiva” dentro de las condiciones de la “aldea global”;
(c) Integración a diferentes niveles de poder tanto dentro como entre naciones y en términos comparativos con las diferentes modalidades de integración/marginación que ocurren a nivel mundial;
(d) Formas dinámicas mediante las cuales los nuevos patrones de comunicación están afectando a los grupos minoritarios dentro de las sociedades;
(e) Conceptos relacionados con la autonomía relativa de los estados y la relación de los mismos con las sociedades civiles, y dentro de ese contexto, la eficacia de la toma de decisiones nacionales respecto al campo macroeconómico; y
(f) Formas en que el regionalismo y el multilateralismo están afectando los procesos de integración económica y social.

La utopía democrática frente a las políticas de ajuste que no han podido revertir las tendencias al empeoramiento de las condiciones de vida de las poblaciones.

Existe otra globalización alternativa que propugna una vida digna a todos los habitantes, alimentos suficientes, agua potable, vivienda adecuada, educación básica, atención médica y servicios públicos.

Susan George [ ] afirma que el dinero para hacer posible este mundo debe salir de donde está en su mayor parte: del ámbito internacional, de los beneficios de las megaempresas y de los mercados financieros, de la cancelación de la deuda de los países pobres y de convertir el “libre comercio” en comercio justo.

Señala que la globalización es una ideología que hay que combatir y que no es cierto que si unos se enriquecen, los demás se enriquecerán también. Susan George señala igualmente que bajo esta visión se está promoviendo interesadamente la política de identidad, la cual señala que es una gran ventaja para los que gobiernan; por eso, los expertos del grupo de trabajo la recomiendan calurosamente.

Ayudando a la gente a preocuparse por quiénes son desde el punto de vista histórico, o político, o religioso, o racial, o de sexo, se evita que se ocupen de lo que pueden hacer juntos. Se bloquea la solidaridad. Se trata de evitar que la gente comprenda que tienen los mismos intereses y que se unan, ya que si la gente se une y deja el individualismo, el sistema difícilmente funcionaría.

Por esto se procura que se mire hacia otros objetivos y que, por ejemplo, el cristiano vaya contra el judío o el musulmán y viceversa, o que la mujer vaya contra el hombre, o el negro contra el blanco. Si todo esto se exacerba, nos olvidamos de las transnacionales. Parece clarísimo que las políticas de identidad son sumamente útiles para entretenernos.

En El Informe Lugano, Susan George agrega que el sistema actual es una máquina universal para arrasar el medio ambiente y para producir perdedores. Pero señala que estamos en un momento histórico y que hay un mundo de jóvenes que parecen considerarse ciudadanos del mundo y que pueden orientar el comienzo de un cambio.

Puede considerarse, que pese a su heterogeneidad, este movimiento es el protagonista de la primera revolución del siglo XXI, y que busca extender el ámbito de esta globalización fundamentalmente a la política, la cultura, los derechos humanos, económicos y sociales, y a la ecología.

4.1. Aspectos de la globalización en el Perú
J. Habermas señala que la construcción del conocimiento es ideología, cuando se aplica a la realidad instrumental sin comprobación válida, como criterio para todas las formas y dominios del conocimiento y señala que el resultado final de este enfoque es la reducción de los asuntos morales y estéticos, educativos y políticos a problemas técnicos: el por qué y el qué se reducen al cómo.

En este sentido y dentro de la amplia gama de los aspectos de la globalización que son un reto y que se requiere enfrentar en relación al modo de la construcción del conocimiento en el Perú [ ] los siguientes son algunos de los efectos de la globalización:

En cuanto a los aspectos sociales:
Déficit de ciudadanía social.

El Perú sufre más desigualdad en la distribución de la renta y la riqueza que el promedio mundial. Apenas existe seguridad social: siete de cada diez nuevos empleos creados desde 1990 corresponden a la economía informal y disfrazada y sólo seis de cada 10 nuevos empleos generados desde ese año en la economía legal tienen acceso a algún tipo de cobertura social. Lo que plantea, además de las carencias actuales, la gran desprotección de la población cuando llegue a la edad de jubilación.
Déficit de ciudadanía civil.

A pesar de los avances, todavía no están plenamente implantados los derechos para la libertad individual, de expresión, de pensamiento y religión, derecho a la propiedad y a establecer contratos válidos y con seguridad jurídica
• Déficit de ciudadanía política. La mitad de la población prefiere el desarrollo económico a la democracia. Los no demócratas constituyen el tercio de la población, y los ambivalentes (están de acuerdo con la democracia pero creen que es válido tomar decisiones antidemocráticas en la gestión de gobierno) son otro tercio. Es decir, más de la mitad de los ciudadanos no están comprometidos coherentemente con el sistema democrático.

Mayor debilitamiento del Estado.

Ha aumentado la incapacidad del Estado para influir, controlar, regular o beneficiarse de los procesos transnacionales o para resistir las tendencias hegemónicas en los planes económicos o políticos. El Estado exhibe serias deficiencias, se le ha debilitado y en algunas regiones del país ha desaparecido virtualmente. La legalidad del Estado no se extiende en vastas regiones en las que operan la legalidad mafiosa y del narco tráfico.

• La aparición de nuevos poderes fácticos. Multiplicación de los grupos de interés (en especial empresariales) que funcionan como poderosos lobbies. La extensión del narcotráfico, que significa un doble desafío: por una parte intenta controlar parte del aparato estatal y del territorio; por la otra, atrae la atención de EE UU, que genera nuevas formas de presión externa.

Y los medios de comunicación, que forman parte de grupos empresariales no subordinados al poder político, con intereses económicos muy diversificados, y que actúan como supra poderes que limitan la soberanía de las instituciones públicas.

• El crecimiento de la corrupción. La naturalidad de la corrupción ha impregnado a una parte muy significativa de la sociedad: un apreciable % de los ciudadanos está de acuerdo con pagar el precio de un cierto grado de corrupción con tal de que las cosas funcionen. El dinero sucio de este modo tiene efectos importantes sobre una parte de las instituciones y de los dirigentes políticos.

• Internamente en el Perú se observa un fenómeno de integración social p.e. mediante el rol que cumplen los P.P.J.J., pero también de creciente discriminación y marginalidad económica en el interior de varios de sus sectores.
En este punto es especialmente sensible la ausencia de servicios básicos de equipamiento y de infraestructura fuera de las consideraciones de protección ecológica y de los riesgos ambientales que se vienen incrementando al haberse dejado todos estos aspectos a que sean cubiertos por el mercado.

• Constituye también un desafío a los planes de desarrollo del Perú, que al requerir mano de obra calificada, se enfrentan a las carencias del estado de la educación de la población joven potencial a ser empleada en el futuro.

• El Aumento excesivo del Consumismo se ha convertido en el dogma diario en todos los órdenes de la vida social, exacerbado por una propaganda permanente en todos los medios de comunicación, especialmente el televisivo y el de la radio.

• La posible desaparición del Sistema de Seguridad Social beneficiando a las AFP privadas.

• La tendencia a sostener un pensamiento único, que rechaza doctrinas sociales y políticas distintas de las “globalizadas”.

4.2. En cuanto a los aspectos económicos:
• La integración funcional de actividades que antes se encontraban dispersas. Esto último es el rasgo peculiar de la globalización dentro de las innovaciones tecnológicas más recientes. El actual proceso de globalización redunda, por ello, en la formación de unidades funcionales en todos los ámbitos. Un ejemplo de esta situación se da con el Gas de Camisea y su papel en el circuito energético del sur de América latina y su rol en relación a su venta para el mercado mexicano y norteamericano.
• La continua intervención del estado poniendo más énfasis en la Economía financiera que en la Economía real, siguiendo las pautas del modelo neoliberal imperante.
• La mayor flexibilidad laboral, que se traduce en un empeoramiento de las condiciones de los trabajadores.
• La globalización económica no implica globalizar la sociedad del bienestar europea conseguida por el equilibrio entre libertad de mercado, seguridad social, empresas privadas, sindicatos y normas regulatorias. La globalización actual implica que:

• 4.3. En cuanto al medio ambiente.
• La Posible desaparición de la diversidad biológica y cultural debido a la permanente deforestación, a la ausencia de prácticas culturales modernas en el manejo de los suelos, a la creciente contaminación del medio ambiente en todo el orden de la intervención de las actividades de ocupación del suelo.
• El daño al medio ambiente, al poderse mover sustancias o procesos dañinos a otros países, donde pueden no conocer realmente sus riesgos, tal es el caso del uso en el Perú de medicamentos nocivos sin control, de los productos descontinuados y prohibidos de uso en las actividades de la industria de construcción, al uso de combustibles que tienen los más altos contenido de plomo en América latina y a la ausencia de estándares ambientales eficientes p.e. para la actividad minera entre otros.

4.4. En cuanto a los sistemas de comunicación:
• Los sistemas de comunicación globales están teniendo una creciente importancia en la actualidad; es por medio de estos procesos vinculados con la construcción del conocimiento que p.e. en toda la sierra del Perú las naciones quechua y aymara están sometidas a un proceso de aculturación [ ] creciente, con la consiguiente pérdida de hábitos, costumbres, valores, tradiciones.
• Los nuevos avances tecnológicos en las comunicaciones están llegando a ser cada vez más accesibles a las pequeñas y medianas empresas locales.

Desde una perspectiva cultural, los nuevos productos para la comunicación han desarrollado un patrón de intercambio e interconexión de tal magnitud que, p.e. en el valle del Mantaro la integración comercial entre los productores de lana y las fábricas tejedoras localizadas en Huancayo y los mercados en Alemania está plenamente desarrollada haciendo uso de esta tecnología, pero siempre en términos de dominación y de dependencia para con los integrantes de las comunidades.

• La naturaleza de los negocios se ha modificado con la creación del ciberespacio.
La dinámica que ha adquirido el sector de manufacturas en Gamarra es un claro ejemplo de esta integración tanto en los aspectos productivos como en el de la misma comercialización e integración bancaria, sin embargo examinando la estructura productiva y las relaciones de producción internas el sistema de explotación y tratamiento discriminatorio son evidentes.

• El concepto de minorías está siendo afectado por los patrones de comunicación. A pesar de que las minorías pueden no estar completamente integradas dentro de los nuevos circuitos de comunicación, reciben las influencias incluyendo el hecho de que los sectores de mayor poder económico y político si se están integrando en la nueva esfera de interconexión.

En última instancia continua preponderando el factor de que son las élites de negocios y políticas las que determinan las decisiones políticas p.e. al no estar debidamente organizados los productores de lana, son los empresarios foráneos quienes tienen acceso a las decisiones. El anterior ejemplo muestra que los elementos de índole económica y social que se hayan bajo la influencia de las condiciones actuales del fenómeno de la globalización ofrecen circunstancias dentro de las cuales se desarrollan las condiciones sociales en forma asimétrica y diferencial para con las minorías.

De este modo el término “globalización”, que debería significar que somos más interdependientes y que actuamos de modo cada vez más semejante, ha traído beneficios sólo a una parte de la población, y ha multiplicado las desigualdades y reducido la participación política.

4.5. La ciudad peruana globalizada.
Estos aspectos generales de la globalización peruana se dan en un marco físico concreto que importa precisar para comprender los retos que enfrentamos. A la llegada de los españoles la sociedad incaica tenía 100 años y concentraba unos doce millones de habitantes viviendo en un estado pre urbano organizado en un modo de producción asiático (M. Godelier, 1966).

La economía reposaba sobre el funcionamiento de los ayllus, sobre la propiedad comunal y sobre el trabajo comunitario. Sus asentamientos no presentaban estructura urbana, ni tenían ninguna de las instituciones que posibilitan el desarrollo de la vida urbana pública.

Cuando el español funda sus ciudades, éstas son impuestas, son artificiales, no descansan en la base de la tradición propia. En estas ciudades los ideales políticos griegos, en donde la polis era la personificación última de la justicia y de la vida espiritual, no reaparecieron debido a que el ethos de su construcción tenía elementos económicos y psíquicos deformados desde su partida. Esas ciudades son provisionales, no tienen dioses penates, ni pritaneo, porque no viven en la memoria de sus hijos. No conmemoran a su fundador, ni mantienen vivas las leyendas porque no son suyas.

Estas ciudades organizadas de acuerdo al paradigma euro centrista crecieron como mecanismos de fuera para adentro. De este modo rompieron con el sistema natural que tenía el incanato, y de aquí en adelante este sistema artificial ha continuado engordando contra natura.

Quienes atravesaron el océano, lo hicieron con la idea de ciudad en mente, mientras que el trabajo productivo fue de extracción de bienes de la tierra y del subsuelo, no existe evidencia de registro de comunidades agrícolas europeas trasplantadas a América latina. El desarrollo de una economía ampliamente agrícola y minera realizada por gente con una mentalidad urbana constituye la mayor incongruencia de la historia institucional de América latina y sirve para explicar, en parte, las razones del sistema que continua operando en la actualidad respondiendo plenamente al paradigma euro centrista.

La consecuencia inmediata de esto fue la destrucción del sistema de organización y de la lógica de ocupación territorial, no solo porque se abusó de él sino porque en contraste con el interés del estado inca, la economía capitalista española tenía sus propios intereses ajenos. Toda la organización del mundo y del cosmos referencial se cambió violentamente por una estructura que respondía a otros valores y a otro sistema económico.

La población indígena tenía asentamientos de otro tipo al que impuso el español, las raíces de sus asentamientos estaban en el campo, en la vida comunal, en los vínculos familiares y en las relaciones establecidas por el sistema social incaico.
Además no solo la estructura del asentamiento cambio, sino que la organización regional también fue destruida, se impuso otra que no estaba en función del desarrollo del territorio sino a su saqueo. Cinco siglos después la colonialidad del poder continúa actuando impidiendo restituir la clave que permita el control de cada uno de los ámbitos vitales de la existencia social a la vida cotidiana.

El poblador de las ciudades de hoy día, responde a su ancestro, el pueblo joven es el asentamiento prehispánico.

El contraste entre los dos tipos de ciudad, la europeizante y la nativa, es el contraste entre el asentamiento natural a este territorio y el ancestro nativo, frente a asentamiento globalizado y de implantación europeizante.

El modo particular de construcción de conocimiento que se ha impuesto ha impedido la construcción de una estructura física que responda al medio; nos encontramos con la española predominantemente impuesta y artificial, frente a la nativa, rica, natural, eficiente; pero los “técnicos” continúan con el trazo artificial e impuesto, con sus estándares costeños, también impuestos por copia y remedo de los estándares sajones, con su práctica costeña y limeña trasladada a la selva, a la sierra o a la misma costa sin el menor respeto a las costumbres, al modo de vida, a la ecología y a la misma economía local.

4.6 La moderna ciudad peruana.
Los defensores de la patente europea de la modernidad apelan a la historia cultural del antiguo mundo heleno-romano y al mundo mediterráneo antes de América, para legitimar su reclamo a la exclusividad de esa patente. Esto corresponde a lo propuesto por el etnocentrismo europeo. Sin embargo existe un concepto de modernidad diferente que involucra al conjunto de la población mundial, incorporada al nuevo patrón de poder mundial. La perspectiva y modo de producir conocimiento en este contexto se reconoce como eurocentrismo.

Bajo esta visión debemos de progresar para llegar a ser modernos, para europeizarnos o modernizarnos. [ ] En esta línea el Perú progresivamente se ha estado modernizando tratando de implementar procesos de desarrollo que el funcionalismo [ ] sostiene que se puede efectuar por doquier. (Habermas. 1989). Sin embargo el racionalismo Weberiano todavía no ha calado. Con los siguientes ejemplos vemos como el racionalismo ha permeado nuestra cultura y la misma sociedad:
Tenemos una ciencia incipiente y poco experimental, Una industria de publicaciones pobre, Nuestras universidades no forman especialistas, No disponemos de una burocracia capaz ni una administración racionalizada, Nuestro estado tiene parlamentos ineficientes, No se respeta la constitución ni las leyes, Nuestro capitalismo tiene mucho de aventurero y mercantilista , etc.

Y en la actualidad cuando el neoliberalismo se expande, reclama una cultura y una sociedad moderna en el Perú, pero cuando se quiere ingresar a la modernidad se afirma que se carece de la ética del trabajo y de la austeridad que la hizo factible en Europa y de este modo se sigue esperando milagros que no se cumplen o que al cumplirse provocan grandes decepciones. Este mismo neoliberalismo es el que ha desmontado todos los pequeños intentos por esta modernización.

• En la década del 30 se comenzó a racionalizar el proceso constructivo en nuestras ciudades a través de los gobiernos locales y de las dependencias ministeriales.
• En 1940 se organizó en el ministerio de fomento una sección de estudios urbanos con la finalidad de centralizar las acciones técnicas de este ministerio en las ciudades del país. En 1944 se organiza el instituto de urbanismo de Lima.
• En 1947 se crea el concejo de planeamiento y urbanismo y la oficina nacional de planeamiento y urbanismo como entidades técnicas autónomas, pero vinculadas al Ministerio de fomento, con el encargo de elaborar los planes reguladores de todas las ciudades del Perú. Organismos del estado que asumían la representación vertical de los deseos e intereses de las habitantes de todas las ciudades del Perú.

En ninguno de estos organismos se tenía la participación programada ni la consulta con los ciudadanos. En estas oficinas es que se elaboró los primeros estudios urbanísticos de la mayoría de las ciudades del Perú.

• A mediados de la década del sesenta se crea el Instituto de planificación de Lima que inicio la formación de los planificadores que requería la modernidad de América Latina con el apoyo de la OEA. Igualmente se organizó el Instituto Nacional de Planificación encargado de formular la planificación socio económica en el ámbito nacional.
Sin embargo, en la actualidad, en plena dominación del neo liberalismo, todos estos organismos han desaparecido y ha quedado prácticamente desmontado el sistema para racionalizar el crecimiento de las ciudades del Perú. Tarea que ha quedado relegada a los municipios con una ley de Municipalidades que le ha reducido su papel a estas de mero tramitador de las ansias de apoderarse de la ciudad a todo el capital privado.

La aparición aislada de proyectos de inversión ha traído como consecuencia un mayor crecimiento inorgánico de las ciudades del país, con una expresión notoria del desfase entre servicios, demandas y requerimientos. Estas propuestas otorgan una mayor importancia a la empresa privada en el “desarrollo” nacional, como si algo significativo hubiese hecho a lo largo de la vida republicana del país. Lo real es que nuestras ciudades en su mayor porcentaje se han auto construido y son el resultado de los esfuerzos aislados de sus propios habitantes.

En el caso de Lima el porcentaje de población viviendo actualmente en barriadas es del orden del 54%, mientras que hace 40 años era del orden del 25 %. Estos datos hacen ver que cerca de 700,000 familias viven con estándares devaluados y que esta situación tiende a deteriorarse debido a que el estado se encuentra esperando que el mercado arregle la situación.

En este sentido el desmontaje del aparato administrativo técnico que se tenía, se completó con un conjunto de leyes y dispositivos para retirar cualquier estorbo a los agentes del mercado para que puedan operarar libremente.

5. Tareas
En este documento he expuesto brevemente cuáles son los intereses del Perú frente a la globalización y presento algunas de las tareas que me parecen convenientes para defenderlos.

A. Como punto de partida se encuentra el devolver la mística cultural que detenga y disuelva la globalización mundial del neoliberalismo. Una mística cultural nacional, con la voluntad colectiva de la nación. Esto requiere una gran utopía alternativa que busque solucionar problemas que vienen desde el siglo XVI.
En relación a las ciudades

B. Planificar una estructura física de acondicionamiento territorial que responda al medio, Enfrentando la política neoliberal y el desmontaje de todo el sistema para racionalizar el crecimiento de las ciudades del país.

C. Estas experiencias son las que constituyen los recodos que se abren para el imaginario crítico de la ciudad en el Perú, en relación al cual desde hace tiempo ya se ha planteado la necesidad de buscar la interrelación de los movimientos de los pobladores de las ciudades con las formas de intervención de las entidades del estado”.

D. De igual manera existe abundante testimonio de que la recuperación de las tecnologías tradicionales y su vinculación a las tecnologías modernas puede constituir una pieza fundamental para una estrategia de desarrollo científico tecnológico de carácter endógeno propio puesto que constituyen una parte integral de la herencia cultural y continuaran desempeñando un papel significativo en el futuro.

E. Esta recuperación de la base tecnológica tradicional lleva a vincular la ciencia moderna con las tecnologías tradicionales por medio de la aplicación del método científico y de la introducción de la producción. (Sagasti. 1981.)

F. Es evidente que no solo se trata de los aspectos técnicos sino que es factible ayudar a identificar y preservar la cultura tradicional y la identidad social rescatando los vestigios e incorporándolos en el marco de estrategias alternativas de desarrollo como en el caso de las técnicas agrícolas (Masson, 1986), y medicas con la recuperación de la medicina no occidental. (Cabieses, 1993),

También rescatando la visión mítica del mundo andino en su literatura (Rama. A.), recuperando y manteniendo la gran tradición musical identificada con las raíces altiplánicas, (Montoya, R., Sagasti F.), apoyando y priorizando el uso de las tecnologías tradicionales y su vinculación con las tecnologías modernas.

Y recuperando el peso de lo comunal y familiar como vehículos del desarrollo de iniciativas a nivel económico y empresarial. (Adams, N. 1991), promoviendo y promocionando la tradición del trabajo colectivo. (Quijano, A. 1988) y desarrollando la posibilidad de construir una gran utopía inspirada en la tradición andina y campesina del Perú que integre todas las culturas. (Flores Galindo, A.1983).

Queda frente al panorama presentado, una hermosa tarea, rescatar nuestros valores perdidos, revalorarlos y ponerlos al servicio del imaginario histórico crítico para la existencia social.

Bibliografía.
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ADAMS, Norma & VALDIVIA, Néstor: 1991. Los otros empresarios. Ética de migrantes y formación de empresarios en Lima. Lima. IEP.BRIONES, Guillermo, La estructura Social y la participación política. En Revista de Sociología. UNMSM, Julio-Diciembre. 1964.
CASTELLS, Manuel. La cuestión Urbana, 1976.Siglo XXI. México, 1976.
CABIESES, Fernando: Apuntes de medicina tradicional. 1993. Concytec. Lima.
CABIESES, Fernando: Guia de recursos terapêuticos vegetales. Pedro Arellano Jiménez
COLLIER, David,: Squatters and Oligarchs. 1972.
HENRY, Etienne, La escena urbana. 1968-1976.PUCP, 1978.
DRIANT, Jean-Claude. Las barriadas en Lima. Historia e interpretación. DESCO. Lima. 1991.
CALDERON, Julio y Maquet Paúl. Las ideas urbanas en el Perú. 1958-1989. CENCA. Lima.
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FLORES GALINDO, Alberto: La ciudad sumergida – —: Aristocracia y plebe (1760-1830). Horizonte —: La tradición autoritaria. SUR —: Obras Completas T. I-V. SUR
FLORES GALINDO, Alberto, 1986: Buscando un Inca, Edit. Horizonte, Lima-Perú,
GEORGE, Susan. 2004. El informe Lugano, editado por la ONG Intermon. Tambien ver sobre este punto Susan George, Sami Naïr, Ignacio Ramonet y Tzvetan Todorov., Frente a la razón del más fuerte. Galaxia Gutenberg., Madrid. echa: 2005.
HABERMAS J. (1971) “La lógica de las ciencias sociales. edt. Tecnos. MASSON MEISS. Luís: 1986. Experiencias en San Pedro de Casta. En Andenes, Conservación de suelos y desarrollo rural en los Andes peruanos. Lima: NCTL/Ministerio de Agricultura/ Fundación Ebert.
QUIJANO Aníbal: 1988. Modernidad, identidad y utopía en América Latina. Lima: Sociedad y Política.
QUIJANO Aníbal. Colonialidad del poder, globalización y democracia.
QUIJANO, Aníbal. Colonialidad del Poder, Eurocentrismo y América Latina. En Edgardo Lander, comp. Colonialidad del Saber, Eurocentrismo y Ciencias Sociales. CLACSO-UNESCO 2000, Buenos Aires, Argentina, pp. 201-246.
RAMA, Ángel: 1982. Transculturación narrativa en América Latina. México: Siglo XXI.
SAGASTI, Francisco: 1981. Hacia un desarrollo científico tecnológico endógeno de la América Latina. Ciencia, tecnología y desarrollo latino americano. México: FCE.SASSEN, Saskia. “¿Perdiendo el Control?, La soberanía en la era de la globalización” (2002), “La Ciudad Global” (2001), “Guest and Aliens” (1999) y “Globalization and its Discontents” (1998), pertenece al Panel sobre Dinámica Población Urbana de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos. La Ciudad Global, 1991 (Princeton University Press), reeditada y revisada en 2001

La Posmodernidad: según Jean-François Lyotard

La «Postmodernidad» según Jean-François Lyotard

Reseña sobre La condición postmoderna 1

Para el neófito que se aproxima a la críptica obra de Lyotard de que es objeto esta reseña, un título como: «What about the Postmodern? The Concept of the Postmodern in the Work of Lyotard»2, resulta claramente esperanzador. Sin embargo, las palabras con que tal artículo concluye resultan tan reveladoras como poco halagüeñas: «The complexity and inconclusiveness of the postmodern must subtend any attempt at providing a satisfactory answer to the question: what is the postmodern in the work of Lyotard?» Procuraré, a pesar de ellas, siquiera apuntar lo prometido desde el título de este trabajo.

La condición posmoderna | Jean-François Lyotard

En las primeras líneas de su capítulo introductorio Lyotard identifica el objeto de su estudio: la condición postmoderna, esto es, «la condición del saber en las sociedades más desarrolladas [y que] designa el estado de la cultura después de las transformaciones que han afectado a las reglas de juego de la ciencia, de la literatura y de las artes a partir del siglo XIX» (p.4). El «saber» y, en especial, sus «formas de legitimación» son el tema central del estudio de Lyotard; unas formas de legitimación que durante la Modernidad se sustentaron sobre unos «grandes relatos unificadores», de carácter ideológico y teleológico, que entraron en crisis a mediados del siglo XX y que ya no tienen vigencia. Porque lo que es verdadero o falso, justo o injusto viene dado por unos criterios que deben legitimarse. Esta es la tesis de Lyotard: la Postmodernidad comienza en el momento en que esos grandes relatos unificadores o «metarrelatos» (la idea ilustrada de emancipación, las diferentes tendencias políticas y filosóficas, etc.) pierden vigencia, pierden su carácter legitimador, dando paso a otras formas de legitimación basadas en principios diferentes.

El concepto de metarrelato en Lyotard parece aunar las ideas de «justificación» y «guía». El metarrelato justifica (legitima) el saber por sí mismo (y todo lo que de él se deriva), y lo encauza en una dirección determinada: unificada, uniforme, única. El metarrelato es la «regla del juego», al más puro estilo de la filosofía de Wittgenstein; el que decide «qué es saber» y «lo que conviene saber». Por un lado los metarrelatos serían, de alguna forma, una idea abstracta omnicomprensiva de la experiencia histórica del conocimiento; por otro serían teorías y filosofías a gran escala: como el progreso de la historia, la posibilidad de conocerlo todo por medio de la ciencia, o la creencia de que es posible la libertad absoluta. En definitiva, los metarrelatos representarían el viejo apoyo de la Modernidad sobre la verdad trascendental y universal que, según Lyotard, ya no puede contener la realidad del mundo actual.

Para Lyotard existían en la Modernidad dos grandes versiones del relato legitimador: la emancipatoria y la especulativa, «una más política, otra más filosófica, ambas de gran importancia en la historia moderna, en particular en la del saber y sus instituciones» (p.29). La primera se corresponde con la idea ilustrada de que la ciencia y la educación pueden conseguir que el individuo se emancipe de todo aquello que lo oprime o impide que se autogobierne. Este relato (también lo llama «de las libertades») obtiene su legitimación del pueblo, que es quien habilita las reglas del juego a las que se somete. Su órbita sería la del concepto de «justicia», y Lyotard le asocia los enunciados puramente «prescriptivos». Esto en oposición a los «denotativos», característicos del modelo especulativo, cuya órbita, a su vez, sería la del concepto de «verdad». Este relato, que nace de la aparente necesidad de autolegitimación del saber científico, propone que el saber tiene su fin en sí mismo; su objetivo es el saber por el saber, sin encontrarse supeditado a ningún otro elemento externo. Ambos relatos legitiman tanto la ciencia como los «lazos sociales»: la primera, en la esfera de la «verdad» emite enunciados denotativos (verdadero / falso) que son utilizados para realizar prescripciones en el ámbito de la «justicia» (justo / injusto) que faciliten la consecución de la libertad del individuo.

Pero estos dos modelos de legitimación presentan algunos problemas: el emancipatorio, de competencia y de pertinencia (el pueblo no tiene la libertad real de elegir quién sea el promotor de su libertad, el que dicte los enunciados prescriptivos); el especulativo, en tanto que se autolegitima, incurre en la tautología: sus juegos de lenguaje «sólo pueden ser verdaderos si y sólo si hacen referencia al mismo relato que los legitima»3. Así, según Lyotard, los grandes relatos legitimatorios contenían en sí mismos el germen de su deslegitimación; de alguna manera, su pérdida de vigencia se encontraba prediseñada desde los orígenes: la Postmodernidad es inherente a la Modernidad; sólo era cuestión de tiempo que la primera se revelara: cuando, ya se ha dicho, entrara en decadencia la credibilidad en la potencia unificadora y legitimadora de los grandes relatos. Esta se produce efectivamente a mediados del siglo XX, ya sea por el avance de las tecnologías tras la Segunda Guerra Mundial, ya sea por el redespliegue del capitalismo liberal bajo el ala del keynesianismo. A Lyotard no parece preocuparle tanto la causa concreta del advenimiento de la Postmodernidad como su estado germinal en la propia Modernidad superada y su progresivo desarrollo según se afianzaba el modelo perspectivista nietzscheano. Lo realmente importante (y evidente) para él es que el tiempo de los grandes relatos ha concluido, y que resulta insostenible en la contemporaneidad cualquier relato unificador, único. La pretendida homogeneidad de la Modernidad (su error intrínseco) ha dejado paso a la esencial heterogeneidad de la Postmodernidad.

Según Lyotard, los viejos criterios de legitimación han caducado. Las preguntas por «lo justo» y «lo verdadero» han devenido en un criterio performativo: «¿Para qué sirve?». Por otro lado, la ciencia actual admite teorías en primera instancia contrapuestas entre sí (modelos einsteiniano y cuántico), así como un principio que por sí solo pondría en evidencia los metarrelatos modernos: el de incertidumbre de Heisenberg, por lo que junto al performativo existiría un criterio «paralógico». Así la Postmodernidad, según Lyotard, sería la etapa de la cultura de la humanidad caracterizada por la caída en descrédito de los grandes relatos legitimadores de la emancipación y de la especulación, en favor de unos criterios no homogéneos, no unificadores, como el performativo y el paralógico. En tanto que, por definición, el metarrelato no puede ser no homogéneo o no unificador, lo dicho vale tanto como definir la Postmodernidad como una etapa carente de metarrelatos.

Falta por declarar si la Postmodernidad existe o no, siempre según Lyotard, como época histórica; si la ruptura con la Modernidad es de la misma entidad que definió a esta última. En primera opción parecería que sí: la Postmodernidad sería la época de la ausencia de grandes relatos legitimadores, o la del advenimiento de los problemas de legitimación. Sin embargo, en tanto que la Postmodernidad siempre ha estado contenida en germen dentro de la Modernidad, ¿no sería la primera una fase de la segunda? O, rizando más el rizo, ¿no podría ser la Modernidad un estadio primigenio de la Postmodernidad? Aunque el texto estudiado parece concluir que realmente vivimos una época postmoderna, el propio Lyotard, a lo largo de los años ha ido revisitando periódicamente su posicionamiento, dando bandazos de una a otra posición: de la reivindicación de la Postmodernidad a su rematización como modo de la Modernidad. No es extraño, así, que el artículo que citábamos al principio concluya de forma tan ambigua. Quizá no pueda ser de otra forma, en tanto que se trata de identificar aquello en lo que se está sumido. Puede que sólo la perspectiva histórica consiga ofrecer una respuesta certera sobre la cuestión. Pero esta esperanza, la confianza en el perspectivismo histórico, no parece condecir en absoluto con la condición postmoderna. ¿Cómo definir efectivamente la Postmodernidad desde ella misma? Si lo hiciera, ¿no se estaría al tiempo deslegitimando? Aun a riesgo de incurrir en la rendición, quizá la pregunta por la Postmodernidad sea irresoluble —y, en consecuencia, muy postmoderna.

1 Jean-François Lyotard. La condición postmoderna. Informe sobre el saber. Madrid, Cátedra, 1987. Manejamos una versión online obtenida de http://es.scribd.com/doc/49028274/la-condicion-posmoderna-Lyotard

2 Niels Brügger. Yale French Studies. Yale University Press, No. 99 (Jean-Francois Lyotard: Time and Judgment), 2001, pp. 77 -92. http://www.jstor.org/stable/2903244

3 Díaz, R. “Kafka como predecesor de la posmodernidad”, Prometheus, Nº26, p.16.

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El marketing urbano

Aprendiendo de Barcelona

Norberto Chavez

Las paradojas del marketing urbano: protagonismo mediático y despersonalización. Una advertencia a las ciudades latinoamericanas

1. PRESENTACIÓN

Mi formación en Arquitectura y Comunicación

Mi especialidad profesional en identificación y comunicación institucional

Mi participación en la identificación, conceptualización y comunicación de proyectos urbanos; siendo los últimos:

– el Centro Internacional de Convenciones de Bogotá, piedra clave de la nueva imagen de la ciudad

– el proyecto para el litoral marítimo de Panamá, infraestructura clave de su crecimiento urbano hacia la zona del canal.

Además vengo siguiendo de cerca el trabajo de mis colegas del Plan de la Costa del municipio de Quilmes.

Y mi vocación por el análisis de la evolución de los cascos antiguos de las ciudades: los procesos de cambio urbano. Los he habitado o visitado cotidianamente con la actitud de un auténtico flâneur. Y llevo varias ciudades sobre mis espaldas: el barrio de San Telmo en Buenos Aires. Ciudad Vieja en Montevideo. Habana Vieja. El Centro Histórico de Puebla. El recinto amurallado de Cartagena de Indias. El barrio de Santa Cruz en Sevilla. Oviedo Viejo. El casco histórico de Santiago de Compostela. Y, desde ya, el Casco Antiguo de Barcelona, donde vivo desde hace treinta y seis años, exactamente desde que accede al gobierno municipal su primer alcalde democrático, Narcís Serra.

¿Por qué los cascos históricos? Pues porque son las áreas más densas culturalmente y las más frágiles ante los procesos de modernización. Pues las intervenciones se enfrentan a una variable ausente en otras áreas: la variable patrimonial.

No hablaré, de todos modos, desde ninguna disciplina en particular; pero, si fuera necesario inscribir mi discurso en un género, diré que miro a la ciudad desde una sociología crítica.

2. EL TEMA

Desde hace ya tres décadas vengo observando y analizando los cambios urbanos derivados de la progresiva instauración de la sociedad de los flujos. O sea, de la masa, cuya conducta específica es el consumo.

El Casco Antiguo de Barcelona es un deslumbrante escaparate de esa mutación. Una mutación que es tendencia sistémica pero que, en Barcelona, fue acelerada por un programa específico, cuya efeméride es de dominio público: 1992.

El título, claramente paródico, que le he puesto a esta charla intenta adelantar la naturaleza paradójica del operativo municipal, autoidentificado como “marketing urbano”.

Un operativo que rentabilizó el Casco Antiguo y sus atractivos urbano-arquitectónicos, transformándolo en una parodia de sí mismo para consumo de la curiosidad de masas.

Iniciaré, entonces, mi discurso con un esquema del proceso barcelonés de mutación urbana, para extraer de él algunas enseñanzas.

Caso especialmente interesante por tres razones: fue una experiencia en cierto sentido pionera y, por lo tanto, careció de oposiciones significativas pues se desconocían sus ulterioridades.

Construyó un “modelo exportable”, oficialmente asumido como tal…

Y su difusión y promoción oficial se realizó básicamente en las ciudades latinoamericanas. (Ignoro si Toni Puig ha pasado ya por Porto Alegre, pero no me extrañaría).

Finalizaré mi exposición con la propuesta de algunas alternativas a aquel modelo, con la esperanza de que los proyectos latinoamericanos no caigan en los mismos errores. Espero, con ellas, no incurrir en la utopía; aunque vale la pena correr el riesgo.

3. LA BARCELONA OLÍMPICA

El operativo de “puesta en valor” de Barcelona, abordado en los años 80, asumió explícitamente la estrategia del “marketing urbano”: “vender ciudad”.

Aquella puesta en valor requería un operativo de gran escala que movilizara las fuerzas económicas, políticas y sociales a fin de factibilizarlo. El Ayuntamiento sólo podría liderarlo con un proyecto convincente. Y lo hizo.

Habría que crear un programa de actuaciones múltiples que poseyera una fuerza mediática enorme para convocar a aquellos socios: y el eje de ese programa, el disparador, fue la “Barcelona Olímpica”: ganar la candidatura de los Juegos del ’92.

En torno a este hecho mediático, se orquestó una serie de actuaciones articuladas por aquella consigna:

– Puesta al día de las infraestructuras: transporte, servicios, saneamiento.

– Recuperación del patrimonio arquitectónico: restauración y reciclaje de piezas fuera de uso.

– Ampliación del espacio público con la apertura de nuevas áreas: parques y plazas.

– Mejoras en los equipamientos sociales.

Una indudable “puesta en valor” de la ciudad como cuerpo de la sociedad urbana.

Estas actuaciones fueron acompañadas por un programa ya no dirigido a la ciudadanía sino al flujo comercial:

– Intervenciones urbanísticas de gran escala y espectacularidad: la Villa Olímpica y el Port Vell como operativo de transformación de un área industrial y portuaria degradada en espacio de confluencia de masas abierto al mar.

– Intervenciones arquitectónicas espectaculares: proliferación de “edificios singulares” diseñados por marcas profesionales internacionales: CALATRAVA, MEYER, GEHRI, ISOSAKI, FOSTER, PIÑON-VIAPLANA, MIRALLES, NOVELL.

– Construcción de infraestructuras “olímpicas” también a cargo de primeras figuras de la arquitectura.

– Acondicionamiento del suelo urbano que incrementara la accesibilidad, especialmente al Casco Antiguo y su intrincada trama de callejuelas: peatonización, eliminación de adoquinados, eliminación de escalones, etc.

– Proliferación de autorizaciones para la apertura de hoteles en el propio Casco Antiguo, capitalizando la espectacularidad de sus palacios y edificios históricos.

En todas estas intervenciones, a sola excepción de las restauraciones, se le dio un protagonismo absoluto al Diseño: Barcelona se presentaba al mundo como una “ciudad-de-diseño”, en todos los sentidos de la expresión.

Estas intervenciones físicas sobre el cuerpo urbano fueron acompañadas por un programa intensivo de festejos: acontecimientos de masas continuados que mantuvieron a la ciudad en permanente estado de excitación y convocatoria de público.

Un operativo de intervenciones físicas y no físicas con un objetivo claramente mediático: Barcelona apareció, de la noche a la mañana, en todos los medios mundiales. Una eclosión internacional exitosísima.

Visto el éxito, y perdida la candidatura de Capital Cultural en el 2004, la misma administración de gobierno crea otro operativo mediático: “Barcelona 2004. Forum Universal de las Culturas”. Esta vez con mucho menos éxito y enormes déficits.

Cambiado recientemente el gobierno municipal, la inercia de esta política no se ha interrumpido; ahora exacerbada por la crisis.

2. “OBJETIVO DE TODOS”

El impacto más espectacular de aquel operativo se observó en el Casco Antiguo; no sólo porque en él se realizaron muchas de las intervenciones sino porque mutó, en pocos años, de barrio de vecinos con claro predominio popular, a zona de servicios al turismo.

Un caso paradigmático de esta mutación son los dos principales mercados de la zona: el de la Boquería y el de Santa Caterina, este último con una intervención del arquitecto Miralles que lo transformó de humilde mercado de barrio en espectáculo arquitectónico: Santa Caterina figura en los itinerarios turísticos junto a la Sagrada Familia.

Todas las medidas tomadas tuvieron un objetivo troncal: el aumento del flujo de público articulado directamente con el flujo de fondos de inversión.

Una flamante regidora de urbanismo, al tomar posesión, comenzó analizando las autorizaciones de apertura de hoteles detectando anomalías y difundiéndolas: dimitió inmediatamente después de recibir una amenaza de muerte.

Ese flujo es el autor sociológico del recambio del sistema de actividades del barrio:

– desaparición acelerada de las tiendas de servicio al barrio, sustituidas por cadenas de consumo de abalorios y gastronomía temática: tapas, sangría, paella (“delicias” raramente consumidas por los locales).

– incremento del ruido urbano, la masificación de los comportamientos y el incivismo. El Ayuntamiento alarmado lanzó una “Campaña por el civismo” que duró un suspiro. La masa no es civilizable.

El Casco Antiguo de Barcelona es hoy una combinación de parque temático y duty free shop. Un espacio globalizado, donde la auténtica vida barrial se refugia en pequeñas grietas, alejadas de los cauces del tráfago de masas.

El Ayuntamiento publicitaba su gestión con consignas triunfalistas y demagógicas:

–       Barcelona, ponte guapa

–       Ven al mercado, reina

–       Barcelona, una ciudad en transformación

–       Barcelona, la mejor tienda del mundo

–       Me agrada vivir en la Ciudad Vieja

Pero los vecinos contestan:

–       Basta de ruido

–       Aquí vive gente

–       Queremos dormir

–       Queremos un barrio digno

El operativo tuvo una consigna oficial claramente hegemónica: “Barcelona ’93, objetivo de todos”, pero sus resultados beneficiaron principalmente a grandes inversores.

Este Encuentro de Mercociudades lleva la comprometida consigna de “ciudadanía e identidad”. El modelo Barcelona es un ejemplo del rechazo de la ciudadanía y la pérdida de la identidad.

El libro de Toni Puig, “Marca-ciudad”, lleva un subtítulo que roza el sarcasmo: “Cómo rediseñarla para asegurar un futuro espléndido para todos”.

Las indudables mejoras en beneficio de los ciudadanos fueron superadas y contrarrestadas por un franco deterioro de la calidad de vida generado por la transformación de la ciudad en área de flujo anónimo.

5. LAS ENSEÑANZAS

La primera enseñanza es evidente: parece ser que cuanto más grande es el operativo urbano, más depende de su poder mediático y más y mayores serán las fuerzas a activar para garantizarlo.

Esas fuerzas, aparentemente confluyentes, son contradictorias: apuntan en distintas direcciones y con distinta intensidad.

Aquel “objetivo de todos” fue una consigna engañosa, populista, que fingía una falsa unidad de intereses y expectativas que, en toda gran ciudad, son inevitablemente heterogéneos e incluso antagónicos.

El objetivo real y, obviamente oculto, ha sido la acumulación de poder político mediante el liderazgo de operativos mediáticos en alianza con el poder financiero.

La segunda enseñanza se deriva de la primera. Ausente un real proyecto de interés urbano transversal y estratégico, el equilibrio entre la supuesta hegemonía del poder planificador y los intereses financieros es efímero y se decanta rápidamente a favor de estos últimos.

Ausente un dispositivo de blindaje de un objetivo de auténtica mejora de la ciudad, o sea de la calidad de vida de sus habitantes, aquel sistema de fuerzas tendrá una resultante contigua a la fuerza mayor.

La tercera enseñanza: una sociedad urbana despolitizada, que adscribe al consumo y al falso progreso, es fácilmente captable para los proyectos del poder o, al menos, carece de capacidad para detectar el real sentido de esos proyectos y contestarlos.

Esa sociedad desarmada materializa lo que Baudrillard llama “hegemonización” como concepto opuesto al de “dominación”: la masa se identifica con el poder.

En ese escenario, los grupos sociales, en sentido estricto, ocupan sólo espacios marginales y su protesta o propuesta alternativa no llega a oídos de los que mandan.

Una cuarta y última conclusión nos dice que ante todo proyecto de desarrollo urbano resulta absolutamente indispensable sacar a la luz sus reales objetivos, antes que los destellos de sus vidrios de colores, cantos de sirenas y promesas de felicidad impidan verlos.

El Modelo Barcelona nos plantea dos interrogantes, uno particular y otro general:

1.    ¿Los resultado de aquel Plan eran los buscados (se hayan o no declarado); o el Plan “se les fue de las manos”?

  1. ¿En estos proyectos de relanzamiento urbano, otro modelo es posible? ¿Es inevitable caer en una concepción fatalista del poder del mercado en imponerle a la vida social, o sea a la cultura, las condiciones del beneficio financiero, o sea del flujo?

6. EL LUGAR DE LA PLANEACIÓN

La alternativa de fondo es, entonces: proyectar desde los objetivos de alguna de aquellas fuerzas y seducir a las demás con promesas de progreso, o lograr un plan transversal, “ecuménico”.

Un desarrollo auténticamente estratégico sólo puede ser transversal, o sea, compatibilizador de los intereses contradictorios de cara a un resultado aceptable por todos y con mínimos efectos negativos.

O sea, el plan no es un punto de partida sino el resultado de un estudio del campo de fuerzas y una previsión de su evolución.

De allí que la socorrida “participación social” debe dejar de ser una pura declaración demagógica para transformarse en efectiva dinámica de sustanciación de los planes.

Pero tal participación, aún efectiva, no es suficiente. Es la base del planeamiento pero no lo sustituye. Un plan transversal no surge de ninguno de los actores sociales, pero tampoco de su mera sumatoria.

La hegemonización del desarrollo no se supera mediante el “asambleísmo”; pues existe una probabilidad muy alta de que todos estemos equivocados, o sea, que ninguno posea visión de largo plazo.

Esta dificultad se agrava en una época de hegemonía sistémica en que el rédito inmediato se generaliza al conjunto de la sociedad y la estrategia desaparece.

El plan ha de surgir de un lugar que permita ver más allá de los intereses inmediatos, prevea efectos secundarios y consiga neutralizarlos.

El planificador debe pasar de desarrollador pasivo de la tendencia hegemónica en la sociedad de masas a compatibilizador de las fuerzas contradictorias con una visión estratégica.

Lo anterior es dificilísimo, pues le exige al actor técnico despojarse de cosmovisiones sectoriales cuya aparente universalidad oculta matrices ideológicas derivadas del modelo hegemónico.

El planeamiento sin aquella base social se transforma no más que una de aquellas fuerzas: la de la tecnocracia, que opera en función de unos “factores técnicos”, supuestamente objetivos, que no son sino derivaciones de plataformas ideológicas y culturales no declaradas.

La habilitación del sujeto planificador deriva, en cambio, de su capacidad de desclasamiento.

7. AMÉRICA LATINA

América Latina, aún con dificultades serias, atraviesa una etapa caracterizada por la dinamización de su desarrollo socio-económico, con claros rasgos diferenciales respecto de otras regiones emergentes como, por ejemplo, Lejano Oriente.

Uno de los ámbitos de esa dinamización son los proyectos de desarrollo urbano y territorial, de los cuales estos encuentros son una prueba: crecimiento, puesta en valor, refuncionalización, resignificación de zonas clave, etc.

Estos programas aparecen en el momento en que el propio concepto de desarrollo comienza a ser sometido a discusión bajo el imperativo de la sostenibilidad. Y al “crecimiento”, otrora ilimitado, se opone un desarrollo ya no cuantitativo sino cualitativo.

Sobre estos proyectos opera la presión de los modelos sistémicos internacionales: mercantilización real y simbólica del espacio público, absorción de la sociedad urbana por el mercado de consumo masivo y la dinámica de los flujos, etc.

Tendencias sistémicas difíciles de revertir en una sociedad globalizada, mundialmente interdependiente. América Latina está ante el reto de una difícil autonomía.

Aquella presión genera riesgos de distorsión de los proyectos: pérdida de control de sus efectos por imprevisión de los mismos o por debilidad del poder de negociación.

He partido del Modelo Barcelona precisamente para ilustrar un clarísimo fracaso de la sostenibilidad, que debe concebirse no sólo como medio-ambiental sino también como sostenibilidad socio-cultural.

Estos riesgos reinstauran la responsabilidad de lo público en la función de compatibilizar los insoslayables compromisos financieros con los objetivos estratégicos de las intervenciones urbanas.

Sin un protocolo blindado de sustentabilidad, los proyectos estratégicos quedan huérfanos, como una hoja en la tormenta.

Y esos protocolos deben dar protagonismo creciente a los grupos inversores que los hayan firmado.

Se revaloriza así el papel de las Políticas de Estado basadas en la sustentabilidad socio-económica, cultural y ambiental frente a la desregulación neoliberal.

Quiero creer que América Latina tiene cuadros político-técnicos a la altura del desafío de dar una respuesta latinoamericana a un problema mundial irresuelto: inteligencia, astucia y valentía para no ceder a los dictámenes de la coyuntura.

Ausentes esos recursos, debemos eliminar la palabra “estrategia” de nuestro vocabulario.

8. TRES PILARES DE LO ESTRATÉGICO

Es aquí donde resbalo hacia lo utópico, con la ilusión de que no lo sea: ¿cómo contrarrestar los peligros de la pérdida de ciudadanía e identidad?

Se me ocurren tres propuestas:

–       movilización socio-urbana

–       escalado dominable de las intervenciones

–       y reversibilidad de las mismas

El primer recurso es clave: está demostrado que la depredación es menor allí donde la resistencia social se inscribe en objetivos estratégicos.

En Cataluña el metro cuadrado de suelo rural vendido a los inversores en energía eólica es más caro allí donde hay movilización social en defensa del patrimonio y, por lo tanto, la localización y cantidad de “molinos” está más controlada. Gerona tiene unos anticuerpos que le faltan a Tarragona, donde estamos quedándonos sin horizonte.

El segundo recurso se asocia a la controlabilidad de los efectos, heredero de una cultura de cálculo de impacto. O sea, se ha de medir por anticipado el grado de controlabilidad de los operativos, y ajustar el proyecto a las correlaciones de fuerzas.

Un barrio de Amsterdam está construido con el principio de los pontones flotantes de desembarco: el barrio sube y baja conforme las mareas. En el siglo XXI, si es verdad lo que predicen los geógrafos: todas las ciudades costeras deberán imitar a ese barrio (comenzando por la misma Amsterdam).

Y el tercero, de importancia creciente en todos los ámbitos de desarrollo, es el inspirado en el principio de intervención mínima y reversible. Criterio justificado desde todos los planos de análisis, a excepción del plano del lucro financiero.

Debemos comenzar a concebir un proceso de desmantelamiento progresivo de las obras vandálicas del desarrollismo; pues ya ha comenzado la cuenta regresiva de la catástrofe.

Ser o no ser consciente

El discreto encanto del espacio público

El discreto encanto del “espacio público”

La ciudad es un objeto espacial que ocupa un lugar y una situación […], es una obra, [su] espacio no está únicamente organizado e instituido, sino que también está modelado, configurado por tal o cual grupo de acuerdo con sus exigencias […], su ideología.

Henri Lefebvre (1976 [1972]: 65)

El espacio público ha llegado hoy a representar uno de los conceptos más controvertidos en el estudio de la ciudad y, a la vez, un término largamente estandarizado que debe su éxito al uso que han hecho de él muchos políticos, arquitectos y urbanistas de prestigio internacional a lo largo de las últimas décadas. El uso generalizado del término “espacio público” como categoría pura y exenta de su naturaleza conflictiva, entendería este concepto a partir de la completa anulación de su connotación política y económica. La reciente explotación institucional de esta expresión parece ser sistemáticamente asociada, no tanto con una moralidad, sino más bien con la legitimación de aquellas políticas urbanísticas de corte clasista promovidas al fin de perpetuar determinadas formas de vivir, pensar y habitar la ciudad. Formas, sobre todo, de hacer ciudad que acaban siendo verdaderas prácticas y representaciones de la misma ciudad en sí, dirigidas a plasmar las experiencias subjetivas de los usuarios del espacio en términos de obediencia política y consumo comercial formalizado. Todo esto configura, y al mismo tiempo justifica, la actual lógica de mercado a la cual la fusión neoliberal entre lo público y lo privado ha sometido la ciudad contemporánea y su espacio urbano.

La acelerada urbanización que, a lo largo de las últimas décadas, ha caracterizado las prácticas de gobernanza política, no constituye un fenómeno sui generis respecto al actual contexto político-económico de la ciudad, sino la evidencia de su propia vinculación directa al desarrollo del capitalismo neoliberal y sus violentas operaciones urbanísticas de desposesión generalizada del bien común (Harvey, 2003; Caffentzis, 2010). Se trata de un proceso que consiste en el uso de métodos de la acumulación capitalista originaria para mercantilizar ámbitos hasta entonces cerrados al mercado, y que se realiza mediante diferentes prácticas: la privatización, la financiarización, la gestión y manipulación de las crisis, las redistribuciones estatales de la renta, así como la privatización de empresas, de servicios públicos y de la más amplia propiedad comunal. Sin embargo, tales prácticas necesitan también autolegitimarse. Es justamente por este propósito que el capitalismo tardío exige comportamientos obedientes y amoldados al orden vigente en temas de “civismo” y “ciudadanía”.

Todo ello es generado y mantenido mediante una retórica de igualdad que se materializa en un “espacio público de calidad”, es decir, un espacio que tiene que ser absolutamente rescatado de la conflictividad, del movimiento descontrolado, de la agitación intrínseca a todo “usuario”, un espacio sin desobediencias (Delgado, 2011). El proceso de desposesión capitalista se convierte entonces en una colosal maniobra de remoción y expulsión, de desalojo —nunca mejor dicho—, de los elementos constitutivos del espacio. De lo contrario, resultaría muy difícil —cuando no imposible— realizar su operación de compra-venta por parte del urbanismo neoliberal. Aun así, no se trata de eliminar el espacio urbano como tal, sino de privarlo de su atributo vital, de lo urbano: anonadar su agitación, limitar su reproducción sociocultural, controlar su movimiento incesante, negar sus relaciones, domar sus deserciones, racionalizar sus usos y acceso. Se produce así un espacio urbano sin lo urbano, ocultado por parte de los saberes técnicos oficiales, criminalizado por las autoridades y reprimido por las instancias de poder y sus retóricas. En una palabra, un espaciodesconflictivizado, que no es sino lo que hoy día solemos concebir y describir como “espacio público”.

Sin embargo, se hace cada vez más difícil hablar de “espacio público” sin adoptar una perspectiva que considere el uso del espacio, no solo como una estrategia y/o técnica de poder y control social, sino también como una manera de ocultar estas mismas relaciones. Gracias a las más recientes aportaciones de las ciencias sociales, hemos empezado a entender el espacio como una estructura, o mejor dicho, como un marco estructural donde tiene literalmente lugar la producción, reproducción y apropiación del propio espacio por parte de los individuos que lo practican, lo experimentan física y sensorialmente (Low y Lawrence-Zúñiga, 2003). En tanto que fenómeno social producido y reproducido por las prácticas diarias de cada persona, el espacio requiere ser entendido como un proceso social constantemente en curso y repleto de significados. Un espacio invariablemente dinámico que siempre será, por encima y más allá de las estandarizaciones de muchos urbanistas, arquitectos y planificadores, objeto de su propia configuración y uso por parte de los sujetos que se mueven en él (Delgado, 2007). En definitiva, si la ciudad es un objeto, lo urbano es pura vida. Si la ciudad es sustancia y esencia, lo urbano es espontaneidad y relación donde la existencia recíproca de diferentes formas de concebir y usar el espacio lleva a la generación inevitable de los conflictos.

A raíz de esta perspectiva, el espacio no puede ser entendido como un objeto estático atrapado en su forma arquitectónica, sino como un proceso intrínsecamente dinámico y, por lo tanto, sujeto a todo tipo de contradicción, recorrido por un sin fin de conflictos y repleto de ideologías y relaciones de poder. Esto implica el reconocimiento de la existencia de las experiencias tanto individuales como colectivas del espacio y la elaboración de modelos de apropiación espacial antagónicos (Goonewardena, 2011). Sin embargo, parece que el discurso político actual se empeñe en confirmar la conceptualización sublimada de un “espacio público de calidad”, gratuitamente privado de toda estructuración jerárquica, abstraído de cualquier tipo de práctica de dominación, y que no contempla el conflicto ni el consumo, ni mucho menos el control social. Un espacio ilusorio donde sólo cabe la paz, la tranquilidad, la ausencia del conflicto, y que pretende encarnar y materializar cualquier ideal de democracia, civismo o ciudadanía (Delgado, 2011).

En esta dirección, es interesante notar como parte considerable de la literatura clásica sobre el estudio de la ciudad no hace prácticamente ninguna referencia al concepto de “espacio público” tal como hoy se entiende, y en los pocos casos en que este se menciona siempre se usa como sinónimo de plazas, calles o aceras. John Lofland (1985), por ejemplo, concibe el espacio público en mera yuxtaposición al espacio privado, el acceso al cual queda legalmente restringido. En este caso, el espacio público representa, entonces, aquellas áreas de la ciudad a las cuales cada persona en general tiene libre acceso. Erving Goffman (1979 [1971]), en cambio, utiliza el término para referirse a un espacio físicamente cruzado por los individuos que se encuentran casualmente en él, entendido como un espacio de y para las relaciones que se desarrollan “en público”. De ello que el análisis socioantropológico del espacio pase a ser desarrollado en términos de “proceso social”. En este sentido, es significativo que el mismo Henri Lefebvre (1974: 433) utilizara la expresión espacio público en una única ocasión, y justamente para afirmar que lo público como tal no existe sino que queda sistemáticamente organizado bajo la hegemonía de lo privado. Ligado a ello, el urbanismo funcionaría como un conjunto de conocimientos, saberes, prácticas y discursos organizados desde instancias de poder que organizan la ciudad confiriendo al espacio la movilidad económica necesaria para asegurar y mantener su condición de mercancía (Smith, 1987).

Bajo una apariencia positiva, humanista y tecnológica, el urbanismo oculta y disimula tras esta gigantesca operación, sus ambiciones fundamentales de dominio del espacio, esto es, oprime al “usuario” reduciéndolo a mero consumidor del espacio urbano y generador por excelencia de plusvalías. He aquí la neta oposición lefebvriana entre el espacio vivido y el espacio concebido, es decir, entre el espacio de los usuarios y el de los planificadores (Lefebvre, op. cit.). Si el espacio vivido se configura mediante las prácticas y usos del espacio que los individuos hacen en la vida cotidiana, el espacio concebido es, en cambio, la representación de este espacio que está vinculado a las relaciones de poder y de producción establecidas por el orden capitalista. Dicho en otra forma, tenemos, por un lado, el espacio mercancía, concebido y movilizado por instancias político-económicas en tanto que valor para obtener plusvalía, y, por el otro, el espacio vivido, el espacio de la experiencia producido a través de las prácticas, los usos, las relaciones sociales de cada día.

Se trataría de un conflicto entre el uso y el consumo del espacio que no implica necesariamente una negación, puesto que el urbanismo procurará a toda costa ajustar el espacio vivido al espacio mercancía, es decir, los valores de uso del espacio tendrán que subordinarse a las exigencias del valor de cambio del mismo. De ese modo, la lógica de acumulación que busca plusvalías en el espacio, no solo intentará regular el funcionamiento del valor de cambio, sino que pretenderá también definir los deseos y necesidades subjetivas socialmente significativas, así como las prácticas que conforman el espacio vivido (Baptista, 2013). De ese modo, se genera y legitima un espacio concebido al servicio de una ideología dominante y con la ambición de imponerse sobre el espacio vivido, hegemonizándolo mediante discursos que configuran un lenguaje que se presume técnicamente inopinable y moralmente cierto. El espacio concebido se configura, en otras palabras, nada más que como una ideología disfrazada de conocimientos científicos incuestionables que se oculta tras el lenguaje técnico y pericial del urbanismo neoliberal.

Sin embargo, esta retórica obstinada que pretende revelar los supuestos beneficios del espacio público, representa en realidad un instrumento indispensable para desplegar la acción administrativa y el control racionalizador sobre las intervenciones de planeamiento urbano —y no urbanístico—del espacio. Se trata de una herramienta indisolublemente asociada a los procesos de higienización y normativización de los individuos dentro de un campo semántico hecho de discursos y representaciones propias de aquellos saberes técnicos y científicos que materializan un “urbanismo contaminador”. A través de tales discursos, se construye un consenso mayoritario sobre quiénes son los ciudadanos “legítimos” y “normales”, y se llevan a cabo estrategias de segregación espacial, evitaciones simbólicas así como la construcción de la invisibilidad social. Lejos de representar fenómenos exclusivos de aquellas zonas de la ciudad que se conciben como “centrales”, dichas estrategias han llegado hoy a ser aplicadas en las propias periferias urbanas. La supuesta regeneración del barrio del Bon Pastor, en San Andreu, o la del barrio de La Mina, en Sant Adrià de Besòs, son solo algunos de los numerosos casos emblemáticos de cómo los procesos de exclusión y segregación de determinados grupos del uso del espacio serían parte esencial de las dinámicas de pacificación y homogeneización del mismo, necesarias para su desvalorización y/o revalorización en el mercado. Detrás de las retóricas del espacio concebido subyacen, de hecho, representaciones de higiene y moralidad aplicadas aparentemente al individuo (Sennett, 2007 [1994]), pero que en realidad tienen la función de legitimar o deslegitimar formas de vida urbana sistemáticamente consideradas inconcebibles o, más simplemente, improductivas frente al sistema capitalista.

Asimismo, en manos de determinados urbanistas, proyectistas, arquitectos y tecnócratas, estas retóricas se convierten en un instrumento discursivo clave a la hora de que el capitalismo intervenga y administre aquello que siendo presentado como espacio y que no deja de ser simplemente suelo, es decir, espacio inmobiliario, espacio para comprar o vender. La supuesta igualdad de relaciones que implicaría el fantasmagórico concepto de espacio público se ve desacreditada hoy día por una especulación inmobiliaria sin precedentes históricos, un masivo proceso de gentrificación que roza peligrosamente la utopía social, y un control normativo extendido sobre cada tipo de práctica relacional. Pero también por la represión de cada alternativa no solo posible sino propiciable, un dominio institucionalizado de la subjetividad personal y una más amplia explotación capitalista sin escrúpulos de la vida en general (Rabinow, 2003). La práctica y la representación idealizada de un espacio público como algo armonioso, neutral, idílico y libre de inquietud y agitación social llega a ser una mera falacia en una sociedad capitalista donde la lucha de clases representa todavía una realidad cotidiana innegable a pesar de toda tentativa de invisibilizarla.

La violencia urbanística que ha caracterizado las más recientes políticas urbanas desplegadas por el gobierno de Xavier Trias en Barcelona, pone en evidencia esa utopía social de un espacio pacificado y libre de conflictividad social. En este sentido, se hace imprescindible cuestionar las implicaciones reales que dichas políticas tienen con lo urbano a la hora de dar forma a un espacio supuestamente “público”, esto es, a la hora de ser políticas urbanísticas que se pretenden urbanas. La privatización parcial o total de parques públicos como el Park Güell, la fragmentación territorial de Collserola o la implementación de un urbanismo social de fachada como en el caso del Pla Buits, representan procesos cada vez más frecuentes de turistificación y normativización del espacio que apuestan por un uso instrumental y no intensivo del mismo.

Asimismo, el desmantelamiento de Mount Ziono la cierta domesticación de la Flor de Maig en el Poblenou, el desalojo inminente de La Carbonería en Sant Antoni, la vacua y estéril solarización de Vallcarca o la más reciente tentativa de destrucción de Can Vies en Sants, son solo algunos ejemplos, todos ellos en Barcelona, que evidencian la obstinada imposición de un discreto encanto del “espacio público” como elemento represor y fetiche de las retóricas de regeneración en que el mismo se arropa. Sin embargo, no se trata únicamente de una cuestión catalana, ni exclusiva del Estado español. Tenemos ahí diferentes ejemplos de represión por parte de la autoridad en varias ciudades de Brasil, en el marco de la celebración del Mundial de Futbol de 2014 y las Olimpiadas de Río de Janeiro en 2016, o, algo más cerca, los hechos acontecidos en junio de 2013 en el Parque Taksim Gezidede Estambul, en Turquía; la criminalización de la lucha No-TAV en Val di Susa, en Italia; la subasta de la isla de Poveglia en Venecia, etc. Todo ello encubiertamente perpetuado al culto de un “espacio público de calidad”, que, en realidad, no deja de ser sino un mero espacio contra el público.

Bibliografía

BAPTISTA, L. A. S., (2013), “The Cities of Need. Capitalism and Subjectivity in the Contemporary Metropolis”, Psicologia&Sociedade, 25 (n. sp.), pp. 54-61.

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La Arquitectura hoy día se lee como urbanismo

La arquitectura hoy día se lee como urbanismo.

Doctorando, Mg.  Arq. Percy C. Acuña Vigil

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La arquitectura hoy día se lee como urbanismo. Hablamos del urbanismo de la diferencia.

Hoy día cuando hablamos de arquitectura hablamos de la arquitectura para la necesidad, de la arquitectura del servicio, hablamos de lo que se necesita para los más, para los que carecen.

Cuando estamos en América Latina se habla de las ciudades que quieren ser ciudades. Nuestras ciudades hoy día son ejemplo de todo lo que le falta a una ciudad, y es el laboratorio en donde se comprueba el drama de lo que es la ausencia de arquitectura.

Hoy día se habla de poblaciones que no tienen estatuto humano y deben de tenerlo.

De poblaciones que no tienen ciudadanos y que cuando se les menciona sólo es de nombre porque carecen de deberes y sólo saben de exigir derechos.

Quienes todavía persisten en hablar de la arquitectura de la elite se quedaron en el siglo 18, o todavía siguen un cuento que ya para nadie que está informado, que ya no es ignorante y que sabe y conoce que lo que vende el negocio de la arquitectura es sólo eso. Un vulgar negocio más.

Cuando hablamos de enseñar arquitectura se debe deslindar el campo en el que se habla, en el del negocio y en el del lucro fenicio, que no es el campo académico, que no es el campo de la arquitectura, que no es el campo de la moral ni el de la ética.

Simplemente es el campo de los negocios. Eso tiene otro lugar.

Un negocio consiste en un sistema de obtener dinero. El negocio es una operación, relacionada con los procesos de producción, distribución y venta de servicios y bienes, con el objetivo de beneficiar a los vendedores.

Tradicionalmente, la Academia ha sido establecida como el espacio en el cual diferentes tipos de estudios son desarrollados, buscándose así transmitir el conocimiento adquirido por el ser humano a través del tiempo.

Lo académico no es el campo de los chamanes, ni de los brujos. Es el campo de quienes profesan la investigación y la episteme, que es el conocimiento mediante la investigación y la búsqueda de la verdad.

Uno de los problemas aquí es que se sigue pensando en la arquitectura de elite. La arquitectura de los pocos, la arquitectura de la aristocracia.

Parecería que se continua añorando La República Aristocrática que es el periodo de la historia del Perú comprendido entre los años 1899 a 1919 caracterizado por la sucesión de gobiernos dirigidos por la élite política y económica del país, marcado por la alianza entre las elites política y económica para poder gobernar el Perú, eliminando cualquier otro tipo de propuesta política que no proviniera de este consenso.

Parecería que se sigue añorando esta situación, orientando el hablar de la arquitectura al servicio de esta idea, que es una idea totalmente desfasada y que hoy no tiene ninguna importancia salvo la de que identifica el reducto minoritario y sin importancia de la elite.

Este reducto minoritario es el reducto de la arquitectura de quienes usufructúan del resto.

Una paradoja en esta situación es la de que quienes añoran la republica aristocrática precisamente no provienen de la elite ni de la aristocracia, provienen de los estratos medios pobres y que en la arquitectura se proyectan y la sienten como medio de asención social.

Aquí en el fondo está el estigma de la discriminación y del racismo embozado que bajo la máscara de la arquitectura vende copias y trampas sin valor y precisamente sin identidad.

Un problème ici est qu’il ya des gens qui croient encore dans l’architecture de l’élite. L’architecture de quelques-uns, l’architecture de l’aristocratie.

Il semble que le désir continu La République aristocratique qui est la période de l’histoire du Pérou entre les années 1899-1919 caractérisé par une succession de gouvernements dirigés par l’élite politique et économique du pays, marquée par l’alliance entre les élites politiques et économiques pour gouverner le Pérou, éliminant toute autre proposition politique qui ne est pas venu de ce consensus.

Il semble que cette situation est encore languir guider le discours de l’architecture au service de cette idée est une idée complètement dépassée et aujourd’hui n’a pas d’importance, sauf qui identifie la redoute minoritaire sans signification réelle, sauf pour celle de la l’architecture qui l’usufruit du reste.

“The Rime of the Ancient Mariner,”

Coleridge’s Poetry

Samuel Taylor Coleridge

“The Rime of the Ancient Mariner,” Parts I-IV
Coleridge B
 

Summary

Three young men are walking together to a wedding, when one of them is detained by a grizzled old sailor. The young Wedding-Guest angrily demands that the Mariner let go of him, and the Mariner obeys. But the young man is transfixed by the ancient Mariner’s “glittering eye” and can do nothing but sit on a stone and listen to his strange tale. The Mariner says that he sailed on a ship out of his native harbor—”below the kirk, below the hill, / Below the lighthouse top”—and into a sunny and cheerful sea. Hearing bassoon music drifting from the direction of the wedding, the Wedding-Guest imagines that the bride has entered the hall, but he is still helpless to tear himself from the Mariner’s story. The Mariner recalls that the voyage quickly darkened, as a giant storm rose up in the sea and chased the ship southward. Quickly, the ship came to a frigid land “of mist and snow,” where “ice, mast-high, came floating by”; the ship was hemmed inside this maze of ice. But then the sailors encountered an Albatross, a great sea bird. As it flew around the ship, the ice cracked and split, and a wind from the south propelled the ship out of the frigid regions, into a foggy stretch of water. The Albatross followed behind it, a symbol of good luck to the sailors. A pained look crosses the Mariner’s face, and the Wedding-Guest asks him, “Why look’st thou so?” The Mariner confesses that he shot and killed the Albatross with his crossbow.

At first, the other sailors were furious with the Mariner for having killed the bird that made the breezes blow. But when the fog lifted soon afterward, the sailors decided that the bird had actually brought not the breezes but the fog; they now congratulated the Mariner on his deed. The wind pushed the ship into a silent sea where the sailors were quickly stranded; the winds died down, and the ship was “As idle as a painted ship / Upon a painted ocean.” The ocean thickened, and the men had no water to drink; as if the sea were rotting, slimy creatures crawled out of it and walked across the surface. At night, the water burned green, blue, and white with death fire. Some of the sailors dreamed that a spirit, nine fathoms deep, followed them beneath the ship from the land of mist and snow. The sailors blamed the Mariner for their plight and hung the corpse of the Albatross around his neck like a cross.

A weary time passed; the sailors became so parched, their mouths so dry, that they were unable to speak. But one day, gazing westward, the Mariner saw a tiny speck on the horizon. It resolved into a ship, moving toward them. Too dry-mouthed to speak out and inform the other sailors, the Mariner bit down on his arm; sucking the blood, he was able to moisten his tongue enough to cry out, “A sail! a sail!” The sailors smiled, believing they were saved. But as the ship neared, they saw that it was a ghostly, skeletal hull of a ship and that its crew included two figures: Death and the Night-mare Life-in-Death, who takes the form of a pale woman with golden locks and red lips, and “thicks man’s blood with cold.” Death and Life-in-Death began to throw dice, and the woman won, whereupon she whistled three times, causing the sun to sink to the horizon, the stars to instantly emerge. As the moon rose, chased by a single star, the sailors dropped dead one by one—all except the Mariner, whom each sailor cursed “with his eye” before dying. The souls of the dead men leapt from their bodies and rushed by the Mariner.

The Wedding-Guest declares that he fears the Mariner, with his glittering eye and his skinny hand. The Mariner reassures the Wedding-Guest that there is no need for dread; he was not among the men who died, and he is a living man, not a ghost. Alone on the ship, surrounded by two hundred corpses, the Mariner was surrounded by the slimy sea and the slimy creatures that crawled across its surface. He tried to pray but was deterred by a “wicked whisper” that made his heart “as dry as dust.” He closed his eyes, unable to bear the sight of the dead men, each of who glared at him with the malice of their final curse. For seven days and seven nights the Mariner endured the sight, and yet he was unable to die. At last the moon rose, casting the great shadow of the ship across the waters; where the ship’s shadow touched the waters, they burned red. The great water snakes moved through the silvery moonlight, glittering; blue, green, and black, the snakes coiled and swam and became beautiful in the Mariner’s eyes. He blessed the beautiful creatures in his heart; at that moment, he found himself able to pray, and the corpse of the Albatross fell from his neck, sinking “like lead into the sea.”

Form

“The Rime of the Ancient Mariner” is written in loose, short ballad stanzas usually either four or six lines long but, occasionally, as many as nine lines long. The meter is also somewhat loose, but odd lines are generally tetrameter, while even lines are generally trimeter. (There are exceptions: In a five-line stanza, for instance, lines one, three, and four are likely to have four accented syllables—tetrameter—while lines two and five have three accented syllables.) The rhymes generally alternate in an ABAB or ABABAB scheme, though again there are many exceptions; the nine-line stanza in Part III, for instance, rhymes AABCCBDDB. Many stanzas include couplets in this way—five-line stanzas, for example, are rhymed ABCCB, often with an internal rhyme in the first line, or ABAAB, without the internal rhyme.

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Commentary

“The Rime of the Ancient Mariner” is unique among Coleridge’s important works— unique in its intentionally archaic language (“Eftsoons his hand drops he”), its length, its bizarre moral narrative, its strange scholarly notes printed in small type in the margins, its thematic ambiguity, and the long Latin epigraph that begins it, concerning the multitude of unclassifiable “invisible creatures” that inhabit the world. Its peculiarities make it quite atypical of its era; it has little in common with other Romantic works. Rather, the scholarly notes, the epigraph, and the archaic language combine to produce the impression (intended by Coleridge, no doubt) that the “Rime” is a ballad of ancient times (like “Sir Patrick Spence,” which appears in “Dejection: An Ode”), reprinted with explanatory notes for a new audience.

But the explanatory notes complicate, rather than clarify, the poem as a whole; while there are times that they explain some unarticulated action, there are also times that they interpret the material of the poem in a way that seems at odds with, or irrelevant to, the poem itself. For instance, in Part II, we find a note regarding the spirit that followed the ship nine fathoms deep: “one of the invisible inhabitants of this planet, neither departed souls nor angels; concerning whom the learned Jew, Josephus, and the Platonic Constantinopolitan, Michael Psellus, may be consulted.” What might Coleridge mean by introducing such figures as “the Platonic Constantinopolitan, Michael Psellus,” into the poem, as marginalia, and by implying that the verse itself should be interpreted through him?

This is a question that has puzzled scholars since the first publication of the poem in this form. (Interestingly, the original version of the “Rime,” in the 1797 edition of Lyrical Ballads, did not include the side notes.) There is certainly an element of humor in Coleridge’s scholarly glosses—a bit of parody aimed at the writers of serious glosses of this type; such phrases as “Platonic Constantinopolitan” seem consciously silly. It can be argued that the glosses are simply an amusing irrelevancy designed to make the poem seem archaic and that the truly important text is the poem itself—in its complicated, often Christian symbolism, in its moral lesson (that “all creatures great and small” were created by God and should be loved, from the Albatross to the slimy snakes in the rotting ocean) and in its characters.

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If one accepts this argument, one is faced with the task of discovering the key to Coleridge’s symbolism: what does the Albatross represent, what do the spirits represent, and so forth. Critics have made many ingenious attempts to do just that and have found in the “Rime” a number of interesting readings, ranging from Christian parable to political allegory. But these interpretations are dampened by the fact that none of them (with the possible exception of the Christian reading, much of which is certainly intended by the poem) seems essential to the story itself. One can accept these interpretations of the poem only if one disregards the glosses almost completely.

A more interesting, though still questionable, reading of the poem maintains that Coleridge intended it as a commentary on the ways in which people interpret the lessons of the past and the ways in which the past is, to a large extent, simply unknowable. By filling his archaic ballad with elaborate symbolism that cannot be deciphered in any single, definitive way and then framing that symbolism with side notes that pick at it and offer a highly theoretical spiritual-scientific interpretation of its classifications, Coleridge creates tension between the ambiguous poem and the unambiguous-but-ridiculous notes, exposing a gulf between the “old” poem and the “new” attempt to understand it. The message would be that, though certain moral lessons from the past are still comprehensible—”he liveth best who loveth best” is not hard to understand— other aspects of its narratives are less easily grasped.

In any event, this first segment of the poem takes the Mariner through the worst of his trials and shows, in action, the lesson that will be explicitly articulated in the second segment. The Mariner kills the Albatross in bad faith, subjecting himself to the hostility of the forces that govern the universe (the very un-Christian-seeming spirit beneath the sea and the horrible Life-in-Death). It is unclear how these forces are meant to relate to one another—whether the Life-in-Death is in league with the submerged spirit or whether their simultaneous appearance is simply a coincidence.

After earning his curse, the Mariner is able to gain access to the favor of God—able to regain his ability to pray—only by realizing that the monsters around him are beautiful in God’s eyes and that he should love them as he should have loved the Albatross. In the final three books of the poem, the Mariner’s encounter with a Hermit will spell out this message explicitly, and the reader will learn why the Mariner has stopped the Wedding-Guest to tell him this story.

The Poem