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Place de France y Place Vendôme

Place de France y Place Vendôme
Porte de Saint-Denis (París)
Época: Barroco. Inicio: Año 1600. Fin: Año 1700

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Antecedente:
El desarrollo del urbanismo

(C) Jesús Cantera Montenegro

Comentario

Todavía le dio tiempo a Enrique IV para plantear la construcción de otra plaza en 1610, poco antes de ser asesinado, lo que hizo que, aunque las obras se iniciaran, no llegaran nunca a concluirse. Fue aquella la Place de France, que, proyectada por Claude Chastillon y Jacques Alleaume, debió contar con una importante intervención por parte del propio rey en la configuración del diseño.Debería ocupar esta nueva plaza un espacio situado entre la Bastille y el Temple, y tendría claramente un sentido práctico y simbólico, como señalaría su estructura estrellada.

Adosada a la muralla entre la Porte Saint-Antoine y la Porte du Temple, se planeó con una planta semicircular en la que, del lado curvo, irradiaban ocho calles que llevarían los nombres de las principales provincias y que más allá eran cortadas por un segundo cinturón semicircular. Los edificios que asomarían a la plaza tendrían un carácter público. La base del semicírculo estaría adosada a la muralla y allí ésta abriría una nueva puerta que llevaría un nombre significativo, Porte de France, lo que, unido al simbolismo de los nombres de las calles radiales, sería indicativo del papel de París como capital del reino.Luis XIII desarrolló una menor actividad urbanística que su padre, pues se orientó sobre todo hacia las obras de tipo arquitectónico.

Entre las actuaciones de tipo urbanístico cabe citar en primer lugar la Rue Dauphine, proyectada ya por Enrique IV y en la que se ordenó que las casas. se construyeran con un esquema uniforme.Más importante fue la urbanización de la Ile Saint-Louis, que se llevó a cabo entre los años 1627 y 1664 con la dirección técnica de Louis Le Vau y el impulso del empresario Marie y los financieros Poulletier y Regrattier. Se formó entonces la isla por la unión de los antiguos islotes de la Ile aux Vaches y la lle Notre-Dame, célebre éste porque durante la Edad Media era el lugar donde se celebraban los Juicios de Dios.

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Además de la unión, se hicieron puentes que enlazaron la isla con las márgenes del río y se dividió el suelo en lotes, formando un sistema de damero con dos calles principales entrecruzadas.Con la misma idea urbanística de dos calles principales entrecruzadas, se planeó y construyó después del año 1633 el Distrito Richelieu, situado al norte de las Tullerías y el Louvre y fuera de la antigua muralla de la ciudad.

Esta zona se vio favorecida al construir allí su palacio el propio cardenal, el que luego sería el Palais Royal, continuando este favor con el cardenal Mazarino que también levantó aquí su vivienda, la que hoy es sede de la Bibliothéque Nationale, todo lo cual propició el desarrollo de este núcleo urbano configurando así un nuevo barrio en la ciudad de París.Con Luis XIV, ésta va experimentar importantes cambios que serán fundamentales para su posterior evolución.

Bajo su reinado se construyeron dos places royales, se trazaron los jardines de las Tullerías que sirvieron de punto de arranque a la posterior expansión de la ciudad por la zona oeste y también se suprimieron las fortificaciones acabadas en la época de Luis XIII, que fueron sustituidas por un anillo casi completo de boulevards, lo que además sirvió para que París adquiriese entonces la fisonomía de una ciudad abierta.

La primera de aquellas plazas fue la Place des Victoires, planificada en 1685 por el mariscal de La Feuillade para acoger un monumento de Luis XIV, réplica de otro que había encomendado al escultor Desjardins para celebrar la firma de la Paz de Nimega (1679), y que había enviado a Versalles como regalo al monarca. El monumento constaba de una estatua del rey puesto de pie, que ceñía su cabeza con una corona de laureles.

Bajo ella había un pedestal con seis relieves y en los ángulos cuatro cautivos que representaban a España, Holanda, Prusia y Austria, las naciones vencidas por el Rey Sol. Rodeaban el monumento cuatro grandes lámparas que estaban encendidas día y noche, lo que simbólicamente le daba un carácter casi de imagen sagrada y así constituye un testimonio harto elocuente de la política absolutista que encarnaba Luis XIV. Estas lámparas fueron eliminadas en el siglo XVIII y la estatua fue fundida en 1792, siendo sustituida en 1822 por otra de F. B. Bosio que representa a Luis XIV a caballo.

La plaza no se concibió como un espacio urbano aislado, como podía ser, por ejemplo, el caso de la Place des Vosges, sino que iba a servir de intercomunicador de distintas zonas de la ciudad. Así convergía en ella la rue des Fossés Montmartre -hoy rue d’Aboukir-, que procedía de la antigua muralla de Carlos V, concretamente del lugar donde en 1672 se había levantado la Porte Saint-Denis; igualmente llegaban a ella la rue Croix des Petits Champs, que abierta hacia el sur unía la plaza con el Louvre, y la rue de la Feuillade -hoy, rue Petit Champs-, que enlazaba con el nuevo barrio situado al norte de las Tullerías.

Por esa función de la plaza como distribuidor radial, su proyectista, el arquitecto Jules-Hardouin Mansart, la concibió con una planta circular, llegando a quedar como prototipo para otras plazas semejantes en otros lugares, como por ejemplo el King’s Circus de Bath.Los edificios construidos en aquel lugar formaban un conjunto uniforme, disponiendo una planta baja con un paramento en almohadillado y por encima dos pisos con un orden gigante jónico, algo que sin duda tenía orígenes italianos.

Pero esta distribución solamente la presentan los edificios en las fachadas que asoman a la plaza, pues en la parte hacia las calles que convergen a ella muestran una articulación mucho más sencilla.La otra gran plaza parisina construida en el reinado de Luis XIV fue la Place Véndôme o Place Louis Le Grand, que se convirtió en el centro de los nuevos barrios al oeste de la ciudad.

Hacia el año 1680 concibió Louvois la construcción de aquella plaza, que estaría centrada por una monumental estatua de Luis XIV y en la que los edificios albergarían importantes instituciones, como serían las sedes de las Academias, la Biblioteca, la Real Casa de la Moneda y el Hôtel des Ambassadeurs extraordinaires. Así, determinados ya a levantar aquel nuevo espacio urbano, favoreció su ubicación la posibilidad de compra en 1685 del hôtel del duque de Vendóme -hijo de Enrique IV y Gabriela de Estrées- que a la sazón estaba arruinado, y a cuyo solar se añadieron para ampliar la superficie de la futura plaza los terrenos del vecino convento de los capuchinos.

El encargado de hacer el proyecto y llevar a cabo las obras fue Jules-Hardouin Mansart, quien comenzó sus labores en 1685 construyendo únicamente las fachadas de los edificios, que en su parte inferior se diseñaron con soportales. La parte por detrás de las fachadas no se edificó, ya que, con un sentido racional, se determinó que se hicieran posteriormente, para que pudieran adaptarse de forma más adecuada a las necesidades de la institución que fueran a acoger.

De todas formas, tan buenas intenciones no sirvieron puesto que la falta de dinero obligó a cancelar el proyecto y se pasó a derribar las fachadas.Muy pronto se reactivó la idea de construir la plaza, aunque con importantes cambios, pues a la reducción de dimensiones del primer proyecto se unía el que los edificios a construir tendrían ahora un carácter privado. El rey regalaba el terreno a la ciudad con la condición de que se construyeran las fachadas de acuerdo con el nuevo proyecto de Mansart en el que habían desaparecido los soportales. Por otro lado, ateniéndose a la primera intención se daba libertad a quienes compraran los solares, para que tras esas fachadas pudieran edificar sus viviendas con plena libertad en la disposición de los planos.

Presenta la plaza una planta rectangular con las esquinas achafladas que prácticamente la convierten en un octógono irregular, lo que refuerza el carácter de ámbito cerrado de este espacio urbano. Sin embargo, en oposición a esta idea, y participando de ese gusto barroco por los elementos y las situaciones contrapuestas, atraviesa la plaza un eje longitudinal en dirección norte-sur que hoy en día une el Jardín de las Tullerías y la Opera, como antaño lo hacía con las iglesias de los capuchinos y de los bernardos y que, por tanto, tiende a romper el esquema cerrado del conjunto.

No obstante, las intenciones originales han sido alteradas con el paso del tiempo por dos hechos fundamentales. Primero, porque la estatua ecuestre de Luis XIV como emperador romano realizada por Girardon fue destruida durante la Revolución y sustituida más tarde por Napoleón con la Columna de Austerlitz, y ésta, dado su monumental tamaño, resta algo del carácter concentrado de la primitiva plaza. En segundo lugar está la circunstancia de que el eje que la atraviesa está actualmente desvirtuado, ya que casi se pierde en el infinito, mientras que, en su momento, poco después de atravesar la plaza era cortado por los edificios de unas calles transversales que lo cruzaban, lo cual proporcionaba una idea de espacio algo más cerrado a todo el conjunto que lo que hoy día podemos contemplar.

Las fachadas se construyeron entre 1699 y 1708 siguiendo en general un esquema muy semejante al de la Place des Victoires, pero con un tratamiento más exquisito. Las proporciones son más esbeltas y los detalles más cuidados, con empleo de un orden corintio y un intento de evitar la monotonía de los grandes lienzos por medio de ressauts rematados con frontones triangulares.Cabe señalar finalmente la apreciación que a través de esta plaza ha hecho Anthony Blunt sobre la diferencia de la política de Enrique IV y la de Luis XIV.

El primer monarca destinó sus obras urbanísticas para residencia de los parisinos que rodeaban su estatua. Por el contrario, Luis XIV proyectó acoger su imagen por los edificios que servirían de sede a las instituciones oficiales del Estado, lo que es un reflejo de la política emblemática que dominaba todas sus actuaciones.También durante el reinado de Luis XIV se llevó a cabo la renovación de los jardines del palacio de las Tullerías, que finalmente acabarían conformando la vía de expansión de la ciudad hacia la zona oeste.

Estos habían sido construidos desde el año 1563 según los cánones de la jardinería renacentista, pero en 1637 se nombró a André L e Nôtre su jardinero, quien hizo una nueva planificación con el fin de adaptarlos a las nuevas concepciones, en las que se buscaba una mayor movilidad a través de un variado sistema de ejes y de parterres con distintas plantas, quedando el esquema dominado fundamentalmente por un gran eje o avenida, la de los Chames Elysées, que finalizaría en un gran círculo, I’Etoile, que más adelante servirían de base para el crecimiento urbanístico de esta zona tan importante del París decimonónico y del actual.

De forma semejante, y buscando un paralelismo en la planificación general de la ciudad, se proyectó otro eje en la parte oriental de ésta, que debería dirigirse desde la Porte Saint-Antoine hasta Vincennes.Algo más tarde se abrieron unas vías radiales dirigidas hacia toda la nación que señalaban el papel de la ciudad como capital del reino y la concepción de un Estado centralizado en Francia.

Completando este programa urbanístico se cortaron estas vías con el anillo de boulevards, que se dispusieron en el lugar donde las antiguas murallas delimitaban la ciudad y que favorecieron otro de los ideales del urbanismo barroco, cual es el de los espacios abiertos.Aquellas murallas habían sido construidas entre los siglos XIV y XVII por Carlos V, Carlos IX y Luis XIII cuando la ciudad fue creciendo por su zona norte. Pero ya en la época de Luis XIV, la seguridad en el reino hizo que se abandonaran, llegando a un estado casi ruinoso.

Ante ello, finalmente se optó por derribarlas, acometiéndose entre 1660 y 1705 la empresa de demolerlas, rellenar con ellas los fosos, y formar así una especie de terraza ligeramente sobreelevada de 36 metros de anchura, en la que se dispuso una avenida formada por una vía principal flanqueada por otras dos más estrechas, y entre ellas paseos con filas de árboles, dándose al conjunto el término militar de bouleuard, con el que se denominaba el terraplén de una muralla.

Por otra parte, allí donde los bouleuards se cruzaban con las vías radiales se erigieron en lugar de las antiguas puertas de la muralla, otras de tipo monumental y carácter emblemático, como las de Saint-Denis y Saint-Martin, la primera de 1672 construida por François Blondel, y la segunda de 1679 por Pierre Bullet, decoradas con bajorrelieves que recogen las hazañas victoriosas de Luis XIV.

Palladianismo.

 Palladianismo.

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El Palladianismo es un estilo que se da a conocer como arquitectura palladiana, creado por el arquitecto italiano Andrea Palladio. El Palladianismo es una evolución conceptual de los trabajos de Palladio. Este estilo inició en el siglo XVI, siendo un gran influyente en arquitectura neoclásica, debido a su gusto clásico. Dicho estilo fue prolongado en muchas partes del mundo. En uno de los lugares donde más se popularizó este estilo fue en el Reino Unido. Uno de los que intervino en esto fue Christopher Wren, durante el siglo XVII. Este es sucesor del estilo Barroco, siendo este la renovación de formas antiguas de estilo clásico. Cuando este estilo inició su declive en Europa, se popularizó en Norteamérica.

Una muestra de esto son las edificaciones de Thomas Jefferson. Algunas de las edificaciones de Palladio son: • Villa Godi • Quattro Libri dell’Architettura • Villas palladianas de Vicenza • La Iglesia del Santísimo Redentor En sus trabajos este arquitecto tomó en cuenta los principios del arquitecto romano Marco Vitruvio y los trabajos desarrollados de Leon Battista Alberti. Donde se destacaban las proporciones matemáticas y no la riqueza ornamental, lo que permitió la caracterización de la Arquitectura renacentista durante el siglo XVI. Se dieron las combinaciones de elementos del lenguaje clásico, tomando en cuenta la funcionalidad de cada edificio, lo que le permitió ser considerado como un arquitecto manierista y buscador del renacimiento y sus proporciones armónicas.

 Las fachadas cuentan con una excepcional elegancia sencilla, austera cuya serenidad es compositiva. Según la ubicación del terreno, este arquitecto desarrollaba sus construcciones, en algunas destacándose el uso multiplicado del pórtico, tipología de loggia abierta para reemplazar el pórtico.

Para Palladio estas villas poseían doble finalidad, una de explotación agropecuaria y otra como remanso palaciego. Su aspecto era simétrico y de buen contenido para realizar las labores del campo.

 En la actualidad de forma incorrecta muchos se refieren al palladiano, como la protección de las edificaciones clásicas. Este estilo fue de gran influencia en la arquitectura occidental y funcionó como precedente al Neoclasicismo. Lo que trajo como producto: • Palladianismo inglés • Neopalladianismo • Palladianismo irlandés • Palladianismo en los Estados Unidos.

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Para citar este artículo en formato APA:

 ( A. 2012, 12. Estilo palladianismo. Revista ARQHYS.com. Obtenido 09, 2016, de http://www.arqhys.com/contenidos/estilo-palladianismo.html.)

Via: http://www.arqhys.com/contenidos/estilo-palladianismo.html

 

La Ciudad neoclásica: John Soane y Jean Louis de Cordemoy

La Ciudad neoclásica

John Soane y Jean Louis de Cordemoy

Percy C. Acuña Vigil

El término Neoclasicismo (del griegoνέος neos, el latín classicus y el sufijo griego –ισμός -ismos) surgió en el siglo XVIII para denominar de forma negativa al movimiento estético que venía a reflejar en las artes, los principios intelectuales de la Ilustración, que desde mediados del siglo XVIII se venían produciendo en la filosofía, y que consecuentemente se habían transmitido a todos los ámbitos de la cultura.

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Puerta de Brandenburgo

Con el deseo de recuperar las huellas del pasado se pusieron en marcha expediciones para conocer las obras antiguas en sus lugares de origen. La que en 1749 emprendió desde Francia el arquitecto Jacques-Germain Soufflot, dio lugar a la publicación en 1754 de las Observations sur les antiquités de la ville d’Herculaneum, una referencia imprescindible para la formación de los artistas neoclásicos franceses. En Inglaterra la Society of Dilettanti (Sociedad de Amateurs) subvencionó campañas arqueológicas para conocer las ruinas griegas y romanas. De estas expediciones nacieron libros como: Le Antichitá di Ercolano (1757-1792) elaborada publicación financiada por el rey de Nápoles (luego Carlos III de España), que sirvieron de fuente de inspiración para los artistas de esta época, a pesar de su escasa divulgación.

Ledoux ciudad ideal

Claude Nicolás Ledoux: Propuesta

También hay que valorar el papel que desempeñó Roma como lugar de cita para viajeros y artistas de toda Europa e incluso de América. En la ciudad se visitaban las ruinas, se intercambiaban ideas y cada uno iba adquiriendo un bagaje cultural que llevaría de vuelta a su tierra de origen. Allí surgió en 1690 la llamada Academia de la Arcadia o Árcades de Roma, que con sus numerosas sucursales o coloniae por toda Italia y su apuesta por el equilibrio de los modelos clásicos y la claridad y la sencillez impulsó la estética neoclásica.

La villa romana se convirtió en un centro de peregrinaje donde viajeros, críticos, artistas y eruditos acudían con la intención de ilustrarse en su arquitectura clásica. Entre ellos estaba el prusiano Joachim Winckelmann (1717-1768), un entusiasta admirador de la cultura griega y un detractor del rococó francés; su obra Historia del Arte en la Antigüedad (1764) es una sistematización de los conocimientos artísticos desde la antigüedad a los romanos.

En Roma también trabajaba Giovanni Battista Piranesi (1720-1778); en sus grabados, como Antichitá romana (1756) o Las cárceles inventadas (1745-1760), y transmite una visión diferente de las ruinas con imágenes en las que las proporciones desusadas y los contrastes de luces y sombras buscan impresionar al espectador.

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Piranesi: Paneon de Roma.

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Piranesi: Escudo Papal.

El trabajo está cargado de simbolismo: la figura en el centro representa la verdad rodeada por una luz brillante (el símbolo central de la iluminación). Otras dos figuras a la derecha, la razón y la filosofía, están rasgando el velo que cubre verdad.

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Piranesi Etchings

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Piranesi: Arco de Trajano

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Piranesi: Fontana di Trevi

La Ilustración representaba el deseo de los filósofos de la época de la Razón (filosofía) por racionalizar todos los aspectos de la vida y del saber humano. Vino a sustituir el papel de la religión (como organizadora de la existencia del hombre) por una ética laica que ordenará desde entonces las relaciones humanas y llevará a un concepto científico de la verdad.

Sin embargo lo central de este periodo es la revolución industrial y los cambios socio económicos que provoco:

En Gran Bretaña se desarrolló de pleno el capitalismo industrial, lo que explica su supremacía industrial hasta 1870 aproximadamente, como también financiera y comercial desde mediados de siglo XVIII hasta la Primera Guerra Mundial (1914). En el resto de Europa, la industrialización fue muy posterior y siguió pautas diferentes a la británica.

Unos países tuvieron la industrialización entre 1850 y 1914: Francia, Alemania y Bélgica. En 1850 apenas existe la fábrica moderna en Europa continental, sólo en Bélgica hay un proceso de revolución seguido al del Reino Unido. En la segunda mitad del siglo XIX se fortalece en Turingia y Sajonia la industrialización de Alemania.

Otros países siguieron un modelo de industrialización diferente y muy tardía: Italia, Imperio Austrohúngaro, España o Rusia. La industrialización de éstos se inició tímidamente en las últimas décadas del siglo XIX, para terminar mucho después de 1914.

La Revolución industrial estuvo dividida en dos etapas: La primera del año 1750 hasta 1840, y la segunda de 1880 hasta nuestros tiempos. Todos estos cambios trajeron consigo consecuencias sociales y económicas que marcaron el ámbito de la ciudad neoclásica en este periodo.

Estos cambios fueron en síntesis:

  1. Demográficos. Traspaso de la población del campo a la ciudad (éxodo rural), Migraciones internacionales, Crecimiento sostenido de la población, Grandes diferencias entre los pueblos, Independencia económica.
  2. Económicos. Producción en serie, Desarrollo del capitalismo, Aparición de las grandes empresas, Intercambios desiguales.
  3. Nace la Cuestión social.
  4. Deterioro del ambiente y degradación del paisaje, Explotación irracional de la tierra.

Con este marco de referencia se construye la ciudad neoclásica que debe su imagen formal a la obra de los arquitectos que desde su intervención particular fueron conformando un todo formal nuevo y que fue respondiendo a la nueva configuración de la sociedad en Europa.

En esta construcción refiero la obra de dos arquitectos que con sus obras marcaron su impronta en la ciudad neoclásica europea. El uno en Inglaterra y el otro en Francia.

John Soane

El último gran arquitecto del neoclasicismo británico, antes del periodo ecléctico de la época victoriana. Profesor de la Royal Academy y miembro de la Oficina de Obras de Londres, su aportación fundamental fue el desarrollo de un estilo personal basado en un clasicismo que reafirmaba las proporciones estructurales y los elementos geométricos básicos de la arquitectura. Su proyecto más importante, el Banco de Inglaterra en Londres (1795-1827, destruido y reformado posteriormente) cuenta con una austera fachada ciega compuesta mediante elementos lineales, cuyo modelo siguió en la despojada Dulwich Art Gallery (1811-1814).

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Banco de Inglaterra.

Los espacios interiores de sus obras suelen ser de una luminosidad impresionante, gracias a la disposición de amplios ventanales, claraboyas y bóvedas vaídas que parecen flotar en la luz. La casa que se construyó como residencia entre 1812 y 1813, en Lincoln’s Inn Fields (Londres), es un compendio de sus experimentos arquitectónicos e innovaciones estilísticas. Esta obra, abierta al público como Museo de sir John Soane, también contiene sus colecciones privadas de pintura y antigüedades.

 

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Lincoln Inn Fields

 Referencia

Archivo de John Soane

John Soane: Arquitectura Neoclásica.

Soane: Arquitecto de colecciones

La casa de John Soane

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Claremont House

Soane 5 Banco de Inglaterra

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Abée Jean Louis de Cordemoy

El Abate Jean-Louis Cordemoy (1655-1714) fue un historiador de arquitectura francesa, Prior de San Nicolás en La Ferté-sous-Jouarre (Seine-et-Marne), y un canónico en St-Jean-des-Vignes Soissons (Aisne). Su nuevo “Tratado de toda la arquitectura fue uno de los primeros estudios de la arquitectura eclesiástica, en donde alabó el estilo gótico por su clara expresión de la estructura.

En este tratado discutió la obra de Vitrubio y de Alberti (1404-1472), incluyendo la catedral y la Plaza de Sn. Pedro en Roma. Fue el modelo de arquitectura y sirvió de referencia a la obra de Jacques German Soufflot (1713-1780) en Santa Genoveva.

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Sta. Genoveva. París.

Bajo la influencia de Michel de Fremin y Claude Perrault sus ideas de orden, decoro y disposición como expresiones de la integridad con la naturaleza y la estructura fueron precursoras de los conceptos modernos de funcionalismo y la fidelidad a los materiales. [[1]]

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Sta. Genoveva. París.

Su obra tuvo un impacto considerable en la teoría de la arquitectura del siglo 18, especialmente en la de Antoine Desgodetz, Marc-Antoine Laugier (1713-1769), De la Hire y Boffrand, (1667-1754). Él también participó en un áspero debate con el ingeniero Amédée-François Frézier En cuanto a la arquitectura sagrada en el periódico jesuita “Memorias de Trévoux”, una escaramuza en el Debate de los antiguos y los modernos.

Referencia

Page de Sylvie Pressouyre. (Bulletin Monumental.

L’abbé de Cordemoy, Laugier, Soufflot et l’idéal gréco-gothique

La Théorie Architecturale a L’Age Classique

Extracto de una carta del autor              

Su obra se anticipó a la de Jacques François Blondel (1705-1774) y a la de Adolf Loos, (“Ornament and Verbrechen”).

Laugier reinterpreto a Cordemoy y su obra influencio a la de E. Louis Boullée (1728-1799), Jacques Gondouin (1737-1818), Pierre Patte (1756-1775), Marie Joseph Peyre (1730-1785), al mismo Nicolás Ledoux (1736-1806) y a Charles Percier (1764-1838)  y Pierre L. F. La Fontaine (1762-1853) en la Rué de Rivoli y en el Arc du Carrusel.

[[1]] History of Architectural Theory, Hanno-Walter Kruft, 1994, p.141.

CONTRIBUCION AL PROBLEMA DE LA VIVIENDA: F. Engels

F. ENGELS

CONTRIBUCION AL PROBLEMA DE LA VIVIENDA[1]

PREFACIO A LA SEGUNDA EDICION DE 1887

Engels

La presente obra es la reimpresión de tres artículos que escribí en 1872 para el «Volksstaat» [2] de Leipzig. Precisamente en aquella época llovían sobre Alemania los miles de millones de francos franceses [3], el Estado pagó sus deudas; fueron construidas fortificaciones y cuarteles, y renovados los stocks de armas y de municiones; el capital disponible, lo mismo que la masa de dinero en circulación aumentaron, de repente, en enorme proporción. Y todo esto, precisamente en el momento en que Alemania aparecía en la escena mundial, no sólo como «Imperio unido», sino también como gran país industrial. Los miles de millones dieron un formidable impulso a la joven gran industria; fueron ellos, sobre todo, los que trajeron después de la guerra un corto período de prosperidad, rico en ilusiones, e inmediatamente después, la gran bancarrota de 1873-1874, la cual demostró que Alemania era un país industrial ya maduro para participar en el mercado mundial.

La época en que un país de vieja cultura realiza esta transición —acelerada, además, por circunstancias tan favorables— de la manufactura y de la pequeña producción a la gran industria, suele ser también una época de «penuria de la vivienda». Por una parte, masas de obreros rurales son atraídas de repente a las grandes ciudades, que se convierten en centros industriales; por otra parte, el trazado de aquellas viejas ciudades no corresponde ya a las condiciones de la nueva gran industria ni a su gran tráfico; las calles son ensanchadas, se abren otras nuevas, pasan por ellas ferrocarriles. En el mismo momento en que los obreros afluyen en gran número a las ciudades, las viviendas obreras son destruidas en masa. De aquí la repentina penuria de la vivienda, tanto para el obrero, como para el pequeño comerciante y el artesano, que dependen de la clientela obrera. En las ciudades que surgen desde el primer momento como centros industriales, esta penuria de la vivienda es casi desconocida. Así son Manchester, Leeds, Bradford, Barmen-Elberfeld. Por el contrario, en Londres, París, Berlín, Viena, la penuria de la vivienda ha adquirido en su tiempo formas agudas y sigue existiendo en la mayoría de los casos en un estado crónico.

Fue, pues, esa penuria aguda de la vivienda, ese síntoma de la revolución industrial que se desarrollaba en Alemania, lo que, en aquel tiempo, llenó los periódicos de discusiones sobre el «problema de la vivienda» y dio lugar a toda clase de charlatanerías sociales. Una serie de artículos de este género vino a parar al «Volksstaat». Un autor anónimo, que se dio a conocer más tarde como el señor doctor en medicina A. Mülberger, de Wurtemberg, estimó la ocasión favorable para aprovechar esta cuestión e ilustrar a los obreros alemanes sobre los efectos milagrosos de la panacea social de Proudhon [4]. Cuando manifesté mi asombro a la redacción por haber aceptado aquellos singulares artículos, me pidieron que los contestase, y así lo hice. (Véase la primera parte: “Cómo resuelve Proudhon el problema de la vivienda”). Poco después de aquella serie de artículos escribí otra, en la cual, basándome en un libro del Dr. Emil Sax [5], examiné la concepción burguesa filantrópica de la cuestión; (Vease la segunda parte: “Cómo resuelve la burguesia el problema de la vivienda”.) Después de un silencio bastante largo, el Dr. Mülberger me hizo el honor de contestar a mis artículos [6], lo que me obligó a publicar una contrarréplica (véase la tercera parte: “Suplemento sobre Proudhon y el problema de la vivienda”), la cual puso fin tanto a la polémica como a mi trabajo particular sobre esta cuestión. Tal es la historia de aquellas tres series de artículos que se publicaron también en folleto aparte. Si hoy es precisa una nueva edición, lo debo, sin duda alguna, a la benévola solicitud del Gobierno del Imperio alemán, quien, al prohibirla, hizo, como siempre, subir de un modo enorme la demanda, y le expreso aquí mi más respetuoso agradecimiento.

Para esta nueva edición he revisado el texto, he hecho algunas adiciones, puse algunas notas y rectifiqué en la primera parte un pequeño error económico que, desgraciadamente, el Dr. Mülberger, mi adversario, no había descubierto.

Al hacer esta revisión, me he dado cuenta claramente de los progresos considerables realizados por el movimiento obrero internacional en el curso de los catorce últimos años. En aquel tiempo, era todavía un hecho que «los obreros de los países latinos no tenían otro alimento intelectual, desde hace veinte años, que las obras de Proudhon»[*] y, a lo sumo, el proudhonismo aún más estrecho de Bakunin, el padre del «anarquismo» que veía en Proudhon al «maestro de todos nosotros» («notre maître à nous tous»). Aunque los proudhonianos no constituían en Francia más que una pequeña secta entre los obreros, eran, sin embargo, los únicos que tenían un programa concretamente formulado y los únicos que, bajo la Comuna, podían tomar la dirección de los asuntos económicos. En Bélgica, el proudhonismo dominaba sin disputa entre los obreros valones, y en España e Italia, con pocas excepciones, todo lo que no era anarquista en el movimiento obrero, era decididamente proudhoniano. ¿Y hoy? En Francia, los obreros se han apartado por completo de Proudhon, y éste ya no cuenta con partidarios más que entre los burgueses radicales y los pequeños burgueses, quienes, como proudhonianos, se llaman también «socialistas», pero son combatidos del modo más violento por los obreros socialistas. En Bélgica, los flamencos han arrebatado a los valones la dirección del movimiento, han rechazado el proudhonismo y han dado mucho empuje al movimiento. En España, como en Italia, la gran oleada anarquista de la década del 70 ha refluido, llevándose los restos del proudhonismo; si en Italia el nuevo partido está todavía por clarificarse y constituirse, en España, el pequeño núcleo, que como Nueva Federación Madrileña [7] había permanecido fiel al Consejo General de la Internacional, se ha desarrollado en un partido poderoso. Este, como se puede juzgar por la misma prensa republicana, está destruyendo la influencia de los republicanos burgueses sobre los obreros con mucha más eficacia que pudieron hacerlo nunca sus predecesores anarquistas, tan alborotadores. En vez de las obras olvidadas de Proudhon, se encuentran hoy en manos de los obreros de los países latinos “El Capital”, el “Manifiesto Comunista” y una serie de otros escritos de la escuela de Marx. Y la demanda más importante de Marx —apropiación de todos los medios de producción, en nombre de la sociedad, por el proletariado elevado a la dominación política exclusiva— se ha convertido hoy, también en los países latinos, en la demanda de toda la clase obrera revolucionaria.

Si el proudhonismo ha sido rechazado definitivamente por los obreros, incluso en los países latinos; si ahora sólo sirve, de acuerdo con su verdadero destino, a la burguesía radical francesa, española, italiana y belga, como expresión de sus veleidades burguesas y pequeñoburguesas, ¿por qué, pues, hoy todavía, volver a él? ¿Por qué combatir otra vez con la reimpresión de estos artículos a un adversario desaparecido?

Primero, porque estos artículos no se limitan a una sencilla polémica contra Proudhon y sus representantes alemanes. A consecuencia de la división del trabajo que existía entre Marx y yo, me tocó defender nuestras opiniones en la prensa periódica, lo que, en particular, significaba luchar contra las ideas opuestas, a fin de que Marx tuviera tiempo de acabar su gran obra principal. Esto me condujo a exponer nuestra concepción, en la mayoría de los casos en forma polémica, contraponiéndola a las otras concepciones. Lo mismo aquí. La primera y la tercera parte no solamente contienen una crítica de la concepción proudhoniana del problema, sino también una exposición de la nuestra propia.

En segundo lugar, Proudhon representó en la historia del movimiento obrero europeo un papel demasiado importante para caer sin más ni más en el olvido. Teóricamente refutado y prácticamente excluido, conserva todavía su interés histórico. Quien se dedique con cierto detalle al estudio del socialismo moderno, debe también conocer los «puntos de vista superados» del movimiento. La “Miseria de la Filosofía”, de Marx, se publicó varios años antes de que Proudhon hubiera expuesto sus proyectos prácticos de reforma social; entonces, Marx podía solamente descubrir el germen y criticar el Banco de Cambio de Proudhon. En este aspecto, su libro será completado por el mío, aunque, por desgracia, de un modo harto insuficiente. Marx lo hubiera hecho mucho mejor y de una manera más convincente.

Por último, aun hoy día el socialismo burgués y pequeñoburgués está poderosamente representado en Alemania. De una parte, por los socialistas de cátedra[8] y por filántropos de toda clase, entre los cuales el deseo de transformar a los obreros en propietarios de sus viviendas desempeña todavía un papel importante; contra ellos mi trabajo sigue, pues, siendo oportuno. De otra parte, se encuentra representado en el partido socialdemócrata mismo, comprendida la fracción del Reichstag, cierto socialismo pequeñoburgués. Y esto en tal forma que, a pesar de reconocer la exactitud de los conceptos fundamentales del socialismo moderno y de la demanda de que todos los medios de producción sean transformados en propiedad social, se declara que su realización es solamente posible en un futuro lejano, prácticamente imprevisible. Así pues, por ahora se limitan a simples remiendos sociales, y hasta pueden, según las circunstancias, simpatizar con las aspiraciones más reaccionarias que pretenden «elevar a las clases laboriosas». La existencia de tal orientación es completamente inevitable en Alemania, país pequeñoburgués por excelencia, y sobre todo en una época en la cual el desarrollo industrial desarraiga por la violencia y en gran escala a esta pequeña burguesía tan profundamente arraigada desde tiempos inmemoriales. Esto tampoco presenta el menor peligro para el movimiento, gracias al admirable sentido común de nuestros obreros, del que tan brillantes pruebas han dado precisamente en el tranccurso de los ocho últimos años, en la lucha contra la ley antisocialista [9], contra la policía y contra los magistrados. Pero es indispensable saber claramente que tal orientación existe. Y si, como es necesario y hasta deseable, esta orientación llega más tarde a tomar una forma más sólida y contornos más precisos, deberá entonces volverse hacia sus predecesores para formular su programa, y no podrá prescindir de Proudhon.

El fondo de la solución, tanto la burguesa como la pequeñoburguesa, del «problema de la vivienda» es que el obrero sea propietario de su vivienda. Pero es éste un punto que el desarrollo industrial de Alemania durante los veinte últimos años enfoca con una luz muy particular. En ningún otro país existen tantos trabajadores asalariados que son propietarios no sólo de su vivienda, sino también de un huerto o un campo; además, existen muchos más que ocupan como arrendatarios una casa, un huerto o un campo, con una posesión de hecho bastante asegurada. La industria a domicilio rural, practicada en común con la horticultura o el pequeño cultivo, constituye la base amplia de la joven gran industria alemana; en el Oeste, los obreros, en su mayoría, son propietarios; en el Este, casi todos son arrendatarios de su vivienda. Esta combinación de la industria a domicilio con la horticultura y el cultivo de los campos y, a la vez, con una vivienda asegurada, no solamente la encontramos en todos los lugares donde el tejido a mano lucha todavía contra el telar mecánico, como en el Bajo Rin y en Westfalia, en los Montes Metálicos de Sajonia y en Silesia; la encontramos también en todos los sitios en que una u otra rama de la industria a domicilio se ha afianzado como industria rural, por ejemplo, en la selva de Turingia y en el Rhön. Con ocación de los debates sobre el monopolio de tabacos, se ha revelado hasta qué grado la manufactura de cigarros se practica ya como trabajo a domicilio rural. Y cada vez que surge una situación calamitosa entre los pequeños campesinos, como hace algunos años en los montes Eifel [10], la prensa burguesa se apresura inmediatamente a reclamar como único remedio la organización de una industria a domicilio adecuada. En realidad, la miseria creciente de los campesinos parcelarios alemanes y la situación general de la industria alemana empujan a una extensión continua de la industria a domicilio rural. Este es un fenómeno propio de Alemania. En Francia no se encuentra nada semejante más que excepcionalmente, por ejemplo, en las regiones de cultivo de la seda; en Inglaterra, donde no existen pequeños campesinos, la industria a domicilio rural descansa sobre el trabajo de las mujeres y de los niños de los jornaleros agrícolas; solamente en Irlanda es donde vemos practicada la industria de la confección a domicilio, lo mismo que en Alemania, por verdaderas familias campesinas. Naturalmente, no hablamos aquí de Rusia ni tampoco de los otros países que no están representados en el mercado industrial mundial.

De este modo, Alemania se encuentra hoy, en gran parte, en una situación industrial que, a primera vista, corresponde a la que predominaba de una manera general antes de la aparición de las máquinas. Pero esto sólo a primera vista. Antes, la industria a domicilio rural, ligada a la horticultura y al pequeño cultivo, por lo menos en los países que se desarrollaban industrialmente, era la base de una situación material soportable y a veces acomodada entre las clases laboriosas, pero también de su nulidad intelectual y política. El producto hecho a mano y su costo determinaban el precio en el mcrcado; y con la productividad del trabajo de entonces, insignificante al lado de la de nuestros días, los mercados aumentaban, por regla general, más rápidamente que la oferta. Fue el caso que se dio hacia la mitad del siglo pasado en Inglaterra y parcialmente en Francia, sobre todo en la industria textil. Ocurría todo lo contrario en Alemania, la cual, en aquel tiempo, apenas se rehacía de los destrozos causados por la guerra de los Treinta años [11] y se esforzaba por levantar cabeza en medio de las circunstancias menos favorables. La única industria a domicilio que trabajaba para el mercado mundial, la que producía tejidos de lino, estaba tan oprimida por los impuestos y las cargas feudales, que no elevó al campesino-tejedor por encima del nivel, muy bajo por lo demás, del resto del campesinado. Sin embargo, los trabajadores de la industria a domicilio tenían, en aquel tiempo, asegurada hasta cierto punto su existencia.

Con la introducción de las máquinas, todo aquello camhió. Entonces, el precio fue determinado por el producto hecho a máquina, y el salario del trabajador industrial a domicilio descendió a la par con aquel precio. Tenía que aceptarlo o buscarse otro trabajo, pero esto no lo podía hacer sin convertirse en proletario, es decir, sin abandonar —fuese propietario o arrendatario— su casita, su huerto y su parcela de tierra. Y sólo en muy contadas ocasiones se resignaba a ello. Es así como la horticultura y el pequeño cultivo de los viejos tejedores rurales fue causa de que la lucha del tejido a mano contra el telar mecánico —lucha que en Alemania todavía no ha terminado— se prolongara en todas partes durante tanto tiempo. En esta lucha se reveló por primera vez, sobre todo en Inglaterra, que la misma circunstancia que antes diera un bienestar relativo a los trabajadores —la posesión de sus medios de producción— se había convertido para ellos en un obstáculo y una desgracia. En la industria, el telar mecánico reemplazó su telar manual; en la agricultura, la gran empresa agrícola eliminó su pequeña hacienda. Pero mientras en ambos dominios de la producción, el trabajo asociado de muchos y el empleo de las máquinas y de las ciencias se convertían en regla social, su casita, su huerto, su parcela de tierra y su telar encadenaban al trabajador al método anticuado de la producción individual y del trabajo a mano. La posesión de una casa y de un huerto era ahora de un valor muy inferior a la plena libertad de movimiento. Ningún obrero de fábrica hubiera cambiado su situación por la del pequeño tejedor rural, que se moría de hambre, lenta, pero seguramente.

Alemania apareció tarde en el mercado mundial. Nuestra gran industria surgió en la década del cuarenta y recibió su primer impulso de la revolución de 1848; no pudo desarrollarse plenamente más que cuando las revoluciones de 1866 y 1870[12] hubieron barrido de su camino por lo menos los peores obstáculos políticos. Pero encontró un mercado mundial en gran parte ocupado. Los artículos de gran consumo venían de Inglaterra, y los artículos de lujo de buen gusto, de Francia. Alemania no podía vencer a los primeros por el precio, ni a los segundos por la calidad. No le quedaba más remedio, de momento, que seguir el camino trillado de la producción alemana y colarse en el mercado mundial con artículos demasiado insignificantes para los ingleses y demasiado malos para los franceses. La práctica alemana predilecta de la estafa, que consiste en mandar primero muestras buenas y después mercancías malas, fue rápida y duramente reprimida en el mercado mundial, y quedó casi abandonada; por otra parte, la competencia de la superproducción llevó poco a poco, incluso a los sólidos ingleses, por el camino resbaladizo del empeoramiento de la calidad y favoreció así a los alemanes, quienes en este orden no admiten competencia. Así fue cómo, por fin, llegamos a poseer una gran industria y a representar un papel en el mercado mundial. Pero nuestra gran industria trabaja casi exclusivamente para el mercado interior (a excepción de la industria del hierro, cuya producción excede en mucho las necesidades del país). El grueso de nuestra exportación se compone de una cantidad infinita de pequeños artículos, producidos en su mayoría por la industria a domicilio rural y para los cuales la gran industria suministra, todo lo más, los productos semimanufacturados.

Y es aquí donde aparece en todo su esplendor la «bendición» de la propiedad de una casa y de una parcela para el obrero moderno.  En ningún sitio, y apenas se puede exceptuar la industria a domicilio irlandesa, se pagan salarios tan infamemente bajos como en la industria a domicilio alemana. Lo que la familia obtiene de su huerto y de su parcela de tierra, la competencia permite a los capitalistas deducirlo del precio de la fuerza de trabajo. Los obreros deben incluso aceptar cualquier salario a destajo, pues sin esto no recibirían nada en absoluto, y no podrían vivir sólo del producto de su pequeño cultivo. Y como, por otra parte, este cultivo y esta propiedad territorial les encadenan a su localidad, les impiden con ello buscar otra ocupación. Esta es la circunstancia que permite a Alemania competir en el mercado mundial en la venta de toda una serie de pequeños artículos. Todo el beneficio se obtiene mediante un descuento del salario normal, y se puede así dejar para el comprador toda la plusvalía. Tal es el secreto de la asombrosa baratura de la mayor parte de los artículos alemanes de exportación.

Es esta circunstancia, más que cualquier otra, la que hace que los salarios y el nivel de vida de los obreros alemanes sean, también en las otras ramas de la industria, inferiores a los de los países de la Europa Occidental. El peso muerto de este precio del trabajo, mantenido tradicionalmente muy por debajo del valor de la fuerza de trabajo, gravita igualmente sobre los salarios de los obreros de las ciudades e incluso de las grandes ciudades, haciéndolos descender por debajo del valor de la fuerza de trabajo, tanto más cuanto que en las ciudades, igualmente, la industria a domicilio mal retribuida, ha sustituido al antiguo artesanado, haciendo bajar también el nivel general de salario.

Vemos aquí claramente cómo, lo que en una etapa histórica anterior era la base de un bienestar relativo de los obreros —la combinación del cultivo y de la industria, la posesión de una casa, de un huerto y de un campo, la seguridad de una vivienda—, hoy, bajo el reinado de la gran industria, se convierte no solamente en la peor de las cadenas para el obrero, sino también en la mayor desgracia para toda la clase obrera, en la base de un descenso sin precedentes del salario por debajo de su nivel normal. Y esto no solamente en algunas ramas de la industria o en regiones aisladas, sino en escala nacional. No es sorprendente que la grande y la pequeña burguesía, que viven y se enriquecen con estos enormes descuentos de los salarios, sueñen con la industria rural, la posesión de una casa por cada obrero y vean en la creación de nuevas industrias a domicilio el único remedio para todas las miserias rurales.

Este no es más que un aspecto de la cuestión; pero la medalla tiene también su reverso. La industria a domicilio se ha convertido en la base amplia del comercio exterior alemán, y, por lo tanto, de toda la gran industria. Así se ha extendido en numerosas regiones de Alemania y se extiende cada día más. La ruina del pequeño campesino se hizo inevitable desde el momento en que su trabajo industrial a domicilio para su propio consumo fue destruido por la baratura de la confección y del producto de la máquina, y su ganadería —y, por lo tanto, su producción de estiércol—, por la disolución del régimen comunal, por la abolición de la Marca comunal y de la rotación obligatoria de los cultivos. Esta ruina lleva forzosamente a los pequeños campesinos, caídos en manos del usurero, hacia la moderna industria a domicilio. Lo mismo que en Irlanda la renta del terrateniente, en Alemania los intereses del usurero hipotecario no pueden pagarse con el producto del suelo, sino solamente con el salario del campesino industrial. Pero con la extensión de la industria a domicilio, las regiones rurales son arrastradas una tras otra al movimiento industrial de hoy. Esta revolución operada en los distritos rurales por la industria a domicilio es la que extiende la revolución industrial en Alemania en una escala mucho más vasta que en Inglaterra y en Francia. El nivel relativamente bajo de nuestra industria hace tanto más necesaria su amplia extensión. Esto explica que en Alemania, a diferencia de lo que ocurre en Inglaterra y en Francia, el movimiento obrero revolucionario se haya extendido tan considerablemente en la mayor parte del país, en lugar de estar ligado exclusivamente a los centros urbanos. Y esto explica, a su vez, la progresión reposada, segura e irresistible del movimiento. Está claro que en Alemania un levantamiento victorioso en la capital y en las otras grandes ciudades sólo será posible cuando la mayoría de las pequeñas ciudades y una gran parte de las regiones rurales estén igualmente maduras para la revolución. Con un desarrollo más o menos normal, nosotros no nos encontraremos jamás en situación de obtener victorias obreras, como los parisinos en 1848 y 1871; pero tampoco, por esta misma razón, de sufrir derrotas de la capital revolucionaria por las provincias reaccionarias, tales como las conoció París en los dos casos. En Francia, el movimiento partió siempre de la capital; en Alemania, de las regiones, de gran industria, de manufacturas y de industria a domicilio; sólo más tarde fue conquistada la capital. Por eso, tal vez también en el porvenir, la iniciativa quede reservada a los franceses, pero sólo en Alemania se podrá lograr la victoria decisiva.

Ahora bien, la industria a domicilio y la manufactura rurales —que por su extensión se han convertido en la esfera esencial de producción de Alemania y gracias a las cuales el campesinado alemán está cada vez más revolucionado— no representan por sí mismas más que la primera etapa de una revolución ulterior. Como ha demostrado ya Marx (“El Capital”, t. I, 3ª ed., págs. 484-495[**]), en cierto grado de desarrollo la máquina y la fábrica harán sonar también para ellas la hora de la decadencia. Y esta hora parece próxima. Pero la destrucción de la industria a domicilio y de la manufactura rurales por la máquina y la fábrica significa en Alemania la destrucción de los medios de existencia de millones de productores rurales, la expropiación de casi la mitad del pequeño campesinado, la transformación no solamente de la industria a domicilio en producción fabril, sino también de la economía campesina en gran agricultura capitalista y de la pequeña propiedad territorial en grandes dominios: una revolución industrial y agraria en provecho del capital y de la gran propiedad territorial y en detrimento de los campesinos. Si el destino de Alemania es pasar también por dicha transformación en las viejas condiciones sociales, ésta constituirá indudablemente un punto de viraje. Si la clase obrera de cualquier otro país no toma hasta entonces la iniciativa, será Alemania, sin duda, la que comenzará el ataque con la ayuda valerosa de los hijos campesinos del «glorioso ejército».

Y la utopía burguesa y pequeñoburguesa de proporcionar a cada obrero una casita en propiedad y encadenarle así a su capitalista de una manera semifeudal, adquiere ahora un aspecto completamente distinto. La realización de esta utopía resulta ser la transformación de todos los pequeños propietarios rurales de casas en obreros industriales a domicilio, la desaparición del antiguo aislamiento y, por lo tanto, de la nulidad política de los pequeños campesinos, arrastrados por la «vorágine social»; resulta ser la extensión de la revolución industrial al campo, y por ella, la transformación de la clase más estable, más conservadora de la población en un vivero revolucionario; y como culminación de todo esto, la expropiación de los campesinos dedicados a la industria a domicilio por la máquina, lo que les empuja forzosamente a la insurrección.

Podemos dejar de buen grado a los filántropos socialistas burgueses que gocen de su ideal tanto tiempo como, en su función social de capitalistas, continúen realizándolo al revés para beneficio de la revolución social.

Federico Engels

Londres, 10 de enero de 1887

 

 

NOTAS

 

[*] Véase el presente tomo, pág. 343. (N. de la Edit.)

[**] Véase C. Marx y F. Engels. “Obras”, 2ª ed. en ruso, t. 23, págs. 481-491. (N. de la Edit.)

 

[1] 245. El trabajo de Engels “Contribución al problema de la vivienda” va dirigido contra los socialreformadores pequeñoburgueses y burgueses, que querían velar las llagas de la sociedad burguesa. Al criticar los proyectos proudhonistas de solución del problema de la vivienda, Engels muestra la imposibilidad de resolverlo bajo el capitalismo.- 314.

[2] 54. “Der Volksstaat” («El Estado del pueblo»), órgano central del Partido Socialdemócrata Obrero de Alemania (los eisenachianos), se publicó en Leipzig del 2 de octubre de 1869 al 29 de setiembre de 1876. La dirección general corría a cargo de G. Liebknecht, y el director de la editorial era A. Bebel. Marx y Engels colaboraban en el periódico, prestándole constante ayuda en la redacción del mismo. Hasta 1869, el periódico salía bajo el título “Demokratisches Wochenblatt” (véase la nota 94).

Trátase del artículo de J. Dietzgen “Carlos Marx. «El Capital. Crítica de la Economía política»”, Hamburgo, 1867, publicado en “Demokratisches Wochenblatt”, núms. 31, 34, 35 y 36 del año 1868.- 96, 178, 314, 324, 452, 455[3]

128. Se alude al tratado preliminar de paz entre Francia y Alemania firmado en Versalles el 26 de febrero de 1871 por Thiers y J. Favre, de una parte, y Bismarck, de otra. Según las condiciones del tratado, Francia cedía a Alemania el territorio de Alsacia y la parte oriental de Lorena y le pagaba una contribución de guerra de 5 mil millones de francos. El tratado definitivo de paz fue firmado en Francfort del Meno el 10 de mayo de 1871.- 193, 222, 314, 371

[4] 246. Los seis artículos de Mülberger bajo el título “Die Wohnungsfrage” («El problema de la vivienda») fueron publicados sin firma en el periódico “Volksstaat” el 3, 7, 10, 14 y 21 de febrero y el 6 de marzo de 1872; posteriormente, estos artículos fueron publicados en folleto aparte titulado “Die Wohnungsfrage. Eine sociale Skizze. Separat-Abdruck aus dem Volkssttat» («El problema de la vivienda. Ensayo social. Publicación del Volksstaat»). Leipzig, 1872.- 315, 324, 378, 388.

[5] 247. E. Sax. “Die Wohnungszustände der arbeitenden Classen un ihre Reform” («Las condiciones de vivienda de las clases trabajadoras y su reforma»). Wien, 1869.- 315, 345.

[6] 248. La respuesta de Mülberger a los artículos de Engels fue publicada en el periódico “Volksstaat” el 26 de octubre de 1872 bajo el título “Zur Wohnungsfrage (Antwort an Friedrieh Engels von A. Mülberger)” («Contribución al problema de la vivienda (Respuesta de A. Mülberger a Federico Engels)»).- 315, 374.

[7] 249. La Nueva Federación Madrileña fue fundada en julio de 1872 por los miembros de la Internacional y los de la redacción del periódico “La Emancipación” excluidos por la mayoría anarquista de la Federación Madrileña cuando el periódico denunció la actividad de la secreta Alianza de la Democracia Socialista en España. La Nueva Federación Madrileña luchaba resueltamente contra la propagación de la influencia anarquista en España, hacía propaganda de las ideas del socialismo científico y luchaba por la creación de un partido proletario independiente en España. En su órgano de prensa, el periódico “La Emancipación”, colaboraba Engels. Algunos miembros de la Nueva Federación Madrileña desempeñaron un gran papel en la creación del Partido Obrero Socialista de España en 1879.- 316.

[8] 250. Socialismo de cátedra, tendencia de la ideología burguesa de los años 70-90 del siglo XIX. Sus representantes, ante todo profesores de las universidades alemanas, predicaban desde las cátedras universitarias el reformismo burgués presentado como socialismo. Los socialistas de cátedra (A. Wagner, H. Schmoller, L. Brentano, W. Sombart y otros) afirmaban que el Estado era una institución situada por encima de las clases, capaz de conciliar las clases antagónicas e instaurar paulatinamente el «socialismo» sin lesionar los intereses de los capitalistas. Su programa se reducía a la organización de los seguros para los obreros contra casos de enfermedad y accidentes y a la aplicación de ciertas medidas en el dominio de la legislación fabril. Consideraban que los sindicatos bien organizados hacían superfluos la lucha política y el partido político de la clase obrera. El socialismo de cátedra fue una de las fuentes ideológicas del revisionismo.- 317.

[9] 122. La Ley de Excepción contra los socialistas fue promulgada en Alemania el 21 de octubre de 1878. En virtud de la misma quedaron prohibidas todas las organizaciones del Partido Socialdemócrata, las organizaciones obreras de masas y la prensa obrera. Fueron confiscadas las publicaciones socialistas y se sometió a represiones a los socialdemócratas. Bajo la presión del movimiento obrero de masas, la ley fue derogada el 1º de octubre de 1890.- 189, 318

[10] 251. Trátase del hambre de 1882, que causó el mayor daño a los campesinos de la región de Eifel (provincia renana de Prusia).- 318.

[11] 74. La “guerra de los Treinta años” (1618-1648) fue una contienda europea provocada por la lucha entre protestantes y católicos. Alemania fue el teatro principal de las operaciones. Saqueada y devastada, fue también objeto de pretensiones anexionistas de los participantes de la guerra.- 120, 319

[12] 252. Se entienden por «revoluciones» las guerras austro-prusiana de 1866 y franco-prusiana de 1870-1871, que terminaron unificando a Alemania «desde arriba» bajo la supremacía de Prusia.- 320.


 

¿Vivienda Social?

¿Vivienda Social?

Percy C. Acuña Vigil

¿Hay algo que se llame vivienda social?

Barriadas v2a

Precisión del término

Vivienda digna, según el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales en su Observación General nº 4 es aquella vivienda donde los ciudadanos o las familias pueden vivir con seguridad, paz y dignidad. La vivienda digna se inscribe en el derecho a la vivienda. [1]

El derecho universal a una vivienda, con el calificativo de digna y adecuada, aparece como uno de los derechos humanos, recogido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 25, apartado 1 y en el artículo 11 de Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC) [2].

En el artículo 11 de Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC) aparece el término vivienda adecuada:

Artículo 11 del Pacto Internacional de Derecho Económicos, Sociales y Culturales:

 Toda persona tiene el derecho a un nivel de vida adecuado para sí misma y para su familia, incluyendo alimentación, vestido y vivienda adecuada y una mejora continuada de las condiciones de existencia, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad. [3]

El Comité de Derechos Urbanos de Naciones Unidas en su Observación General nº 4, define y aclara el concepto del derecho a una vivienda digna y adecuada, ya que el derecho a una vivienda no se debe interpretar en un sentido restrictivo simplemente de cobijo sino, que debe considerarse más bien como el derecho a vivir en seguridad, paz y dignidad.

De acuerdo con estas precisiones el derecho a una vivienda digna y adecuada, debemos unirlo a que estas viviendas se ubiquen en espacios plenamente equipados, en barrios dotados de servicios urbanos, accesibles, con espacios intermedios de relación que permita la comunicación vecinal, estamos hablando viviendas en unas ciudades vivas donde es posible el desarrollo familiar y personal a todos los niveles que la sociedad avanzada demanda.

Para que una vivienda sea digna y adecuada, además debe ser:

  • Vivienda fija y habitable.
  • Vivienda de calidad
  • Vivienda asequible y accesible.
  • Seguridad jurídica de tenencia

Ocurre que aquí en el Perú menos de un tercio de la población cumple con estos estándares. La vivienda para la mayoría de los peruanos no es habitable, no es de calidad, no es asequible y carece de seguridad jurídica. Es vivienda indigna de acuerdo a los términos de la ONU, y se la disfraza con el apelativo de social, para denotar su indignidad.

[1] Según la ONU. Ver art. 25 Declaración Universal de los Derechos Humanos, París, 1948

[2] ONU (1948) “Declaración Universal de Derechos Humanos” . Artº 25

[3] Derecho a un vivienda digna – Observatorio DESC -Derecho Económicos, Sociales y Culturales

Aquí en el Perú usualmente el término se emplea eufemísticamente para esconder que se trata de vivienda para sectores que están debajo de la línea de bienestar. Como esta línea no existe, y esta inexistencia se debe a que aquí toda la vivienda es materia de negocio para la empresa privada, mejor es ni hablar de ella. De otro modo, el Estado tendría que dar síntomas, por lo menos, de que es su preocupación.

Esto no ocurre porque hace mucho tiempo el Estado claudico en su tarea de ocuparse de la vivienda para quienes están debajo de la línea de bienestar. (Léase de pobreza). Empezó desde que el aluvión migratorio invadió todas las ciudades de la costa, con el objetivo de invadir Lima. Y así ocurrió ante el espanto de todos. Hoy toda Lima es una gran barriada que concentra un tercio de la población peruana, y en ella se aloja esta población migrante que a pesar del Estado, ha auto construido su habitat.

Lima hoy exhibe la inoperancia del Estado para enfrentar el urbanismo de la pobreza, no tiene vergüenza, y cuando la tiene, solo atina a pintarla, para que no se vea su cara.

Se dice que el maquillaje está a cargo de los arquitectos, porque ni siquiera tienen un plan de desarrollo urbano que les sirva de guía, hoy tener un plan es quitarle libertad a los negocios de los urbanizadores y de los agentes que lucran con el suelo urbano.

No existen ni planes, ni programas de vivienda para la pobreza, como en los países vecinos, aquí lo que existe es el principio del laissez faire a ultranza.

En donde se tiene que enseñar a los arquitectos, hoy día se disfraza esta situación con subterfugios de creatividad y de utopías que ya han servido de base para cantos de sirena a varios políticos que de las nubes nunca bajaron, y así el tiempo ha consolidado un statu quo en donde a nadie le importa esta cara y se le pone careta. Por supuesto a los arquitectos menos.

Barriadas v3a

Este tema que es fundamental, hoy no tiene debate, no tiene estudio y no merece investigación porque no es negocio. El estado en sus universidades debería fomentar investigación sobre este tema, sin embargo se prefiere resolver los intereses de los empresarios en viviendas de lujo, en barrios aristocráticos y en playas privadas para satisfacción de egos preñados de problemas psicológicos.

Para el Estado en sus universidades no existe el problema de más del 70% de la población que demanda atención en su problema de vivienda. Ni siquiera se estudia como problema, siendo ignorado por sus alumnos, quienes ni siquiera le prestan atención, porque este no esta considerado como parte de la politica de formación de los futuros profesionales .

Tan pobre es la atención que se le da a este tema que hoy leo de una exhibición en una casa de venta de libros que va a mostrar especulaciones sin base y sin ningún fundamento epistemológico ni propedéutico aprovechándose del eventual interés que despierte un aviso mal escrito sobre “vivienda social”. Los alumnos que saben le harán poco caso a esta convocatoria de carácter sibilino.

Igualmente el otro día escuchaba a un docente pavonearse de que su taller era de vivienda y que sólo atendía a la del sector empresarial, pues era el único que valía. Triste la intervención y pena por los jóvenes que son sus episódicos alumnos. Esto es una evidencia del  absoluto desprecio que existe hoy día frente a un problema crítico y estructural que es central en el país.

 

 

¿Qué es una ciudad?

Gordon Childe Vere

¿Qué es una ciudad?

Percy C. Acuña Vigil

En las publicaciones de internet se encuentra que esta es una pregunta cuya respuesta es muy difícil. La mayoría de las respuestas se refieren a conceptos de colegio, de poca trascendencia y en la mayoría equivocados o sino tendenciosamente sesgados.

Hace unos días conversaba con una colega sobre esta pregunta y ella me daba una respuesta de tipo estadística o referida a categorías censales, o en otro caso a las que emplean las instituciones públicas que se supone tienen que ver con el estudio de lo urbano.

Con la finalidad de explicar el punto comparto este breve escrito con información complementaria.

Parto refiriéndome al concepto que acuñó Vere Gordon Childe [1]:  quien desarrolló su teoría sobre lo que llamó “La Revolución Neolítica”, haciendo un guiño con la Revolución Industrial, con la que trataba de explicar el cambio de las sociedades prehistóricas de cazadoras recolectoras a comunidades agrícolas que llevaron a un nuevo modelo de organización social, aparición de ciudades y nuevas civilizaciones.

En esta revolución aparece la relación del individuo con su labor, que cambia fundamentalmente del trabajo en el sector primario para incorporarse al sector secundario, y esto genera el desarrollo de un sector terciario dinámico.

Por esto una ciudad no sólo es una categoría que depende de lo demográfico, ni físico, fundamentalmente las incorporación de las categorías sociales y económicas son fundamentales. Sin ellas no se puede hablar de una definición inclusiva,

Una ciudad es presencia de calidad de vivienda, y de habitat que se diferencia del rural. Es presencia de diversificación de medios económicos y de fuerzas productivas que se integran plenamente a un sector secundario dinámico.

Es presencia de infraestructura productiva, de infraestructura de servicios, de equipamiento industrial, social, de servicios y de esparcimiento.

Referirse a una ciudad es la presencia de condiciones de salud superiores al mínimo del estatuto humano, es presencia de condiciones de trabajo superiores, es presencia de condiciones de vida que lo garanticen.

Todas estas condiciones básicas para hablar de ciudad implican en síntesis un manejo del excedente urbano que garantice una modelo de organización social al servicio de los ciudadanos.

En gran parte de los territorios del Perú hoy no se ha construido ciudades, y seguimos con la agrupación de grandes o pequeños conjuntos de población que constituyen diversos tipos de asentamiento que incluso no llegan a cumplir con los más elementales criterios de vida urbana, como centros poblados sin el mínimo que exige el estatuto humano.

El nombre ha sido una cuestión política para obtener prebendas de los políticos de turno, sin que este nombre tenga nada que ver con su situación real. En otros casos es petulancia de querer ser lo que no se es.

http://revistas.lasalle.edu.co/index.php/lo/article/view/1407/1284

[1] Childe, Vere Gordon Los orígenes de la civilización Edit. Fondo de Cultura Económica México 1971 (5ª reimpresión) Childe OC.

Mis referentes para este texto son los siguientes:

JEAN REMY; LILIANE VOYE , LA CIUDAD: ¿HACIA UNA NUEVA DEFINICION. BASSARAI, 2006
Cuando hablamos de los orígenes de la sociología urbana y de los autores y escuelas que moldearon sus temáticas y metodologías disciplinares, tendemos a mencionar el trabajo de Friederich Engels y su descripción de la clase obrera inglesa, los diversos ensayos de Georg Simmel en los que se aborda el habitar urbano y, especialmente, el desarrollo teórico de la escuela sociológica de Chicago y su “modelo ecológico”. El gran olvidado en este recuento tiende a ser Max Weber y su interesantísimo La ciudad, publicado en 1921 y luego incluido en forma casi íntegra en Economía y sociedad.

En La ciudad, Weber exhibe todo su repertorio teórico conceptual, aplicado esta vez en forma específica a explicar el fenómeno urbano y su desarrollo. En primer lugar, el libro introduce a la ciudad como un fenómeno en constante transformación, pasando de formas más primitivas hacia otras más complejas. Weber aborda el tema de las solidaridades que constituyen el vínculo social, así como el diverso rol urbano que la estructura económica ha cumplido a lo largo de la historia. El estudio de la ciudad se enmarca así en una “filosofía de la historia”, en la que diversas etapas de desarrollo son distinguibles.

MAUNIER, R.: L’origine et la fonction economique des villes, París, 1910. Cit. por LEDRUC, R.: Sociologie urbaine, París, P. U. F., pág. 3. Trad. cas. Madrid. Inst. Est. Admon. Local, 1971.
La definición de Maunier introduce también, sin embargo, la característica “sociedad compleja”, es decir, “formada por una muliplicidad de grupos secundarios”. No hay que olvidar que el autor era sociólogo y partía en su análisis de las ideas de Durkheim. Para él existen también dos grupos de ciudades: la indiferenciada, amalgama de grupos locales funcionalmente indiferenciados y que es resultado del simple crecimiento de población, y la diferenciada, que lo es tanto desde el punto de vista espacial interno como respecto al extcrior. Véase un resumen de las ideas de Maunier cn THIRY, J. P.: Théories sur le phénomene Urbain, Bruxelles, 1973, pág. 75 y sigs.
DICKINSON, R. E.: The Western European city. A Geographical Interpretation, Londres, 1951. (El capítulo 15 ha sido reproducido en MAYER, H M., y KOHN, C. F.: Readings in Urban Geography, op. cit. en nota 47).
GEORGE, P.: Scheme d’Etude internationale des petites villes, en U. G. I.: 21th International Geographical Congress. Abstracts of Papers, Calcuta, 1968, num. 584.
CHOAY, F.: El urbanismo, utopías y realidades. Trad. castellana, Barcelona, Edit. Lumen, 1970, pág. 504.
SIMMEL, G.: Die Grosstädte und das Geistleben, 1903. Hemos utilizado la traducción que aparece en la obra de F. CHOAY, cit. en nota anterior.
WEBER, M.: The city, Trad. inglesa, The Free Press, Glencoe, Illinois, 1958. Prefacio de Don Martindale. Véase también THIRY, J. Théories sur le phénomene urbain, op. cit. en nota 3, págs. 83 y sigs.
WIRTH, Louis: “Urbanism as a way of life”, American Journal of Sociology, 1938, págs. 27-30. (Trad. cast. Buenos Aires, Ediciones Tres, 1962).
CASTELLS, M.: Problemas de investigación en sociología urbana, Madrid, Siglo XXI de España Editores, 1971, pág. 50.
HAUSER, Ph. M.: The folk urban ideal types, en HAUSER, Ph. M., y SCHNORE Ieo (Eds.): The study of urbanization, Nueva York, John Wilsey, 1965, 554 págs.; y MARTINDALE, Don: Prefectory remarks: the theory of the city, op. cit. en nota I5. Estas críticas están recogidas con detalle en CASTELLS, M: Problemas de investigación en sociología urbana, op. cit., págs. 52 y sigs.
MUMFORD, Lewis: Las ciudades en la Historia. Trad. cast. Buenos Aires, Edit. Infinito, 1968, 2 vols.
SJOBERG, Gideon: The pre-industrial city. Past and present, Nueva York, The Free Press, 1960 (Edic. de Bolsillo, 1965, 353 pags.).
LEWIS, Oscar: “Urbanization without breakdown”, The Scientific Monthly, volumen 75, núm. 1, julio 1952, y LEWIS, O.: Los hijos de Sánchez, trad. esp. México, Fondo de Cultura Económica, 1968.
REMY, Jean: Utilización del espacio, innovación tecnológica y estructura social, trad. cast en BERINGUIER, ch. y otros: Urbanismo y práctica politica, Barcelona, Editorial Los Libros de la Frontera, 1974.
GEORGE, Pierre: Précis de Geographie Urbaine, París, P. U. F., 1961, trad. cast. Barcelona, Ariel, 1970.
CHOAY, F.: “L’histoire et la méthode en urbanisme”, Annales, Economies, Societés, Civilisations, vol. 25, núm. 4, julio-agosto 1970, págs. 1143-1154.
MALISZ, Boleslaw: La formation des systémes d’habitats. Esquisse de la theorie des seuils, trad. del polaco por J. Wolf, París, Dunod, 1972.
DOLFFUS, 0.: L’espace géographique, París, P. U. F., 1970, pág. 89.
LEFEVBRE, Henri: “La ville et l’urbain”, Espaces et Societés, París, marzo 1971, pág. 5.
CASTELLS, M.: La question urbaine, París, Editions Anthropos, 1973, pág. 103.
LEFEBVRE, H.: De lo rural a lo urbano, trad. cast. Barcelona, Ed. Península, 1971, pág. 140.

http://qhapaqnan.cultura.pe/sites/default/files/articulos/Qhapaq%20%C3%91an%20-%20Patrimonio%20Vivo.pdf

 

Lyotard: Reescribir la modernidad

Lyotard
Reescribir la modernidad

Kepa Bilbao
(hika, nº89, mayo 1998)

Lyotard vv3

Jean-François Lyotard, uno de los filósofos franceses más importantes de la segunda mitad de este siglo.

El que pasará a la historia como el gurú de la posmodernidad, nace en Versalles en 1924. Licenciado en Filosofía en 1950, se doctoró en Letras en 1971. Después de 10 años dedicados a la enseñanza secundaria inicia su carrera como docente universitario, ejerciendo, entre otras, en las universidades de París VIII, París y Nanterre. Profesor visitante en las universidades de Berkeley, San Diego, John Hopkins y Wisconsin, de EEUU. Investigador del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS), ha sido comisario de la exposición Les Inmatériaux (1985) en el Centro Georges Pompidou. Presidente del Colegio Internacional de Filosofía (1984-1986), fue además profesor emérito de las universidades de Irvine (California), París VIII y habitual en la de Emory (Atlanta).

En su adolescencia basculó entre convertirse en fraile dominico, dedicarse a la novela o a la historia. Orilló la vocación religiosa porque, como él mismo confesó, si bien la pobreza le daba igual, no así la castidad. Lyotard nos deja un texto póstumo: La confessión d´Agustin (aún no publicado) en el cual aborda su implicación espiritual, su vocación por la vida retirada y la meditación, que vivió en su juventud.

Tras licenciarse en filosofía en 1950 se fue a enseñar a Constantina (en la Argelia bajo dominio francés). Los sucesos de Argelia acentuaran su preocupación política hasta llevarle a comprometerse con el grupo filo-trotskista -Socialisme ou Barbarie- donde militará junto a personajes como Baudrillard y en el que su principal figura teórica será Cornelius Castoriadis (recientemente fallecido). El año 64 el grupo se dividirá y Lyotard se incorporará a otro que se formó en torno al periódico Pouvoir ouvrier, el cual también abandonará más tarde. En total más de 20 años de militancia incansable, día y noche, contra el totalitarismo, contra el capitalismo y el socialismo burocrático.

A punto de cumplir 50 años, es nombrado profesor de filosofía en la universidad de Vincennes. Impartirá clases junto a Deleuze, en el precario edificio del bosque de Vincennes, una universidad en la que las clases no tenían puertas y en la que no existían los exámenes ni los controles académicos. Fue esta una etapa creativa en la que escribió mucho: Discurso, figura (1971), A partir de Marx y Freud (1973), Dispositivos pulsionales (1973), Economía libidinal (1974). Si bien en 1954 escribe su primer libro sobre la fenomenología de Husserl, que la pone en relación con el marxismo, lo esencial de su obra aparecerá en los años 70 y 80. Lyotard en esta etapa, década de los 70, se preocupará por la estética, anteponiendo la imaginación y el arte a la teoría. Se aleja definitivamente del marxismo, y comienza a desarrollar un pensamiento original nutrido de sus propias experiencias de vida. Esboza una filosofía vitalista de los instintos. Critica las nociones de razón y de teoría que provienen de la Ilustración, tanto en su rama liberal como marxista, dando así los primeros pasos en la descripción de los rasgos de la condición posmoderna como rechazo de los grandes relatos legitimadores de la modernidad.

La condición posmoderna

El pensamiento de Lyotard alcanzará su mayor síntesis y una confluencia de todo su propio proceso transformador en una obra de circunstancias que se publicará en 1979 bajo el título de La condición postmoderna, y que trata sobre el saber o el estado de los conocimientos en las sociedades más desarrolladas. Libro que se convertirá en el más difundido de los casi 30 publicados y en pieza básica de toda una polémica mundial.

Lyotard toma prestado el término posmoderno, del campo de la arquitectura y de la crítica literaria norteamericana que lo había puesto en circulación durante los años sesenta a partir de su utilización por parte de Leslie Fiedler e Ihab Hassan, pero será él quien contribuya fundamentalmente a reformularlo en un momento que los intelectuales norteamericanos se encontraban interesados en la lectura de los postestructuralistas franceses (Barthes, Kristeva, Derrida, Foucault, Baudrillard, Lyotard,…), los cuales, pese a sus acusadas diferencias, pasan a ser encuadrados bajo la denominación, un tanto imprecisa, de posmodernos. Calificativo que curiosamente ningún autor ha querido asumir, ni siquiera finalmente el propio Lyotard que será quien lo pondrá en circulación en Europa.

<<Simplificando al máximo -dice Lyotard- se tiene por postmoderna la incredulidad con respecto a los metarelatos>>. Por metarelatos Lyotard entiende las filosofías que pretenden abarcar toda la historia, como la historia del Iluminismo sobre el progreso gradual pero seguro hacia la razón y la libertad, la dialéctica de Hegel sobre el Espíritu, el relato cristiano de la redención de la falta de Adán por amor, los nacionalismos, el relato marxista de la emancipación de la explotación y de la alienación por la socialización del trabajo, el relato capitalista de la emancipación de la pobreza por el desarrollo tecno-industrial, así como el nacionalismo y todo tipo de mesianismo. Todos estos metarelatos, insiste Lyotard, están ya fuera de servicio. En parte, como resultado de los tremendos cambios técnicos, políticos, económicos y militares habidos durante el siglo XX. Pero sobretodo, a causa de la insuficiencia respiratoria de los mismos.

Ahora bien, esto no quiere decir que no haya relato que no pueda ser ya creíble, la decadencia de los grandes relatos no impide que existan millares de historias, pequeñas o no tan pequeñas, que continúen tramando el tejido de la vida cotidiana. En su opinión la legitimación, tanto epistémica como política, ya no puede seguir residiendo en los grandes relatos filosóficos. La legitimación en la era posmoderna se hace plural, local e inmanente.

Lyotard es consciente de que estas reflexiones suyas sobre la condición posmoderna presuponen de alguna manera otro metarelato, una nueva visión global de la situación de Occidente, contradictoria con su pluralismo, con su rechazo de las grandes narraciones y la condena de la idea de totalidad. Abandonado el camino de la fenomenología, del marxismo y del freudismo ortodoxo, Lyotard hace su giro lingüístico. Con esta reducción de los problemas a su nivel lingüístico tratará de esquivar hasta cierto punto la contradicción entre su rechazo del Todo y su visión global del mundo. La manera en que Lyotard defiende estas ideas es bastante compleja y nada fácil de sintetizarlas en unas pocas líneas. Para

Lyotard vivimos en medio de una pluralidad de reglas y comportamientos que expresan los múltiples contextos vitales donde estamos ubicados y no hay posibilidad de encontrar denominadores comunes universalmente válidos para todos los juegos; frente a este pluralismo las reglas no pueden por menos que ser heterogéneas.

Lyotard considera que vivimos sumergidos en islotes culturales sin comunicación, y afirma que Wittegenstein ha demostrado que no existe una unidad de lenguaje, sino más bien islas de lenguaje, cada una de ellas regida por un sistema de reglas intraducibles al de los demás. Una cultura no puede convertir a otra por la persuasión, sino sólo mediante alguna forma de fuerza imperialista: En La posmodernidad explicada a los niños (1986) dirá que: << ni el liberalismo, económico o político, ni los diversos marxismos salen incólumes de estos dos siglos sangrientos. Ninguno de ellos está libre de la acusación de haber cometido crímenes de lesa humanidad >>. Más aún, la búsqueda de consenso, que no sea local y temporal, se ha convertido en un valor anticuado y sospechoso, porque detrás del pretendido consenso o las reglas universales de juego se esconde el terror de los dominadores y el deslizamiento hacia el totalitarismo. Lyotard ve el consenso sólo como un estado particular de la discusión en las ciencias, pero no como su finalidad. Su finalidad es la paralogía. Los paralogismos son un acicate para nuevos descubrimientos. Son razonamientos falsos, ocurrencias absurdas contrarias a lo que se ha definido como la recta razón. El paralogismo rompe con el discurso lineal, razonado y ayuda a ver las cosas desde ángulos poco usuales y a transitar otros caminos. La ciencia posmoderna se enfrenta con problemas como el caos, los conflictos caracterizados por la información incompleta, las catástrofes o las paradojas pragmáticas que no se resuelven por consenso. La invención nace siempre del disenso y no del consenso.

Lyotard teme que tras los principios universales se escondan pretensiones totalitarias y tras la búsqueda de fundamentación esté la metafísica objetivante. Insiste en que el campo de lo social es heterogéneo y no totalizable. Descarta toda teoría social crítica que emplee categorías generales como las de clase, raza o género. Desde su punto de vista, tales categorías reducen demasiado la complejidad de las identidades sociales y por lo tanto, no son útiles. De esta forma, una gran parte de los pensadores de la modernidad temprana será sentada en el banquillo de los acusados, siendo el hegelianismo de izquierdas el principal acusado. Quien persista en los ideales de la Ilustración se hará sospechoso de totalitarismo por su aspiración a la ilustración total.

Repensar la modernidad

Estas ideas provocaron una avalancha de críticas, réplicas y contraréplicas, abriéndose un intensísimo y prolífico debate que teminaría por implicar a todas las disciplinas desde la filosofía, la sociología, la historia, antropología, teología, etc, sobre la consideración de nuestra época y, en general, del mundo moderno nacido de la Ilustración como algo superado y superable o, por el contrario, como algo reinvindicable en parte y, en todo caso, perfectible. Debate que no ha concluido y que aún continúa, aunque con menor intensidad y más sectorializado.

Años más tarde Lyotard comentará que en la obra del 79, con la que se inauguró la polémica, había cierto simplismo y una utilización de los vocablos postmodernidad y postmodernismo con intención provocadora, para llamar la atención sobre el problema del estatuto del saber, de que algo no marchaba como hasta entonces en la modernidad.

El Lyotard de 1988, pues no hay un solo Lyotard, en Lo inhumano: charlas sobre el tiempo, opta por llamar a todo este tipo de reflexión literatura general y plantea que su objetivo consiste en el fomento de la creación personal y en la reescritura de las cosas. Lyotard confiesa que le parece más acertado y preferible hablar de reescritura de la modernidad a continuar hablando de postmodernidad: <<La postmodernidad no es una nueva edad, sino la reescritura de algunos de los rasgos de que se reclama la modernidad, y ante todo de su pretensión de fundar su legitimidad en el proyecto de liberar a la humanidad como un todo a través de la ciencia y la tecnología. Excepto que, como ya he dicho, este reescribirse a sí misma lo viene practicando la propia modernidad desde hace mucho tiempo>>. Lo que

Lyotard llama reescritura de la modernidad no tiene mucho que ver con lo que suele llamarse postmodernidad, un período histórico que sucede a la modernidad, ni con el posmodernismo, un concepto estilístico que designa un movimiento o tendencia cultural posterior al modernismo.

Para terminar estas apretadas líneas, diré que son numerosas las críticas y objeciones que se le han hecho a Lyotard y en ocasiones bien fundadas, como por ejemplo, la de que un pluralismo tan radical corre el peligro de sustituir el Todo por una multiplicidad de todos que, al final, acaben por realizar la misma función que la criticada aún cuando sea a nivel de cacique; o la de que hay lenguajes, como el de las ciencias de la naturaleza, que no se rigen por la semiótica de Saussure-Derrida; o el hecho de que se precipita al dar por zanjada la reactivación de algunos grandes relatos viejos o la aparición de otros nuevos o sucedáneos; o que su mirada esté fundamentalmente y unilateralmente centrada en el campo de la cultura y de los países occidentales, dejando a un lado la realidad económica y social de los países más pobres en donde vive el 80% de la población, etc. Con todo, diré que la obra de Lyotard contiene importantes elementos críticos, originales y positivos que le hacen merecedora de que quien aún no la conozca se acerque a ella y pueda comprobarlo por sí mismo.

La historia personal de Lyotard, la evolución de su pensamiento, indican una predisposición al cambio constante, un talante crítico radical, una búsqueda incesante de los errores y de los lados oscuros de la modernidad, que nos recuerdan aquella recomendación de Nietzsche de pensar con el martillo.